Tu novio o el mío [SiChul]

Summary

Cómo ser el hombre de honor perfecto: a) Sonríe y finge que te encanta tu horrible traje. b) Sé paciente a medida que tu amigo se convierte en un novio obsesionado. c) ¡No te enamores del novio! Entusiasmado por ser el hombre de honor de Woohyun, Heechul se entregó a las obligaciones que se esperaban de él. Pero conocer al novio, un hombre increíblemente sexy llamado Siwon Choi, lo estropeó todo… y lo llevó a preguntarse qué sucedía cuando se encontraba al hombre soñado y era de otra persona.

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12
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n/a
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18+

Capítulo Uno

COMENZÓ una mañana de lunes corriente. Heechul llegó puntual a la oficina a las nueve menos cuarto, con un café en la mano con el fin de empezar con energía la semana laboral. Para su sorpresa, su mejor amigo, Woohyun, ya estaba allí.

Por lo general éste llegaba un poco tarde, y después de haber pasado el fin de semana en el campo visitando a su padre, Heechul había imaginado que llegaría más tarde que nunca. Sin embargo, esa mañana no sólo había aparecido temprano, sino que sonreía. Y estaba rodeado por un semicírculo de entusiasmados compañeros.

Extendía la mano como si mostrara una manicura recién hecha.

Lo que no era de extrañar, ya que tenía debilidad por ellas.

Pero al acercarse, vio que las uñas de Woohyun se hallaban pintadas de un discreto y elegante gris pardo, nada que ver con la habitual manifestación colorida típica en él. Y encima no eran el foco de atención de todos.

Las exclamaciones las provocaba un anillo centelleante.

Estuvo a punto de que la taza de plástico de su café se le escurriera de la mano. Logró sujetarla a tiempo.

Quedó aturdido.

Y también un poco curioso.

Luchando por mantener la sonrisa, con rapidez dejó el café y el bolso sobre su escritorio y fue junto a su amigo.

Se dijo que estaba malinterpretando la situación. Woohyun no podía estar comprometido. En caso contrario, su mejor amigo se lo habría contado. De hecho, sabía que en ese momento Woohyun no salía con nadie. Juntos se habían estado autocompadeciendo de la sequía de citas que padecían y llegaron a hablar de establecer una cita doble a través de Internet.

Aunque era cierto que en los tres últimos fines de semana Woohyun había ido a su casa de Darling Downs, lo que había hecho que Heechul se preguntara qué había allí que lo atrajera tanto. Woohyun le había explicado que le preocupaba su padre viudo, lo cual era comprensible, ya que éste se había sumido en una profunda desdicha en los últimos dieciocho meses, desde que muriera su madre.

También había mencionado a sus vecinos próximos y solícitos, los Choi, y al hijo de éstos, Siwon, a quien literalmente conocía de toda la vida.

¿Sería él quien le había dado el anillo?

Woohyun no había insinuado nada de que tuviera un romance con alguien, pero era evidente que el resplandor en el dedo de su amigo lo causaba un diamante. Y el nombre que salió de sus labios…

—Siwon Choi.

En ese momento le sonrió directamente a Heechul con una luz expectante en sus bonitos ojos verdes.

—¡Vaya! —logró exclamar éste, obligándose a sonreír—. ¡Estás prometido!

Woohyun bajó levemente la cabeza, como si intentara interpretar la reacción de Heechul, y Heechul amplió un poco la sonrisa mientras buscaba las palabras correctas.

—De modo que… ¿esto significa que el chico de al lado al fin se ha lanzado?

Esperó parecer feliz. Desde luego, no quería que toda la oficina se diera cuenta de que no tenía ni idea del romance de su mejor amigo.

Justo a tiempo recordó abrazar a Woohyun, y luego le rindió el debido homenaje al anillo… un solitario elegante engastado en platino y adecuadamente delicado para las manos esbeltas y pálidas de su amigo.

