Microrrelato 1: Día, tarde y noche de otoño
Sentada en el viejo sofá de aquella biblioteca privada, me encontraba releyendo Luz que siembra. Al lado, una taza de café humeante. Al fondo, una ventana donde entraban los rayos de sol. Abierta también, donde entraba el aire y el aroma a campo. Con esa tranquilidad seguí leyendo el libro que tenía entre mis manos. Sin darme cuenta ya había oscurecido, el café se había enfriado y el aire fresco se había convertido en frío como el hielo. Así pues, las circunstancias en la que me encontraba, decidí dejar la lectura hasta el próximo día. Me levanté del viejo sofá de aquella biblioteca, cerré la ventana, recalenté el café y decidí que Morfeo hiciera su trabajo.