Enchanted by noe at Inkitt
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Enchanted

Summary

—¿Sabes? Ahora que sé varias cosas sobre ti, y también hemos establecido vernos al amanecer —el alfa no puede guardarlo más—, pero creo que hay una cosa, la más importante de todas a mi parecer, que desconozco sobre ti. —¿Y cuál sería esa? —Harry lo mira con atención, esperando por lo que el alfa tenga por decir. —Tu nombre, me gustaría saber cómo te llamas.   O. Un AU donde Harry es un omega descubriendo su pasado y encontrado el amor entre confusiones y traiciones.

Genre
Romance/Fantasy
Author
noe
Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Uno


El camino hacia el reino de Prímula es bastante agotador si deben preguntarle a Harry. Tener que soportar dos días en carruaje no es lo que suele acostumbrar el joven muchacho dentro de sus labores reales, porque él casi siempre permanece en palacio, rodeado del resto de la Corte Real de Compañía del Príncipe Marco de Acacia.

Harry siempre se ha mantenido muy cerca del joven, exactamente desde la temprana edad de cinco años, después del fallecimiento de sus padres, quedando huérfano, y cuando fue nominado como el Omega de Compañía Principal del príncipe. Pero ellos nunca han sido ni la mitad de cercanos como lo fueron sus madres en sus años de juventud; donde, la Reina Esmeralda daba su vida y amistad por Valerie, su dama preferida y la madre del omega, quien ahora sirve a Marco como lo hizo ella en el pasado.

La vida en palacio bajo la sombra de Marco nunca le ha sentado bien a Harry, y mucho menos se ha sentido apreciado por el muchacho de cabello marrón y ojos grises. El joven príncipe no es alguien de quién Harry pueda fiarse y permitirle conocer sus secretos, porque estos podrían espaciarse tanto rápido como lo hace la pólvora en el aire.

Es por esa razón que, el omega permanece en silencio mientras observa a Marco dormir plácidamente contra el respaldo del asiento del carruaje en movimiento. Y Harry se pregunta si en realidad se siente cómodo, si la madera bajo los almohadones que protegen su trasero no lo lastiman como lo hace con él, porque el omega siente bastante dolor por permanecer tantas horas sentados

Los caballos mantienen su galope al avanzar, y Harry evita pensar mucho en lo que sucederá cuando lleguen al reino del Linaje Tomlinson porque él ha escuchado muchas historias sobre estas personas de costumbres bárbaras y casi primitivas, que se rodean de la naturaleza y adoran a la luna cada noche mientras se encuentra en el firmamento.

Y él realmente quisiera ver con sus propios ojos cómo interactúan entre ellos, si pueden transformarse en lobos como cuentan las leyendas que los rodean o si verdaderamente pueden aplastar a ejércitos enteros de un solo bocado.

Hay tantas cosas de las que Harry quisiera obtener respuesta, pero él no tiene permitido fisgonear hasta saciarse de conocimiento porque ese no es su papel dentro del plan de sus reyes.

Su única función como compañía de Marco es, asegurarse de que el príncipe se ciña a las órdenes de sus padres, las cuales claramente han sido: impresionar a los invitados del Rey Tomlinson con sus encantos y modales, con el objetivo de conseguir alianzas comerciales fuertes, y si en el proceso se presenta, obtener un pretendiente.

El carruaje continúa el camino a través del bosque y Harry suspira rendido cuando la alta muralla que rodea y protege el castillo se presenta.

Es tiempo de despertar a Marco y el omega no quiere hacerlo, pero sabe no tiene otra alternativa, porque ese es su deber.

—Alteza —Harry dice en voz alta, rogando porque el joven despierte al primer llamado.

Marco arruga la nariz y Harry rueda los ojos.

—Su Majestad —intenta de nuevo, viendo cómo atraviesan la entrada de la muralla—. Alteza.

Genial. Harry va a tener que tocar al príncipe para despertarlo.

Extendiendo su mano con sumo cuidado, Harry presiona su dedo índice sobre la mano Marco, quien ante al toque abre sus ojos en seguida y pone una expresión de disgusto.

—¡Harry! ¿Por qué me tocas?

—Lo llamé varias veces para que despertara y no lo hizo; así que, no tuve más remedio que tocarlo sin su permiso, Alteza —Harry agacha la mirada y se disculpa—. Siento mucho si lo incomodé, pero hemos llegado.