—Es precioso —dijo con auténtica sinceridad—. Perfecto.

—Debió de costar un ojo de la cara —comentó una de las chicas a su espalda con voz asombrada.

En ese momento llegó Sungkyu Kim, su jefe, y en la oficina reinó un silencio incómodo hasta que alguien anunció la feliz noticia de Woohyun.

SungKyu frunció el ceño, como si el matrimonio inminente de un empleado fuera un inconveniente enorme. Pero entonces consiguió decir «Felicidades» con un gruñido antes de desaparecer en su despacho.

Jamás había sido la clase de jefe que charlaba con el personal, de modo que todos estaban acostumbrados a su hosquedad. No obstante, su presencia apagó el entusiasmo de la mañana.

El semicírculo se disolvió. Sólo se quedó Heechul, con la cabeza tan llena de preguntas que era reacio a regresar a su escritorio, sumado al hecho de que no podía evitar sentirse un poco apagado por el hecho de que Woohyun jamás le hubiera confiado semejante noticia.

—¿Te encuentras bien, Heechul? —preguntó Woohyun con cautela.

—Claro, estoy bien —tocó el dedo anular de su amigo—. Me ha dejado atónito este solitario.

—Pero no contestaste mi mensaje de texto.

—¿Qué mensaje?

—El que te envié anoche. Justo antes de irme de Willara Downs, te escribí sobre la buena noticia.

—¿Oh? —puso expresión avergonzada—. Lo siento, Hyun. Anoche fui al cine y apagué el móvil. Luego olvidé volver a encenderlo.

Zanjado el «incidente», se sonrieron y Heechul se sintió ridículamente complacido de no haber sido excluido, después de todo.

—¿Quedamos en The Hot Spot a la hora de la comida? — preguntó Woohyun a continuación.

—Por supuesto —la pequeña y ajetreada cafetería de la esquina era la predilecta de ambos y una reunión ese día tenía máxima prioridad.

Una vez en su escritorio, el ánimo de Heechul volvió a caer al asimilar la realidad de la asombrosa noticia de Woohyun. Iba a perder a su mejor amigo. Se iría a vivir al campo con Siwon Choi y eso representaría el fin de su amistad íntima… del apoyo mutuo que se ofrecían en la oficina, de sus charlas durante la comida, de sus salidas los viernes por la noche y de los arrebatos de compras que compartían.

Decididamente, era el fin de las vacaciones en el extranjero. Y resultaba de lo más desconcertante que Woohyun jamás le hubiera hablado de Siwon. ¿Qué decía eso de su supuesta amistad íntima?

Con expresión sombría, sacó el teléfono móvil del bolso, lo encendió y vio que tenía dos mensajes sin leer… ambos de Woohyun.

A las siete menos veinticinco de la tarde del día anterior:

¡Ha sucedido lo más increíble! Siwon y yo estamos prometidos.

Tengo tanto que contarte…

Y luego a las nueve de la noche:

¿Dónde estás? Tenemos que hablar.

Heechul hizo una mueca para sus adentros. De haber estado disponible para esa conversación, esa mañana lo sabría todo y quizá comprendería la rapidez con la que se había producido ese compromiso.

Pero tenía que pasar una mañana entera trabajando antes de obtener una sola respuesta a las mil y una preguntas que bullían en su interior.

—¿Te vas a casar?

—Claro —con la horquilla, Siwon metió heno fresco en el establo del caballo, luego observó a su amigo Hangeng, apoyado en la barandilla—. ¿Por qué otro motivo iba a pedirte que seas mi padrino?

—¿De modo que vas en serio? —preguntó Hangeng.

—Sí —Siwon sonrió—. Casarse no es algo sobre lo que se pueda bromear.

—Supongo que no. Lo que pasa es que todos pensábamos… — calló e hizo una mueca.

—Pensaban que seguiría jugando en el campo de los solteros toda la vida —aportó Siwon.

