Apagón
"Eres realmente malo en esto Isaias"
Gritó Tomás a la vez que se levantó del asiento donde se encontraba, el cual conservó la forma de su cuerpo por unos segundos, le ordenó a la computadora entrar en modo suspensión y se tocó 2 veces el lóbulo de la oreja para dejar de escuchar las voces que le gritaban en respuesta a lo que había dicho unos momentos antes.
Una vez hubo estirado sus articulaciones un poco, Tomás sintió unas inmensas ganas de orinar, por lo que sin darle dos vueltas al asunto se dirigió apresurado al baño de su departamento. Mientras caminaba pasó frente al ventanal que daba al balcón y se quedó mirando unos segundos como usualmente le gustaba hacer; La hermosura de las luces de neón que adornaban cada fracción de arquitectura, de los autos que se deslizaban por los rieles que formaban una hermosa carretera de destellos, el movimiento en las pantallas que se desplegaban y replegaban al pasar de las personas y el juego de las estrellas nocturnas que no paraban de moverse en ningún momento creando curiosos patrones y cuyo titileo parecía un saludo, era una imagen que simplemente no podía dejar de maravillarlo, una maquina de luces que nunca había visto detenerse, pero las ganas de orinar eran más fuertes.
Entró al baño, el cual se iluminó dándole la bienvenida y Tomás procedió a realizar sus necesidades, una vez terminó, se limpió las manos en una solución de jabón y aromas que se secaron enseguida y salió del baño, el cual se cerró y emitió sonidos de descarga. Volvió a su cuarto, el cual permanecía iluminado solamente por una pequeña fuente de luz que emanaba del suelo, una vez se sentó en la silla y se sintió cómodo le ordenó a la computadora encenderse otra vez, se tocó el lóbulo del oído otra vez y le preguntó al aire:
"¿Quieres jugar otra?"
Pasaron unas cuantas horas y Tomás seguía sentado, habiendo cambiado de posición solo unas cuantas veces. Se había unido más gente a la conversación y ahora las risas no cesaban, el pensaba que había hecho amigos realmente buenos y que quizás debería hacerles algún regalo, algún cosmético para un juego o quizá algunos créditos, estaba muy absorto en sus pensamientos, tan absorto que no se perturbó cuando las voces en su cabeza dejaron de sonar, tan absorto que no notó que a lo lejos se había producido un choque, cosa que no pasaba hace ya muchos años, Tomás se encontraba en un grado de concentración tan grande que solo pudo salir de este cuando su pantalla se apagó y se encontró solo, solo y en silencio, pudiendo escuchar el sonido de su corazón por primera vez.
Pasaron algunos minutos, minutos en los que se quedó en la misma posición que estaba, sin mover un solo musculo, como si de eso dependiera que la luz volviera, pero no volvió. Tomás reviso su teléfono inteligente y casi se le detiene el corazón cuando se dio cuenta de que solo tenia 8% de batería, redujo el brillo al mínimo y, temblando, comenzó a enviarle mensajes a sus amigos con los que solo minutos antes había estado hablando alegremente, pero sus mensajes no terminaban de enviarse, fue ahí cuando se dio cuenta de algo que había pasado por alto, no tenia internet ni cobertura telefónica, nunca había estado en una situación parecida.
Apagó inmediatamente la pantalla de su dispositivo para intentar conservar la batería el mayor tiempo posible y miró a su alrededor, todo estaba muy oscuro y sus ojos acostumbrados a las luces fulgurantes difícilmente podían distinguir las formas de su departamento, pero logró salir de su habitación. Con la respiración cada vez más acelerada se dirigió al ventanal del balcón, una vez estuvo frente a este las piernas de Tomás dejaron de responder. Las maravillas que minutos antes lo acobijaban habían desaparecido y todo lo que podía ver fuera de la ventana era oscuridad.
Se arrastró denuevo a su cuarto y cerró la puerta, se sentó en el piso apoyándose en el muro y comenzó a llorar. Se sentía sobrepasado por la situación y perdía cada vez más el control de si mismo, su corazón empezó a latir cada vez con más rapidez y empezó a respirar desesperadamente, sintió que una gota le recorría la nuca y luego otra se le metía al oído, se percató del calor que lo estaba inundando, pero aun así temblaba, temblaba como si su cuerpo ya no fuera suyo y ya no pudiera recuperarlo. Su espalda se despegó de la muralla donde estaba apoyado y cayó al piso, en esa posición se encontró mirando el techo y encontró en este figuras siniestras, que se iban cuando pestañeaba y volvían cuando las dejaba de ver, rostros deformados que abrían la boca de forma obscena para engullirlo o que descubrían los ojos hasta que se le salían de las cuencas para no perder su rastro. Sin la posibilidad de moverse, Tomás empezó a sentir una fuerte presión en el pecho, como si alguien hubiera decidido sentarse sobre el, la presión cada vez era mayor, Tomás pensó que iba a morir, que de alguna forma iba a ser consumido por los rostros que ahora parecían reírse de el. Tuvo el impulso de buscar en su teléfono si habría algo en la web que lo pudiera ayudar, así que apoderándose de las últimas fuerzas que le quedaban se llevó la mano al bolsillo y sacó su celular, cuando encendió pudo ver dos cosas, ahora solo tenia 3% de batería y una nota en la parte superior que le advertía: sin señal.
