Hello Stranger (Kai EXO)

Summary

«¿Pero qué demonios? ¿Es que el sol me había afectado demasiado a la cabeza? ¿Realmente estaba llegando a estos niveles de cursilería con un completo extraño al que no había escuchado en toda mi vida? Al parecer sí, así era». ♦One-shot. ♦Contenido sexual explícito y sin protección (+18)

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n/a
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18+

Capítulo 1

Eran las 17:00 de la tarde cuando decidí salir de casa, como cada día, para hacer un poco de ejercicio. La brisa del atardecer era fresca, acariciando mi piel suavemente y meciendo mis cabellos mientras corría por las tranquilas calles del vecindario. El sol aun brillaba con fuerza en el cielo, haciendo brillar las verdes hojas de los árboles y arbustos recién regados que iba dejando tras de mí conforme seguía mi habitual ruta.

-¡Buenas tardes, Ella!

Algunos vecinos me saludaban amablemente al pasar por su lado, a lo que yo les respondía con una cálida sonrisa y un gesto de mi mano.

Siempre pensé que había tenido suerte al mudarme a este lugar. Todos mis vecinos eran agradables. Jamás había tenido algún problema con ninguno de ellos, sino todo lo contrario. Si me surgía algún contratiempo o necesitaba algo de urgencia, ellos siempre estaban ahí para ayudarme.

Con alguno de ellos incluso había labrado una gran amistad, como con Baekhyun, por ejemplo. Éste era algo cabeza loca, pero en el buen sentido de la expresión. Siempre estaba haciendo tonterías e intentando hacer reír a los demás con sus divertidas estupideces, por lo que era uno de mis mejores soportes en los momentos más difíciles.

También estaba Junmyeon, a quien no se le daban tan bien las bromas como a Baek. Sus chistes eran, por lo general, algo malos, pero aun así tenías que reírte al verlo intentarlo con tantas ganas. Sin embargo, él siempre tenía los mejores consejos y las mejores palabras en el momento oportuno. Realmente se comportaba como una mamá con cualquier persona que fuese cercana a él.

Y no podría olvidarme de Minseok, el chico con el que compartía casa. Era un muchacho tímido al principio, cuando me mudé a aquel bonito y acogedor lugar, pero conforme lo iba conociendo, me di cuenta de que realmente no tenía nada de tímido dentro de su ser.

No pasó mucho tiempo hasta que nos hicimos mejores amigos, podría decir que ahora incluso me conocía mejor yo a mí misma, descubriendo mis secretos sin siquiera necesitar que salieran por mi boca. Era capaz de adivinar lo que estaba pensando con solo una mirada. A veces, sus habilidades realmente me asustaban.

Perdida en mis pensamientos, llegué sin darme cuenta al descampado donde solía parar para hacer mis ejercicios en las máquinas que estaban facilitadas para ello. Eran las típicas que podrías encontrar en cualquier parque de la ciudad, pero a mí me gustaba venir a este lugar, ya que nunca solía haber nadie. Era un lugar tranquilo, donde poder hacer ejercicio sin miradas furtivas o molestias de ninguna clase, lo que agradecía enormemente.

Mientras utilizaba una de las máquinas, concentrada en la música que escuchaba desde mis auriculares, vi por el rabillo del ojo una pequeña mancha marrón que se movía inquieta.

Giré mi rostro para enfocar bien lo que sea que fuera aquello que se movía sin parar, descubriendo con agradable sorpresa que se trataba de un pequeño caniche de pomposo pelo marrón que no paraba de dar vueltas como un loco alrededor de mí. Bajé de la máquina, quitándome los auriculares de mis oídos en un momento para acercarme al pequeño cachorro y agacharme para poder verlo de cerca.

-Ey, pequeño, ¿de dónde has salido? -le pregunté acariciándole suavemente detrás de las orejas y mirando a los alrededores para ver si venía con alguien, pero todo estaba desierto. -¿Acaso te has perdido, ricura?

El pequeño animalito comenzó a ladrar juguetonamente hacia mí, feliz de que alguien al fin lo hubiese notado.

-Parece que tienes un collar, veamos si podemos contactar con tus papis de alguna forma, ¿eh, bonito?

El perrito me contestó con un alegre ladrido, parecía ser realmente listo. Sus ojitos me miraban tan felices que era imposible no derretirse mirándolo. El dueño de esta criatura debía de estar terriblemente preocupado tratándose de un perro tan amistoso como éste. La idea de que se hubiese podido acercar a alguien con malas intenciones me hizo tener un escalofrío hasta a mí misma.

Puse mis manos sobre su reluciente collar y cogí la plaquita que éste sujetaba, observando si había alguna información que pudiera servirme de ayuda para encontrar a los dueños de mi nuevo amiguito.

-¡Ey! Parece que tu papá ha puesto alguna información útil aquí, ¿eh, Monggu? -Lo llamé al leer su adorable nombre, a lo que él me respondió alegremente movimiento su pequeña colita. -Así que tu papá se llama Kim Jongin, ¿cierto? Su número está aquí escrito, pequeño. Por ahora te llevaré conmigo a casa y lo llamaremos para que pueda venir a por ti cuanto antes, ¿está bien?

Monggu comenzó a dar saltitos de alegría y a ladrar animadamente a mi alrededor, feliz por la idea de poder ver de nuevo a su dueño y volver pronto a casa. Lo tomé cuidadosamente en mis brazos para que no se separara de mí y volviera a perderse otra vez, a lo que él aceptó sin ninguna queja, y me dirigí directamente a casa por el mismo camino por el que había llegado.

***

-Ya llegamos a casa, Monggu, ¿Qué te parece?, ¿no está mal, eh? -Solté al pequeño caniche en el pasillo al entrar en casa, a lo que él ladró enérgicamente a modo de respuesta. No pude evitar reír ante su adorable comportamiento. -Bueno, voy a darte un poco de agua antes de nada, debes estar sediento.

Caminé hasta la cocina, con Monggu siempre siguiéndome de cerca, y coloqué un recipiente con agua en el suelo para que el pobre animal pudiera beber un poco.

-Aquí tienes, bonito. -La forma en la que corrió rápidamente hacia el cuenco colocado en el suelo volvió a hacerme reír de nuevo. -Bien, voy a llamar a tu papá, espero que conteste.

Cogí mi teléfono para marcar el número que indicaba la placa del collar de Monggu y pulsé el botón verde. Se escucharon varios pitidos, hasta que al tercero de ellos alguien apareció en la otra línea.

-¿Sí? ¿Quién es?

En cuanto oí su voz, lo primero que me vino a la mente fue la miel. Su voz era tan suave y dulce, incluso aterciopelada, como la miel misma, pero increíblemente masculina a su vez. Su tono resultó tan único y agradable a mis oídos, que hacía que quisiera seguir escuchándolo un poco más, solo un poquito más.

-¿Hola?, ¿e-es usted Kim Jongin? -De repente, mi voz se volvió temblorosa. ¿A qué venían estos nervios repentinos?

