Acompáñame a ver el atardecer

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Summary

Adriana se muda de ciudad, alejándose de sus dos mejores amigos y de lo que un día fue su hogar, nuevos retos y desafíos le esperan. Conocer a Heathan, su nuevo vecino, no estaba en sus planes, y mucho menos enamorarse. Todo parece ir bien, pero hay un probelma: él tiene novia. Heathan lleva dos años sin poder ver a Josette, las relaciones a distancia nunca han sido fáciles y no es una excepción para ellos dos. Sin darse cuenta, la chica de al lado ha provocado cambios respecto a los sentimientos de su corazón. ¿Puede un nuevo amor ser más fuerte que las promesas del pasado? →→→→♡←←←← Todos los derechos de autor reservados © No admito ningún tipo de copia o adaptación de la historia. Usa tu imaginación :)

Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
16+

Mi nueva vida.


Hoy es el día. Ayudo a mi mamá a recoger las cajas de la mudanza. Yo ciertamente no quería tener que irme, me gusta mucho mi vida aquí y además tengo a mi mejor amiga: Jessen; iba a extrañar muchísimo este lugar. Pero cuando a mi mamá le hicieron una "maravillosa" oferta de trabajo no dudó un solo segundo y aceptó.


Se ha pasado todo el verano tratando de convencerme de que allí estaremos mejor, que hay mejores oportunidades de trabajo para ella, y también de estudios para mi. A mí no me importaba nada de eso, solo quería seguir mi vida normal, o al menos no irme tan lejos.


Jhon, uno de mis mejores amigos, había venido a ayudarnos y a despedirse.


Jessen no vino porque tenía que terminar un proyecto de la escuela en el que se apuntó, era muy estudiosa y le estresaba sacar malas notas -a mi también, pero ella sin duda era mucho más aplicada-. Al parecer, ese proyecto le ayudaría mucho.


Nuestra larga, con lágrimas y odiada despedida fue ayer.


Jhon seguía intentando subirme al ánimo:

—Adna, no te preocupes, verás que te va encantar, en dos días te habrás olvidado de nosotros —dice riéndose.


—Sabes que eso nunca pasará, los quiero demasiado.


Dije y le di un fuerte abrazo, Jhon era muy especial para mi, era como el hermano que nunca tuve.


—Adriana, ¡¡ya nos vamos!! —escuché a mi madre llamarme.


—¡Ya voy mamá! —miro a Jhon y sonrío triste. —Dile a Jesen que le escribiré todos los días.


Tomo mi equipaje y alcanzo corriendo a mi madre.





El viaje duro trece horas, caminamos un rato y luego tomamos otro autobús que nos llevaría hasta la nueva casa.


Durante el recorrido miré con atención todas las partes de la ciudad por las que íbamos pasando, incluso pasamos por la escuela en la que mi madre dijo que ahora asistiría. La ciudad era grande y bonita, sin embargo me gustaba más la mía. Pero cuando ví la nueva casa no pude decir otra cosa que:


—Guau.


—¿Te gusta?— pregunta mi mamá, no hace falta la respuesta.


Ahora entiendo a qué se refería.

La casa era más grande que la que teníamos antes, estaba pintada y decorada, y además tenía un bonito y pequeño jardín al frente, que de echo estaba muy bien cuidado, esperaba que con nosotras no empezara a marchitarse. Yo nunca le había prestado la atención requerida a las plantas, y mi madre casi siempre estaba ocupada por el trabajo.


Mi habitación era muy bonita, tenía las paredes pintadas de un color marrón crema, que consideré dejar por ahora. Solo le faltaba un poco de decoración, de lo cuál me encargaría más tarde. Ahora tenía tanto sueño que me tiré en la cama y me dormí al instante.


Heathan


—Hijo, los vecinos nuevos ya llegaron hace cuatro horas.


—¿Y? —digo mientras termino mi cena.


—¿No quieres conocerlos? Había pensado en llevarles algo y presentarnos —mi madre se sienta frente a mí y deja su comida en la mesa mientras me mira con atención.


