Chapter 1
Teddy saltó sobre sus pies al primer toque por parte de Draco a la puerta de su padrino. Se avecinaba una tormenta. Y no era por el clima o la estación no, era por el niño hiperactivo que hasta hacía una media hora representaba el epítome de lo correcto y angelical. Pero era posar los pies en los escaloncitos de "Don Perfecto Potter" y se transformaba en una bestia hambrienta de juegos, comida y los dichosos dibujos animados. Llevaban dos años con esa dinámica; un fin de semana al mes cada uno. También, y Draco no entendía lo práctico en ello, eran los encargados de llevar a Teddy a la casa del otro. Bien podían recogerlo de su hogar directamente o que fuera su tía quien lo trajera al domicilio correspondiente, ésto era una pérdida de tiempo que Potter impuso insistente. Así que allí estaba, a un día de Nochebuena frente a Grimmauld Place para dejar a su primo o lo que fuera en casa del "Cuatro ojos"
—Teddy, retén tu entusiasmo o pensaré que Potter es tu favorito —dijo medio en broma medio en serio.
—Los dos sois mis favoritos... —alzó la cabeza sonriendo— o no... Igual tengo como favorito a un Weasley.
—Seguro es Molly —masculló malhumorado.
—¿Quién sabe? —respondió inocente.
"Inocente mis huevos", pensó sorprendido. Teddy cada día era más audaz y espabilado.
La puerta se abrió y por ella apareció Harry con un jersey feo, unos vaqueros raídos y unas zapatillas dignas de un sacrificio espartano; directamente al acantilado. Teddy saltó sobre él gritando «padrino» y se abrazaron. Los celos bulleron en Draco pero no demostró más que frialdad y cierta expresión de burla. Se miraron a través del hombro del pequeño y el moreno le dedicó una sonrisa más abierta.
—Malfoy, pasa anda, que tengo merienda.
—Gracias pero no, estoy muy ocupado.
"Y una mierda, no tengo porqué ver como Teddy se desvive en risas y mimos con él mientras que a mí ni se me acerca". Definitivamente no lidiaba con los celos, sobre todo cuando se esforzaba por ser más cariñoso y divertido, por ofrecerle los pasteles más dulces y las actividades más entretenidas. Más todavía porque su hijo Scorpius y Teddy se llevaban de maravilla.
—Por favooor —rogó el pequeño en los brazos de Harry. Le compuso un puchero digno de un primogénito de sangre pura y se desinfló.
Draco suspiró y entró. Entrar en casa de Potter era otro mundo: un mundo lleno de fotos y sonrisas, de decoración navideña muggle, de olor a chocolate y bizcochos, de calor reconfortante y luz tenue bañando un cachivache infernal llamado televisión. La pesadilla comenzó y él tuvo que sentarse todo elegante en aquél horrible sofá para contemplar de primera mano a padrino y ahijado bailando como dos amebas frente a la pantalla y haciendo una coreografía del opening de esos odiosos dibujos animados.
Sentía vergüenza ajena y más envidia. Se quedó ensimismado observando a Potter como siempre le ocurría. Era vulgar, directo y simplón. Pero también era alegre, enérgico y amable. Nunca le pareció especialmente guapo pero tenía su atractivo. Atractivo estúpido proviniendo de un mestizo aún más estúpido. Retuvo un suspiro de frustración. A quién quería engañar, no era su apariencia lo que más le llamaba la atención. Era... No supo el qué: ¿Su carácter voluble e impetuoso?¿Su amor por los niños?¿Sus ojos diseccionando el alma?¿Su sonrisa ufana?¿Sus expresiones claras?¿Lo bien que trataba a Scorpius y lo cariñoso que se mostraba con él?
Parpadeó aturdido, la canción había terminado y ya estaba el pequeño diablillo sentado frente a la televisión mientras Harry le hacía señas para que le acompañara a la cocina.
—¿También quieres chocolate? —Harry le ofreció una taza mientras preparaba dos más y cortaba el bizcocho.
—Vale.
Mantenía una distancia de seguridad de dos metros, como si portara el famoso covid que aún repercutía en la sociedad muggle.
—¿Por qué no has traído a Scorpius?
—Le toca estar con su madre.
Harry le miró confuso— ¿Y noche buena?¿Estarás separado de él?
