PRAY FOR ME

Summary

Yoongi busca aniquilar a los agresores de su novio Jimin, mientras su cuñado Jungkook trata de conquistar a Taehyung, un hijo de pastor. ✞ Tras haber sido encerrado en terapia de conversión por una comunidad religiosa, Jimin fue rescatado y criado junto a Jungkook, lo que los convirtió en hermanos de crianza. Siete años después, Jungkook conoce a Kim Taehyung, un hijo de pastor con el que inicia un cortejo secreto, que desafiará los principios religiosos en los que Taehyung siempre ha creído. Paralelo a esto, su hermano Jimin, sostiene un noviazgo codependiente con Min Yoongi, un chico que buscará vengarlo de la comunidad que lo hirió.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

✞ 18.


La habitación de Jimin estaba sumida en un oscuro silencio tranquilo. Por las cortinas de velos se colaban las luces del exterior, que trazaban en el techo líneas que se asemejaban a pinceladas delicadas. Yoongi, hecho un ovillo y cubierto por las mantas hasta la cabeza, dormía de espaldas a Jimin, abrazado por él.

Entonces ahí, en medio de la calidez de la noche, Jimin pegó un respingo, sobresaltado. Yoongi, que tenía el sueño frágil, a pesar de dormir bastante, se giró de inmediato para percatarse de que estuviera bien. Jimin tenía la respiración agitada y los ojos cerrados, se removía quejumbroso sin estar del todo despierto.

—¿Estás bien? —preguntó Yoongi. Jimin asintió mientras se acariciaba los pectorales—. ¿Qué pasa?

—Me duele el pecho —murmuró, adormilado, con el rostro contraído—. Tuve una pesadilla.

Yoongi pasó los dedos por la frente de Jimin, estaba sudoroso. Seguía sin despertar, se quejaba por inercia, con agotamiento y pataleaba con suavidad las mantas que se le habían enredado en las piernas. Yoongi lo desenredó y lo abrigó nuevamente con propiedad, Jimin dejó los pies quietos, pero aún se notaba incómodo.

—Te traeré agua —dijo. Escuchó a Jimin replicarle con una murmuración sosa, lo observó una última vez antes de salir de la habitación.

Jimin volvió a enrollarse bajo las cobijas, cerró los ojos y tuvo la impresión de haber dormido ya toda la noche, pero cuando su novio le tocó el hombro, reconoció que no había pasado mucho tiempo. Se lo sacudió de encima con un enojo repentino.

—Toma. —Yoongi le descubrió el rostro.

—Déjame —gruñó, enojado por la irrupción de su sueño.

—Bebe agua, sigues quejándote. —Yoongi le acarició el mentón con delicadeza—. Despierta.

—¡Déjame! —Giró en la cama. Al abrir los ojos, recobró un poco el sentido. Buscó a Yoongi con la mirada y lo encontró suprimiendo una risa—. Perdón, estaba dormido.

—Lo sé.

Jimin apoyó un codo en el colchón y medio se incorporó en la cama, los latidos del corazón aún le iban a toda marcha. Se bebió el agua de un solo trago, mientras su novio, sentado en la cama, lo escudriñaba. Al intentar dejar el vaso en la mesa de noche, que no podía alcanzar desde la cama, Yoongi lo recibió y lo acomodó.

—Ah… —Jimin soltó un suspiro, por el usual agotamiento de cuando se bebe sin pausa—. Gracias —murmuró y volvió a meterse bajo las mantas. Flexionó uno de sus brazos para reposar la cabeza y se cubrió el rostro hasta la nariz. Vio con ternura a Yoongi y él hizo lo mismo. Soltó una risita—. ¿Qué haces?

—Te observo —replicó antes de acostarse de nuevo, de la manera usual, siendo la cucharita pequeña de Jimin—. ¿Ya estás bien?

Ujum.

Jimin se acomodó mejor para poder abrazarlo. Depositó un beso corto en sus labios, se sintió insatisfecho, así que le dio otro, y otro más. Una fugaz descarga eléctrica le recorrió desde el pecho hasta el abdomen.

—Descansa —susurró Yoongi y acomodó la cabeza en la almohada.

Jimin le sujetó el mentón y le hizo girar el rostro. Una vez más tomó posesión de sus labios, esta vez con ferocidad. Sin poder contenerse, posicionó las manos en sus hombros, recostándolo contra el colchón y se le subió encima. La claridad le destelló dentro y se apartó a regañadientes.

—Lo siento, lo siento —balbuceó.

Jimin hizo el intento de volver a la cama, pero pensó: un beso más y ya. Sin embargo, sucumbió ante su propia necesidad e invadió la boca de Yoongi con su lengua, le toqueteó los pectorales, las costillas, la cintura y la cadera, con un desespero casi palpable.

De un salto se devolvió al colchón, se limpió los labios y vio a Yoongi con los ojos abiertos.

—Perdón, lo siento, es que… Lo siento —masculló.

Yoongi, que se hallaba un poco desconcertado por el repentino ataque pasional de Jimin, recargó el peso de su cuerpo en uno de sus codos y lo observó con una sonrisa ladina.

—No deberías disculparte por besar a tu novio.

—¿Cierto?

Jimin gateó hasta él y regresó a su regazo. Una vez más le besó, lo hizo con tanta urgencia, que dio la impresión de que su vida dependía de ello. Le metió las manos bajo la franela y recorrió la piel tersa de Yoongi con premura, al tiempo que, frotaba su entrepierna contra su cuerpo.

—Lo siento —susurró.

—¿Por qué? —preguntó Yoongi con dificultad.

—Lo siento —repitió Jimin. Irguió la espalda, marcando distancia—. Es que… Es… No estamos teniendo sexo y…

De nuevo, como si algo más fuerte que él, lo jaloneara hacia Yoongi, estampó en su boca un sartal de besos frenéticos, impregnados de deseo. Gimió, se alejó un par de segundos, se quejó y volvió a la tarea.