—¿Qué llevarías? ¿Un pastel? Creí que lo normal era que los vecinos nuevos trajeran pastel y se presentaran.


—¡Por favor Hean! Llegaron hace 4 horas, en qué tiempo vendrían, deben estar acomodando todo aún.


—Por esa misma razón, no los moleste y así pueden terminar.


Ella hace una mueca de desagrado con su cara, intentando convencerme.


¿Por qué eres tan insoportable? Debemos conocerlos y llevarnos con ellos, podrían vivir junto a nosotros por el resto de nuestras vidas.


Seguí comiendo mi plato de mala gana, había tenido un largo y cansado día y solo se me antojaba pegar la cabeza a la almohada y no despertar nunca jamás.


—Escuché que son una mujer y su hija - siguió hablando.


—Buenas por ellas —dije intentado finalizar la conversación pero ella obviamente no estaba cansada.


—¡Heathan!


—¿¿Qué??


—Um.. no se.. ¿no te dan ganas de conocer a la muchacha?


—¿Qué me quieres decir con eso? No sé si te habrás dado cuenta pero tengo novia.


—No cariño, ¿¡cómo crees!? Pero no te iría mal hacer más amigos, solo sales con Alex y Kyle de seguro te cae bien... ¡De todas formas nunca me ha gustado Josette!


—Se que nunca te ha gustado Josie —respondí con amargura, no me gustaba el rumbo que estaba tomando la discusión.


—Ni siquiera vino a verte las vacaciones pasadas.


—Esta ocupada con sus estudios, además, este verano vendrá y creo que sabe que no será muy bienvenida por ti.


—No intentes echarme la culpa.


—¿SABES QUÉ? Me iré hablar con ella.


—¡Pero si solo te has comido medio plato...!


Subí furioso a mi habitación y abrí la laptop para conectarme.

Sin embargo no encontré ningún mensaje nuevo y Josie no estaba en línea.


Aburrido, me asome a la ventana de mi habitación, que estaba en el segundo piso. Entoces ví una chica de espalda, su cabello rubio y largo cayendo por toda su espalda, estaba dejando unas cajas en el jardín de atrás, debía de ser la hija de la nueva vecina, supongo que ella también era mi vecina ahora. No vivía en la casa de al lado, sino a tres casas más, pero si algo tenía esa casa era un grandísimo jardín en la parte de atrás -en el frente también pero era más pequeño -qué las casas de al lado no lograban ocultar.


¿No estaría mal conocerla verdad?

Mi madre tenía razón: tal vez debía conocer nuevas personas, hacer amigos, aunque con Alex y Kyle me bastaba.


No necesito cuarenta amigos, con tener unos pocos pero verdaderos me basta.


Ella se acostó en el césped del jardín, debía estar cansada.


Ya casi iba empezar a anochecer, así que baje las escaleras para darle de comer a Husdent, mi perro.


•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•~•


Adriana


Miré con odio al único objeto en la habitación que no me permitía dormir tranquilamente. Anoche había puesto un despertador y ahora me arrepentía.


Quería dormir otra hora más, o tal vez dos.


Al fin, me digne a levantarme y apagar la odiosa alarma.

Tendí mi cama y luego caminé hasta la cocina para desayunar.


Mañana empezaba la nueva escuela y estaba estresada. Nunca había tenido que cambiar de escuela antes, y no conocía a nadie aquí.


—Cariño, ¿ya estás despierta? Creí que dormirías más.


—Sí, buenos días mamá -mire los panqueques que estaba preparando para desayunar y se me hizo la boca agua. —Eso se ve delicioso.


—¿Tienes todo preparado para mañana? —dice y me sirve dos panqueques con trocitos de fresa. No podía esperar para probarlos. Se la daba súper bien hacerlos.


—Sí —digo, pruebo uno de los panqueque y es como si estuviera soñando. —Umm... exquisitos —añado y pruebo otro pedazo.


Mi mamá me sirve un vaso de jugo de naranja y en ese momento suena el timbre.


—Vaya, ¿ya hiciste amistad con los vecinos? —digo dandole un sorbo a mi jugo.