—¿Ya estamos en Prímula? —el omega asiente y fija su atención en la mancha de saliva que reposa en la mejilla de Marco—. ¿Qué estás viendo?

Marco lo mira de mala manera y Harry piensa, “a la mierda” cuando niega.

—Nada, su Alteza.

—Bien. Entonces, diles al chofer y su ayudante que en cuánto lleguemos quiero que bajen las cosas y las lleven a la habitación que van a designarme.

—Por supuesto, mi príncipe.

Y después de eso, Harry no dice nada más ni Marco tampoco.

Ambos aguardan a que el carruaje se detenga y las puertas se abran para que Marco baje primero y Harry lo siga después.

Él da sus primeros pasos en el reino de Prímula, analizando cada objeto a su alrededor, desde las pequeñas flores de colores a los costados de la entrada principal hasta el enorme castillo de piedra cuidada. Son recibidos por un hombre alto y fornido, y Harry lo reconoce de los retratos que Marco tenía que aprender para poder socializar con los invitados al Baile de Primavera; el alfa se acerca a los jóvenes y besa la mano del príncipe cuando este se la extiende.

Remus Musto, el Comandante de la Guardia Real de Prímula, es conocido en su reino y en los demás del continente por ser un alfa frío y de aspecto sombrío por las cicatrices que cubren su rostro debido a las batallas que ha liderado en nombre de su nación.

—Su alteza —Remus deja con delicadeza la mano de Marco y este lo mira con petulancia—. Espero que su viaje haya sido agradable.

—Ciertamente no lo fue —tanto Harry como Remus elevan sus cejas a causa de la sorpresa—. Su reino se encuentra demasiado lejos para mi gusto, pero debo cumplir con mis obligaciones como el príncipe de Acacia; así que, aquí estoy.

—Estoy completamente seguro de que tanto mis reyes como su pueblo se sienten honrados por su presencia, Majestad.

—Hum.

Después de la incómoda bienvenida, el Comandante solicita la presencia del Jefe de Mayordomos del castillo y este se encarga de delegar personal para el transporte de las pertenencias de Marco y Harry.

El omega le da una sonrisa de agradecimiento a Remus y este se la devuelve cuando repara en la divina presencia del omega.

—Por favor, síganme. Los llevaré hasta sus alcobas.

Caminando detrás de Marco, Harry se fija en los preciosos detalles que el castillo posee en su interior. Todo luce impecable y hay un sinnúmero de personas llevando de aquí para allá flores, velas y vajillas costosa; y Harry se pregunta con cuánta anticipación se prepara este baile porque se puede notar a simple vista que todo está milimétricamente calculado.

Subiendo por una torre, el trío llega hasta las habitaciones designadas para los jóvenes, distribuyéndose una frente a la otra en caso de que Marco necesite asistencia de Harry en cualquier momento. Y el omega ruega internamente porque el príncipe no desee nada durante su corta estadía en el lugar.

—Los dejaré descansar. Las sirvientas están preparando todo para sus baños; así que, enviaré un par por ustedes cuando esté listo —Remus hace una venia cuando termina y Harry asiente.

—Está bien. ¿A qué hora es el baile?

Remus se aclara la garganta.

—Al caer el atardecer. El sonido de las campanas será el indicador de su inicio.

—Es todo. Ya puede retirarse, Comandante.

—Sí, su Alteza —Remus se inclina de nuevo hacia adelante en señal de respeto, y cuando Marco se encierra en su habitación, mira a Harry—. Un gusto ser de ayuda, joven omega.

—Gracias por escoltarnos, Comandante —Harry mantiene su postura y elegancia en todo momento—. Y disculpe la actitud y los comentarios del príncipe, pero ha sido un viaje realmente pesado para ambos.

—No hay de qué preocuparse.

—¿Las sirvientas van a tardar mucho en venir por nosotros?

—No, ahora mismo las enviaré —Remus le da una sonrisa atenta y extiende su mano para que Harry presente la suya y besarla—. Un placer servirle, joven omega.

Los labios del alfa caen como una pluma sobre su piel, y Harry se sonroja cuando Remus toma distancia.

—Gracias por su ayuda.

El alfa no dice nada más, tan sólo se da la vuelta con un último asentimiento y desaparece al final del pasillo.



(...)



Harry, como todo el tiempo, calienta la ropa de Marco antes de que él la use.