—¿Cómo tienes tanto autocontrol? —cuestionó mientras bajaba las desesperadas caricias de sus labios al cuello de Yoongi. Alzó la vista y sin darle tiempo a responder continuó:—. Debes enseñarme. —Se frotó contra él, de nuevo—. No me acostumbro a esta mierda, no puedo dejar de tocarte —se quejó.

—Tranquilo. —Yoongi le acarició el cuello—. Está bien.

Jimin volvió a alejarse, intentó respirar con lentitud. Pero mejor optó por desnudarlo, cosa que no le resultó, gracias a su torpeza.

—Hazme el amor —pidió en un jadeo—. Necesito que… —Tomó una ruidosa bocanada de aire— me hagas el amor.

—Mim…

—¡Lo sé, lo sé, lo sé! —lamentó con los ojos apretujados. Un quejido escapó de sus labios—. Lo siento.

—Cálmate.

—No puedo. —Se quitó la camiseta y observó a Yoongi con los ojos envueltos en lujuria—. Fóllame.

Por otro lado, Yoongi, algo preocupado, decidió tomar el control de la situación. Atrapó a su novio de la cintura y lo depositó en el colchón. Flanqueó su cuerpo con las rodillas, lo despojó del pantalón de pijama y la ropa interior. Jimin se removió nervioso, jadeó como si le aquejara un constante dolor y movió la cadera.

—Quítate esto —balbuceó Jimin, intentando quitarle la camiseta. Yoongi detuvo sus manos—. Lo siento.

—No te disculpes. —Se sacó la camiseta y la ropa interior.

Los ojos de Jimin destellearon al verle desnudo, recorrió su piel con la punta de los dedos y soltó una risita de alivio. Yoongi se enterneció ante su gesto.

—¿Mejor? —le preguntó.

—S-sí. —Jimin le rodeó la espalda y lo atrajo hacia él. Ciñó las piernas en su cadera y ambos se recostaron en la cama—. Lo siento.

—¿Por qué? —susurró con la boca pegada a su mandíbula.

—Porque estamos en una pausa… —respondió con los labios abultados, en un mohín culpable.

—Podemos reanudar cuando quieras. Todo lo que tú quieras. Tus términos —recordó.

Oki… —Jimin le depositó un beso en la frente—. Mis términos —repitió, una risita le brotó de la garganta. Dejó a Yoongi en la cama y se aproximó a su mesita de noche, sacó un lubricante y regresó a su lado. Dejó caer un chorrito sobre su mano y la ciñó sobre su miembro—. Un momento.

—Adelante.

Jimin cerró los ojos y se masturbó hasta que se sintió satisfecho, sin eyacular todavía. Se acercó la mano a la nariz, la olfateó e hizo una mueca de asco. Yoongi soltó una carcajada suave, tomó su muñeca y también la olió.

—¿A qué huele?

—A lubricante —respondió mientras le limpiaba la mano con su camiseta—. No está aromatizado.

Iugh. —Arrugó la nariz—. Esos no me gustan.

—Lo sé. —Yoongi lo observó—. Tenías prisa.

Ujum. —Asintió con una sonrisa y le vio la entrepierna. La erección de Yoongi aún no acaba de formarse, él soltó una risa que le hizo desviar la mirada—. ¿Qué es lo gracioso?

—Todavía me sorprendo de tu… —Yoongi, dejó que sus ojos traviesos le vieran la entrepierna y los regresó a su rostro— capacidad para despertarlo tan rápido.

Jimin atrapó la cobija con su mano izquierda y golpeó a Yoongi.

—Cállate.

—Estabas completamente erecto cuando te desnudé —señaló, mientras se cubría el rostro con los antebrazos para esquivar los inofensivos golpes de Jimin—. ¿Cómo tienes esa capacidad? ¿No es un súper poder?

—¡Que te calles! —Jimin aumentó la velocidad de sus ataques. Yoongi atrapó la manta y tiró de ella, haciéndole perder el equilibrio. Jimin chocó con su pecho y ambos rodaron en la cama—. ¡Suéltame, pervertido! ¡Eres un mal pensado, pecador, hijo del diablo!

Yoongi afianzó el agarre de sus brazos alrededor de la cintura de Jimin, mientras él pataleaba. Llegaron al borde de la cama y perdieron el equilibrio. Antes de que se fueran de bruces al suelo, Yoongi lo soltó para que pudiesen ponerse en pie. A Jimin le costó más estabilizarse, pero cuando lo hizo, tomó uno a uno sus cojines decorativos para lanzárselos a su novio. Cuando se le acabaron, Yoongi sonrió con un tinte malévolo y se acercó.

—¡No! —gritó Jimin, trató de salir de la habitación, pero Yoongi lo atrapó—. ¡No, no! —Soltó un sonoro alarido, seguido de una risa antes de que Yoongi lo estampara contra el tocador, dejándolo sentado sobre la mesa repleta de maquillaje—. ¡Ayúdenme!

—Gritas como si te estuviera matando. —Frunció el ceño, incómodo, aunque risueño—. Me reventaste un tímpano.

—¡Suéltame, loco! —exigió Jimin.

—No.

—Entonces te voy a… —Jimin le observó los labios.

—¿A qué? —preguntó con interés.

—A… —Jimin le palmeó los glúteos y lo acercó a su cuerpo de un tirón—… hacerte el amor hasta que… —Soltó una carcajada, echó la cabeza hacia atrás y se golpeó con el espejo del tocador. Yoongi rompió en risas al oír el impacto—. ¡No te burles que me dolió!

Yoongi negó y apoyó la frente en su pecho, no podía dejar de reír.

—Lo bueno es que al menos encontraste payaso gratuito —comentó Jimin, indignado.

—Ojalá hubiera grabado ese golpe… pude usarlo de beat en mis canciones.

—¡Cállate! —se quejó.

Las carcajadas se extendieron un par de minutos. Después, los dos volvieron a sumergirse en el silencio, aunque, a diferencia de las últimas semanas, este se sintió cómodo.

Jimin, que durante esos días, luego de lo ocurrido en casa de Yoongi, había empezado a cultivar algo de esperanza, tuvo la sensación de que empezaba a dar frutos. Se sentía… seguro. Tenía a un novio que le correspondía. Lo abrazaba, le correspondía. Lo besaba, le correspondía. Lo amaba…, le correspondía. Yo sé que me amas, aunque no lo digas, pensó. Yoongi, como si pudiera leerle el pensamiento, alzó la vista y le regaló una sonrisa cariñosa.

