La marca de Thais

All Rights Reserved ©

Summary

Tras un caso de mutilación, el detective Oliver empieza a encontrar evidencias de un posible culto en la ciudad, sin embargo, no es capaz de imaginar la verdad detrás de más de un siglo de cuerpos mutilados.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Oliver se escabulló entre las sombras del pasillo después de salir cautelosamente de su habitación. Todas las luces estaban apagadas y la escasa luz que reflejaba la luna no lograba iluminar aunque fuera un metro debido a que las diminutas ventanas tenían barras muy gruesas, así que se apoyaba de la pared mientras avanzaba y buscaba con el tacto puerta que había visto en el día, esperando nerviosamente no equivocarse. Cuando por fin estuvo seguro de haberla encontrado, sonrió e introdujo la llave que le había robado a un guardia después del almuerzo. Entró a la habitación, cerró la puerta con seguro y encendió la luz. No había ventanas ni rejillas por donde pudieran filtrarse las ondas lumínicas. Se sentó en el suelo, sacó un par de hojas y un lápiz que llevaba en los bolsillos y empezó a escribir.

«Querida Lauren:

Tal vez no creerás lo que narraré a continuación. Lo pienso porque, si no me creíste hace tres años y dejaste que me llevaran a este manicomio infernal, ¿por qué motivo crees que esto viniendo de alguien declarada como esquizofrénico? Pero lo escribo de todos modos porque eres mi amiga en el mundo, la única que continúa visitándome y la persona a la que más amo, además de ser la única que va a reflexionar lo siguiente: ¿un loco habría logrado lo que yo? ¿Realmente crees que un esquizofrénico escribiría tan elocuentemente como yo?

Sin más preámbulos, te contaré cómo fueron las cosas, pues no es mi culpa que esto esté fuera del entendimiento del resto y que por eso creyeran que me volví loco. Por más que pueda parecer extraño, nada de esto fue solo mi imaginación ni alucinaciones.

Todo comenzó con un día normal de trabajo. ¿Recuerdas cuando nos envíen a investigar un cadáver con la lengua cercenada y los ojos arrancados desde el nervio óptico? A ese dia me refiere. Recuerdo que tenías veintisiete años y era la primera vez que ibas a una escena, ya que, antes de eso solo fuiste patrullera. Fue especial el hecho de que te asignaran aquel caso conmigo, debido a nuestra cercanía al conocernos desde la adolescencia, a pesar de que soy tres años mayor que tú.

Cuando llegamos a la escena y vimos el cuerpo, creímos que había sido torturado hasta la muerte y que por eso le habían cortado la lengua y sacado los ojos, pero no había sido así: la autopsia había revelado que aquello fue post mortem. El informe también decía que la causa de muerte no estaba clara, ya que, no se halló evidencia de que fuera provocada: no había signos de estrangulamiento o asfixia, mucho menos heridas que podrían indicar que la muerte fue por desangramiento, tampoco traumatismo craneal o envenamiento. Lo más raro del asunto fue que de todos modos carecía de algún signo de causa natural y presentaba un excelente estado de salud, previo al deceso.

Recuerdo que te desilusionaste porque no tienes indicios, ni siquiera de la causa de muerte. Querían cerrar el caso por eso, pero lo evité, intrigado por las mutilaciones post mortem que presentó el cuerpo y me dieron solo dos semanas para encontrar por lo menos una pista.

Oh Lauren, ¿recuerdas que me quedé días y noches en la oficina buscando en la base de datos si algo concordaba y encontré casos idénticos archivados desde que el cuartel se había iniciado y todos con una diferencia de tres años? Lo único que cambiaban eran las víctimas: todos eran distintos en cualquier aspecto, a excepción de que ninguno superaba los cuarenta años al momento del deceso y gozaban de buena salud, solo por eso no se podía decir que fueron víctimas al azar.