Ha sido un extraño comportamiento por parte del príncipe desde su entrada en la adolescencia, pero Harry no ha compartido el pequeño secreto de Marco con nadie, ni siquiera con la Reina Esmeralda, quien suele tener charlas con el omega para asegurarse de que todo está en orden con su hijo.

De todas formas, él viste la cómoda ropa de tela delicada, casi tan similar a la suya, mientras Marco termina de tomar su baño. Él espera por el príncipe un par de minutos más hasta que la puerta de la habitación se abre y permite ver a Marco envuelto en una bata costosa y que lleva el emblema de la casa real de los Dorsey.

—¿Está lista? —le pregunta a Harry en cuanto pone un pie en la habitación.

—Bien. Entonces, dámela.

A Harry se le pintan las mejillas de rojo vivo cuando se retira la suave prenda sobre la cabeza y se la extiende al príncipe.

—Ya puedes ir a arreglarte, Harry. Gracias.

Y lo último lo dice con un tono extraño en él, que el rizado se sorprende pero no lo demuestra cuando lo ve directamente a los ojos.

—Con su permiso, Alteza.



(...)



El Baile de Primera se celebra en el salón principal del castillo después del sonido de las campanadas que Remus había advertido.

El Comandante de la Guardia Real de Prímula cumplió su palabra al ir con el par de muchachos hasta sus habitaciones para escoltarlos hacia el salón donde se llevaría a cabo la celebración.

Harry no está muy seguro si en realidad notó ese arrugar de nariz por parte de Remus mientras caminaban, pero vaya que encontró extraño el comportamiento del alfa cuando dejó pasar por delante a Marco y después a él.

—Durante la primera hora permaneceremos en el salón principal para disfrutar del banquete —él les explica cuando los jóvenes terminan por descender las escaleras y les indica hacia dónde deben ir—. Y cuando todos hayan terminado y se sientan satisfechos, podremos disfrutar del baile a la luz de la luna y las velas.

Harry escucha con atención y ya puede imaginarse a sí mismo siguiendo el compás de las arpas y violines que vio en una habitación mientras descendían las escaleras.

—Él es Simon, el Jefe de los Mayordomos del castillo, lo conocieron cuando llegaron —Remus señala al hombre que los ayudó con sus pertenencias—. Y ahora será quien haga el anuncio de sus nombres a los demás invitados.

—Marco Dorsey, príncipe de Acacia —el muchacho dice y extiende la mano; sin embargo, Simon no mueve ni un músculo y eso ofende al príncipe.

—Lo sé, Majestad —el hombre no es dulce cuando lo dice y decide permanecer en su sitio, arrugando, al igual que Remus, su nariz.

—Simon, por favor, anuncia a nuestros invitados.

—De inmediato, Comandante.

El Jefe de los Mayordomos se aclara la garganta y llama la atención de un par de personas que se encuentran conversando en el salón principal.

—¡Con ustedes, el príncipe de Acacia, Marco Dorsey! —su voz alfa retumba en las paredes—. ¡Y su Omega Real de Compañía, Harry Styles!

El rizado se sorprende de que el nombre sepa su nombre y designación, porque él no lo ha mencionado en ningún momento, pero supone que los reyes de Acacia tienen algo que ver en esto.

Después de su anuncio, tanto Harry como Marco toman asiento en los lugares que tienen sus nombres; y es así cómo el omega termina a un costado de Madame Lefevre, quien le termina por contar historias sobre su juventud. Harry se ríe un par de veces en voz baja, llamando la atención de un par de alfas gemelos que se encuentran justo del otro lado de la mesa.

Él ve cómo los gemelos se susurran algo pero no les da tanta atención como ellos quisieran, así que, Harry continúa con su animosa conversación con la vieja omega.

La cena se sirve con rapidez, sin la presencia de la familia real porque ellos acostumbran a ayunar durante el día y noche de la celebración sin acompañar a sus invitados, y Harry se deleita por el platillo escogido por la mismísima reina: Coq Au Vin, un guiso preparado con vegetales, pollo y vino.

La primera hora transcurre sin novedad alguna, y Harry escucha de vez en cuando los intentos de Marco por consolidar alguna especie de conversación con las personas más cercanas a su ubicación; y Harry siente un poco de pena, porque al joven príncipe nunca se le ha dado bien comunicar sus ideas.

