De Viaje A Chile 🏳️‍🌈

All Rights Reserved ©

Summary

Dé lugar a lugar no me refería a salir del país, pero él me lo pidió, no puedo decirle que no. Después de tanto tiempo, Gonzalo está dispuesto a reencontrarse con su familia, así como también está teniendo el valor para enfrentar a su padre, o eso buscamos con este viaje. Viaje que parece costarle mucho trabajo a Gonzalo. Lo entiendo perfectamente, por ello es que he venido hasta aquí solamente para poderlo ayudar. A mi parecer he venido para ver como la familia “unida” se ha disuelto y todo por la avaricia y la poca empatía que se tienen el uno al otro. Todo lo que rodea a esta familia es tan confuso. Chile…país donde fue el ambiente perfecto, donde pude ver como una familia se deshacía por la ambición y el dinero. [...] Libro 2

Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
16+

20 de Enero

Eduardo.

—¿Que te han dicho?...—mientras volvía de la realidad, lo primero que me recibía a esta, fue la voz de Gonzalo, se escuchaba apagada, como si no quisiera llamar mucho la atención—¿Puedes entretenerlos hasta mañana?, no creo que lleguemos tan rápido, son casi ocho horas de vuelo—se escuchaba preocupado, y muy serio, esa alegría que siempre brotaba de su voz ahora no estaba presente en el—¿No puedes?, pero enserio, no creo llegar tan pronto, aunque compre los boletos más tempranos—voltee a varios lados de la habitación pero este no estaba, la única que me estaba haciendo compañía era Luna desde su pequeña cama—Entiendo, bueno Valeria, nos vemos mañana entonces.

Yo me quede aun en cama analizando un poco la situación que estaba viviendo en estos momentos, me senté en esta para esperar a que Gonzalo regresara al cuarto donde me encontraba, se escuchaba desde la otra habitación como trataba de tranquilizar su llanto, posiblemente las noticias que recibió un fueron las mejores, dejándose guiar por sus emociones. Después de unos segundos, Gonzo regreso con la mirada perdida, no durmió muy bien y sus ojos rojos lo hacían notar.

—¿Todo bien?

—No... me dijo Valeria que, si no llegaba hoy, el desalojo va a comenzar y... puede que no sea un reencuentro muy bonito.

—¿Estás bien?

—Quiero un abrazo...—no mencioné nada, solo extendí mis brazos esperando a que Gonzalo llegará hasta a mí, para así, cubrirlo entre mis brazos.

En cuanto lo cubrí por completo Gonzalo comenzó un llanto que por poco me contagia, por más que intentaba tranquilizarse no lograba hacerlo, los volúmenes de sus sollozos eran muy altos, como si algo dentro de él se estuviera quebrando, ese niño alegre y carismático ahora parecía muerto.

—¿Qué pasó Gonzo?

—Mi papá... no ha entendido nada—dijo tratando de controlar su respiración, soltándose del abrazo para limpiarse las lágrimas con desespero.

—¿Cómo?

—Hoy lo van a desalojar, pero aun así sigue siendo agresivo, y...—aunque Gonzalo quería contarme lo que pasaba, su llanto no se lo permitía.

—Ya, mejor hay que tranquilizarnos...—el llanto de Gonzalo solo aumentó, con facilidad se podría escuchar desde afuera de la casa—Ay Gonzo—no sabía qué hacer, Gonzalo nuevamente me abrazo con fuerza, provocando que mi pecho se comenzaba a sentir muy húmedo por las lágrimas de este, mientras que sus manos se aferraban cada vez más en mi espalda.

Luna se dio cuenta de la situación, acercándose a donde ambos estábamos mientras trataba de buscar la cara de Gonzalo, y como no lo podía lograr, ella también comenzó a llorar mientras rascaba con desesperación las cobijas de la cama.

—Por favor Gonzalo... vamos, tenemos que estar tranquilos—mis intentos de tranquilizarlo eran inútiles, no tenía intenciones de detenerse.

Al ver que era necesario dejar que Gonzalo sacara todo lo que en este momento estaba cargando encima, todo lo que lo estaba ahogando en el mar de desesperación en donde se encontraba naufragando, lo único que pude hacer fue brindarle mi apoyo con el abrazo que le brinde desde que lo vi entrar a la habitación.