—Puede que no para siempre. Pero, qué diablos, nunca diste la impresión de que planearas sentar la cabeza ahora, a pesar de que muchos chicos se han esforzado en lograrlo.

Siwon había previsto la sorpresa de Hangeng, y hasta su incredulidad; sin embargo, la reacción de su amigo seguía irritándolo. Era cierto que había salido con muchos chicos sin llegar a nada serio, pero esos días se habían acabado. Tenía que asumir responsabilidades.

—Se supone que deberías felicitarme.

—Por supuesto, amigo. Ni hace falta decirlo —se apoyó en el establo y alargó una mano; su expresión estaba llena de buenos deseos—. Felicidades, Siwon. Lo digo en serio. Woohyun es un chico estupendo. Es maravilloso. Los dos forman un gran equipo —le estrechó la mano.

—Gracias.

—No debería haberme sorprendido tanto —añadió Hangeng—. Tiene sentido. Woohyun y tú siempre han sido como… —alzó una mano para mostrar los dedos índice y corazón unidos.

Siwon reconoció esa verdad con una sonrisa y un gesto de asentimiento. Woohyun Nam y él habían nacido con seis meses de diferencia en familias con propiedades vecinas. De niños habían compartido corralito. De jóvenes había dado juntos clases de natación y equitación. Habían ido al mismo instituto, viajando todos los días a Willara en el destartalado autobús del colegio, intercambiando el contenido de sus almuerzos y compartiendo las respuestas de los deberes.

Hasta donde podía recordar, sus dos familias se habían reunido a orillas del río Willara para hacer barbacoas. Sus padres se habían brindado ayuda mutua para esquilar o reunir al ganado. Sus madres habían intercambiado recetas e historias mientras cosían juntas.

Con seis años, el padre de Woohyun le había salvado la vida…

Y en ese momento, con algo de suerte, Siwon le devolvería el favor.

Se sentía bien al respecto. La verdad era que se sentía feliz con el futuro que Woohyun y él habían planeado.

No obstante, se habría sentido aliviado de haber podido desahogarse un poco con Hangeng. En los últimos años, la carga que llevaba no había parado de aumentar.

Cuando su padre había decidido adelantar la jubilación, Siwon había asumido el grueso del trabajo en el rancho.

Luego había muerto la madre de Woohyun y su padre, el mismo hombre que le había salvado la vida de niño, había empezado a beber como un suicida. Preocupado, Siwon también había ayudado ahí, dedicando largas horas a arar los campos y a arreglar las vallas.

Woohyun, desde luego, se había sentido angustiado. Había perdido a su madre e iba camino de perder también a su padre, y si ésos no eran problemas suficientes, la propiedad de su familia se deterioraba a marchas forzadas.

Había un caudal de emociones fuertes asociado a la decisión de casarse, pero aunque sentía la tentación, no pensaba confiarle eso a Hangeng, su mejor amigo.

—Tengo entendido que el padre de Woohyun se encuentra muy mal — comentó éste—. Se ha aislado bastante y necesita frenar el ritmo al que bebe.

Siwon alzó la cabeza. ¿Es que Hangeng había adivinado que la situación era peor que lo que pensaba la gente?

—Eunhyuk tiene el comienzo de un fallo cardíaco —respondió despacio.

—Es para preocuparse.

—Lo es, pero si se cuida, debería mantenerse bien. Hangeng asintió.

—Y en cuanto tú seas su yerno, podrás mantenerlo vigilado.

Era evidente que Hangeng consideraba razonable la decisión que habían tomado, pero en ese momento le dedicó una sonrisa descarada.

—Aunque Woohyun y tú forman una pareja sagaz, manteniendo esto oculto en un pueblo tan dado a la rumorología como Willara —jugó con una brizna de paja y enarcó las cejas—. Bien, ¿cuándo es el feliz día? Supongo que tendré que ponerme un traje de pingüino.