—Hola —murmuró Jimin.

—Hola, Novio —le respondió.

—¿Cómo estás? —Jimin le acarició los cabellos y el rostro.

—Normal —contestó, inexpresivo.

—¿Qué es estar normal? —cuestionó con los labios contraídos y el entrecejo fruncido. Yoongi esbozó una sonrisa de boca cerrada y alzó los hombros—. Bien, estás “normal” —dijo con obviedad, Yoongi amplió la sonrisa—. Me encanta verte sonreír.

—A mí… también. Cuando tú lo haces —añadió, desvió la vista y le acarició los muslos por inercia—. ¿Tú cómo estás?

—¡Perfectamente! —canturreó, sonrió un segundo antes de contraer ligeramente los labios—. Te extrañé.

—¿Por qué? —cuestionó sin verlo aún.

—Porque… no hemos hablado mucho estos días… —Suspiró—. Aunque hemos estado juntos.

—Sí.

Jimin le besó la coronilla, se pasó la mano por el pelo y retomó el entusiasmo.

—¡Olvidé que estábamos desnudos!

—Lo sé. —Yoongi subió las manos a su cintura—. Solo debías relajarte.

—¿Así tienes autocontrol? —Se frotó los labios con los dedos, nervioso—. ¿Relajándote?

—Supongo —repuso. Lo observó con atención—. Todavía estás erecto, pero no pareces ansioso.

—Oh… —Jimin se ruborizó. Palmeó los hombros de Yoongi—. Creí que ibas a negarte, eso me apuraba.

—Solo quiero que estés bien. Podemos tener sexo cuando quieras —remarcó la palabra.

Jimin observó un punto fijo tras de Yoongi, soltó una exhalación de agobio y confesó:

—Estoy cansado.

—¿De qué?

—De todo un poco. —Volvió la vista a Yoongi—. Pero para ser específico… Estoy cansado de creer que te acuestas conmigo por caridad.

Yoongi lo observó con extrañeza por unos largos segundos, luego alzó una ceja y acabó por reprimir una carcajada. Jimin, ante el asombro por su reacción, abrió los ojos lo más que pudo.

—Disculpa. —Yoongi carraspeó—. Eso es… —La última palabra osciló dubitativa en sus labios separados, un momento después, decidió soltarla en un susurro:— absurdo.

—¿Perdón? —Jimin ladeó la cabeza.

—No… —Yoongi sonrió—. ¿Olvidaste cómo luces? —Acortó la poca distancia que había entre los dos y golpeó los nudillos contra el espejo—. Gírate.

Jimin titubeó, pero obedeció. Su rostro se reflejó en el tocador, notó que su imagen ya no le causaba repudio. Se sonrojó y bajó la vista.

—No me… causan gracia tus miedos —aclaró Yoongi—. Es solo que… es absurdo para mí que creas eso. Eres atractivo.

—Por eso estoy cansado de creerlo.

—No soy caritativo —añadió—. Eso es para las personas buenas. Sabes que… no soy una de esas.

—No eres malo —rebatió Jimin con un puchero.

—Contigo —recalcó.

—¿Por qué?

—Porque eres mi novio —obvió con sutileza. Jimin le posó la palma derecha en el pecho, sobre los latidos de su corazón.

—¿Es porque me amas? —preguntó con timidez.

—Sí.

Jimin sonrió, su cuerpo sufrió un repentino calor ameno.

—Eres todo lo que siempre he soñado —confesó.

—¿Tus sueños eran tan simples?

—No eres simple, Min Yoongi —defendió—. Eres… increíble.

Los pómulos pálidos de su novio se tornaron rosas por el halago privado, con timidez apartó la vista y Jimin decidió depositar en su mejilla, el beso más tierno pudo encontrar en su interior.

Yoongi retrocedió.

—¿Qué pasa? —cuestionó Jimin. Yoongi negó con la cabeza—. ¿Por qué te alejas?

Yoongi titubeó, aunque su rostro parecía ocultarlo bien, Jimin logró percibir su nerviosismo.

—Estás cansado —murmuró.

—Sí… —Jimin atrapó la muñeca de Yoongi y lo acercó—. Quizá… quizá ya estoy cansado de culparme por disfrutarlo, o de desconfiar, o de… todo. Estoy cansado del sexo, pero no de ti, y es confuso porque cuando te veo pienso en sexo y… —Bufó. Se pasó la mano libre por el pelo—. Esto es… agotador.

—No me acuesto contigo por caridad.

—Lo sé. —Jimin saltó al suelo y agarró su manta—. Quizá deberíamos tener una conversación.

—Okey.

Jimin desdobló un pantalón de pijama del closet para Yoongi y se colocó el suyo. Lo tomó de la mano y caminó con él hasta la sala. Vio el reloj de la mesita de la entrada, eran las tres de la mañana. Descorrió las puertaventanas del balcón, cerró los ojos y respiró profundamente el aire fresco, dejando ir así, su nerviosismo.

—Ven, siéntate conmigo.

Jimin tomó el puff de tela que Jungkook le regaló por su cumpleaños y reemplazó la silla del balcón. Cuando Yoongi se sentó, le cubrió los hombros con su manta, después se acurrucó en su regazo y se cubrió también. Soltó una risita divertida.

—¿Qué pasa? —inquirió Yoongi en voz baja.

—Me comporto como un omega que trae a su alfa a un nido —confesó y estalló en una sonora carcajada.

—Pero yo soy el omega —comentó Yoongi.

—¡Claro que no! —rebatió, molesto, con el ceño fruncido.

—Sí.

—El top es el alfa —argumentó Jimin.

—¿Me trajiste a tu “nido” para discutir quién es el omega?

—¡Yo lo soy! —sonrió con un asentimiento.

—No puedo creer que estemos hablando de omegaverse. —Yoongi alzó una ceja y rodó los ojos. Jimin volvió a carcajearse—. Si soy alfa entonces tú también, y si eres omega entonces yo también.