Draco se encogió de hombros y le ayudó a llevarlo todo al salón.
—Nunca había ocurrido, pero Astoria pasará las Navidades con sus padres, su madre está muy enferma y necesitan de Scorpius para levantar la moral.
—¿Y no te han invitado?
—Lo hicieron, pero me resulta incómodo y no me llevo bien con el señor Greengrass. Que lo pasen en familia, no me supone ningún problema.
—¿Y tus padres? —Se sentaron en el sofá tras proveer a la bestia diminuta.
—De viaje, ellos ya hicieron los rituales pertinentes.
Hubo un silencio extraño que se tradujo en Draco saboreando dudoso el bizcocho y Harry rumiando sin parar.
—Vas a estar solo —dijo como una obviedad el moreno.
—¿Me ves cara de divorciado amargado?
—Sí. —afirmó bromeando.
Menudo golpe bajo recibió el rubio, y en contraposición buscó la manera de defenderse y ya de paso vanagloriarse.
—De divorciado tal vez... De amargado te aseguro yo que no.
Se miraron largo rato y si las cejas repetidamente alzadas de Draco no fueron un indicativo de su saludable vida sexual, Potter de verdad era tonto.
Hubo una mueca extraña del moreno y una sonrisa ladina triunfal del rubio. Todos sabían que Harry era muy reservado para las relaciones y no se comía un colín. Draco por el contrario y pese a no difundirlo a los cuatro vientos, gozaba del calor de un cuerpo casi siempre que lo deseaba. La mueca extraña se transformó en un rostro serio y taciturno que se quedó mirando el televisor y Draco empezó a sentirse incómodo. La atmósfera cambió, se hizo espesa y opresiva. Decidió dar por terminada la velada y se levantó del sofá.
—Creo que ya he abusado mucho de tu hospitalidad Potter, nos vemos en Año Nuevo.
Harry le cabeceó severamente serio, hasta triste y el pecho de Draco se oprimió rebelde. Mil veces y una más pensó en darle una indirecta y probar... Sexo con Potter y lo que surgiera. De conocerse bien llevaban dos años y Draco juraría que como pareja serían estupendos, es decir: se complementarían, serían una familia más grande y unida, y él se encargaría de transformar a «Hola, nado en galeones pero me gusta parecer un vagabundo» en un mago más elegante. Harry era muy cariñoso y hogareño y a Scorpius le vendría de fábula, a Malfoy mayor también le vendría bien una buena dosis de mimos Potter. De esos que te estrujan y te besan la mejilla con tanto amor y dulzura que Draco se derretía al imaginarlo. De miradas cargadas de amor fiel y honesto típico de él, de muchas cosas que Draco podía adivinar a través de la vida y que deseaba, añoraba y temía. Porque ellos eran lo que eran y Draco no sabía ser más directo, no sabía comportarse con Harry como lo haría con un amante, no era capaz de lanzarse, de emprender sin miedo... Y no veía señales de que Potter pudiera estar interesado en él. Excepto por hoy, hoy parecía que le había entristecido su nutrido currículum sexual. Pudiera ser envidia, pudiera ser la oposición a su actitud, pudiera ser derrotismo, porque Harry no encontraba a nadie, mil cosas. Y Draco no preguntaría abiertamente porque un muro invisible se lo impedía.
—¡Otro de Pikachu! ¡Tío Draco, baila conmigo!
El grito los sobresaltó a ambos y una pequeña mano estiró del rubio hacia la televisión. Teddy se puso a realizar la coreografía y le insistió con la mirada a Draco, el cual se mantuvo como un berro plantado y mustio, observando perdido la pantalla. Harry sonrió colocándose a su derecha y fueron haciendo los pasos del opening. Se sentía ridículo y torpe pero era divertido.
—¿Por qué no te quedas con nosotros a cenar y dormir? —Ese no fue Potter sino Teddy con ojos de cervatillo y puchero de boca incluido.
—No es adecuado, y además deberías de pedirle permiso a tu padri...
—Por mí no hay problema —interrumpió Harry.
—Vas a estar muy solito sin Scorpius, y Harry y yo también lo estaremos aquí.
Lo miró suspicaz, aquello encerraba una trampa. La carita de cervatillo se mantenía, el pucherito también, las manitas de ruego eran algo nuevo pero lo que le sorprendió fue el pisotón que le propinó a Potter cuando éste fue a hablar. Y Potter se calló.