Cuando te llamé para contarte, tenías puesta la televisión en la transmisión de los juegos olímpicos, hace ya tres años. Al recordarlo, no puedo evitar pensar en que lo más seguro es que no podré ver los del próximo año porque sé que pronto vendrá por mí.

Empecé a indagar por mi cuenta cuando me aseguré que no podías estar en el caso conmigo, sino que deberías concentrarte en otros que te asignaron. Así, fui a cada lugar en donde fueron encontrados cuerpos en circunstancias similares, todos con la misma mutilación. Varios de esos lugares ya no existían o estaban siendo ocupados por otras personas, pero el último al que fui era el de un caso de hacía ciento cinco años y era una casa en medio de un bosque, la cual estaba totalmente intacta. Sin embargo, cuando pedí que fuera a investigar conmigo, esto fue lo que respondió el jefe de policía del cuartel:

—Harcourt, sabes perfectamente que Williams ya no está en el caso, por lo que no puede ir contigo.

—Pero señor —replicó—, ella sería de mucha ayuda.

—¿Acaso no entiende lo que sucede? Está tratando de investigar un caso de hace más de un siglo, ¿qué cree que encontrará?

—Respuestas.

Ante mi sostenido, él solo se echó a reír y me marché para continuar con mi investigación, con cierta frustración al ver que nadie más parecía darle importancia a lo que había pasado.

Me aventuré por el bosque, pues según el registro era el lugar en que fue la primera vez que ocurría algo así. Mis sospechas apuntaban a que tal vez se detectó un culto antiguo que habría comenzado en aquel lugar, pero no podía darlo por hecho.

Entré en completa soledad a aquella casa ya deteriorada por el claro abandono y me di cuenta de que había un signo en la muralla que había visto antes, a pesar de que era muy raro. No podía recordar en dónde, pero sabía que no era la primera vez que lo vio.

Seguí revisando la casa, pero tuve aquella extraña sensación de estar siendo observado, por lo que, decidí marcharme antes de que algo pudiera aparecer. Debía convencerte de ir conmigo ahí.

Cuando regresé al cuartel, revisé tus notas de la escena inicial y las comparé con las mías, con el objetivo de encontrar algo que pude haber pasado por alto. Luego, revisé el resto del archivo y vi las fotos que tomaron los criminalistas que nos acompañaron, encontrando aquel signo en la muralla de la escena y también en el cuello de la víctima. Ese era el nexo que necesitaba para probar que estábamos ante, probablemente, un culto que se había mantenido entre las sombras por más de un siglo.

Al no encontrarte en la comisaría y que no respondiste mis llamadas, fui a buscarte a tu departamento para mostrarte mis hallazgos e intentar convencerte de ir conmigo, pero cuando iba saliendo del edificio, una mujer de edad avanzada me tomó del brazo, haciendo que me detuviera.

—No continúes con este caso —me dijo—. Dos futuros te esperan y el que tengas de la decisión que tomes hoy. Si lo dejas, tu vida será próspera al lado de la mujer que amas. Sin embargo, si sigues investigando, en tres años serás el siguiente.

Se alejó y me acerqué a uno de los policías del primer piso que recibió las denuncias, sin dar mucho crédito de lo que había pasado.

—¿La viste? —le pregunté.

—¿A quién? —se notaba confuso ante mi pregunta.

—A la anciana que está caminando hacia…

No seguí hablando porque había desaparecido. Hasta el día de hoy no sé si fue real o solo mi mente, así que en ese minuto no le di importancia y seguí investigando.

Recuerdo que abriste molesta la puerta y me reclamaste por mi insistencia. Dijiste que estaba arriesgando mi carrera por un caso imposible de resolver, a lo que te mostré mis pruebas y mis ideas. Te conté de aquella casa, pero me dijiste que era una locura. Nunca habíamos peleado así, con desesperación, al punto en que me besaste mientras llorabas y me pediste que no continuara con el caso. Quizás debí escucharte, pero solo me marché.