—¡¿Por qué?!

—Porque eso de alfa y omega suena heterosexual —dijo y la nariz se le pobló con arrugas diminutas—. Y soy gay.

—Sea como sea, cualquiera se da cuenta que soy la parte femenina de la relación —añadió con una risa seca. Yoongi frunció el ceño.

—No.

—Claro que sí. Cualquiera puede distinguir quién es el dominante. A kilómetros puede verse quién es el pasivo.

Yoongi movió los ojos por el lugar. Las calles estaban desiertas, las flores se mecían con suavidad por la brisa, el cielo no dejaba ver ninguna estrella, los postes de luz opacaban a la luna y el balcón estaba iluminado por una tenue bombilla amarilla.

—Tú eres el dominante —dijo tras unos largos segundos de silencio.

—Ah… —Jimin suspiró, desanimado—. Ya recordé por qué te traje aquí. —Se aclaró la garganta y abrió la boca para hablar, pero Yoongi lo interrumpió.

—Soy gay —aclaró.

—Lo sé.

—Y me gustas porque eres un chico —siguió.

—Lo sé.

—Okey. —Relajó la espalda sobre el puff—. Continúa.

Yoongi observó el barandal del balcón, aguardando por lo que s novio tenía para decir, pero Jimin parecía haberse quedado sin habla, por lo que lo vio con confusión.

—Mierda… —susurró al fin—. Estoy tan jodido que no sé ni cómo empezar a explicarme.

—¿Por qué? ¿Qué ibas a decir antes de todo lo de los alfas y omegas?

—Iba a decir que… dominar me genera una mala reacción —confesó—. Pero ahora me doy cuenta de que… —Se pellizcó los labios con suavidad mientras pensaba—. No sé. —Ladeó la cabeza y tomó aire entre dientes—. Que siempre me he sentido como una puta —soltó de golpe. Yoongi, debajo suyo, se puso rígido.

—¿Por qué dices algo como eso?

—No sé —contestó con la vista perdida en una de sus plantas—. Siempre que vengo aquí me doy cuenta de cosas.

—¿Te has sentido así conmigo?

—No —murmuró, dubitativo. Frunció las cejas, pensativo y repitió con más claridad:—. No. —Hizo una pausa corta—. Pero me siento como… la mujer de la relación.

—¿Qué? —Yoongi dejó los labios entreabiertos un rato largo—. No hay mujer aquí, somos una pareja gay.

Ujum. —Jimin removió la punta del pie sobre el suelo, con rapidez. Seguía con la vista perdida y el corazón empezaba a latirle como si llevara horas bailando—. Hay tanta mierda en mi cabeza —susurró, atónito.

—Sí —convino Yoongi, se acarició el puente de la nariz y suspiró—. Las sesiones de f…

—Sí —interrumpió Jimin. Salió del estupor, recogió las piernas y se cubrió la boca con las dos manos.

—Mimi… —Yoongi le acarició la nuca con cariño. Jimin lo observó con los ojos abiertos en terror.

—Me siento como un abusador todo el tiempo —susurró—. Si soy un chico dominante, yo… —Cerró la boca y se mordió el labio con demasiada fuerza—. Y es más fácil ser imitador barato de una chica para no sentir esa culpa.

—Mierda, Jimin. —Yoongi le rodeó los hombros y lo acunó en su pecho—. No eres un abusador, ni una chica, ni la mujer de la relación, ni nada de eso.

—Creo que… —Jimin se incorporó con cuidado—. Debo ir por un vaso de agua.

Se levantó e ingresó al departamento con apuro. Agarró un vaso del platero, se sirvió agua de la llave y bebió de un solo trago. El corazón seguía latiéndole demasiado fuerte.

—Oye. —Yoongi reposó la mano en su cintura.

Jimin, que había olvidado que Yoongi estaba con él, pegó un brinco, sobresaltado, al oír su voz y sentir su tacto. Lo ignoró y se dirigió a la nevera. Las manos habían empezado a temblarle, pero logró agarrar una bolsa de verduras congeladas, se las puso en la nuca y se dejó resbalar hasta estar en el suelo.

Uno, dos, tres, cuatro. Exhaló. Uno, dos, tres, cuatro. Contuvo la respiración. Uno, dos… tres… Inhaló. Entonces, oyó su voz, y de nuevo recordó que no estaba solo.

—Mimi… —murmuró Yoongi, preocupado.

Jimin abrió los ojos y lo encontró acuclillado frente a él. Ya no estoy solo. Extendió la mano temblorosa y él la envolvió entre las suyas. Mantuvo los ojos fijos en su mirada durante esos agobiantes segundos en los que sentía que la vida le pendía de un hilo. Hasta que, volvió en sí. Tomó una bocanada de aire con alivio y dejó caer el hielo en el suelo.

Yoongi apoyó las rodillas en el suelo y se inclinó hacia el frente para cerciorarse de que estaba bien. Jimin lo abrazó, su respiración alterada se fue apaciguando en los brazos de su novio. Cuando se sintió dueño de sí mismo, se apartó.

—Lo siento, yo…

—Por favor. —Yoongi tomó la bolsa de verduras—. No te disculpes, Mimi. —Se levantó y la metió al congelador. Se sacudió las manos y le tendió una—. Vamos, levántate.

Jimin tomó su mano, se puso en pie y volvió a abrazarlo. Cerró los ojos mientras acariciaba la espalda de Yoongi con delicadeza, pasó las yemas de los dedos por el relieve sedoso de sus cicatrices, bajó por la línea de su columna y reposó las palmas en su cadera.

—No siempre se sale de control —dijo con voz suave y tomó una distancia milimétrica del rostro de Yoongi. Esbozó una sonrisa minúscula—. ¿Lo ves?

—Sí —respondió, con una mirada compasiva.

—No me veas así —rogó, se apartó de Yoongi y se retorció los dedos, avergonzado.

—Te veo normal.

—¿Normal? —Soltó una diminuta risa sarcástica—. Me ves con lástima.

—No es cierto.