Ahora que Harry lo piensa bien, ¿en qué demonios pensaban los reyes cuando enviaron a su hijo a hacer este trabajo? Porque Harry duda demasiado de que Marco pueda obtener al menos una alianza comercial, mucho menos un pretendiente si cada dos segundos resopla malhumorado, siendo un mocoso malcriado, por no conseguir la atención de quienes en realidad quiere.

Cuando finalmente cada plato se ha vaciado, Remus se pone de pie e indica que es hora de la celebración.

—¡Los reyes nos esperan en el jardín para dar incio del Baile de la Primavera!

Los asistentes se ponen de pie y se dirigen hacia el lugar indicado, siendo encabezados por el Comandante en su marcha.

La noche está terminando de pintarse de negro cuando Harry eleva su rostro y nota los pequeños destellos de luna que caen sobre el césped; Marco camina frente a él con el ceño fruncido, no muy de acuerdo de que el baile se celebre a la intemperie.

—¡Sean bienvenidos, amigos míos!

Harry escucha una voz que se eleva sobre las cabezas de todos los presentes y que le eriza la piel al segundo de detectarla.

—¡Es tan grato para mi familia y mi reino que asistan a esta celebración de conmemoración de nuestras raíces! —entonces quien habla es el rey, deduce el omega—. Espero hayan tenido una excelente bienvenida y una exquisita cena.

El Rey Edwin continúa con su discurso de bienvenida, pero Harry deja de escuchar en el instante en que mira por encima del hombro de Marco y divisa a un hombre joven junto al monarca.

El desconocido tiene el cabello unos centímetros por encima de los hombros, con las puntas elevadas al final de sus lacios y castaños mechones. Harry no puede distinguir mucho, pero de lo que sí está seguro es que, su rostro parece haber sido esculpido por una deidad ancestral encargada de repartir la belleza a los hombres.

Todo en él grita “alfa” y “poder”, desde sus altos pómulos hasta sus finos labios, mientras la luna besa sus facciones y las sombras oscurecen y resaltan sus rasgos más varoniles.

Y tal vez Harry podría empezar a lubricar si continúa observando al hombre como lo está haciendo..

—Es el Príncipe Louis, hijo del Rey Edwin Tomlinson —Harry da un respingo cuando la voz de Remus llega hasta él—. Y la Celebración de la Primavera tan sólo es una excusa para que él encuentre pareja de entre todas las personas menores que se encuentran aquí.

¿Cuál será su edad?, al omega le encantaría saber.

—¿Cuántos años tiene? —Harry ni siquiera sabe cómo es que la pregunta brota de sus labios.

—Apenas cumplió los veintidós —Remus se acerca un poco más a Harry y el omega se siente ligeramente incómodo—. ¿Cuántos años tienes tú, pequeño omega?

—Dieciocho.

—Perfecto —susurra el alfa y luego se aparta, como si hace unos instantes no hubiera olfateado a Harry descaradamente—. Llevaré a tu príncipe a que conozca un par de personas, hasta que regrese con él puedes divertirte un poco.

—No creo que sea la mejor —dice dubitativo.

Entonces, Remus le extiende el sobre de una carta que lleva el sello real de Acacia.

—Tus reyes acaban de hacérmela llegar —él se la extiende a Harry y el omega la toma—. Dicen que debo vigilar de cerca a su hijo y establecer relaciones con reinos cercanos porque no confían del todo en la capacidad del Príncipe Marco para hacerlo.

Harry confirma la información y termina por creerle al ver la firma de la Reina Esmeralda, y una nota al pie de la carta dirigida hacia él:



“Querido Harry, sé que te pedí que cuidaras de Marco, y que permanecieras con él en todo momento; pero he tomado la decisión junto al rey, mi esposo, de que disfrutes del Baile de la Primavera de Prímula tanto como puedas. A partir del instante en que leas esta nota, Remus Musto, el Comandante de la Guardia Real y viejo amigo de nuestro rey, se encargará de la presencia del príncipe de Acacia.



Espero disfrutes de la noche.

Con aprecio,

Esmeralda”



El omega relee un par de veces más el mensaje y termina por devolver la carta a Remus.

—De acuerdo, mi reina lo ha solicitado; así que, no puedo ir en contra de su palabra.

—Yo cuidaré de él, no tienes nada por qué preocuparte.

Harry lo mira con detenimiento, intentando encontrar algún indicio de engaño, pero no lo consigue.