Cuando Heechul entró en The Hot Spot, Woohyun ya lo esperaba en su rincón favorito, con dos sándwiches de ensalada y dos cafés con leche.

—Ha sido una mañana larguísima —gimió al tiempo que ocupaba un asiento—. Gracias por pedir el almuerzo.

—Me tocaba a mí.

Alargó la mano y tocó el diamante en la mano izquierda de Woohyun.

—Esto es real, ¿no? Estás prometido en serio, no sueño, ¿verdad?

—Es totalmente real —su amigo sonrió—. Pero he de reconocer que yo mismo aún me pellizco.

—Entonces… —comenzó Heechul con cuidado—, ¿tú tampoco esperabas este compromiso?

—La verdad es que no —se ruborizó—. Pero tampoco fue precisamente una sorpresa.

Heechul parpadeó y movió las manos.

—Lo siento, ya estoy perdido. Vas a tener que explicármelo — bebió un sorbo del café con leche.

—No hay mucho que explicar —Woohyun se acomodó un mechón de cabello rubio detrás de la oreja—. La cuestión es… incluso siendo niños, en la atmósfera de nuestras casas flotaba la constante sugerencia de que al final podríamos terminar juntos algún día. De pequeños se burlaban de nosotros, luego, con el tiempo, se relajaron, pero mientras crecíamos permaneció como una seria posibilidad de fondo.

Todo eso era nuevo para Heechul, por lo que no pudo evitar preguntar:

—¿Cómo es que nunca lo mencionaste?

Woohyun se mostró contrito.

—Debes de pensar que estoy loco después de haber hablado tanto de chicos sin mencionar una sola vez a Siwon.

—Hablaste de él, pero dijiste que únicamente era un amigo.

—Lo era. Durante siglos. Sólo fuimos… vecinos… y buenos amigos… —se encogió de hombros—. Para serte sincero, jamás pensé seriamente en casarme con él. Pero entonces…

—¿Es Siwon el motivo por el que en los últimos tiempos vas a pasar los fines de semana a tu casa?

Woohyun se ruborizó al tiempo que alargaba la mano para admirar otra vez el anillo.

—Se puede decir que es algo que nos sorprendió a los dos. Siwon ha sido tan dulce.

A Heechul todo le pareció muy romántico. Una amistad maravillosa y duradera en la que dos personas se sentían realmente cómodas la una con la otra y se conocían a la perfección… todo lo bueno y lo malo. Y de pronto, los azotaba una verdad cegadora y hermosa.

Tan diferente de su experiencia devastadora con Kris la Rata.

—Y como por arte de magia comprendieron que estaban enamorados y hechos el uno para el otro —dijo. Woohyun asintió—. ¿Y sin lugar a dudas sabes que Siwon es el Hombre Perfecto?

Otro movimiento afirmativo de la cabeza.

Heechul no entendía el nudo que sentía en la garganta.

—Pensé que esos amores inesperados sólo tenían lugar en el cine. Pero, mírate. ¡Es un romance real de amigos convertidos en amantes! —para su vergüenza, le cayó una lágrima por la mejilla.

—Entonces, ¿lo entiendes? —la sonrisa de Woohyun fue una mezcla de simpatía y alivio.

—Mi cabeza aún trata de asimilarlo, pero creo que aquí lo entiendo —se llevó una mano al corazón—. Me siento feliz por ti, Woo. De verdad.

—Gracias —se levantó de la silla y se abrazaron—. Sabía que lo entenderías.

—Tu padre debe de estar encantado —dijo Heechul cuando su amigo volvió a sentarse.

Para su sorpresa, el rostro de él se encendió y luego palideció antes de clavar la vista en el sándwich que tenía delante.

—Sí, está muy feliz —musitó.

Desconcertado y un poco preocupado por la reacción, Heechul no supo qué decir. Algo no iba bien en todo eso.