-Si, soy yo, ¿ocurre algo?

-Menos mal. -Solté una pequeña risa de alivio al escuchar su respuesta, liberando un poco de tensión. -Mi nombre es Ella. Lo llamo porque encontré a su perro Monggu perdido en un descampado y vi su número de teléfono en su collar, así que supuse que es usted su dueño.

-¡Oh, Dios mío! -Por alguna razón, su expresión me hizo sentir un escalofrío recorriendo mi espalda de arriba a abajo, a la vez que mis mejillas comenzaron a colorearse rojas. ¿Es que soy imbécil? Era un total desconocido, pero, ¿por qué no podía dejar de imaginar en cómo sería escuchar esa voz melosa decir esa misma frase en otras circunstancias totalmente diferentes? -¡No sabes cuánto te lo agradezco, te debo mi vida! -Dijo con gran alivio, lo que me hizo volver a mis sentidos de nuevo y reír un poco. -Iba caminando tranquilamente cuando de repente desapareció de mi lado. ¿Está bien?, dime que no está herido, por favor.

Su nerviosismo y su rapidez al hablar de pronto me recordaron un poco al perro que me observaba desde el suelo, meneando su colita, inquieto pero feliz. Al final resultaba ser cierto eso de que las mascotas se acaban pareciendo a sus dueños.

-¡No, no, no! No tiene de qué preocuparse, -intenté calmarlo un poco. -Monggu está genial, es un perro muy alegre. Nos hicimos amigos nada más vernos. ¿Verdad, bonito? -Me puse en cuclillas para acariciar al pequeño caniche detrás de sus orejitas, a lo que él me respondió con varios ladridos amistosos.

Escuche una risa alegre, manchada con un poco de alivio al otro lado de la línea, lo cual me hizo quedarme congelada de un momento a otro. Fue como si un torrente de miel me pasara por encima, dejándome totalmente embelesada, haciéndome detenerme en mi tarea de acariciar al perrito que tenía en frente, el cual tocó mi mano con su patita, exigiendo que continuara con mis mimos. Pero ni siquiera me di cuenta de lo que estaba ocurriendo en ese momento a mi alrededor. Mi cabeza solo se centraba en escuchar esa preciosa risa que se oía al otro lado del teléfono, intentando guardarla dentro de mi cabeza para no olvidarla nunca...

¿Pero qué demonios? ¿Es que el sol me había afectado demasiado a la cabeza? ¿Realmente estaba llegando a estos niveles de cursilería con un completo extraño al que no había escuchado en toda mi vida? Al parecer sí, así era.

-Genial, por sus ladridos diría que le has caído muy bien. -Su voz interrumpió de pronto mis pensamientos, haciéndome volver de nuevo a la tierra. -Entonces, ¿me dice su dirección, por favor? Estaré allí lo antes posible.

Le di mi dirección lo más calmadamente que pude para que pudiera apuntarla correctamente y sin equivocaciones. Aunque, por alguna razón, la idea del chico de voz y risa de miel acercándose a mi casa hacia la tarde-noche me hacía sentir algo nerviosa.

-Perfecto, no está muy lejos. Estaré ahí en media hora. Nos vemos. ¡Y gracias de nuevo! -En su voz se notaba emoción, lo que demostraba que había echado mucho de menos a su pequeño perrito.

-¡Le estaremos esperando!

-¡Guau! -Se escuchó un feliz ladrido, lo que me hizo reír alegremente. Y, de nuevo, su risa comenzó a oírse como la vez anterior, dejándome atontada, hasta que de repente solo se oyó un completo silencio, indicando que la llamada había terminado, haciéndome reaccionar.

Cerré un momento los ojos y sacudí un poco mi cabeza, intentando sacarme esas ideas sin sentido que se empezaban a acomodar en mis pensamientos. Era la voz de un chico normal, con la risa de un chico normal, además de tratarse de un completo extraño. ¿Por qué estaba formando tanto drama por algo así? El sol realmente debía haberme dado fuerte mientras volvía a casa, no había otra explicación.

-Está bien, Monggu. -Le hablé al perro, intentando centrarme de nuevo. -Debería darme una ducha antes de que llegue tu dueño, estoy hecha un completo desastre.

Monggu ladró a modo de respuesta, así que me dirigí a las escaleras para ir al baño y refrescarme un poco, que falta me hacía.

Lo hice todo lo más rápido posible, pensando en que el dueño de mi nuevo pequeño amigo podría llegar en cualquier momento, aunque eso no era para nada una ayuda. Salí de la ducha como alma que lleva el diablo y me dirigí a mi habitación para volver a vestirme con algo cómodo, pero presentable. ¿A caso quería sorprender a alguien inconscientemente? La respuesta era sí.

Mientras me cepillaba el pelo completamente húmedo, el sonido del timbre se escuchó por toda la casa, lo que hizo que Monggu, que estuvo a mi lado todo este tiempo, comenzara a ladrar de alegría y a dar brincos por toda la habitación.

-Bien, ya esta aquí. -Di un gran suspiro, preparándome mentalmente.

Bajé las escaleras dirigiéndome hacia la puerta de entrada, intentando estar lo más calmada posible. La bolita de pelo marrón que me acompañaba seguía dando saltos de alegría por todas partes, loco de contento por volver a ver a su dueño. El hecho de que su perro estuviera tan unido a él solo podía significar que se trataba de una buena persona, pensé, aumentando mi curiosidad por verlo.

Al llegar al pomo de la puerta respiré hondo, intentando calmar los nervios que se morían por aflorar en mí.

-Venga ya, Ella. Solo es un chico normal que viene a recoger a su querido perro perdido, ¿quieres relajarte? -susurré para mí misma.

Me armé de valor y abrí la puerta, al fin. Pero antes de que pudiera levantar la mirada para ver al chico frente a mí, Monggu salió corriendo como un rayo por entre mis piernas hasta los brazos de su dueño, haciéndome tambalear un poco, lo que me hizo reír suavemente ante la escena que se formó ante mis ojos.

-¡Ey, campeón!, ¿me has echado de menos?

El chico estaba de rodillas en el suelo, con su perrito al fin entre sus brazos, dándole mimos y besitos en su pequeña cabecita a la vez que enganchaba de nuevo una correa a su collar, haciéndome envidiar por un momento al suertudo caniche antes de volver a retomar mi compostura.

-¿J-jongin?

No entendía cómo podía estar actuando cual colegiala hormonal por un hombre que no había visto en mi vida. Pero es que, vaya hombre...

Sus vaqueros negros abrazaban de manera ajustada sus fuertes muslos al estar arrodillado de esa forma en el suelo, haciendo lucir sus tonificados músculos de una manera deliciosa. Su sentido de la moda parecía ser caro y exquisito. Si me llegaran a decir que este chico era modelo de Gucci o alguna marca similar, me lo creería sin dudar ni un segundo. Su jersey azul marino se ajustaba perfectamente a sus brazos y torso, marcando sus fuertes hombros y, gracias a que su jersey iba por dentro de sus pantalones, sus caderas se dibujaban exquisitas a la vista, remarcando sus finas proporciones.