—No, iré a ver quién es.


Termino mi desayuno a toda prisa y me acerco a la sala, escucho a mi mamá conversando con alguien.


—El es mi hijo Heathan, y yo soy Anne, estamos encantados de conocerte -escucho una voz femenina. —Mi esposo y mi otro hijo no han podido venir, están de viaje.


Cuando por fin entro en la sala veo a una mujer, lleva un vestido blanco con adornos florales, tiene el cabello castaño claro y los ojos azules.


A su lado localizo un chico, parece más o menos de mi edad, aunque es más alto que yo. A diferencia de su madre, tiene el cabello negro, pero tiene los mismos ojos azules.


—Es un gusto igual para mi Anne, son los primeros vecinos con los que hablo. No he tenido tiempo. Como comprenderás, llegamos ayer en la tarde. ¡Pero pasen, pónganse cómodos! —Me mira y entonces me presenta —. Ah, y esta es mi hija, Adriana.


—Encantada de conocerlos —digo, un poco avergonzada porque aún ando en mi ropa de dormir, que resultó ser mi pijama. Por suerte me había dado tiempo a peinarme, por las mañanas mi pelo era un desastre total.


Me siento en uno de los sillones.


—El placer es mío —contestó Anne con una mirada dulce. —Eres muy linda Adriana.


—Gracias —respondí del mismo modo.


Se pasaron un rato hablando, yo estuve casi todo el tiempo en silencio, pero Anne dirigió su atención hacia mi.


—Bueno, según lo que me ha contado tu madre, irás a la misma escuela que Heathan. ¿Cómo te iba en tu anterior escuela?


Mi madre se adelanto enseguida:


—Adriana es muy inteligente, siempre saca muy buenas notas, incluso ganó un concur...


—¡Mamá! No hace falta, y yo puedo responder —dije tratando de no ruborizarme. Podría pasarse el día entero hablando de mi.


—Está bien cariño —dijo y volvió a mirar a Anne para seguir hablando. —Lo único que me preocupa es que la escuela está un poco lejos, y yo tengo que irme al trabajo más temprano, no tengo como llevarla en mi auto.


—Oh, ¡pero no te preocupes! —exclama Anne —. Heathan tiene su propio auto, el puede llevarla todos los días.


Ella siguió hablando, al parecer Heathan ya había cumplido los 18 años y había sacado licencia de conducir. Eso lo dejaba un año mayor que yo, que solo tenía 17.


—Anne, no tienes idea de lo agradecida que estoy. ¿Seguro que no será mucha molestia? —Preguntó mi madre.


Yo escuchaba atenta a todo lo que decían, como si fuera un fantasma en la sala.


—Para nada, Heathan estará encantado de llevarla. ¿Verdad Heathan?


Heathan, más bien, miraba con cara de horror a su madre, tal vez a él no le agradaba mucho la idea de tener que llevarme todos los días, y creo que yo tampoco quería ser una carga para él. «Ni siquiera le conozco bien.» Pensé.


Cuando se dió cuenta de que todos lo miraban al fin reaccionó:


—Oh, sí claro, no es ninguna molestia. —me miró una vez más y añadió: —Mañana a las siete vendré a buscarte.


La verdad es que él también se la había pasado como un fantasma, callado hasta ahora. De echo, parecía ser uno de esos chicos de pocas palabras, silencioso.


—Gracias... —dije y me fijé en sus ojos azules, sus rasgos era rectos, mandíbula cuadrada, nariz perfilada. Lleva una sudadera azul en la que no me había fijado hasta ahora con algún tipo de símbolo extraño que no logro reconocer desde mi posición.


Ellas se dedicaron a hablar más rato, yo me disculpé y me fui a mi habitación, tenía que terminar de preparar las cosas para mañana, o luego estaría corriendo de aquí para allá porque se me hacía tarde.


—Mañana será un buen día —dije en voz alta mirandome al espejo. Debía adaptarme a esta nueva ciudad, mi nueva escuela, hacer amigos... No podía ser tan difícil.


O al menos eso quería creer.


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