Se calló.
—Porfiiiiiiiiii —dijo saltando sobre sus pies e ignorando los dibujos, sus dibujos favoritos.
Draco pestañeó frunciendo el ceño pero finalmente aceptó. Teddy saltó de alegría para seguidamente ignorarlos y seguir viendo la televisión.
—Ese niño te maneja Potter —le advirtió ya en la cocina y mirando qué hacer de cenar.
—Y a ti también Malfoy.
La cara de serio tristón se le había ido de un plumazo al moreno y Draco se encontró nervioso y perdido ante la nueva situación.
Comenzaron a cocinar tras tres peleas por el menú, varios insultos a la destreza y la necesaria repartición de tareas. Era extremadamente hogareño, sencillo y rutinario, a su hijo le hubiera encantado. Sintió la mirada de Harry en su nuca casi todo el tiempo pero al girar la cabeza siempre miraba a otra parte.
—¿Qué tal si vienes con nosotros mañana a la Madriguera? —preguntó Potter como quien no quiere la cosa cortando tomates.
—No me han invitado.
—No habrá problema con ello.
—No tengo la indumentaria adecuada y me he de asear.
—Utilizas mi chimenea para ir a la mansión y vuelves para irnos juntos.
—No tengo regalos para nadie.
—Yo sí, podemos decir que son de los dos.
Draco le clavó la mirada más confusa de la historia.
—¡Pikachu está confuso, Pikachu se ataca así mismo! —Se oyó desde el salón a Teddy gritar.
Harry le daba la espalda oculto en la alacena provisional de la cocina y extrayendo un tarro.
—Eso...
—Tenemos pepinillos dulces, los usaremos para la ensalada.
*
La cena fue entretenida. Draco jamás había estado realmente a solas con Harry y Teddy. Formaban un dúo muy peligroso cuyos arranques tuvo que detener convenientemente en favor del mantel y su túnica. Finalmente hizo de tío malo y tuvo que quitar la televisión porque el pequeño no comía.
—No debería ver ese cacharro mientras se come Potter.
—Yo también veo la tele mientras como.
—Menudo ejemplo le das al niño.
Harry le sonrió y acudió a su rescate tomando el mando y apagándola por fin, Draco lo había intentado tocando todos los malditos botones.
—Jooooooooooo.
—Ni jo, ni ja, come.
Harry se rió pero miró a su ahijado dándole la razón a Draco.
Jugaron a juegos de mesa y adivinanzas hasta que el cansancio hizo su aparición y mandaron a Teddy a dormir. En este aspecto cada adulto tenía su rutina preestablecida por lo que Draco se quiso hacer a un lado ante las órdenes de Harry pero éste se negó e insistió en hacerle partícipe. Para el rubio era extraño; cosas como preparar su pijama y cama mientras que Potter vigilaba el cepillado de dientes o elegir con él la ropa de mañana, era demasiado hogareño. Teddy sonrió cual posible comadreja todo el tiempo y exigió un beso de los dos.
—Mi peluche de Pikachu.
—¿Dónde lo has dejado? —Harry se puso a buscarlo por toda la habitación hasta que Draco dijo «Accio peluche de Pikachu» y éste apareció debajo de la cama.
El rodado de ojos fue monumental y la sonrisa avergonzada de Potter también.
—Hoy estás muy despistado —señaló el rubio al cerrar la puerta.
—Sí, no sé. —Otra vez compuso una expresión seria mirando el principio de las escaleras.
—Buenas noches Potter.
—Buenas noches Malfoy.
Huyó, Draco huyó hacia la habitación de invitados. Las presurosas pisadas de Harry también eran sinónimo de huir, ¿no? Se quedó observando el techo recapitulando el día. Había estado a un pelo de unicornio de ser Narcissa y no él quién llevara a Teddy a casa de Potter, pero el pequeño insistió en que quería a su tío. Había sido una tarde y noche de lo más extraña, esos ojos de cervatillo eran espeluznantes y escondían cosas. El pisotón fue la clave, menudo pisotón y menuda obediencia por parte de un supuesto adulto. La conversación de la cocina había sido ya para alucinar, ¿compartir regalos? Eso lo hacen las parejas y ellos ni tan siquiera eran amigos íntimos. Y luego estaba la actitud de Potter: extraña, variable, triste y muy alegre, intensito... Raro, muy raro.