Se preguntó si el padre de Woohyun había expresado sentimientos encontrados. Sería agridulce para el señor Nam ver florecer el compromiso de su hijo tan pronto después de la muerte de su esposa. Echaría de menos tenerla para compartir ese júbilo.

Pensó en sus propios padres, al fin asentados, llevando la pequeña tienda de música en Sugar Bay y criando a su hermano pequeño, Kyuhyun. Después de la inesperada llegada de éste cuando él contaba catorce años, sus padres habían experimentado una transformación drástica. Cuando él empezó a trabajar, al tiempo que Kyuhyun alcanzaba la edad de ir al instituto, habían abandonado la existencia nómada que habían llevado hasta entonces, viajando por todo el país como integrantes de un grupo de rock de segunda.

Pero convertirse en padres convencionales no había mitigado el amor que sentían el uno por el otro. Permanecían anclados en un loco amor juvenil y, aunque dicha relación siempre había hecho que Heechul se sintiera al margen, no podía imaginarlos arreglándose solos. Al menos no durante una eternidad.

Compadeció al señor Nam…

—¿Tierra a Heechul? ¿Sigues ahí?

Éste parpadeó y comprendió que Woohyun había estado hablándole.

—Lo siento. Yo… mmm… me he perdido lo que decías. Su amigo puso los ojos en blanco.

—Te decía que esperaba que fueras mi dama de honor.

El corazón le dio un vuelco. Había estado tan centrado en asimilar la noticia que ni siquiera había pensado en la boda.

De pronto tuvo una visión de Woohyun hermoso todo de blanco… y él mismo radiante con su traje de dama de honor…

Habría flores… y chicos atractivos trajes de etiqueta… Nunca había sido dama de honor.

Lo embargó el entusiasmo.

—Me sentiría muy honrado de ser tu dama de honor. Y no exageraba.

Había oído hablar de que otras chicas consideraban ese honor un aburrimiento y hablaban pestes de tener que lucir horribles trajes de satén, con los peores colores y estilos posibles.

Sin embargo, para él era un privilegio maravilloso. Se pondría cualquier cosa que Woohyun eligiera, no le importaría. Ser el hombre de honor era una prueba clara e irrefutable de que tenía un amigo verdadero.

Al fin.

Se encogió para sus adentros, ya que cualquiera pensaría que era un perdedor.

Aunque la verdad era que durante gran parte de su infancia se había sentido como tal. Había dispuesto de tan pocas oportunidades de hacer amigos… porque sus padres lo habían arrastrado por todo el país, ¡viviendo en la parte de atrás de un autobús! Jamás había tenido tiempo de que sus amistades arraigaran.

No fue hasta que empezó a trabajar en Bodwin & North, y conocido a Woohyun, cuando al fin había tenido la oportunidad de formar la clase de amistad en curso que siempre había anhelado. Y en ese momento tenía la prueba de que era una realidad… una invitación para ser el hombre de honor de Woohyun.

Lo miró radiante.

—¿Será una boda en el campo?

—Sí, en la propiedad de los Choi… Willara Downs.

—Vaya, eso suena perfecto —le resultó tan fácil imaginar el gran día de Woohyun… mesas cubiertas con manteles blancos con puntillas y preparadas en una terraza e invitados impecables—. Bueno… ¿con cuántas damas de honor planeas contar? —intentó sonar casual, lo que no le resultó fácil mientras contenía el aliento. ¿Compartiría ese honor con otras seis damas? En alguna parte había leído que una celebridad se había casado con dieciocho damas de honor, todas ellas enfundadas en trajes de seda púrpura.

—Sólo una —indicó Woohyun con calma—. No será una boda grande y llamativa. Únicamente la familia y los amigos íntimos. Nunca he querido tener un enjambre de damas de honor —sonrió—. Sólo te quiero a ti, Heechul. Serás perfecto.

«Perfecto». Que palabra tan maravillosa.

—Haré todo lo que esté a mi alcance para que el día sea perfecto para ti —prometió.