Jimin alzó la vista, se acercó a Yoongi y plantó un apasionado beso en sus labios. Ambos retrocedieron hasta chocar con la alacena. Yoongi atrapó su cintura y le correspondió con la misma ferocidad.

—Estoy loco por ti —susurró Jimin, con el aire escaseado—. Más de lo que crees. —Reposó la frente en la suya y le acarició los labios—. Pero tengo un montón de mierda en la cabeza.

—Yo también —susurró Yoongi, con los ojos cerrados.

—Creo que no lo entiendes.

—Explícame.

—Te hartarás de mí —dijo Jimin en otro susurro—. Tengo miedo.

—No.

Jimin le besó las mejillas y dio un paso atrás. Ambos abrieron los ojos y conectaron sus miradas. Lo única luz que llegaba a la cocina, era la de la débil bombilla amarilla del pasillo y los trazos de sombras de la calle.

—¿Pero sabes qué? —Jimin apretó los labios—. Tengo más agotamiento que miedo. Estoy harto. Solo quiero… estar en paz.

—¿Qué quieres que haga?

—Quédate conmigo —murmuró. Acunó las mejillas de Yoongi en sus manos—. Quédate a mi lado… y ya.

—¿Solo eso? —preguntó. A Jimin le pareció que sonó decepcionado.

—Sí, Yunie. —Le dio un beso dulce en los labios—. Quédate hasta que logre descifrar cómo vivir con esto… —Tragó saliva con dificultad—. Sé que… no es fácil verme intentarlo, pero te juro que cada día estoy más cerquita de lograrlo. Solo… quédate conmigo, ¿sí?

—Okey. —Desvió la vista, se apartó con cuidado y caminó fuera de la cocina.

—¿Pasa algo? —inquirió. No se había movido ni un poco.

—No.

—Yoongi. —Se dio la vuelta y lo vio sentado, de espaldas a él, en una butaca—. ¿Qué pasa?

—¿De qué? —respondió con simpleza.

—No sé… —Agitó los brazos, frustrado—. Es difícil leerte.

—Okey.

—Mierda. —Jimin caminó hasta pararse frente a él. Yoongi desvió la vista—. Dime lo que sientes o piensas en este momento.

—No.

—¡¿Por qué?!

—No —dictaminó con una mirada firme.

—Pero… —Jimin tomó una bocanada de aire, dio media vuelta y expulsó lentamente el aire para calmarse. Se giró y acarició las mejillas de su novio con sus pulgares—. ¿Por qué?

—No. —Yoongi rehuyó su toque con brusquedad y confesó en un suave murmullo:— No sé hacerlo.

—¿No sabes hablar de tus sentimientos? —inquirió. Yoongi asintió —¿Por qué te pones distante de un momento a otro? —Apoyó la mano en la encimera y se mantuvo al margen. Yoongi se encogió de hombros—. ¿No sabes?

—A veces…

—¿Por qué lo hiciste ahora?

—Porque sí.

—No ayudas, Yoongi —espetó. Cerró los ojos con fuerza, no quería alterarse—. Dime… —Meditó su siguiente pregunta—… ¿qué tan controlados están tus sentimientos últimamente?

—¿Qué? —Yoongi lo vio confuso. Desde su posición, parecía un cachorrito regañado. Jimin se conmovió y reformuló la pregunta.

—¿Hay algún sentimiento que se te escape de control últimamente? —explicó con una sonrisa condescendiente. Yoongi asintió con lentitud—. ¿Cuáles?

Yoongi desvió la mirada hacia el pasillo, por encima del brazo de Jimin, parecía un recluso que quería escapar. Después de dudarlo bastante, respondió:

—La ira y el amor.

El entrecejo de Jimin se pobló de arrugas. Posó los dedos índice y corazón bajo el mentón de su novio y alzó su rostro en su dirección. Yoongi lo observó, con una mirada decisiva, sus pupilas estaban dilatadas, lucía airado, sí, pero también desamparado. Jimin tuvo un desagradable dejá vu, a ese horrible día del año pasado en su auto.

—¿Ira? —inquirió en voz baja.

—Sí.

—¿Es… por lo que te confesé? —Jimin supo que dio en el clavo porque Yoongi desvió la vista y rompió el contacto al ponerse de pie con aspereza—. Perdón.

—Tú no tienes que disculparte por nada —espetó en voz baja.

—Te lastimó mi confesión.

—¿Y qué? —Yoongi apretó la mandíbula.

—Mi amor…

—Tú lo sufriste —expuso con frialdad.

No pongas de nuevo una barrera…, sopesó Jimin.

—¿Y qué? —le devolvió la pregunta—. Eso no quita que te lastima y lo lamento.

—No… —La inexpresividad de Yoongi se desquebrajó—. No te disculpes —rogó.

—Yunie. —Intentó alcanzarlo, pero Yoongi retrocedió hasta estar bajo el marco del balcón—. Detente.

—No.

—Ya todo está bien —señaló Jimin con suavidad—. Fue hace mucho, estoy bien.

—Eso no es cierto —masculló.

—Bien… —Jimin rio sin gracia y expulsó el aire de sus pulmones—. Sé que no parece que estoy bien. Pero… ya pasó lo más difícil, te lo prometo.

—¿Y qué? —Yoongi lo observó con frialdad—. Eras un niño.

—P-pero ya no. —Esbozó una amplia sonrisa, a pesar de sentir una horrible carga en el pecho por enfrentar esa mirada tan cruel—. Tú lo dijiste, ya están muy lejos, ya no pueden herirme. —Jimin caminó hasta él e intentó tocarle el rostro, sin embargo, una vez más Yoongi retrocedió hasta quedar contra el barandal—. ¿Por qué te alejas así?

—Porque cambiamos de papeles, no me gusta —confesó.

—Entraré a la cocina y tú quédate en la sala, pero aléjate de la orilla que me vas a matar del susto. —Jimin ingresó al departamento y Yoongi tras él—. No tienes que consolarme siempre, puedo hacerlo al menos una vez, ¿no crees?

—No hay nada para consolar —aseveró.