Su pelo castaño a modo de mullet enmarcaba su cuadrada y varonil mandíbula, que se me hizo esculpida por los mismos dioses. De su rostro solo podía ver su preciosa sonrisa de labios carnosos y perlas blancas, la cual resultaba aún más bonita acompañada de su hermosa risa. Su voz conjuntaba a la perfección con su piel tostada por el sol, del color de la miel, lo que me hacía preguntarme si pasar mi lengua por ella resultaría tan dulce y delicioso como parecía serlo a simple vista.

-Tu debes ser Ella. -Dijo levantando su vista hacia mí con una sonrisa. -No sabes lo agradecido que estoy de que lo hayas encontrado sano y salvo, en serio.

Su voz me hizo sentir un nuevo escalofrío que me recorrió toda la espalda, haciéndome estremecer. Sonaba algo más grave y melosa sin un teléfono de por medio, haciéndolo aún más atractivo, si es que eso era posible.

En cuanto sus preciosos ojos marrones conectaron con los míos, pude sentir perfectamente cómo mi corazón daba un vuelco bajo su atenta mirada, perdiéndome en ella totalmente, sin remedio.

Me era imposible reaccionar de ninguna manera, me había quedado petrificada bajo su belleza, como si se tratara de la maldición de la misma Medusa, completamente prendada de él. Debía parecer una completa estúpida.

-Ey, ¿te encuentras bien? -Dijo al levantarse del suelo, borrando la sonrisa de su cara con preocupación.

Eso consiguió hacerme reaccionar al fin, dándome cuenta de que había estado aguantando la respiración desde el momento en el que posé mi mirada sobre él, haciéndome tomar una gran bocanada de aire, nerviosa de repente.

-¡Oh! Si, si, claro. Perdona. Últimamente me pierdo fácilmente en mis pensamientos, lo siento. -Intenté disimular, sin poder evitar morderme el labio de pura verguenza, el chico debía estar pensando que estaba ida.

-No te preocupes, también me suele pasar. -Trató de relajar la tensión con una amable sonrisa, lo que agradecí infinitamente en mi interior. -Decía que te agradezco mucho que hayas encontrado a Monggu, realmente es como un hijo para mí, no sé qué habría hecho si lo hubiese perdido.

Al verlo acercarse un poco, de pie frente a mí, tuve que alzar mi cabeza hacia arriba para poder mirarlo a la cara. Era realmente alto y esbelto, sus proporciones eran estúpidamente perfectas, como sacado de un mito griego. Mis ojos fueron a parar de nuevo a su boca, sus labios eran tan apetecibles... me preguntaba cómo se sentirían rodando sobre mi piel.

-Te entiendo perfectamente. Solo he pasado un tiempo con él y ya ha conseguido enamorarme. -me reí. -Es un perro muy especial. -Dije mirando tiernamente a Monggu.

-Sí que lo es. Aunque creo que debería agradecértelo de alguna forma. -Cambió de tema rápidamente. -¿Hay algo que pueda hacer por ti?

Por mi mente pasaron miles y millones de ideas sobre formas en las que ese tal Jongin podría agradecerme con creces mis buenas acciones, lo cual hizo que mi cuerpo empezara a arder de repente. Claro que podría ayudarme, con su cuerpo, sus manos, sus dedos, su boca, su lengua, su...

-¡Oh no, no, no! No es necesario, en serio. No lo hice buscando ninguna recompensa. Me conformo con veros juntos de nuevo, de verdad. -Dije intentando sacar esos turbios pensamientos de mi cabeza con una sonrisa nerviosa.

-Bueno, no insistiré más. -Me devolvió la sonrisa. -Te lo agradezco de corazón, Ella. Te debo una muy gorda. Llámame si algún día necesitas algo, ¿está bien? ¿Quién sabe?, quizás algún día te den ganas de cobrarte ese favor.

Su sonrisa ladina fue como un disparo directo a mi corazón, y otro un poco más abajo, si sabéis a lo que me refiero. Esa sonrisa me hizo sentir tantas cosas, que sería imposible para mí describirlas una a una. El chico desprendía sensualidad por los poros sin siquiera mover un dedo, haciéndome enloquecer de ésta forma con ese simple movimiento en la comisura de sus labios... ¿qué no sería capaz de hacer con el resto de su cuerpo?

Sin querer solté un pequeño jadeo ante su gesto, a lo que él levantó una de sus cejas y se inclinó un poco más hacia mí, inquisitivo y divertido a partes iguales, esperando una respuesta por mi parte, lo que lo hacía aún más irresistible si eso era posible. No sé si llegaba a ser consciente del efecto que estaba causando en mí (algo que no creo que fuese realmente complicado), pero si lo era, realmente parecía estar pasándolo bien con ello.

Al notar que no parecía que fuese a responder pronto, volvió a romper el silencio con su exquisita voz.

-Bueno, entonces... estaré esperando tu llamada, y espero que sea pronto. -Me guiñó.

Me guiñó. Me guiñó. ¿Acaso estaba soñando? ¿Era solo yo, o estaba coqueteando conmigo de una manera descarada? A veces era algo lenta en estos aspectos, mis amigos eran siempre los que solían decirme cuando un tío estaba loquito por mí y yo no me daba ni cuenta, pero, ¿y esto? Esto era coqueteo en toda regla, no me jodáis.

Pero que me diera cuenta de ello solo hizo que enloqueciera aun más. No sabía dónde demonios meterme en estos momentos. Ese chico sabía lo que hacía, madre mía que si lo sabía. Y no solo eso, si no que parecía disfrutar de lo lindo torturándome con sus coqueteos, su mirada penetrante y su sonrisa ladina que me mataban cada vez un poquito más. Me estaba volviendo realmente demente, tanto que ni siquiera me di cuenta de en qué momento se acercó tanto a mí como para depositar un suave beso en mi mejilla, haciendo arder la zona donde sus labios habían rozado mi sonrojada piel.

-Nos vemos pronto, Ella. -Susurró en mi oído.

El cosquilleo que sentí por todo el cuerpo por poco me hace jadear de nuevo justo en su oído, pero gracias a Dios, al cielo y a un autocontrol que creía olvidado muy dentro de mí, conseguí recomponerme justo a tiempo para colocar una suave sonrisa en mi cara antes de que pudiera volver a verme el rostro al alejarse de mí.

-Claro, nos vemos pronto. -Conseguí responder todo lo dignamente que pude.

Tras eso, lo vi girarse y alejarse de espaldas a mí, sin poder evitar fijar mi vista en su trasero. No era el trasero más abultado del mundo, desde luego, pero sabía muy bien qué hacer y cómo mover lo que tenía, eso sin duda.