—En sus manos se encuentra ahora el príncipe de Acacia —él mantiene el contacto visual hasta que sus ojos arden y debe pestañear para aliviar el dolor—. Si algo llegara a sucederle, usted será el único responsable y me encargaré de que todos lo sepan.

—Lo entiendo.

—Espero que lo haga, porque así como usted le es leal a su reino, yo lo soy con el mío.

Remus sopesa las palabras del omega y asiente. Definitivamente Harry está lleno de carácter.

—Si necesitas cualquier cosa, joven omega, puedes recurrir a mí en cualquier momento de la noche.

—Gracias —termina por decir.

El Comandante le da una pequeña venia y escapa de su lado, yendo en búsqueda de Marco, quien no ha perdido el tiempo y ha decidido huir de su cercanía.

Harry permanece en su lugar, como un cuerpo sin alma o razón de ser, y sólo sale de su trance cuando alguien cruza su brazo con el suyo y lo arrastra hacia un baile que consiste en girar y girar y girar.

Él se ríe cuando el sentido cambia y casi tropieza, pero su sonrisa no se borra en ningún momento.



(...)



—¡Escuchen todos, es hora de rendir tributo a la Luna!

La voz del Rey genera eco cuando viaja más allá de los límites del jardín, perdiéndose en el bosque repleto de criaturas curiosas que los acechan en la oscuridad.

Una fogata se ensambla en medio del jardín, y el rey les hace una última solicitud e indicación a sus invitados.

—¡Por favor, tomen una máscara para proteger su alma de los fantasmas de la noche! —de pronto, los sirvientes del rey, con sus rostros pintados de blanco, ofrecen a todos la tan ansiada protección—. ¡Y quítense los zapatos, amigos míos, para que puedan sentir el poder de los elementos mientras bailamos al ritmo de las liras!

Harry no comprende muy bien qué es lo que van a conseguir con esto, pero él toma una máscara y se la coloca cuando una sirviente le extiende una.

El omega se sienta en el césped para que sus pies descalzos sientan la humedad de la hierba cuando retira sus zapatos, y sin darse cuenta, a él llegan los recuerdos de su infancia, cuando jugaba en los jardínes del castillo mientras sus padres los perseguían hasta atraparlo y llenarlo de besos.

—Harry —él levanta su mirada empañada de memorias cuando Marco llega hasta él con sus zapatos en manos y una máscara en su rostro, apenas lo reconoció por la voz—. ¿Dónde puedo dejarlos? No quiero que nadie intente robarlos.

—¿Quién se los ha sacado?

—El Comandante se ha ofrecido y lo he dejado.

—Puede ponerlos junto a los míos si así lo desea, Alteza.

—No intentarás robarlos, ¿cierto?

—Puede cortarme las manos si lo hago.

—Bien —y él extiende su calzado al omega en el suelo.

Harry coloca sus zapatos cerca de los del resto, pero no lo suficiente como para que Marco lo moleste durante lo que queda de noche.

Cuando él se asegura de que todo está en orden, se dirige de nuevo a su lugar alrededor de la fogata que ahora ilumina todo. Él choca accidentalmente su hombro contra el de la persona a su costado derecho.

—Oh, lo siento —se disculpa.

—No te preocupes, suele sucederme seguido.

Harry se ríe en voz baja—. A mí igual. Aunque la mayor parte del tiempo intento evitarlo.

—Lo cual es difícil cuando tienes dos pies izquierdos.

—¡Oye, eso es grosero! —Harry reprocha, llevando sus manos hasta su pecho y viendo de mala manera al desconocido.

—¡Oh, no! ¡No me refería a ti! —el extraño dice de inmediato—. Quise decir que yo soy quién tiene dos pies izquierdos, mi intención nunca fue ofenderte o algo parecido, yo no-

—Oye, está bien. Ya entendí.

El desconocido siente una fragancia que llama su atención y genera un ronroneo en su alfa.

—¿Estás molesto?

—No, ¿por qué lo estaría?

—Por lo que dije —hay una pausa—. Perdón que diga esto, pero tu aroma cambió.

Las mejillas de Harry arden bajo su máscara y él ve hacia el rostro cubierto del desconocido. Hay una chispa, y no es precisamente la de las llamas de la fogata, en los ojos del alfa —ahora Harry sabe que lo es por el aroma que desprende— cuando lo ve.

—No lo estoy.

—¿Realmente?