—Qué terco eres. —Jimin se metió a la cocina, encendió la luz y cerró los ojos por inercia mientras se acoplaba—. ¿Así me veré yo?

—Acabemos el tema.

—Me prepararé un té, ¿quieres? —dijo mientras tomaba su frasco de semillas.

—Sí.

—¿Frío o caliente?

—Como quieras.

—Frío. —Jimin preparó las dos tazas de té, agarró una y se la tendió a Yoongi—. Toma —dijo. Él no se inmutó a tomarla—. ¡Toma!

—Déjame.

—Mi amor, ni siquiera estamos cerca. Toma tu té —indicó, moviendo la taza en el aire.

—Déjalo ahí. —Señaló la encimera.

—Qué exagerado eres, Min Yoongi. —Jimin dejó la taza en la encimera—. ¿Feliz?

—No.

Jimin se bebió el té a tragos largos, dejó la taza en el lavaplatos. Yoongi al fin se acercó a las butacas tomar el suyo. Antes de que pudiese darse cuenta, Jimin se dio la vuelta, acortó la distancia con rapidez, le agarró la cara y lo besó. El té se derramo, Yoongi se echó a atrás y maldijo en voz baja.

—¡Mimi! —reprochó.

—Ven aquí. —Jimin rodeó la encimera, pero, entre más rápido avanzó, más rápido retrocedió Yoongi hasta que acabó chocó con la puerta de la entrada—. ¡Ya para, no voy a comerte!

—¿No? —inquirió con una sonrisita pícara.

—¡Mírate! —espetó Jimin—. ¿Ahora estás juguetón?

—Sí.

—Estás mojado. —Jimin apretó los labios para no reírse.

—Por ti.

—Estás tratando de desviar la conversación. —Jimin lo besó con pereza—. Hablemos.

—Son las cuatro y media de la mañana, deberíamos dormir.

—Yunie.

—¿No tienes clases hoy?

—Dos bloques en la tarde y la extra de danza —respondió con altivez.

—¿No tienes que adelantar algo en la mañana? —inquirió. Jimin negó con una sonrisa—. Déjame.

Jimin juntó los pies y retrocedió, moviéndose como si fuese un pingüino hasta chocar con la esquina del pasillo. Yoongi esbozó una sonrisa divertida. Jimin alzó las palmas.

—Ya se fue la bestia —dijo y frunció la nariz.

—La bestia más tierna del mundo.

—Ya estoy lejos, puedes hablar.

—No.

—¿Por qué te cuesta hablar? —Puso las manos en la pared, detrás suyo y se empujó a sí mismo, una y otra vez, mientras seguía la conversación.

—No sé.

—¿Te molestan mis preguntas?

—A veces.

—¿Ahorita te están molestando?

—No.

—¿Si te sigo preguntando cosas, vas a seguir respondiendo?

—Es probable.

—Bien. —Jimin se detuvo. Se acarició el labio inferior, dubitativo—. ¿Alguna vez has dudado de mi amor por ti?

Yoongi lo observó con un atisbo desconfiado en la mirada.

—¿Por qué esa pregunta?

—Curiosidad. —Jimin se encogió de hombros e hizo un puchero despreocupado.

—Todo el tiempo —admitió.

—¿Qué? —Jimin ladeó la cabeza.

—¿De qué?

—¿Por qué? —Dio un brinquito en su lugar y se colocó las manos en la cintura.

—¿Con qué?

—¿Qué?

—¿O qué?

—¡Cállate! —reclamó. Yoongi se carcajeó—. Ya me confundiste con todo eso.

—¿Por qué?

—¡No! —alegó Jimin, lo apuntó con el índice—. Tú, ¿por qué?

—¿Por qué, qué?

—¡Ya olvidé lo que pregunté! —Pataleó y cerró las manos en puños—. Espera, déjame recordarlo.

—Okey.

Jimin dio vueltas por la cocina, en tanto se sostenía el mentón con una mano y tamborileaba en él los dedos. Después, dio un salto y corrió hasta estar casi pegado a Yoongi.

—¡Ya lo recordé! —celebró. Su expresión se tornó preocupada—. ¿No crees que estoy enamorado de ti?

—No sé —admitió.

—¿Hay algo que sepas? —Alzó una ceja a espera de una respuesta, sin embargo Yoongi solo hizo un encogimiento de hombros—. ¡Ay, Yunie! —exclamó, cansado, con la cabeza echada hacia atrás—. Esta conversación está patas arriba.

—Sí.

—¿Sí y ya? —Frunció las cejas con molestia—. Te amo.

—Okey.

—No, pero necesito que lo entiendas, ¿sí? —Sujetó a Yoongi por los hombros y pegó la frente a la suya, con apremio—. ¡En-ti-en-de-lo! —recalcó las silabas con lentitud. Yoongi volvió a reír—. ¿Por qué te burlas de mí?

—Eres lindo.

Jimin hincó los dedos en su piel. Emocionado, pataleó en el suelo mientras soltaba un chillido agudo y sus mejillas se coloreaban. Yoongi se lo sacudió de encima con una sonrisa.

—Me lastimas.

—¡Lo siento! —Jimin atrapó su cabeza con los brazos y la acercó a su cuello con brusquedad—. ¡Me emocioné!

—Mimi, no puedo respirar.

Jimin reemplazó el abrazó por besos exagerados, que repartió por sus mejillas mientras le sujetaba el rostro con una mano.

—¡Te amo, te amo, te amo! —Paró los besos para verlo a los ojos—. ¿Por qué dudarías de eso si me vuelvo un desastre con un halago tuyo?

—No dudo que me ames —aclaró y se zafó de su agarre—. Solo creo que tienes nublada la razón y un día vas a despertar.

—¿Qué?

—No soy bueno en esto —dijo, afligido.

—Yo tampoco —agregó Jimin.

—No es cierto.

—Sí lo es.

—No.

—No vamos a tener otra de esas —advirtió—. Tampoco soy bueno en esto. Yo también pienso que no me quieres —confesó en voz baja.

—Lo sé.

—¿Y…?

—Es normal —replicó Yoongi, con su tranquilo tono de voz—. No sé demostrarlo.