Poco a poco su llanto se tranquilizó, pero la atmosfera de emociones que se había creado seguía igual, lo que se me ocurrió para desaparecerla fue intentar que Gonzalo se quedara dormido para así el podría descansar su mente un rato, rascando suavemente su nuca o simplemente dejándolo inmóvil, pero de igual manera no lograba hacerlo dormir, siempre se movía buscando una posición más cómoda en mi pecho, que ya se encontraba húmedo por sus lágrimas que aún no cesaban del todo.

—Oye Gonzo, ¿te acuerdas cuando llegamos aquí?, ¿cómo estaba este lugar? —pregunté observando las maletas listas que se encontraban en la esquina de la habitación, pues como Gonzalo no quería dormir, preferí hacerle olvidar el dolor, por lo menos en este momento.

—Si...

—Mira hacia la esquina... esas mismas maletas que están por ayudarnos a salir hacia la casa de tus padres, fueron las que nos ayudaron a llegar aquí. Esa noche donde ambos estuvimos toda la madrugada buscando un hotel. ¿Recuerdas?

—¿A qué quieres llegar?, solo me harás llorar más—Gonzalo levanto su mirada para mirarme fijamente.

—A que... desde ese día solamente nos han pasado cosas que nos ayudan, ¿No? Veamos esto como un viaje de aprendizaje. Sé que esto no logrará animarte o quitarte este miedo que tienes, pero solo... quiero esa sonrisa de vuelta, esa que me conquistó... Por favor Gonzo, odio verte así, nunca lo había hecho, pero ahora que lo veo, lo detesto.

—A mí no me gusta sentirme así, pero la llamada de Valeria me hizo cuestionarme si ir o no.

—Vamos... necesitas aclarar algunas cosas, créeme que si te arrepientes lo lamentaras toda tu vida—comencé a acariciar el rostro de Gonzalo intentando limpiar las lágrimas que se quedaron marcadas.

—Por favor Eduardo... no me dejes en estos momentos.

—Por favor, ¿Que se sentiría vivir sin ti el resto de mi vida?... Feo, muy feo, así que no, no te dejaré, y si lo hago es por pendejo.

—Mi mamá ya sabe que voy a ir...

—¿Enserio?

—Y dijo que no me quería ver—nuevamente hundió su cabeza en mi pecho amenazando con volver a llorar.

—No creo que haya dicho eso.

—Valeria no es el tipo de personas que miente solo para ver el mundo arder. Aparte no solo ella sabe... Mis hermanos también.

—Eso es bueno, ya no llegaremos de sorpresa.

—Ellos no saben sobre ti amor. Ni siquiera saben que soy gay.

—Aquí sí, ya no sé qué decir.

—Me quiero matar—esa voz entrecortada que se estaba percibiendo desde el fondo de Gonzalo inundo en mi ser un sentimiento que nunca antes había sentido por él, en estos instantes sentía que estaba perdiendo a mi Gonzo.

—No digas eso, si en algún momento pasa eso, me vas a dejar con un agujero que no voy a poder tapar.

—No quiero ir...

—Los boletos están comprados Gonzo, no te quiero obligar, pero en algún momento de tu vida tendrá que pasar.

—Soy muy cobarde.

—Eres una de las personas más valientes que conozco. Cuando nos querían asaltar estaba apuntó de entregar mis cosas, si no fuera por ti, ahora mismo no tendría celular.

—Eso fue diferente.

—Gonzalo... Nos amenazaron con una navaja y un arma, ¿Eso es ser cobarde?

—No fue así Eduardo.

—¿Qué dices cuando nos corrieron del instituto y nos quedamos a la deriva?

—¿Eso tiene que ver? —algo que me alegro notar, es que Gonzalo estaba olvidando el dolor por unos instantes, pues su mirada transmitía algo más que tristeza.

—Tienes que ser valiente para poder buscar un techo donde dormir en medio de un lugar que no ubicas, también es de valientes tomar un transporte donde no estés seguro a donde te va a llevar.

—Eso es muy diferente, flaco.

—Es de valientes aguantarme por cuatro años, así que si, eres muy valiente Gonzo, demasiado.

—Si estamos en el mismo canal, entenderás lo que estoy sintiendo—por fin pude verlo a la cara nuevamente, pues se separó del abrazo para limpiarse su rostro esta vez con mas tranquilidad.

—Lo entiendo, enserio que lo hago, pero tienes que entender también que... esto tenía que pasar, en algún momento.

—Pues quiero que se alargue más... quiero sentir el resto de mi vida que no necesito ir haya. Solo me hace recordar malos momentos.

—Gonzo... quiero darte algo.