Sus andares eran elegantes y gráciles, sensuales, lo que le daba aun más aires de chico caro. Lo seguí con la mirada, hipnotizada, hasta que desapareció de mi vista con Monggu a su lado, dándome cuenta de que de nuevo, había estado mirándolo más tiempo del que debería.

Entré a casa rápidamente cerrando la puerta tras de mí y apoyando la espalda en ésta, llevándome las manos frías al rostro, intentando bajar mi propia temperatura, sin mucho éxito.

-¿Pero qué coño te pasa, Ella? ¿Resulta que ahora ves a un tío que parece un ángel caído del cielo y te vuelves imbécil?

Definitivamente este no era mi comportamiento habitual. Normalmente no se me daba mal coquetear con tíos, al menos en mi humilde opinión, y por lo general no había tenido nunca muchos problemas para conseguir llegar a más con algún chico, siempre que fuera yo quien iniciara el coqueteo, claro está. Pero, ¿Jongin? Desde la primera vez que escuche su melosa voz por teléfono me hizo perder la cordura. ¿Trabarme al hablar e incluso quedarme muda por escuchar una voz desconocida? Jamás había ocurrido algo así. La forma en la que me hizo sentir desde el primer momento, sin siquiera verlo, fue algo que no podría explicar con palabras.

Estaba claro que ese tío me volvía loca. No había absolutamente nada en todo su ser que no me hiciera querer perderme en él. Su voz aterciopelada, sus ojos penetrantes, su piel bañada por el sol, su cuerpo esculpido por los mismos dioses...

Solo de imaginarlo me sentía arder. Nadie me había hecho sentir algo tan intenso en la vida. ¿Y su despedida? La tensión sexual no fue solo cosa mía, ¿verdad? Las señales fueron claras, simplemente no supe o no pude aprovecharlas, simplemente no estaba en mis cabales en ese momento.

Una cosa estaba clara. Cuando consiguiera ordenar mis pensamientos le reclamaría ese favor que tanto quiso que me cobrara.

De pronto, el sonido del timbre volviendo a sonar me sobresaltó, haciéndome dar un brinco que por poco no hizo que se me saliera el corazón por la boca.

¿Quién era ahora? ¿Acaso era él de nuevo? ¿Se habría arrepentido de no insistir un poco más en darme esa recompensa? Solo de pensarlo mis mejillas comenzaron a arder de nuevo. Desde luego, tenía que dejar de comportarme como una maldita colegiala de una vez por todas.

Me aclaré la garganta y me coloqué un poco el pelo, ya medio seco, y la ropa, decidida a abrir y encontrarme con quien quiera que fuese la persona al otro lado de la puerta, resultando ser nada más y nada menos que el otro habitante de ésta casa.

-¿Minseok?

Él me miró con cara de: ¿quién demonios si no? y entró a casa caminando hasta la cocina, a lo que yo fui tras él después de cerrar la puerta.

-¿Esperabas a alguien más? -Contestó girándose hacia mí apoyado en la isla de la cocina con un vaso de agua en las manos. -¿O es que esperabas que fuera el chico buenorro que acaba de irse hace un momento? -Preguntó alzando una ceja y sacando a relucir una de sus sonrisas traviesas.

Oh mierda, lo que faltaba. Amaba a Minseok, lo quería como a mi propio hermano, pero cuando encontraba que había estado con algún chico o se daba cuenta de que me interesaba alguien, se volvía realmente insufrible, simplemente porque siempre conseguía sacarme la información que buscaba sin siquiera esforzarse.

-Aunque yo también esperaría ansioso a que regresara a por mí, Dios mío, ¡vaya bomboncito! ¿Te lo has tirado ya? -Esta vez sus dos cejas estaban alzadas con emoción, como si el que pudiera haber sido mi logro fuera el suyo propio también.

Ver su expresión me hizo reír inevitablemente. Por mucho que me quejara, me encantaba poder hablar con naturalidad sobre éstas cosas con él.

-¡No, Minseok! Es un completo extraño. ¿De qué estás hablando? -Respondí intentando hacerme la indignada.

-¿Y desde cuándo ese ha sido un motivo que te frene? El tipo está para agarrarlo y no soltarlo, ya sabes...

-¡Minseok, para! -Aguantarme la risa cada vez se ponía más difícil con él. -El chico solo vino a recoger a su perro perdido. Me lo encontré en el descampado y lo llamé para que viniera a recogerlo, nada más.

-Si, todo eso está perfecto. Pero, ¿qué tal si empezamos a hablar de lo importante aquí? El tío te gusta, te gusta mucho, picarona... -Su sonrisa de zorro viejo y su acusación me hicieron enrojecer al momento, haciendo que intentara evitar su mirada.

-¿P-por qué dices eso?

-Vamos, Ella. ¿Te crees que soy nuevo? En cuanto abriste la puerta pude ver incluso cómo desprendías vapor por cada poro de tu piel. Además de tu innegable sonrojo. Te delatas tú sola, bonita.

-Ya, bueno... quizá me guste un poco...

La mirada inquisitiva de mi compañero me hizo chasquear la lengua con frustración. Era imposible esconderme de él, no se ni por qué lo intentaba si quiera.

-Está bien, está bien. Si, me gusta. Me gusta mucho. Me encanta. Me quita el sentido. Me enciende con solo mirarme. Me sentí atraída por el sin siquiera verlo, solo por su voz al otro lado del teléfono. Increíble, ¿cierto? Pues así es, ¿contento?

-Un poco -Dijo con una sonrisa de autosuficiencia, pero aún con diversión en sus ojos. -Y si eso es así, ¿Por qué no lo has invitado a entrar?

-No podía, simplemente no he podido. Mi cabeza dejó de funcionar en cuanto abrí la puerta y lo encontré con su sonrisa de revista y su porte de modelo de Gucci. Debe pensar que soy imbécil, Minseok. ¿Qué hago? -Me abrí del todo, no servía de nada guardármelo todo para mí, menos aun cuándo incluso él sabía mejor que yo cómo me sentía.

-Bueno, bueno, no te preocupes. Ha sido la primera impresión, te ha pillado con la guardia baja. Pero tienes su número en tu agenda y la casa para ti sola esta noche. Así que ya tienes trabajo que hacer, bonita. -Dijo soltándome una cachetada en el trasero mientras se dirigía hacia las escaleras, a lo que fui tras de él.

-Ya, bueno... sobre eso. Él mismo me dijo que lo llamara cuando se me ocurriera algo con lo que me pudiera agradecer el haber encontrado a su perro...

De repente, mi cara chocó con algo en el camino, sin darme cuenta ya que iba mirando al suelo, avergonzada. Eché mi vista hacia arriba y me encontré con la espalda de Minseok, que se había detenido totalmente de un momento a otro.

-¿Me estás diciendo, Ella, que ese tío de portada de revista se te ha insinuado de esa manera en toda tu cara, con luces fosforescentes y haciéndote señales increíblemente claras, y tú, con toda la tranquilidad del mundo, lo has ignorado completamente? -Me dijo aún de espaldas.