Investigaría cuáles eran sus obligaciones y las ejecutaría con minuciosidad. Ninguna novia iba a tener jamás una asistente nupcial más devota que él.

—Bueno, ¿hay fecha? ¿Una agenda?

—De hecho, estábamos pensando en el veintiuno de octubre.

—Cielos, apenas faltan unas semanas para que llegue.

—Lo sé, pero Siwon y yo no queríamos esperar.

Supuso que oiría la frase «Siwon y yo» muchas veces en las siguientes semanas. Tal como ya había hecho a menudo, volvió a preguntarse cómo sería estar profundamente enamorado.

Pero entonces tuvo otro pensamiento súbito y bajó la voz:

—Woohyun, no estás embarazado, ¿verdad?

—No, claro que no.

—Sólo quería asegurarme… por la boda súbita.

—Cállate, tonto —con el rostro colorado, le dio un golpecito en la muñeca.

—Lo siento —Heechul sonrió.

—No debería de ser difícil de organizar. Todo tendrá lugar en la casa, de modo que no hay que reservar iglesia, ni coches ni un salón para la recepción. Y el párroco local es un buen amigo de los Choi.

—De modo que sólo tendrás que comprar un traje de novio y la tarta nupcial.

—Sí. Demasiado fácil —convino Woohyun con una carcajada, pero mientras empezaban a comer, se puso serio—. He arreglado una reunión con SungKyu Kim. Tendré que dimitir, ya que viviré en Willara, pero esperaba que también pudiéramos organizar un tiempo libre para ti con el fin de que puedas ir a ayudarme con los preparativos de último minuto.Pero sé queesos días te los quitarán de las vacaciones…

—No pasa nada —se apresuró a decir Heechul—. Me encantará pasar una semana en el campo —empezaba a sentirse deprimido por la marcha de Woohyun, pero entonces sonrió—. Y hasta puede que me surja un romance propio.

—No estaría mal —los ojos de Woohyun brillaron de alegría.

Para Heechul no era una idea ociosa. De adolescente, y durante sus innumerables traslados, había desarrollado un aprecio especial por los hijos de los rancheros con sus vaqueros, sus hombros musculosos y su andar despreocupado.

—Creo que suena idílico —indicó Heechul con sinceridad—. Aunque es probable que yo tenga una idea romántica de la vida en un rancho. La verdad es que jamás he estado en uno.

—¿Por qué no te vienes conmigo el próximo fin de semana? — sugirió Woohyun con sonrisa radiante—. Podríamos irnos el viernes al salir del trabajo. Sólo es un viaje de poco más de una hora. Conocerás a Siwon y te mostraré dónde planeamos celebrar la boda. Así podrás ayudarme a perfilar todos los detalles.

—Eso suena maravilloso.

—Sabes lo inútil que soy para organizar algo. Probablemente, te pase papel y bolígrafo y una lista telefónica de candidatos posibles para el catering.

—Está bien —sin duda era patético, pero le encantaba sentirse necesitado—. Me encantará ir. ¿Seguro que hay sitio para que me quede?

—Por supuesto. No nos quedaremos en la casa de mi padre. No se ha sentido bien últimamente y tanto alboroto lo irritará. Podemos permanecer en Willara Downs.

La casa es enorme y Siwon es un anfitrión maravilloso. Ahora sus padres viven en la ciudad, pero probablemente aparezcan y también podrás conocerlos. Te recibirán con los brazos abiertos.

Pensó que durante un breve período de tiempo, y por primera vez, estaría mirando desde dentro, y no desde fuera, como toda su juventud.

—Me encantaría. Podemos ir en mi coche —ofreció, ansioso por ayudar de cualquier modo—. Es mucho más fácil y cómodo que ir en autobús.

Se dijo que iba a ser fabuloso. Estaba decidido a llevar a cabo cada tarea al máximo de su capacidad. Su objetivo no era otro que la perfección.