—¿Qué? —aunque Gonzalo esperaba algo material, le di algo diferente, un beso que lo tomo por sorpresa por lo que no correspondió enseguida.

—Así te ves mejor, calladito, con tu carita de inocente y sin lágrimas en tus mejillas.

—¿Ahora me callarás con besos?

—No lo tenía planeado, pero si funciona, claro que sí.

—Mejor vamos a darnos un último baño, necesito despejar mi mente. ¿Podremos ir a dar una vuelta antes de irnos?

—Podemos... sí, quiero... quien sabe—al ver nuevamente esa sonrisa en su rostro, me di cuenta que había ganado la pelea contra la tristeza de Gonzalo.

—Aunque esto suene raro... Me emociona un poco el hecho de llevarte a mi hogar. Digo, cuando llegamos aquí tú me contaste cosas sobre tu país, ahora se podrán voltear los papeles. No conozco mucho sobre mi lugar de origen, pero te mostraré y contaré lo que sepa.

—Okey... Está bien Gonzo.

—Sabes que... mejor vamos a dormir un rato, antes de irnos. El viaje será muy largo, así que... aprovechemos la cama todo lo que podamos—Gonzalo tomo las cobijas y se envolvió en ellas como si el clima estuviera en una helada invernal.

—Oye, es muy temprano para eso.

—No me refería a eso idiota—grito desde debajo de las cobijas acompañado de sus carcajadas que extraña de su parte.

[...]

Eduardo.

Viernes 16 de junio del 2006.

4:25 pm.

—Pasajeros del vuelo hacia Chile, favor de abordar, su avión despegara en cinco minutos.

—¿Sería todo jóvenes? —pregunto el muchacho que nos estaba preparando para antes de subir al avión.

—Sí, también... mi perrita tiene un asiento pagado. ¿La puedo subir al avión? —el muchacho se nos quedó viendo de forma extraña mientras pensaba en una respuesta ante esa petición.

—Perdón, pero eso no está permitido.

—Pero... sin ella mi novio se pone un poco inquieto—cuando termine de hablar escuche claramente como Gonzalo dijo: “qué carajo” lo más bajo que pudo para no ser escuchado por terceros.

—Eso es un problema... perdón, pero no está permitido.

—Es que... yo lo hice para no causar problemas entre los pasajeros, se pone un poco loco—Gonzalo no dijo nada, solo se reía levemente mientras seguía la plática con el muchacho de la aerolínea.

—Aunque su novio se muera sin ese perro, no está permitido subir animales al avión.

—Claro que se puede, yo pague el asiento especialmente para ella.

—Quizás eso haya tenido en mente, pero tenía que preguntar antes de pagar si eso se podía, y ver las posibilidades que el aeropuerto le ofrece para viajar con su animal.

—Es un perro.

—Dudo mucho que esa cosa sea un perro... es enorme. Seguramente atacará a un niño y saldrá demandado—el joven miro a luna analizándola desde sus pues hasta sus orejitas que mostraban que estaba tranquilamente despreocupada.

—Por favor, esta perra es más educada que usted.

—No me falte al respeto joven.

—No lo hago, solo digo los hechos. Entonces... ¿cómo le hacemos?, me dejará pasar con mi perrito. ¿Verdad?

—No señor, la presión que se genera al despegar puede resultar perjudicial para su animal.

—¡Perro! —el joven se veía que se comenzaba a desesperar, pero quería viajar con la comodidad de saber que Luna estará conmigo a salvo en todo momento.

—Pará su perrito. No lo hago para molestar, lo hago para proteger a su animal.

—Eduardo. El vuelo sale en dos minutos—dijo Gonzalo tocando mi hombro con la misma desesperación que mostraba el joven que me estaba atendiendo.

—Espérate que aún no terminó de negociar. Entonces, ¿quinientos?, y me dejas pasar—saque mi billetera, pero la mirada de furia que tenía Gonzalo me hizo retractarme de lo que estaba haciendo.

—¿Me está sobornando? —pregunto el joven con una mirada de sorpresa total.

—Le estoy dando un dinero extra.

—No gracias, aunque logre convencerme lo detendrán más adelante.

—Eduardo, tenemos medio vuelo detrás de nosotros. Mejor le habló a Moon para que pase por Luna y se la lleve a casa.

—Quiero hablar con su gerente, no es posible que no me dejen viajar con mi hija—ignore totalmente a Gonzalo tratando de convencer al joven de que nos dejara pasar con Luna.

