¿Puedes escucharme?
Estás rota.
Son palabras que han resonado en mi cabeza por largos años. Aquellos que me aman prefieren llamarme peculiar, algunos maestros sin duda alguna me describirían como extraña o simplemente distraída.
Durante las clases, mi concentración siempre ha sido dispersa o nula dependiendo de la materia: no recuerdo un solo dato de mis clases de historia o física en la secundaria, pero mis calificaciones en ingles nunca bajaron del nueve. Incluso al día de hoy encuentro laborioso en exceso realizar un ensayo de dos cuartillas, pero logro encontrar cierta naturaleza en escribir un mínimo de cinco páginas sobre la vida de algún personaje propio… tal vez es por esto que la angustia de mi madre con respecto a mi futuro se ha mantenido constante.
Otro punto alarmante sobre mi persona sería mi forma de comunicarme. Algunos considerarían este rasgo mío como… inusual. Mis temas son muy selectivos, me resulta complicado entender cuando alguien termina de hablar, provocando esto cierta frecuencia en la que interrumpo a otros, al igual que encuentro sumamente incomodo ver a las personas a los ojos.
Aun así, considero que mi principal debilidad es mi falta de control en los tonos de voz: debo estar en totalidad concentrada en elegir el tono exacto para evitar lastimar los sentimientos de los demás; en caso de sentirme saturada a causa de recibir cierta variedad de estímulos al mismo tiempo, suelo equivocarme con el uso del este, ocasionando que llegue a aparentar una conducta grosera per se… aun si esta nunca fue mi intención.
Ah, los estímulos. Querido lector, si tan solo pudieses imaginar mi sorpresa al saber que las personas tienen la capacidad natural de enfocarse en un estímulo a la vez,
llegando a escuchar el resto en un volumen menor. En mi caso, cada uno de ellos son recibidos por mi escucha a un mismo nivel. Es por ello que me encuentro saturada cuando cierta variedad de los mismos se amalgama en el ambiente. Resulta ser una situación tan agobiante que termino por retirarme del sitio para lograr un pequeño descanso.
¿Por qué soy así? ¿Por qué no entienden?
Porque no les importa.
Pero el problema no sólo consiste tal cuál en una atención selectiva, sino en aquello que mi madre ha decidido nombrar como mis modas: una serie de temas tan distintos entre si como las nubes en el cielo que se vuelven el centro absoluto de mi atención… por una temporada, al menos hasta encontrar un nuevo tema que capte mi interés.
Modas… es un lindo nombre para llamar a estas obsesiones que inundan mi mente las 24 horas del día, llegando incluso a invadir mis sueños; son estas las que envuelven mi cabeza hasta el momento en que me encuentro realizando estas actividades. Algunas personas admiran la cantidad de habilidades que poseo, pero la realidad es… no puedo evitarlo.
Ha sido con el paso del tiempo que he aprendido a adaptar estas conductas a lo que la sociedad espera de mí, a lo que es considerado como la norma… es hoy en día que muchos no logran notar que hay algo malo en mi a tal punto que les llega a ser casi
invisible mi esfuerzo constante por encajar en su comunidad, la sociedad que han construido de cierta forma en que todo aquello que no coincide con lo aprobado esta roto, que soy yo la que está rota y no el mismo sistema que rechaza aquello diferente, ¡y tal vez si ESTOY ROTA! Pero no por eso no funciono, no significa que no puedo valerme por mi misma, aun si llega a costarme trabajo entenderlos, o incluso el entenderme a mí misma.
“Estás normal” son las palabras con las que muchos me describirían, o al menos hasta el momento en que hablo sin esa mascara que he creado para ellos; es en ese entonces que terminan por alejarse y ¿Por qué no lo harían? Incluso yo misma se que no tengo nada que aportar a la mesa, nada que pueda considerarse de valor o interés común. Y ese pensamiento vuelve a mi mente, ese que me dice “estás ROTA, ¡necesitas REPARARTE!”, pero ¿Qué debo hacer si en realidad no tiene reparación? Estoy en la oscuridad, llorando a gritos pidiendo ayuda, algo de compañía, pero… nadie me escucha… pues solo puedo gritar aquí… en mi interior.
Y… es en estos días que he aceptado esta etiqueta como propia…
Estoy rota…
A nadie le importa…
Y no puedo hacer nada.
¿Puedes escucharme ahora?