Los rostros comenzaron a reírse a carcajadas, burlándose de su penoso fracaso y Tomás lentamente empezó a perder la conciencia. Tres horas después del apagón, se desmayó sin siquiera recordar apagar la pantalla de su celular, el cual cayó entre la puerta y su brazo.
Tomás despertó, pero para su desgracia todo seguía igual, el mundo estaba cubierto por la oscuridad y el silencio, se volvió a incorporar y comenzó a pensar con más claridad.
Me quieren controlar
Quieren controlar mi vida
Están esperando que me rompa
Nunca lo vi tan claro
Tomás decidió que no podía quedarse más tiempo en ese edificio, seguramente lo estaban escuchando, seguramente lo habían estado envenenando con la comida que le llevaban a la habitación, de alguna forma habían estado leyendo sus pensamientos y ahora le estaban quitado lo único que lo mantenía lejos del dolor, lejos de la realidad. Sin pensarlo un segundo más abrió la puerta de su departamento y salió a la calle, algunas luces de emergencia dejaban ver los remanentes de lo que habían sido las maravillas de la nueva era, todo acabado en un par de horas.
El mundo ya no estaba bajo la cobija del silencio, Tomás pudo escuchar inconfundibles gritos a la distancia, vidrios quebrándose, llantos de niños y de madres, Tomás no podía darle cabida a todo lo que estaba presenciando, todo lo que conocía se había acabado y no podía hacer nada para revertirlo.
Tomás empezó a caminar por lo que parecían ruinas, caminó y caminó por mucho tiempo, sin pensar en nada, hasta que la luz del sol comenzó a iluminar el infierno en lo que se había convertido la ciudad, las tiendas habían sido saqueadas, los autos ya no andaban por los rieles y las estrellas ya no saludaban más, rendido, Tomás se recostó en una esquina y se quedó dormido.
Cuando despertó Tomás pensó que no era buena idea volver a su edificio, quizá los rostros no se habían marchado aun, ni el día siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente.
Días después del apagón Tomás pensaba; Las sombras lo miraban, a la vuelta de las esquinas ojos lo observaban con pupilas febriles, cabezas blancas como la nieve se arrastraban y se le quedaban viendo, voces le recordaban el daño que le habían hecho, las voces le recordaban como le arrebataron su mundo a cambio de nada, y sentado Tomás seguía pensando que Dios lo había olvidado y le haría recordar que seguía ahí, abandonado en un mundo que ya no le ofrecía nada.
Tomás se levantó y se sacudió el polvo de encima, creyó recordar haber pasado fuera de una casa que le llamó la atención unos días antes, empezó a correr con todas las energías que le quedaban. Las rodillas se le doblaban, tenia los ojos desorbitados y la saliva se le escapaba por la comisura de los labios, había encontrado todo lo que necesitaba para dar un paso más, un propósito.
Pasaron pocas horas para que llegara a su destino, una casa humilde, que parecía conservar arquitectura de tiempos olvidados, Tomás decidió esperar a que se hiciera de noche, se quedó dormido fuera de la casa.
Y del cielo surgieron llamas
Y de la tierra manos que lo cobijaron
Había un chico rebelde
Salió en la mañana
El suelo era su cama
El cielo su toldo
Neón, neón, neón
Una lampara de neón azul en un campo de medianoche
Una luz bailarina lo despertó, ojos grandes como platos lo miraban sorprendido, eran los ojos de un niño pequeño. Tomás estaba dentro de la casa, acostado en una cama, junto a la luz de una vela que lo rozaba con su tierno calor y frente a el un niño pequeño que comenzaba a temblar.
Una sonrisa le deformó las facciones al momento que los rostros volvían a emerger de los rincones, estaban expectantes, con los ojos muy abiertos para no perderse un segundo del espectáculo que se iba a llevar a cabo, Tomás le rodeó el cuello con las manos al niño que permanecía inmóvil frente a el y comenzó a apretar. En un principio apretó débilmente, pero al sentir las pataletas del niño aplicó toda la fuerza que conservaba, sintiendo carne y hueso retorcerse bajo sus dedos. El niño poco a poco dejó de moverse, con los ojos llorosos y desorbitados orinó sus pantalones, Tomás estaba apunto de terminar con su agonía cuando sintió que perdió la fuerza, por su frente comenzaron a recorrer pequeñas gotas cálidas, perdió completamente la capacidad de oir y cayó al suelo. Con la vista nublada pudo ver como una mujer empapada en sudor y lagrimas levantaba al niño que comenzaba a toser.
Tomás murió sobre orines a la luz de las velas dos días antes de que volvieran los servicios electricos.