—Vaya a un psicólogo. Es un animal.

—¡Es un perro!, llámela de nuevo animal y le arrancó esas pestañas que parecen arañas en sus ojos—esta vez algunos de los que estaban detrás de nosotros comenzaron a reír al igual que Gonzalo.

—No se meta con mi físico chamaco... Hay una solución para este problema.

—Claro que la hay... llame a su gerente o jefe o a quien sea, voy a ser que la despidan ahora mismo.

—Eduardo, por favor, deja de armar drama, el vuelo ya se retrasó—dijo Gonzalo aumentando su desespero.

—Puede pagar un dinero extra para que el animal—estaba a punto de armar aún más show hasta que el joven se retractó—... perro, suba al avión.

—Ya nos vamos entendiendo. ¿Cuánto?, no creo que sea mucho.

—Setecientos cincuenta y cinco, joven—dijo mostrando una postura de victoria.

—¿Disculpa? —ese presupuesto no era lo que tenía en mente, ni siquiera sabía si los tenía en efectivo en este momento.

—Lo que escucho.

—Cuesta más el boleto del perro que el mío.

—Estoy más que seguro que su boleto debió costar mínimo el doble que el del perro—el joven ahora mostraba una posición que poco a poco me iba molestando.

—Claro que sí, pero yo pagué un asiento en el avión solo para mi hermosa Luna, no puedo creer que ni con eso me dejen pasar.

—Entienda que no puedo dejar pasar a un perro así nada más, menos con ese tamaño—el joven comenzó a sobarse la nuca mientras trataba de mantener la calma.

—¿Ahora va a discriminar el tamaño de mi perro?

—¡YA PASÉ CON SU ESTÚPIDO PERRO Y DEJE QUE LOS DEMÁS TOMEN EL VUELO!

—Tenga un muy bonito día joven—me despedí con una enorme sonrisa mientras el muchacho me mataba con la mirada— Vámonos Luna, vámonos Gonzalo... Ya ves Gonzalo, así es como consigues que tu perro te acompañe en tu vuelo.

—Aún faltan tres áreas por pasar, tendrás que convencer a otras tres personas.

—Ya lo veremos, no creo que nos cueste tanto trabajo ese tema...

—Claro...

5:25 pm

—¡Quiero hablar con su gerente!, yo pagué mi asiento y tengo todo el derecho de pasar con mi perrita.

—¡YA PASÉ CON SU ESTÚPIDO PERRO!, RETRASO UNA HORA UN VUELO SOLO PARA QUE LO DEJARAN PASAR, AGRADEZCA QUE NO LO ESTOY CORRIENDO.

—Que tenga un muy buen día caballero—estando ya arriba del avión, sentí una satisfacción muy grande, más que satisfacción era el aroma a victoria.

—Enserio que no sé cómo lo haces—dijo Gonzalo entre risas mientras acomodaba unas mochilas en la parte de arriba del asiento.

—Magia mi amor, es pura magia.

—Y pensar que seguramente se tendrá que repetir la historia cuando vengamos de regreso.

—No te había dicho nada, pero esa chamarra de cuero te hace ver... sexy—mencione con la esperanza de poder cambiar de tema, pues los demás pasajeros parecían no estar muy cómodos con la situación pasada.

—¿Enserio?

—Te ves muy guapo con ella—la sonrisa que Gonzalo me dedicaba mientras seguía luchando para meter las mochilas al compartimiento se convirtió en una de satisfacción cuando logro cerrar la puerta.

—Gracias flaco.

—No hay de que... yo en la ventana—avente levemente a Gonzalo para poder ganar el asiento que había dicho, pero este rápidamente me tomo del brazo alejándome de él.

—Vete a la chingada, mi boleto es el de la ventana, tú te sientas en la orilla.

—Tú ya viajaste en avión antes, es mi primera vez, déjame estar en la ventana.

—Ni madres. Chingate, pa’ que no agarras el boleto en la ventana.

—¡Tú los compraste!, por ende, tú los escogiste, pinché manipulador—algunas risas se podían escuchar entre los asientos por el drama que Gonzalo y yo estábamos protagonizando.

—Jóvenes, les pediré que tomen asiento, el vuelo está por empezar—dijo la azafata que estaba viendo la escena tratando de no reír a carcajadas.

—Claro... Una disculpa señorita. Ya siéntate en la ventana—dijo Gonzalo soltándome del brazo con un poco de molestia.