-Bueno... p-puede, puede ser que sí.

Minseok se dio la vuelta de pronto, llevándose las manos a la cabeza como si hubiera cometido el peor crimen del mundo, sin creerse lo que estaba escuchando.

-¡Es que acaso estás totalmente loca, estás ida, te caíste de cabeza cuando eras pequeña?

-¡Ya, ya! Sé que he quedado como una completa estúpida frente a él, ¿vale? Pero no me imaginaba ni en el mejor de mis sueños que un tío así se apareciera en la puerta de mi casa, me ha pillado totalmente fuera de juego. Pero intentaré remediarlo cuando aclare mis ideas y pueda comportarme como una persona normal delante de él.

Minseok suspiró, relajándose, para después darse la vuelta y seguir subiendo las escaleras y andar hasta su habitación.

-Está bien, te dejaré meditarlo completamente en paz durante toda la noche, me voy a casa de Jongdae a “dormir”. -Hizo comillas con sus manos.- A diferencia de una señorita aquí presente, otros sí que sabemos aprovechar las oportunidades cuando se nos presentan.

-Espera, espera. ¿Jongdae? ¿El Jongdae con el que llevas dándome la tabarra durante semanas? ¿Ese que se suponía que era hetero? -Pregunté con los ojos abiertos de la impresión.

-El mismísimo. Al fin se ha rendido a mis pies. Solo era cuestión de tiempo. -Dijo guiñándome con su sonrisa de zorro viejo. -Y ahora, si me permites, voy a darme una buena ducha, a no ser que quieras acompañarme... -Su sonrisa se expandió aun más en su rostro, levantando una ceja. Él ya sabía que esas bromitas me ponían de los nervios, la misma razón por la que no dejaba de hacerlas, aun siendo completamente gay.

-¡Argh, Minseok, Ya te vale! -Me di la vuelta, haciéndome la indignada y dirigiéndome a mi habitación.

-¡Ya, ya! no te hagas como si no lo desearas... -Escuché mientras me alejaba por el pasillo.

-¡Oh, si!, ¡Me muero de ganas! -Grité con sarcasmo antes de cerrar mi puerta.

Toda esta historia de bromitas íntimas empezó una noche en la que le pedí, por favor y de rodillas, tras sus varias negativas, que se hiciera pasar por mi novio en una cena familiar. La típica cena en la que tus tías cincuentonas empiezan a preguntarte sin parar si es que ya has conseguido novio, porque de no ser así, ellas mismas se asegurarían de convertir tu noche en un verdadero infierno. Queriendo evitar ese mal rato, no tuve otra opción que pedirle a mi queridísimo y angelical mejor amigo que me hiciera ese pequeño favor, y maldito el día en el que lo hice. Puede que mis tías estuvieran contentísimas de verme con un chico apuesto, educado y de buena familia, pero una cosa por la otra. Al llegar a casa y desde ese día hasta mi último aliento, Minseok me prometió asegurarse de que me haría pagar esa cena hasta el último de mis días. No pude hacer nada más que poner mis ojos en blanco ante el recuerdo de aquella fatídica noche.

Me quité los zapatos y me dirigí hacia mi cama, lanzándome de cabeza en ella. Hundí mi cara sobre la almohada, ahogando un grito de frustración. El día de hoy había sido increíblemente agotador. Tantas emociones revoloteando dentro de mí me habían dejado totalmente exhausta, física y mentalmente.

Rodé sobre la cama, colocándome boca arriba, cual estrellita de mar y mirando al techo, intentando dejar mi mente en blanco, cosa que obviamente, no fue posible.

No podía quitarme de la cabeza la sensación de los cálidos labios de Jongin sobre mi mejilla, en cómo ese simple roce hizo que casi me temblaran las piernas, loca de deseo. El atrayente aroma de su colonia masculina inundando mis sentidos, haciéndome querer enterrar mi cabeza en su cuello. Su dulce aliento haciendo cosquillas sobre mi delicada piel y su suave voz acariciando mis oídos de esa forma tan deliciosa, descubriéndome a mí misma deseando más y más de su cercanía.

Y su sonrisa, su maldita sonrisa ladina junto a su mirada penetrante y su irresistible ceja alzada. Esa expresión que parecía esconder tantos secretos inconfesables. Esa que era capaz de desarmarme completamente sin ningún esfuerzo, dejándome a su merced inevitablemente.

Toc, toc.

La puerta de mi habitación se abrió tras unos suaves golpes, asomando la cabeza de Minseok.

-Ya me voy. No te martirices demasiado, Ella. -Dijo acercándose hasta mi cama. -Intenta descansar y mañana será otro día, te sentirás mejor, te lo prometo. Quizás deberías darte una ducha caliente para relajarte antes de dormir, seguro que te ayuda.

-Sí, muchas gracias, Minseok. No sé qué haría sin ti.

-Lo sé. -Respondió con una sonrisa de falsa autosuficiencia. -Por eso me quieres tanto. -Sentí como me daba un suave beso en la frente. -Hay un poco de pizza en la cocina, por si quieres comer algo.

-Gracias, pero no tengo mucha hambre esta noche.

-Está bien. -Se dirigió hasta la puerta de nuevo. -Mañana nos vemos. Sueña conmigo cuando duermas, cariño. -Dijo mientras me guiñaba un ojo, riendo antes de salir.

-Oh, sí. Nada me gustaría más. -Contesté rodando los ojos, pero sin poder evitar reírme con él.

Después de un rato de no hacer absolutamente nada tumbada sobre la cama, decidí seguir el consejo de mi compañero y tomarme una ducha relajante para así poder calmar mi mente.

Al salir del baño me sentí totalmente nueva, con mis energías recuperadas y mi mente algo más tranquila, pero sobre todo, menos nerviosa por los sucesos que habían ocurrido durante el día, lo cual agradecí.

Me dirigí al armario y me puse una camisa abotonada que me estaba enorme. Era de uno de los tantos exnovios de Minseok, la cual me dio porque el tipo llamado Tao se la había dejado en casa y no tenía intenciones de volver a recogerla. Así que le pedí a mi amigo que me la diera a mí antes de tirar una buena camisa como esa a la basura, a lo que accedió encantado. A él tampoco le hacía mucha gracia el hecho de tirar ropa nueva a la basura, y tampoco es que tuviera muchos sentimientos atados a esa camisa, así que desde aquel día, la prenda se convirtió en uno de mis cómodos camisones para dormir.

Me dirigí de nuevo a mi cama, lista para intentar dormir ahora que me encontraba mucho mejor. Cerré mis ojos suavemente, notando como poco a poco iba cayendo en los brazos de morfeo, sin ningún pensamiento en mi cabeza, al fin. Pero justo cuando estaba a punto de dormirme, el timbre de la puerta se oyó por toda la casa, haciendo que diera un respingo en el colchón.