Era posible que Potter sí sintiera algo por él, ¿no? Las señales eran muy muy confusas pero si lo pensaba bien, no era la primera vez que Harry le invitaba a cenar, sólo que él siempre rechazaba el ofrecimiento con alguna excusa. Siempre le invitaba a merendar o a tomar algo en el salón. Y cuando llevaba a Teddy tardaba mucho en irse, como si diera vueltas alrededor de algo o a la espera de un ofrecimiento.
Harry le invitaba muchas veces y él siempre le rechazaba. Harry se hacía de rogar para irse y él nunca le invitaba... "Mierda" pensó Draco. "A lo mejor el que no ha visto las señales soy yo".
*
La mañana del veinticuatro fue un caos absoluto. Lidiar con un niño sobre excitado en expectación y fiestas hizo de la simple tarea de prepararse para ir a la Madriguera en una odisea. A Draco le dió pena Harry y se quedó con él para adoptar el papel de adulto malo y aburrido. Desayunaron en silencio con Teddy de morros y el rubio exultante, ningún niño le tomaba el pelo. Potter se mantenía en silencio regalando sonrisas de agradecimiento a Draco. El muy cobarde al menos le apoyó frente al diablillo.
Nada de dibujos, nada de hacer el mono mientras se lavaba lo dientes, nada de ponerse a jugar cuando había que vestirse, nada de «Joder» en la mesa, ni fuera de ella.
—¿Dónde has guardado los regalos? —susurró a Potter en el oído lejos de la mirada de halcón de Teddy.
—Aquí —Potter se señaló el bolsillo derecho y le miró directo. Se sonrieron confidentes y asintieron—. Tienen un hechizo reductor.
Finalmente acudió a su mansión con el tiempo justo para una ducha rápida, cambiarse y tomar el regalo de Teddy. El de Scorpius se lo daría el veinticinco. Sintiendo el peso fantasma de la ausencia de su hijo se fueron juntos a la Madriguera.
Aquel trozo de jardín era el infierno en la tierra. Todo atestado de peligros chillones, comida, juegos, comida, fuegos artificiales, comida, decoraciones navideña, más comida y riñas. Con razón Teddy estaba tan nervioso y exaltado. Sólo de ver la actividad constante de los adultos era agotador. Nadie objetó su presencia allí y le hicieron partícipe, quisiera o no, de toda actividad mundana de la casa.
—¿Te quedarás a dormir aquí? —Los niños vinieron al tropel de repente para interrumpir su momento de descanso; sentado en un sillón y huyendo del ruido.
Draco los estudió sospechoso, un coro de angelitos desdentados sonriendo con las manitas detrás de la espalda. Minutos antes los había visto alrededor de Teddy mientras éste les contaba algo en voz baja.
—No creo que sea adecuado y no me han invita...
—¡Abuela! ¡El señor Malfoy se queda a dormir aquí! ¡¿Verdad?! —gritó Rose.
Molly apareció frunciendo el ceño, ella era una experta en maquinaciones infantiles.
—¿Le habéis preguntado si él quiere o tiene otros compromisos?
—Scorpius pasará la Nochebuena y el día de Navidad en casa de sus abuelos maternos, el señor Malfoy estará solo. —Rescató Teddy con cara de cachorrito.
«Solo, solo, solo, solo...»
Todos vieron el impacto de esa fatídica palabra en la cabeza de la matriarca Weasley. Su cara cambió a una de horror e indignación.
—¡Ah no! ¡Eso sí qué no! —Le señaló con su dedo regordete—. Usted se quedará aquí y no hay discusión que valga.
Draco abrió la boca para replicar pero la mujer se dió la vuelta y se marchó.
Los niños rieron traviesos chocando manos.
Teddy ensanchó una sonrisa victoriosa.
Draco lo miró serio.
Los niños se marcharon correteando.
Teddy sonrió elevando una ceja triunfal.
Draco frunció el ceño y achicó los ojos.
—Entraré en Hufflepuff como mi madre —dijo el pequeño de pronto— y llevaré la casa de los tejones a la súper gloria. Se acabó el virreinato de leones y serpientes.
Teddy se marchó con andares chulescos y Draco se quedó atónito parpadeando. No dudó ni por un instante de que lo conseguiría.