—En absoluto.

—Bien —el alfa asiente, y cuando habla de nuevo hay nerviosismo en su voz—. Porque me encantaría invitarte a bailar cuando el ritual de protección inicie.

—¿Es eso? —el desconocido frunce el ceño aunque el omega no lo ve.

—¿Qué cosa?

—Un ritual.

El alfa permanece en silencio, y se da cuenta de que el omega a su lado debe provenir de tierras bastante alejadas a las suyas para que no haya visto uno antes.

—¿De donde vienes los hay?

—En realidad, no —inicia—. Nuestras creencias son distintas. Nosotros adoramos a un solo Dios, mientras ustedes lo hacen con la Luna y los Elementos de la Naturaleza.

—¿Es distinto en tu reino? —él se aventura, tal vez así obtenga más información sobre el misterioso omega de fragancia exquisita de la que su alfa quiere adueñarse.

Harry piensa su respuesta y asiente.

—Sí. Siento si te ofendo, pero todo esto que realizan aquí, en mi reino es considerado primitivo.

El alfa no puede contener su risa y suelta una bastante sonora que consigue llamar la atención de los reyes, Harry se da cuenta que el príncipe no parece estar con ellos; así que supone que ya ha encontrado a la persona que deseaba.

—Primitivo —él niega—. ¿Y crees que tus creencias son mejores?

—No, tan sólo distintas a las tuyas. Probablemente tú las consideres infundadas porque creemos en alguien que no vemos y depositamos nuestra fe en Él; mientras ustedes tienen a sus Dioses a su lado y de manera presencial todo el tiempo.

—Tienes razón —concluye el alfa, viendo de lado al omega—. Pero, de todas formas, no has respondido a mi pregunta.

—¿Cuál?

—Si quisieras bailar conmigo.

—Oh, yo- —Harry se debate, pero el peso de las palabras de su reina cae sobre él—. Está bien.

—De acuerdo —el alfa acerca su mano a la de Harry e intenta tomarla, pero el omega la aparta.

—Pero, sólo si-

—¿Hay un pero?

—Sí.

—Bien, ¿cuál es?

—Lo habría dicho si no me hubieses interrumpido —responde con sarcasmo.

—Justo ahora no lo estoy haciendo y podrías decírmelo sin problema.

—Eres realmente molesto.

El desconocido sonríe de lado bajo su máscara y se concentra en los ojos del omega.

—¿Y eso es malo? —se atreve a preguntar, liberando sin darse cuenta pequeños hilos de fragancia

—No dije que lo fuera, tan sólo eres exasperante.

Harry escucha cómo el alfa chista con su lengua y le habla suavemente, como si quisiera tener un efecto sobre él; y parece ser que lo consigue, porque su omega despierta de la nada y quiere abalanzarse sobre el alfa.

—Me han dicho de muchas maneras, pero “exasperante” nunca ha sido una de ellas.

Harry resopla.

—Bueno, siempre hay una primera vez.

—Tienes razón —confirma—, como también lo hay en un baile.

—Aún no te he dicho mi “pero”.

—Hazlo —lo reta, queriendo ya saber la condición.

—No sigo tus órdenes, lo diré cuando quiera.

—Pues, creo que deberías hacerlo ahora —le instruye, viendo hasta dónde puede avanzar con el omega—, porque el ritual está a nada de empezar.

Harry apenas abre la boca para responder, y las arpas son rasgadas; así que, sujeta fuertemente el brazo del alfa cuando su mujer a su costado toma su mano y tira de él.

—¡Prometo bailar contigo si no te conviertes en lobo y me comes, hombre primitivo! —dice en el tono más bajo que consigue para que sólo el extraño lo escuche.

Al omega no le cuesta nada oír la clara risa del alfa cerca de su oído; y tal vez —muy probablemente, con mucha certeza— el corazón de Harry da un vuelco en su pecho.



(...)



—¿Color favorito?

—El anaranjado.

—¿Por qué?

—Porque me gustan los atardeceres —el alfa asiente a la respuesta, a él también le gusta ver cuando el cielo se pinta de ese color..

Sus cuerpos se tocan mientras bailan.

—¿Y el tuyo? —Harry

—El verde.

—¿Por qué?

—Porque todo lo que amo terminaba llevándolo.



(...)



—¿Tienes hermanos?

—No.

—Yo tampoco.



(...)