—Ya no sé, pero hoy huele a victoria desde que me levante, comenzando con que el taxi que nos trajo no nos cobró—con una sonrisa burlona tome asiento en el lugar que Gonzalo había apartado desde que compro los boletos.

—No nos cobró por qué tú te echaste a correr con la excusa de que ibas tarde al vuelo—Gonzalo se sentó a un lado de mi intentando de descifrar como si abrochaba el cinturón de seguridad.

—Por eso... ¿Nos cobró? —pregunte mientras ayudaba a Gonzalo a abrochar el cinturón que tenía en las manos.

—No.

—Ahí está. Otra victoria para mí—termine de abrochar el cinturón dándole un pequeño golpe a este al terminar la tarea.

—¿Traías dinero? —ahora era mi turno de abrochar mi cinturón mientras la plática con Gonzalo seguía.

—No, en efectivo no, por eso me eché a correr. Sé que está mal, pero no tenía dinero—mire por la ventana tratando de buscar algo interesante antes de despegar, pero todo se veía aburrido y sin chiste alguno.

—Lo bueno fue que me quedé para pagarle.

—Claro, ahora eres el bueno de la relación.

—Nunca dije eso, yo ya era bueno antes de conocerte.

—Claro, te conocí con un chingo de piercings falsos, parecías emo.

—Claro que no, me veía cool.

—En tu cabeza. La verdad no te veías bien, como dicen, de la moda lo que te acomoda. A ti no te quedaba vestirte como cholo.

—¿No?

—Claro que no, te ves mejor cuando estás vestido elegante, te ves muy sexy así. En traje, con tu saco y una camisa un poco apretada.

—Qué bueno que me lo dices para vestirme así más seguido.

—Pareces modelo cuando te vistes así, con ese cuerpo que parece tallado por los mismos dioses—iba a darle un beso a Gonzalo, pero este se apartó rápidamente.

—Estás muy cariñoso hoy—Gonzalo comenzó a reír mientras que buscaba su celular entre sus bolcillos de la chamarra.

—Es que estoy buscando la manera de decirte que... olvide pagar el hotel.

—¿El qué? —el semblante de Gonzalo cambio a uno molesto mientras me fulminaba con la mirada.

—El hotel donde nos íbamos a quedar.

—Dime que es broma Eduardo—Gonzalo no quitaba su mirada en mí, parecía que en cualquier momento me iba a golpear.

—Bromita—solté una risa nerviosa, pero al ver que a Gonzalo no le dio gracia alguna, tuve que decirle la verdad—No, no lo es, tendremos que ver ese detalle al llegar a Chile.

—Una tarea tenías Eduardo, ¡Una! —Gonzalo comenzó a sobarse el tabique de su nariz mientras negaba con la cabeza en señal de decepción.

—Pará qué me confías las cosas si ya sabes como soy, parezco dori.

—No te preocupes, ya lo tengo cubierto.

—¿Enserio?

—Claro, vamos a dormir en una banca del parque por tu culpa.

—No me eches la culpa a mí, tú fuiste quien sacó los condones cuando lo iba a reservar.

—¡Eduardo!, cállate, estamos en un avión, no estamos solos—Gonzalo en un rápido movimiento me tapo la boca mientras se escuchaban risas de entre los pasajeros.

—Bueno...—quite con algo de molestia su mano de mi boca para después limpiarme con la manga de mi sudadera— ahorita veo uno por Internet, aunque sea uno muy pinché, no importa.

—Tendrán que aceptar a mascotas, si no... otra hora peleando con las personas de recepción.

—Mejor duérmete un rato—trate de evadir la pelea que se iba a formar entre nosotros, pero alguien se me adelanto para darla por terminada.

—Muy buenas tardes queridos pasajeros—esa voz del capitán hizo que Gonzalo y yo cortáramos la conversación para poder escuchar con mejor atención—Estamos apuntó de comenzar el viaje, les pido que se coloquen el cinturón de seguridad y se pongan cómodos, pues este será un recorrido largo.

—¿Cuánto nos vamos a tardar? —pregunte mientras Gonzalo me veía de una forma pesada y cansada.

—Como ocho horas Eduardo.

—Gracias por escoger la aerolínea volares, la cual, se encargará de darles un viaje seguro y cómodo hasta su destino. Sin más que decir, espero que disfruten su viaje, relájense mientras disfrutan de la vista, que estamos por empezar nuestro recorrido hacia el hermoso país; Chile. Esperamos volverlos a ver pronto después de este viaje.