—No creo que el problema seas tú —apuntó Jimin—. Es que simplemente creo que soy difícil de amar y todo el tiempo pienso que vas a encontrar a alguien mejor y me dejarás.

Yoongi rio en silencio. Jimin, una vez más, quedó estático ante su reacción.

—Sentimos lo mismo —reveló.

—¡¿Qué?!

—Por eso me alejo —musitó—. Trato de hacerme a la idea antes de que pase.

—Yunie… —susurró—. Creí que te alejabas porque te hartabas de mí.

—Es… complicado.

—Eres y siempre serás el único en mi vida —afirmó Jimin.

—“Siempre”. —Se lamió los labios—. Es una palabra complicada.

—Creí que era bastante fácil leer que no te dejaría así como así —su voz sonó decepcionada—. ¿Qué quieres que haga para que lo tengas claro?

—No. Es… —Yoongi se deslizó por la pared, con sigilo, para alejarse de él—. Si llegara a aparecer otro chico, uno como Juwon, no volvería a interponerme.

—¿Juwon? —Le brindó una mirada de extrañeza—. No entiendo qué tiene que ver en esta conversación.

—Mucho.

—¿Me lo explicas?

Por las puertaventanas de cristal que daban al balcón, los primeros rayos del sol empezaban a colarse. Jimin, hasta ese momento cayó en cuenta de que aún estaban semidesnudos y que su tema de conversación inicial se había desviado por completo.

—Me… imagino cómo hubiese sido tu vida con él —siguió Yoongi, con su voz usualmente indiferente, que se fracturaba en las sílabas—. Fui egoísta una vez, pero no lo sería de nuevo. Sufres conmigo. Solo espero el día en el que alguien mejor llegue… para dejarte ir, porque mereces más.

Jimin asintió, trataba de asimilar la información, un nudo se le formó en la garganta y los ojos le ardieron de ira.

—Y de nuevo tú y tu pasividad. Me dejarías ir con tanta tranquilidad —recriminó.

—Sufriría —comentó en voz baja.

—¡¿Y por qué mierda quieres sufrir?! —exclamó con las manos hechas puños—. Nunca he querido que me dejes ir, ¡jamás!

—Porque es egoísta estar conmigo, Jimin —estableció Yoongi con voz firme.

—Al menos dame la cara para darme un argumento tan mediocre —exigió.

Yoongi dio media vuelta y lo observó, sus ojos lucían como un melancólico lago en quietud. Al verlo, Jimin lamentó de inmediato la rudeza de sus palabras, deseó no haberlas dicho.

—Ya —musitó con tristeza.

—Lo siento.

—Está bien. —Yoongi desvió la vista—. Creo que es normal enojarse.

—No, no, no. —Jimin caminó hasta él y le acunó el rostro con sus palmas—. Me aterra pensar que dejarías que me enamore de otro. Me aterra verme sin ti.

—A mí también.

—Soy un idiota.

—No.

—Debes dejar de creer que soy el mejor aquí porque no lo soy —reconoció Jimin, dejó caer los brazos y retrocedió—. Es como que… ¿T-te ha pasado alguna vez que deseas mucho, mucho algo, tanto que crees que jamás lo mecerás y una vez te lo dan no sabes aprovecharlo?

—Sí.

—Soy esa persona contigo.

—No.

—¡Por supuesto que sí! —alegó Jimin—. He pasado casi doscientos días creyendo que te acuestas conmigo por lástima. Eres tan… bueno conmigo, que no creo.

—No soy bueno.

—¡Lo eres! —insistió.

—No sé… hacer esto —repitió con un atisbo triste en la mirada.

—Yo creo que estarías mejor con alguien más, también.

—No —rebatió Yoongi—. Si te refieres a lo sexual, por favor no lo repitas, no me gusta oírlo.

—No es… —Sopló el aire de sus pulmones con pesadez e inhaló—. Creo que Juwon no me habría visto realmente desnudo. Y yo creo que… siempre me habría preguntado por qué no fui suficiente para ti como para que me dieras una oportunidad.

—Eres demasiado para mí. —Yoongi le sostuvo la mirada—. Lo que hacemos en la cama es… el mínimo de decencia que puedo brindarte.

—No es verdad —rebatió Jimin, frotó las palmas contra la puerta que estaba a sus espaldas—. Más de una docena de hombres vieron cómo me quedé quieto mientras me follaban, y ninguno se detuvo a preguntarme por qué.

»Quizá uno que otro me dijo algo, o trató de hacerme reaccionar, me dieron ordenes que seguí. Pero… ninguno se interesó en… hacerme el amor —la voz se le desquebrajó—. ¿Crees que un chico que salió del closet solo conmigo porque le confesé mis sentimientos, habría tenido en mente mi bienestar? No puedes asegurar que él era mejor que tú.

—Pero hay mejores.

—¡No puedes saberlo! —gritó Jimin, las lágrimas le rodaron por las mejillas—. Y yo no quiero averiguarlo. No quiero que me dejes ir, no quiero perderte.

—Nunca cortaré contigo, te lo dije. —La mirada de Yoongi se hizo severa—. Pero no haré nada para impedir que alguien mejor te seduzca.

—¡¿Qué?!

—Habrá un momento en el que te des cuenta de que no aporto nada y tomarás la decisión de dejarme.

—¡No! —bramó Jimin. Frustrado, se limpió las lágrimas a manotazos—. ¿Me crees así de desalmado?

—No.

—¡¿Entonces por qué piensas que voy a engañarte?!

—Cortarás conmigo antes.

—¡Deja de decir estupideces, Min Yoongi! —Escondió el rostro en sus muñecas—. Mi amor no es frágil.

—Cada día lo quiebro más.

—¡No es verdad! —Bajó los brazos—. ¡Me molesta tanto que pienses eso!

—Esto soy yo.

—¿Por qué? —preguntó en medio de un sollozo—. Solo dime por qué, solo eso.

—Es lo único que conozco —reveló con vergüenza.

—¿Eh?

—Así me criaron —musitó.

—¿Esto es por tus padres?

—Sí.