—¿Habías viajado antes hasta aquí?

—No, es la primera vez que salgo de mi reino.

Entonces también es un príncipe, es la conclusión a la que llega Louis.

—¿Y te gusta Prímula?

—Hasta ahora sí —Harry sonríe de lado cuando mira al lado contrario del alfa—. Me parece interesante. Sus flores son lindas.

La sonrisa de Louis crece cuando lo escucha, y definitivamente el omega recibirá un par de ramos al amanecer.



(...)



—¿Sabes? Ahora que sé varias cosas sobre ti, y también hemos establecido vernos al amanecer —el alfa no puede guardarlo más—, pero creo que hay una cosa, la más importante de todas a mi parecer, que desconozco sobre ti.

—¿Y cuál sería esa? —Harry lo mira con atención, esperando por lo que el alfa tenga por decir.

—Tu nombre, me gustaría saber cómo te llamas.

—¿No crees que eso rompería el encanto?

—Veré tu rostro en unas horas, lo más me gustaría sería llamarte por tu nombre. Creo que haría de esta situación aún mejor.

Las palmas de sus manos chocan en el aire, como lo hacen las del resto de personas a su alrededor, y sus miradas se enfrentan mientras acercan sus frentes a la máscara del otro para respirar el aroma del contrario.

—Dime tu nombre primero y haré lo mismo —Harry molesta, y se permite cerrar los ojos por un segundo.

—Bien —el alfa dice, viendo directamente a Harry antes de liberar un suspiro.

Sus manos se unen por millonésima vez cuando Louis enreda sus dedos con los de Harry y hace que el omega gire a su alrededor.

El omega sonríe bajo su cubierta y el extraño hombre se inclina más de la cuenta hacia él, respirando profundamente su fragancia natural. El lobo interno de Harry aúlla en su pecho y siente una atracción demasiado fuerte hacia el alfa, quien parece sentirla también.

—Soy Louis Tomlinson.



(...)



El nombre del Príncipe de Prímula retumba en los oídos de Harry, como una alarma de emergencia, o un detonante que lo deja congelado en su sitio sin poder hablar o respirar.

¿Él en serio ha bailado durante toda la noche con el heredero de la corona de Prímula?

—¿Y tu nombre es? —Louis insiste, deseando de una vez por todas conocer el nombre del omega que ha conseguido cautivarlo, tanto a él como a su alfa.

Harry consigue salir de su estupor, de aquella neblina lavanda que ha caído sobre su conciencia varios segundos después, y sacude la cabeza por inercia un par de veces en un intento por encontrar las letras correctas que conforman su nombre. Y cuando él está a nada de revelar su identidad, los brazos de su siguiente pareja de baile lo arrastran lejos de Louis, provocando que pierda su oportunidad de presentarse.



(...)



Mientras Louis lo ve alejarse de su lado siguiendo el compás de los violines, él está bastante seguro de que ese es el omega que quiere cuidar y respetar por el resto de su vida.



(...)



Harry enreda su brazo en el del beta desconocido, mientras son guiados por la canción que los músicos tocan.

Él realmente disfruta de la calidez que les otorga la fogata, que se consume con cada segundo que transcurre lejos del alfa; y permite que la brisa fresca de la primavera, que transporta el aroma de las flores que terminan de abrir sus capullos, le revuelva los rizos sueltos de la parte posterior de su cabeza.

Y aunque se encuentran a un par de metros de distancia, Harry nunca aparta su mirada del cuerpo del Príncipe Louis.



(...)



Muy inmerso en sus pensamientos, y tropezando con sus pies cada vez más, Louis está seguro de lo que va a decir en cuánto tenga al omega de nuevo muy cerca de él.



(...)



El omega da un par de vueltas más sujeto al beta, pero el ritmo de la canción cambia de la nada y él lo hace también con su compañero.

Una sonrisa se dibuja en su rostro cuando reconoce a su nueva pareja de baile.



(...)



—Me has cautivado por completo, y mi alfa no se queda atrás. Por favor, dime tu nombre.

Y el muchacho sonríe antes de decirlo.



(...)



Los brazos de Harry se unen a los de Madame Lefevre y ella no pierde el tiempo cuando entabla una rápida conversación. Sus pies se mueven veloces y sus cuerpos giran tres veces en sus lugares.



(...)



—Padres. Él es Marco.

Entonces, Louis presenta al castaño ante los reyes.




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