Fui tres veces más a aquel bosque, pero nunca encontré algo, sin embargo, cuando me adentré por cuarta vez al bosque, una brisa me rodeó ya la distancia vi a una mujer caminando. Era albina, de gran estatura y llevaba un vestido como los de la época victoriana, de color negro y una caperuza del mismo tono. De pronto, escuché varios susurros que decían cosas como “Thais se acerca”, “ella está cerca” y “aléjate Oliver”. Creí que otra vez era mi imaginación, así que ignoré las advertencias y empecé a seguirla.

Al acercarme, vi a personas o, más bien, espíritus o fantasmas deambulando cerca de mí, susurrándome las advertencias que preferí ignorar. Estaba a punto de alcanzarla, pero se volteó y pude ver sus ojos, que eran como un par de piedras ónix, resaltando por el contraste con su piel y cabellos blancos como la nieve. Cuando entré en contacto con ellos, no pude moverme, estaba paralizado por el miedo al ver en ellos almas y demonios. Era algo indescriptible, quizás te lo imagines y no te aterres, pero realmente ver aquello daba pavor, como si de por sí ella no transmitiera ya una energía abominable. No sabía qué tenía, pero al verla me aterré. Tendrías que verla para sentir lo mismo que yo, aunque espero que nunca lo hagas.

—Yo soy Thais —su voz era demasiado rara, como si en realidad muchas voces hablaran al mismo tiempo—, la que se alimenta de las almas y ha existido desde antes de que la Tierra tuviera nombre y que los hombres se creyeran dueños y señores del mundo. Soy quien puede cambiar de forma y hablar contigo sin que lo sepas. Puedo acceder a cualquier rincón de tu mente. Sé quién eres y de dónde vienes. Sé a lo que viniste y por eso recuerda mis palabras, Oliver Harcourt: tú eres insignificante para quien domina este rincón del vasto universo. Ahora tú sigues.

Después de eso, no sé lo que pasó, pero recuerdo que desperté en mi cama y estabas a mi lado, cuidándome. Dijiste que tenía fiebre y me encontraste desmayado en el bosque del que te conté. Me cuidaste y ayudaste durante el plazo que me quedó, aunque no pude indagar más de lo que ya había visto y oído. No había registro de Thais, ni de su marca que encontramos pero aquel tiempo junto a ti al menos me hizo olvidar que mis días ya estaban contados.

Cuando terminaron las dos semanas que me habían dado para investigar, conté lo que descubrí y aquel aterrador encuentro con Thais, pero creyeron que estaba loco y tú no me respaldaste, más bien, trataste de intervenir diciendo que me refería a un culto, y yo estúpidamente insistí en la existencia de Thais. Decidieron que por mi seguridad y la del resto era mejor que estar encerrado en este manicomio y no lo impediste, pero te perdoné todo y te he seguido amando, incluso al estar a solo minutos de morir en manos de Thais.

Espero que después de leer todo esto me creas. Yo también era escéptico, hasta que me dieron aquel caso y empezaron a ver cosas... a ver las muertes que hicieron Thais y mucho más. Durante estos tres años recibió visiones que me han hecho creer.

Lauren, ruego que ella no te persiga y puedas tener una mejor vida que yo, con alguien que pueda estar siempre a tu lado. Te deseo esto porque tú fuiste lo mejor que me ha pasado y cada vez que me visitabas sabía que contigo no sería como los verdaderos locos. Tú mantienes mi mente en la tierra.

Espero que tengas una próspera y feliz vida

Oliver».

Escuchó voces que lo llamaron minutos después de terminar de escribir. Guardó la carta en el bolsillo del pantalón, pues sabía que Thais había llegado. Ella apareció frente a él y succionó su alma, luego cortó toda su lengua y le arrancó ambos ojos. Tocó su cuello, dejando una marca como un símbolo y después hizo lo mismo en la pared. Era la misma marca que dejaba en sus anteriores victimas. Thais sabía que Oliver había escondido la carta en su pantalón, sin embargo no la consideró importante y dejó la carta ahí. No tenía motivo para quitársela.