*
Estaba harto de comer— ¡La cena ya está! —muy muy harto de comer.
La cena de Nochebuena era un auténtico despropósito de exceso, bebidas, risas y bromas. El vulgo sabía divertirse. Draco se sobó la barriga y expiró agotado, tenía una pequeña curvatura en el abdomen. Respingó asustado cuando la mano de Potter se posó justo ahí y frotó.
—Tendría que haberte advertido de que te reservaras para esta noche —Miró a Harry en tensión pero éste sólo sonreía producto de la bebida—. Son muy intensos.
—Hum. —Bajó la vista y la mano le seguía frotando el vientre.
—Le pediré a Molly infusión de manzanilla y tomillo con miel de azahar.
—Hum, bien.
La mano no se apartó. Se quedó ahí quieta mientras el moreno seguía conversando tranquilamente.
—Ohhhhh, ¿para cuándo el bebé Malfoy?
—George, cállate. —Harry se puso serio y apartó su mano avergonzado.
—Por el volumen yo digo que está de cuatro meses —añadió Fred.
—Y es de Potter —continuó George—. Pillines.
Draco quiso que se lo tragara la tierra, viajar al centro de la misma y morir en el núcleo. Todos callaron sus conversaciones y prestaron atención, las caras encendidas de ambos y el interminable diálogo de los gemelos simplemente lo empeoró todo.
—¿De cuánto estás Malfoy?
—Te lo tenías muy calladito.
—Ya sabemos quién...
—Harry, pero qué truhán.
—Ya decía yo que tenías mejor aspecto de piel.
—¿Y el anillo para cuándo?
—No toleramos a los bastardos.
—¿Desde cuándo estáis juntos?
—¿Sabe Scorpius que le vas a dar una hermanita?
—Menuda mezcla...
No se detenían en sus burlas y charadas hasta que Harry, que no Draco, se enfadó dando un golpe en la mesa y levantándose. No era esa la actitud que esperarían del moreno, más bien del rubio, pero éste optó por permanecer incólume y estoico, dando a entender que sus opiniones se las pasaba por el arco del triunfo.
Fred acudió a hablar con Harry y pedirle disculpas. Volvieron a la mesa pero permaneció serio y taciturno el resto del tiempo hasta que los niños se fueron a dormir.
—A mí no me importaría si pudiera ser. —Esa última frase la dejó colgando Teddy con una sonrisa brillante y se marchó.
—No pensé que te afectaría tanto — comentó Draco en bajito—. Estás acostumbrado a sus bromas.
—Me he sentido muy incómodo.
—Ese debería ser yo, a fin de cuentas me han colgado un puñetero embarazo. E indudablemente tuyo por lo visto.
—Lo siento.
—Tranquilo, ya se me ha pasado el bochorno.
—Draco querido, aquí tienes la infusión. —Molly dejó una taza humeante delante de él con un tarro de miel para poder servir a gusto propio.
Le agradeció y se la tomó a sorbos mirando de vez en cuando a Harry. Lo de la mano no había estado muy acertado pero no era para ponerse así de iracundo.
—A mí se me ha pasado el enfado. —Le hizo saber conciliador.
Potter le miró más aplacado pero torciendo el gesto incómodo.
—Bien, no siempre son así. Es que...
—Es que, ¿qué?
—Nada, no sé. —Y se encogió otra vez de hombros.
Finalmente se fueron a dormir y Draco probó de primera mano los muelles del colchón, la pesadez de la comida y la embriaguez de la bebida. Iba a entrar en coma pronto. Alguien entró en la habitación y fue Harry caminando despacio para no hacer ruido.
—¿Ya has puesto los regalos? —preguntó en la oscuridad algo nervioso por compartir cuarto.
—Sí, he puesto el tuyo para Teddy y los míos que ahora también son tuyos —aclaró insistente.
—Me siento un fraude.
—No digas tonterías, es lógico no traer regalos si no estás invitado.
Observó la silueta de Potter desnudarse para ponerse el pijama y entrar en la cama que chirrió. No estaba nada mal y aquella inesperada intimidad le apretó más el corazón y el cuerpo. Se miraron con el haz de luz de la luna en absoluta calma. Finalmente habían tenido que ampliar la casa por falta de espacio.