—Yunie…

—Nunca dejé de ser esa maceta rota —confesó con lástima—. No me culpes por querer perderte, no me siento suficiente. No lo soy.

—No eres el único roto aquí —replicó, una lágrima gruesa cayó al suelo. Jimin se acercó a pasos lentos, enredó el brazo izquierdo alrededor del cuello de Yoongi, con la mano derecha le acarició los cabellos blancos y le sostuvo el mentón para verle el rostro—. ¿Qué pasaría si yo tuviera ese pensamiento?

—Nada —contestó sin verlo, ni tocarlo.

—¿Qué?

—No puede seducirme otro.

—¿Crees que soy fácil de seducir?

—No eres muy exigente si te enamoraste de mí —su voz, a pesar de sonar calmada, dejaba entrever un matiz melancólico.

—Qué duro eres con nosotros. —Jimin apoyó la frente en la mejilla de Yoongi y cerró los ojos. Él, por fin le correspondió, al tocarle la cintura—. Puedes querer perderme, puedes hacer muchos esfuerzos para desgastar mi amor, pero nadie, nunca, tendrá esta conexión conmigo. Jamás.

—No pue…

—¡Puedo asegurarlo! —intervino Jimin, lo abrazó con más fuerza y le acarició los labios con las yemas—. Tú intenta perderme, yo me aseguraré de seguir siendo tuyo.

Yoongi, extrañamente, le devolvió el abrazo. Lo juntó a su cuerpo y escondió el rostro en su cuello. Jimin lloró de alivio, en silencio, y disfrutó del abrazo de su novio.

—Okey —murmuró Yoongi, se separó un poco y observó a Jimin a los ojos—. Estás frío.

—Debemos dejar de tener este tipo de charlas desnudos y de madrugada —bromeó con delicadeza. Yoongi le limpió las lágrimas con los nudillos, Jimin atrapó su mano y la besó—. Te amo… mucho —musitó. Yoongi esbozó una sonrisa tímida—. ¿Me amas?

—Más que a nada en el mundo —aseguró sin verlo a los ojos.

—¡Perfecto! —Jimin acunó su rostro y le besó la frente—. Hora del postre… —Soltó una risita— aprovechando que estamos casi desnudos.

—Okey —replicó con otra risita tímida, bajó el rostro a sus labios y Jimin, que sabía leerlo, depositó un beso en su piel—. Pero no te obligues a nada.

—¡No lo haré! —Jimin retrocedió, sin dejar de sonreír—. Espérame, regreso en un segundo.

Jimin echó a correr por el pasillo hasta su habitación, abrió el maletín rosa e impaciente, dejó caer la mayoría de los juguetes en la cama. Halló el frasco pequeño que necesitaba y volvió de prisa a la cocina. Yoongi bebía un vaso de agua, Jimin se lo quitó de las manos y lo hizo girarse para que lo viera. Yoongi ahogó un quejido.

—¡Lo siento, lo siento! —Besó su mejilla.

—Okey. —Yoongi soltó un suspiro. Jimin agitó frente a sus ojos el pequeño lubricante especial—. Ah… ¿Estás seguro?

Jimin sonrió, asintió con exageración y destapó el frasquito, una inseguridad repentina lo arribó, así que lo cerró.

—¿Te molesta… volver a lo vainilla? —preguntó, avergonzado.

—No.

—Yo… —Jimin se tamborileó los dedos en los labios, inquieto—. Desde que… hablé de ella… No quiero explicarlo ahora, pero, le he… No quiero pasar el límite y ser agresivo.

—Entiendo.

—Y… —Lo observó, inseguro—. Me quiero culpar por volver a lo vainilla, pero estoy cansado de eso.

—Me gusta —aclaró Yoongi, le rodeó la cintura con un brazo y lo acercó—. Siempre encontramos la forma de hacerlo divertido. Vainilla está bien.

—¿Seguro?

—Sí.

—Bien. —Depositó un beso corto en sus labios—. Voy a creer que está bien.

—Lo está —afirmó Yoongi con una sonrisa minúscula—. Descubriste lo que ocurría, tendremos cuidado.

—Gracias. —Jimin le dio un abrazo cálido—. Te amo —susurró.

—Y yo a ti.

Jimin se apartó, destapó el frasquito, dejó un punto de gel en su pulgar, abrió la boca y se lo aplicó en el punto más alto del paladar. Chasqueó la lengua y la sacó varias veces, con una mueca graciosa, que hizo reír a Yoongi.

—¿Todo bien? —le preguntó con suavidad.

—Perfecto, Corazón Mío. —Jimin tomó una respiración profunda, bajó con cuidado y se arrodilló en el suelo de la cocina.

—¿Qué quieres que haga con las manos?

—Eh… —Jimin coló los dedos en el pantalón de pijama de Yoongi. Alzó el rostro y lo observó con una sonrisa amplia—. Lo que quieras, pero no me empujes.

—Okey.

Jimin dejó que el pantalón se deslizara por las piernas de su novio, hasta sus tobillos. Dejó un rastro de besos desde la rodilla derecha hasta su pelvis y repitió el proceso. Yoongi jadeó. Subió las manos a su cintura y también le colmó de besos el abdomen bajo, con la punta de la nariz trazó una línea hasta su miembro y también lo besó. Yoongi rio.

—¿Extrañabas mis besitos?

Mmm… —Yoongi soltó una carcajada suave—. Me reservo la respuesta.

—Yo sé que te gusta. —Jimin tomó su miembro, que aún no terminaba de ponerse erecto, y lo besó—. Aunque lo niegues.

—No lo negué.

—Lo sabía.

—Pero tampoco lo afirmé.

—Cállate ya, precioso. —Jimin pasó la lengua por su pene, robándole un gemido—. No, no te calles.

—Okey —rio.

Jimin soltó una risita y se relajó. Se relajó porque por primera vez se dejó envolver completamente por la esperanza, por el cariño y por la seguridad que tenía ahora en que sí que podía hacer el amor con un chico, y no con cualquiera, sino con un novio, uno real, que lo amaba y apreciaba, aunque no se lo dijera. Su precioso novio, Min Yoongi.