Prólogo
Mayo de 2022
Seúl
No sé una mierda de política estadounidense. Ni tengo por qué. Soy ciudadano coreano y sé que la política fuera de mi país ya es de por sí lo bastante confuso. Y la verdad no me interesa mucho. Sin embargo, me veo obligado a trabajar todo el tiempo con las secuelas que dejan los asuntos políticos. Me dedico a la seguridad, tanto privada como para el Gobierno Coreano. Soy bueno en mi trabajo. Me lo tomo muy en serio. En mi profesión tienes que ser bueno porque cuando no lo eres… alguien muere.
Un congresista estadounidense fallece en un accidente de avión. Noticia, seguro. Pero si dicho congresista es el candidato del partido de la posición a la vicepresidencia y las elecciones son en tan solo unos meses, entonces se convierte en noticia mundial en un segundo y de manera viral. Sobre todo, cuando la gente que quiere el poder haría casi cualquier cosa para garantizar que la persona que está a cargo no ocupe nunca un segundo mandato. Desesperados por encontrar un sustituto, el Partido Republicano lógicamente necesitaba rellenar el hueco de su lista de candidatos. Y así fue como lo descubrí a él.
Primero recibí un correo electrónico de su padre. Una voz de mi pasado que me saludaba de manera amistosa y me recordaba todo lo que habíamos conseguido en la vida. De acuerdo. Mi pasado ha sido interesante, tanto para lo bueno como para lo malo, y él había llegado a mi vida en los momentos buenos.
Lo que vino a continuación fue una llamada en la que me dijo que tenía un hijo viviendo en Seúl. Estaba preocupado por su seguridad y trató vagamente de explicarme por qué. Fui educado por él, pero sabía con certeza que no tenía ninguna intención de involucrarme. Estaba hasta arriba de trabajo.
Encargarme de la seguridad VIP de la próxima Expo Mundial Busan 2030 consumía todo mi tiempo y no tenía ni un segundo libre para el hijo de un tipo que conocí en un torneo de póquer hacía más de seis años.
Le dije que no. Estaba incluso preparado para recomendarle, como un favor personal, otra empresa de seguridad cuando él jugó su mano. Los jugadores de póquer saben cuándo jugar sus manos. En su segundo correo electrónico me mandó una foto de él. Esa foto lo cambió todo. Después de verlo dejé de ser el mismo y no pude volver a ser el hombre que era antes. No después de que nos conociéramos aquella noche en la calle. Todo mi mundo se alteró por
culpa de una fotografía. La fotografía de mi precioso chico coreano-americano.







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