-Joder, Minseok. ¿Es que no tienes llaves? -Dije para mí misma, ignorando el sonido y dándome la vuelta en la cama, cambiando mi postura para seguir intentando dormir.

Pero el timbre volvió a sonar de nuevo, a lo que me levanté, algo cabreada por interrumpirme en lo que parecía que iba a ser un sueño bastante reparador, y bajé las escaleras para ir a abrir la maldita puerta.

-Minseok, ¿qué ocurre aho...ra?

Cuando mis ojos se encontraron con los de la persona que había estado llamando a mi puerta en plena madrugada, no me lo podía creer. De repente la ducha relajante perdió todo su efecto, volviendo a tensarme completamente, incrédula ante lo que veían mis ojos. Esta vez vestía unos vaqueros claros y una camisa blanca, con los botones del cuello abiertos de manera provocativa, resaltando aun más su piel morena del color de la miel.

-Oh... lo siento. ¿Esperabas a alguien? -Sus ojos marrones recorriendo mi cuerpo de arriba abajo no pasaron para nada desapercibidos ante mí esa vez, haciendo que mi cuerpo temblara y ardiera a medida que su mirada me repasaba completamente, junto a su ya habitual sonrisa ladina.

-¿Qué? Oh, no, no. Solo pensaba que sería mi compañero que salió hace un rato, aunque dijo que no volvería hasta mañana, por lo que me pareció un poco raro que alguien llamara a estas horas de la noche. -Dije apresuradamente, como queriendo darle explicaciones que no debería estar dando.

Él levantó una ceja inquisitivo, pero con diversión en sus ojos.

-¿Vives con alguien?

-Sí. Con Minseok, somos mejores amigos. -¿Podía cerrar mi gran bocota de una vez? Solo me faltaba decirle mi DNI.

-¿Y no está en casa ahora mismo?

-Mmm, no. Salió a casa de un amigo. O un ligue, como quieras llamarlo, así que tiene planes de no volver en toda la noche. -Realmente debía ser estúpida...

-Vaya... Entonces he tenido suerte. -Dijo esto bajando su tono de voz con cada palabra, mirando hacia mis labios, y acercándose cada vez más de manera peligrosa. Digo de manera peligrosa, porque si se acercaba un poco más, perdería los estribos completamente.

-Ahá... -Respondí intentando mantener la compostura, tragando saliva notoriamente. -¿Y qué te trae por aquí, a estas horas de la noche, a la casa de una completa extraña, Jongin?

Su sonrisa traviesa se expandió un poco más en su rostro, haciéndome sentir cosquillas en la parte baja de mi vientre.

-Bueno... La verdad es que no he dejado de pensar en ti desde que nos despedimos esta tarde, y en cómo recompensarte por encontrar a Monggu sano y salvo. -Cada vez estaba más cerca de mí, sin poder evitarlo, ya que me encontraba totalmente inmóvil, hipnotizada por su mirada y su voz melosa, cada vez más susurrante.

-Y..., ¿qué has pensado? -Conseguí decir casi sin voz.

En lugar de una respuesta, sentí sus manos colocarse en mi cintura, atrayéndome firmemente hacia él, de manera que nuestros pechos chocaran. Noté como sus labios rozaron mi oreja antes de susurrarme, haciendo que mi cuerpo se volviera gelatina.

-¿Qué tal si me invitas dentro y te lo cuento?

Sin necesidad de una respuesta y con la fuerza de su cuerpo empujando suavemente contra el mío, consiguió guiarme poco a poco hasta el interior de mi casa, cerrando la puerta tras de sí con habilidad, sin siquiera mirarla, hasta llegar a la cocina. Poco a poco, sentí mi espalda contra la encimera, notando el frío del mármol en mi piel a través de mi fina camisa.

Su boca bajó a mi cuello, lamiendo con ternura mi sensible piel, haciéndome soltar un leve jadeo bajo la humedad de su lengua, sintiéndome arder descontroladamente, cada vez más. Todo lo que había estado imaginando en mi cabeza durante el día estaba haciéndose realidad segundo a segundo, sin poder creérmelo del todo aún.

-He estado deseando saborearte desde que te vi salir por esa puerta hace unas horas, tú también lo has sentido, ¿verdad?

-S-si...

Sus manos bailaban habilidosamente por todo mi cuerpo, acariciando y apretando a sus anchas, haciéndome sentir increíblemente bien.

-Creo que ya va siendo hora de que hagamos realidad nuestros deseos, ¿no crees?

De pronto sus manos se encontraban en mis muslos, subiéndo la tela que los cubría suavemente, para después tirar de mi ropa interior.

-Hazlo. -Pedí, casi como una súplica.

-No tienes que pedírmelo dos veces.

En cuanto mi tanga cayó al suelo, los fuertes brazos de Jongin me levantaron sobre la encimera, sintiendo el duro contraste entre mi ardiente piel y el frío del mármol. De un momento a otro, uno de sus brazos rodeó mi cintura, mientras que su mano libre sujetaba mi cabeza para darme un intenso beso en los labios. Sus actos hicieron que me fuera inevitable jadear bajo su boca, lo que aprovechó para meter su lengua ferozmente, a lo que yo le respondí con ansias. Llevaba soñando con esto durante todo el día, no era el momento para echarse atrás.

Al despegarse de mí, la media sonrisa que dibujó en su cara se me hizo la más lujuriosa que había visto jamás, enviándome escalofríos por todo el cuerpo. De pronto, sus brazos empujaron mi espalda contra la encimera para después separarme las rodillas dobladas.

-Joder, eres preciosa.

Ver su rostro admirándome de esa manera, con los ojos llenos de lujuria, hizo que me humedeciera instantáneamente, aun más de lo que ya lo estaba. De un momento a otro, Jongin desapareció de mi vista al arrodillarse frente a mí, haciéndome temblar de anticipación. Noté cómo se agarraba al interior de mis muslos, abriéndome un poco más, para después hacer vibrar su lengua contra mi clítoris, haciendo que todo mi cuerpo reaccionara ante sus actos.

-Mmmh. -No pude evitar soltar un gemido.

-Sabes tan bien como parece.

-No hables.

-Podría saborearte durante todo el día. -Continuó diciendo.

-Deja de hablar.

Sus dedos comenzaron a frotarse contra mí con habilidad, buscando llevarme hacia mis límites.

-Solo si gritas.

Su lengua volvió a acariciar mi centro, haciéndome arquear la espalda sin remedio bajo su tacto, me sentía enloquecer.

-Aaah... -Entre sus palabras de ánimo y sus certeros movimientos, lo único que pudo salir de mi boca fue un suave gemido.

Jongin leía mi cuerpo como si se tratara de un libro abierto, notando cómo mi orgasmo estaba por llegar, a lo que comenzó a aumentar la velocidad y la presión con su húmeda lengua. No pude evitar enredar mis dedos en su suave pelo, empujando su cara más fuerte contra mi entrepierna. Estaba volviéndome completamente loca.