—¿Te lo has pasado bien? —Fue apenas un susurro de Harry en la quietud de la noche.
—Sí.
—Feliz Navidad Draco.
El rubio pestañeó sobrecogido.
—Feliz Navidad Harry.
*
Gritos y más gritos de júbilo despertaron al resto de adultos de la casa y anduvieron como autómatas a desayunar. Hubo peleas por el turno de baño, peleas por el sitio para sentarse y más peleas por desenvolver los regalos. En todos los regalos de Potter pendía una tarjeta muy bonita con los nombres de su destinatario y Harry hizo saber a los adultos que también eran de Draco.
"Ya sabía yo que se mal interpretaría" Todas las miradas fueron a él en diferentes grados de risitas y cuchicheos pero optó por ignorarlos.
Dos horas después y comenzando a pensar en marcharse a casa le llegó una lechuza. Una lechuza de su exmujer Astoria cuya carta pertenecía a su hijo. La tomó desconcertado y preocupado por si había pasado algo.
Se marchó a la cocina para poder leerla en privacidad a sabiendas de que Potter husmeaba tras la puerta.
"
Feliz navidad papá. La abuela y el abuelo te mandan saludos. Te he echado mucho de menos y por eso me alegro tantísimo de tu idea. Mamá está de acuerdo y te esperaré esta tarde en la mansión Greengrass preparado. Tengo ganas de ver a Teddy y al señor Potter. Estoy entusiasmado de pasar la noche todos juntos.
Te quiere: S.H.M."
Draco se quedó extrañado observando la ventana. Releyó la carta y volvió la vista a la puerta donde apareció un Teddy con aspecto de haber sido regañado, regañado por un Harry con aspecto de cabreo monumental.
—Pídele perdón al señor Malfoy y escribe una carta aclarando el embrollo.
—¿Qué ocurre?
—Explícaselo tú, Lupin.
El niño desvió los ojos vidriosos a un lado y torció la boca avergonzado.
—Mandé una lechuza a casa de los señores Greengrass y me hice pasar por usted. Se supone que recogerá a Scorpius esta tarde para llevarlo a casa de mi padrino, cenar todos juntos y a quedaros a dormir.
—Ha tenido ayuda, no ha podido hacerlo solo. —Dedujo Draco dirigiéndose a Harry.
—Adivina de quiénes. —Fue la respuesta del moreno.
Bajó la cabeza y leyó la carta de su hijo, parecía muy ilusionado. Y ahora que él se detenía a pensar en la idea también lo estaba.
—No queremos ser una molestia Potter, pero Scorpius está encantado con la idea y es Navidad. Si tú...
—Yo, eh... —Harry se tocó nervioso el cabello—. A mí personalmente no me molesta, era más por ti.
—Por mí no hay problema. —Le dedicó una sonrisa valiente. Indagaría por fin sobre su posible atracción—. Paso a recogerlo y vamos a tu casa si te parece.
—Podemos ir juntos. —ofreció Harry muy nervioso.
—Lo siento, aprovecharé... —"¿Para qué?" Se preguntó "¿Para adelantar trabajo?"— Está bien Potter. Me quedo aquí y nos vamos juntos a por él.
Teddy saltó alegre y se escapó entre las piernas del moreno. Ambos se miraron con ojos reservados y sonrisas flojas.
Recoger a un niño sobreexcitado junto a otro más sobreexcitado no era muy buena idea. Se retroalimentaron hasta llegar a Grimmauld Place y para cuando entraron eran ya dos huracanes gritando «Pikachu» con los puños en alto. Draco sintió que envejecía cien años y Harry también.
—Voy a poner los capítulos de la primera temporada que están grabados para que Scorpius los vea desde el principio.
Teddy hurgó en el mueble mientras que mini Malfoy se sentó en el sofá.
—Valeeee —contestó Harry huyendo a la cocina con Draco.
—¿Por qué le has dicho que sí? Ve mucha televisión —le reprochó Draco.
—Estarán tranquilos. —Fue su categórica respuesta.
—Harry...
—Necesito descansar psicológicamente.
—Menos mal que no eres padre 24/7 como yo. —Sonrió burlesco.
—Scorpius es otra historia, se porta mejor.
—Eso no es del todo cierto. —Levantó una ceja y se acercó para adelantar la cena y tenerlo todo preparado.
Oyeron de fondo los dibujos animados y los gritos de los niños, una auténtica tortura medieval de repetición. Draco supo que soñaría con la maldita canción y el «Pika-Pikachu»
Cocinaron con tranquilidad compartiendo espacio, conversación y sonrisas. Era todo tan fácil y simple.
—...Tú serás el que lleve al bebé.
Ambos adultos se miraron desconcertados escuchando a Teddy.
—¿Y por qué yo? —se quejó Scorpius.
—Porque te queda mejor a ti, como a tu papá.
Harry apretó los labios conteniendo una carcajada y Draco apretó el mango de la varita encantando el cuchillo.
—Yo no quiero llevarlo, te pones gordo y enfermo. —argumentó el rubio molesto.
—Pero gordito bonito Scorp, y si te pones enfermo yo te cuido.
—La madre que los parió. —Draco se dirigió al salón pero fue retenido por la mano de Harry y el dedo índice aplastando sus labios.
—Déjalos, tengo curiosidad.
Draco abrió los ojos escandalizado y fue a hablar cuando la conversación retomó su rumbo.
—¿Quieres que yo lleve el bebé? —reiteró Scorpius con voz melosa.
—¡Sí!
—Pues tendrás que trabajar y ganar muchos galeones. Quiero una mansión, un coche muggle y-y... ¡Ah! Lo tuyo será mío.
—Vale.
—Y lo mío será mío.
—No.
—Mis cámaras de Gringgots son mías.
—Y las mías también. Lo mío será tuyo y lo tuyo será mío.
—Eso es para los casados.
—¿Quieres que sea bastardo?
—¡No! Eso no.
—Pues eso: boda y bebé.
—¿Y yo qué gano?
—A mí, mi dinero, un primogénito, una mansión (la conseguiré), un coche muggle, el apellido Lupin y al futuro prefecto y premio anual de Hufflepuff.
Los adultos dejaron caer sus quijadas mirándose.
—¿Vas a ser el mejor de tu casa?
—El mejor que habrá jamás.
—...Hecho.
—¡Bien!
Cuando por fin cenaron, Harry y Draco aún mantenían sus caras de circunstancia mientras que los niños hablaban, reían y hasta bromeaban sin mayor drama. Era una escena de lo más hogareña y bucólica y eso puso más nervioso a Draco si cabe. Era bueno, muy bueno y ya se estaba acostumbrando. Lo que le provocaba Potter iba más allá de una simple atracción, eso podía tenerlo en cualquier parte con cualquier persona pero lo de Harry no sabía describirlo. Un suave y constante anhelo de algo indeterminado que nunca terminaba de cuajar. Un deseo iluso de sentimientos que bien podían ser efímeros o idealizados pero permanecían allí escondidos y constantes. En todo el rato que duró la cena no se retuvo de observar a hurtadillas y esconder sonrisas.
—¿Para cuándo quieres el bebé?
"Socorro..." Cerró los ojos ante la inoportuna interrogativa de su hijo.
—Para cuando sea jefe de Sanadores en San Mungo y encuentre la poción que consiga hacer que los hombres tengan bebés.
Malfoy mayor escupió de su vino y Potter se atragantó con la tarta de chocolate.
—Teddy... —llamó la atención un Harry muy incómodo.
—Tranquilo padrino, lo tengo todo pensado. —"¡Socorro, socorro, socorro!" Scorpius miraba a Teddy sonriente y orgulloso mientras éste le mantenía seguro la mirada a Potter, el cual parpadeó atónito—. Primero seré el alumno más destacado en Hufflepuff, estudiaré pociones como si no hubiera un mañana, seré Prefecto, seré Premio Anual con calificaciones molonas y luego estudiaré para Sanador. Lideraré mi propia investigación y me convertiré en jefe de Sanadores y entonces, ¡pum! Formula super mega ultra magistral para tener bebés. Nadaré en galeones, me compraré la mansión, me casaré con Scorpius y entonces le haré un bebé. Fin de la historia.
—Es un buen plan. —apoyó Scorpius emocionado.
—Ehhhh.
Harry seguía tosiendo el pastel pero Draco se quedó en la segunda fase: petrificado, acojonado y lívido.
—Eso... Eso es imposible Teddy — dijo finalmente Harry—. Los hombres no pueden tener bebés.