-¡Aaah!

Empujé mis caderas hacia arriba, sintiendo los impulsos del inminente orgasmo que se acercaba, a lo que Jongin rodeó mi cintura con sus brazos, manteniéndome inmóvil, sin abandonar su tarea en ningún momento, lamiendo en el punto exacto.

-¡Mmmmh!

Sentí como me deshacía en temblores bajo sus brazos, intentando moverme para alejarme un poco de su boca, pero su agarre me mantenía en una posición firme, sin permitirme escapar de su agradable tortura. El orgasmo llegó a mí como un enorme tsunami, llenando mi cuerpo por completo. Sentí como Jongin ralentizaba poco a poco sus movimientos, con ternura, haciéndome bajar poco a poco del éxtasis del momento.

Fue como si mi alma hubiese dejado mi cuerpo por un segundo, dejándome completamente anestesiada, tumbada sobre la encimera mientras intentaba recuperar mi aliento. Ese había sido el mejor sexo que había tenido en toda mi vida, y solo había utilizado su lengua. No pude evitar temblar ante el pensamiento de lo que vendría más tarde.

Sentí como Jongin volvía a colocarme el tanga mientras intentaba volver en mí, para después ponerse de pie y ayudarme a sentarme en la encimera, mirándome con una sonrisa exquisita.

-¿Qué te ha parecido mi manera de compensarte? -Dijo con algo de suficiencia, relamiéndose los labios.

-Creo que aun no hemos terminado con eso.

Lo cogí del cuello de su camisa, acercándolo a mí hasta rozar nuestros labios. Paseé mi lengua sobre su labio inferior, saboreando los fluídos que aún descansaban sobre su boca. Mi gesto hizo que su boca dibujara una sonrisa ladina, haciéndome estremecer de nuevo.

-Desde luego que no.

De pronto, sus labios estaban devorando los míos con fiereza, posando las manos en mi cabeza para profundizar el beso. Cuando nuestras bocas se encontraron, fue como si todo a mi alrededor comenzara a dar vueltas de nuevo, embriagándome con su dulce sabor a miel, haciéndome perder mi centro de gravedad. Pero antes de que el beso empezara a ir a más, me separo de él, imitando su sonrisa ladina, sintiendo sus ojos oscurecer al posar su vista sobre mi boca.

-¿Por qué no me acompañas? -Le dije en un suave susurro.

Me bajé de la ya caliente encimera y entrelacé mi mano con la suya, tirando de él lentamente hacia las escaleras. Al imaginarse hacia dónde íbamos, sentí a Jongin sonreír tras de mí, lo que me hizo sentir un escalofrío bajar por mi espina dorsal.

Una vez llegamos a mi habitación, Jongin cerró la puerta tras su espalda, cogiéndome de las caderas y empujándome hacia la pared.

-No puedo quitarte las manos de encima. -Me susurró con voz grave por la lujuria.

Sentí su duro miembro empujarse contra mi cuerpo mientras besaba mi cuello suavemente, haciéndome jadear al notarlo tan excitado por mi culpa. Pero con todo el autocontrol que pude reunir dentro de mí, conseguí resistirme a sus encantos, colocando las manos contra su pecho y alejándome un poco de él, haciéndonos girar para que fuera él quien quedase contra la pared.

-Esta vez es tu turno.

-No lo discutiré.

Busqué su duro miembro con mis manos, comenzando a masajearlo suavemente sobre la tela de sus pantalones, intentando mantenerme todo lo tranquila posible. Quería que sufriera un poco, como lo había hecho yo hace un momento bajo las artimañas de su juguetona lengua.

Él estaba intentando resistirse, intentando con todas sus fuerzas no reaccionar ante mi toque, mordiéndose el labio inferior mientras me miraba a los ojos, penetrándome con la mirada, lo que hizo que me volviera loca de lujuria. Me relamí los labios lentamente, intentando llamar su atención con mi boca, a lo que sentí sus ojos seguir mi lengua con precisión, haciéndome arder aun más.

Mi plan tuvo más éxito del esperado, ya que de un momento a otro, Jongin estaba golpeando la pared con su mano, intentando liberarse un poco del deseo reprimido, cerrando los ojos y elevando un poco su mentón hacia arriba, dejándome ver su marcada mandíbula.

-Te estas metiendo en la boca del lobo... -Susurró con una voz grave que me hizo temblar.

-Puede ser... pero esta vez le toca a la oveja comerse al lobo.

Y con eso, me puse de rodillas, desabrochando su cinturón y bajándole con destreza la cremallera, dejando a su miembro salir de su encierro, siendo liberado al fin. Saqué mi lengua, humedeciendo dulcemente su punta con saliva, escuchando un gruñido ininteligible salir de la boca de Jongin, sintiendo sus dedos sujetar ligeramente mi pelo, lo que me animó a seguir adelante.

Metí su cabeza lentamente en mi boca, cogiendo su miembro con fuerza con ayuda de mis manos. Seguí metiéndola cada vez más, hasta que ya no quedó ni un solo centímetro fuera.

-Me estás volviendo loco.

Colocando mi lengua bajo su miembro, comencé a meterlo y sacarlo de mi boca, chupando con entusiasmo, animada por sus jadeos y gemidos.

-No voy a aguantar mucho más. -Avisó.

Sentí cómo poco a poco me apartaba de él, así que sujeté su miembro con mis manos, comenzando a moverlas rápidamente, arriba y abajo, mientras hablaba.

-Antes te he dejado saborearme todo lo que has querido, ésta vez es mi turno.

Jongin se quedó sin palabras, jadeando ante mi mirada llena de lujuria, empapado en sudor. Bajé mi cabeza de nuevo, volviendo a meterlo en mi boca, gimiendo con él mientras lo hacía. Con sus manos en mi pelo, Jongin guiaba mi cabeza hacia delante y hacia atrás. Podía sentir cómo iba perdiendo el juicio, poco a poco, en mi garganta, haciendo que me humedeciera aun más.

Finalmente, con una última embestida, pude sentir como su cuerpo se tensaba y vertía su semilla dentro de mi boca, a lo que yo chupé y tragué, volviéndolo loco. Miré hacia arriba, buscando su rostro bañado en sudor y teñido de placer. Su expresión me hizo sentir poderosa al pensar que había sido yo quien lo había provocado de esa forma.

Jongin me levantó del suelo, posando sus manos en mi cara mientras me besaba apasionadamente, haciéndome perder el sentido de nuevo.

-Vas a pagármelas por hacerme enloquecer así. -Susurró en mi oído al separarse de mi boca.

De repente, siento cómo me alza con sus fuertes brazos, haciéndome enredar las piernas alrededor de sus caderas, para después soltarme sin ningún cuidado sobre la cama.

-Quítate la ropa. -Ordenó.

Le obedecí mientras él se desvestía al mismo tiempo, con violencia, dejándome contemplar al fin su esculpido cuerpo, haciéndome arder completamente en deseo. Vi como envolvía el cinturón de su pantalón en su muñeca, por lo que lo miré a los ojos, extrañada.

-Te dije que me la ibas a pagar. -Dijo acercándose lentamente a mí de rodillas en la cama, mirándome fijamente a los ojos con su irresistible sonrisa ladina. Su voz era lujuriosa, casi un gruñido animal, sus palabras sonaban crudas y tensas.

Me daba completamente igual. En este punto podría pedirme lo que quisiera, que yo aceptaría sin dudarlo.

Se movió rápidamente, atrayéndome ferozmente hacia su pecho desnudo, cogiéndome por la cintura para colocarme a horcajadas sobre él. Acercó su boca a la mía, dándome un beso que me hizo entender que ésta vez no iba a ser tan cuidadoso como lo había sido antes, si no rudo y tosco, lo que me hizo sentir un calor especial en mi bajo vientre.

Sentí sus dedos bajar por toda mi espalda, apretando sobre mi piel, haciéndola enrojecer bajo su paso, provocándome un suave gemido de completo placer.

-¿Me deseas?

-Mucho...

-Demuéstramelo.

Abrí mis ojos, que estaban cerrados hace un momento debido al placer, colocándome de forma que mi entrada quedara sobre la punta de su miembro, rozándonos suavemente. Lo miré fijamente mientras lo introducía dentro de mí, tomando el control con movimientos fluidos. Jongin recorrió mis labios con su pulgar, introduciéndolo en mi boca, a lo que comencé a chuparlo mientras movía mis caderas a un ritmo suave, torturándolo un poco.

-¿Crees que puedes salirte con la tuya después de provocarme de ésta manera?

Sonreí traviesa ante su pregunta, sin parar de atormentarlo con mis movimientos. Jongin tomó el cinturón que se había atado antes a la muñeca y volvió a clavar sus ojos en mí, haciendo que mi respiración se cortarse de un momento a otro, haciéndome enloquecer de deseo.

Envolvió mi cintura con el cuero, aprisionando mis brazos a cada lado de mi cuerpo antes de cerrar el cinturón, apretándolo lo suficiente como para que me fuese imposible moverlos, pero sin que llegase a ser molesto.

-¿Qué haces? -Solté en un jadeo.

-Ahora me toca jugar a mí.

Jongin se sujetó fuertemente a mis caderas, hincando sus dedos en mi piel, provocándome un placentero dolor mientras comenzaba a penetrarme con fuerza. Mi cuerpo empezó a temblar bajo sus estocadas, haciéndome gemir de completo placer, sintiendo como las rodillas me fallaban un poco. Sus embestidas eran cada vez más fuertes y profundas, provocando que me estremeciera con cada centímetro.

Estar atada solo hacía que enloqueciera más y más de placer, mordiéndome el labio, evitando mis ganas de gritar.

-¿Por qué te aguantas? Tu compañero no está en casa, así que quiero que grites tan alto como puedas, ¿me oyes? -Su voz manchada de lujuria y placer me hacían perder el sentido.

-¡Mmmh!

Sus movimientos pasaron a ser más lentos, torturándome y haciéndome enloquecer aún más, haciéndose imposible de soportar.

-No te escucho.

-¡Aaaah!

Me agarró la cara con dureza. En el corto tiempo que llevábamos de conocernos, logró entender fácilmente que me encantaba que me dijeran lo que tenía que hacer.

-Bien... ahora, móntame. -Jadeó en mi oído.

Mientras me movía lentamente arriba y abajo, Jongin pasaba sus manos por mis pechos, masajeándolos posesivamente, haciéndome gemir mientras arqueaba mi espalda hacia atrás.

Jongin volvió a tomar las riendas, empujando sus caderas hacia arriba dentro de mí, creando su propio e infernal ritmo. Yo intentaba seguir moviéndome sobre él, pero me era imposible, él tenía todo el control.

-Mmmh.

Con un gruñido gutural, casi torturado, Jongin empezó a penetrarme profundamente durante más tiempo, para después, de un momento a otro, aumentar el ritmo demencialmente.

Las olas de placer comenzaron a despertar dentro de mí, sintiendo como se acercaba de nuevo el tan esperado orgasmo.

-Por favor, Jongin... Voy a--

No me dejó terminar la frase cuando sus labios atraparon los míos con fiereza, manteniéndome cerca mientras me penetraba con todas sus fuerzas, provocando que estuviese a punto de llegar al clímax. A penas podía respirar mientras intentaba tomar aliento. Las sensaciones me abrumaban completamente, haciendo que mi cabeza quedara totalmente en blanco, solo pudiendo pensar en cómo se sentía tener a Jongin dentro de mí.

Pero justo cuando sentía que estaba a punto de romperme por el placer...

¡BEEP BEEP BEEP!

Me senté en la cama de un salto, jadeando para conseguir algo de aire en mis pulmones, empapada en sudor y totalmente acalorada, con el corazón yéndome a mil por hora.

-Mierda, ¿solo fue un maldito sueño?

Maldije a mi subconsciente mil millones de veces en mi cabeza. Intentando volver a tomar el control de mi corazón y mis pensamientos.

Cuando pude respirar con normalidad, algo más tranquila, volví a tumbarme en la cama, mirando el techo. No me podía creer que todo hubiese sido un maldito sueño. ¿Por qué mi subconsciente tenía que odiarme tanto y hacerme sufrir de una forma tan rastrera? Había tenido el mejor sexo de mi vida en un maldito sueño, y para colmo, ni siquiera pude llegar al final.

Mi cabeza era un completo desastre en esos momentos. ¿Qué había hecho yo mal en esta vida para merecerme algo así? Pero mis pensamientos se detuvieron al momento al escuchar un mensaje proveniente de mi teléfono.

Acerqué mi mano al mueble de al lado de mi cama para alcanzar el aparato, mirando quién podría estar escribiéndome a esas horas de la mañana.

Mi respiración se congeló en cuanto vi el nombre del remitente, haciendo que mi corazón volviera a latir como un loco. Abrí el mensaje, esperándome cualquier cosa en estos momentos. ¿Qué más podía sorprenderme a estas alturas?

-“Hola, soy Jongin. Siento escribirte tan temprano, pero no he podido dejar de pensar en ti durante toda la noche, y en cómo podría compensarte por encontrar a Monggu sano y salvo, así que se me había ocurrido invitarte a cenar algún día de estos. ¿Qué me dices? ¿Aceptas?”

La sonrisa que se dibujó en mi cara fue tan grande que incluso comenzó a dolerme. Salté poniéndome de repente de pie en mi cama, dando brincos de felicidad como una completa loca. No podía creerme que aun después del ridículo que había hecho delante de él, quisiera volver a verme nada más y nada menos que para una cita.

Intenté relajarme de nuevo sentándome en la cama, pensando en la mejor respuesta a su mensaje.

-“Me encantaría”.

THE END.