—Aún. —Y el muy desvergonzado se cruzó de brazos.
—¿Conoces la poción multijugos? —intervino Draco, Teddy y Scorpius asintieron— Se tarda un mes en elaborarla, es muy compleja y los resultados son de apenas una hora para cambiar el cuerpo de alguien. Es imposible mantener la transformación nueve meses.
Ambos niños hicieron un puchero irritado.
—Lo lograré. —aseguró Teddy contundente.
—Vosotros ya estaréis chochos y no podréis tener bebés, pero bueno. —Scorpius se encogió de hombros algo tristón.
Harry se levantó corriendo de la mesa y fue a la cocina desde donde escuchó sus risotadas.
"Maldito traidor, me ha dejado solo con el marrón"
Iba a tener un dolor de cabeza monumental, desde que terminó la cena y hasta que los mandaron a dormir los dos niños estuvieron planeando como dos alcahuetas su futuro. No podían ser más raros y atemporales. Los infartos de miocardio se los regaló su hijo al decir y repetir que quería ser algo así como cantante, y si no pues músico, o profesor de astronomía...
—Socorro. —expiró como un moribundos dejándose caer en el sofá.
Harry sonrió pero le acompañó en el sentimiento frotándose los ojos con cansancio.
—Me dan mucho miedo, si Teddy se parece en algo a su madre además de la metamorfosis, es en su obstinación y que no se rinde nunca.
—Son delirios infantiles, se les pasará.
Lo dijo más para convencerse a sí mismo y no morir del susto pensando en ver a su pequeño Scorpius portando en su vientre a un vástago apellidado Lupin.
—Bueno, no sería tan malo.
—Oh Potter.
—¿¡Qué!? De verdad que estaría bien.
Draco se quedó mirándolo con mil preguntas en la punta de la lengua.
—¿Por qué nunca tienes pareja o algún escarceo? No me creo que tengas tan poca suerte.
Se hizo el silencio en aquella casa un veinticinco de diciembre por la noche. Harry desvió sus ojos hacia la chimenea y el reflejo de las llamas ensombreció sus facciones.
—No he conseguido conectar con nadie para lo de una relación y los escarceos... —Su semblante se entristeció—. No puedo.
Draco abrió los ojos sin entender por dónde iban los derroteros.
—No eres de encuentros de una noche, vaya.
—No exactamente —rebatió encarándolo—. Para tener sexo con alguien necesito un mínimo de conexión y atracción emocional. Si no hay sentimientos mínimos o que me guste su personalidad... No me excito, no siento nada físico.
—Uh, eh, eso...
—Una vez lo hice con un desconocido —continuó Potter como en trance—. Acababa de conocerlo y lo hicimos —Sonrió amargo—. Luego descubrí que sentía por él desde el primer impacto y me quedé colgado, no fui correspondido como ya sabrás.
—Eres un romántico.
—No, soy demisexual. Si no hay sentimientos no siento deseos sexuales, fin de la historia.
Draco no supo que decir, aquella confesión era muy personal e íntima. Por eso a Potter no se le veía nunca con nadie. ¿Sentiría por él?
—¿Y tú? —preguntó de pronto el moreno rompiendo el espeso silencio—. Sé que te diviertes, pero... ¿Nada de relaciones?¿No te convence nadie?
Esta vez fue Draco el que se quedó absorto mirando las llamas. Su corazón tronó furioso e inspiró.
—Nadie me convence para una relación, tengo un hijo ya crecido y soy divorciado. Además de ser quien soy. Es muy complicado, pero —giró para verle y le propinó una mirada intensa cargada de intenciones— no imposible , claro. Sólo hace falta la persona idónea y que ésta te corresponda.
—Te entiendo.
—Pues yo creo que no —Harry frunció el ceño ante su frase—. La única persona que me ha hecho replantearme mi adorada soltería eres tú, Potter.
—Ah.
—Llevo con el gusanillo desde antes de la guerra —Harry abrió desmesurado los ojos y se acercó a él—. Luego, pues la vida tomó rumbo, como tú, y bueno... Ahí quedó hasta que retomamos el contacto dos años atrás.
—No parecía que tú tuvieras intenciones conmigo.
—Lo sé, no creí que tú quisieras nada conmigo ni con nadie. Y yo pues —se acercó al moreno estando a dos escasos palmos— me hice a la idea y limité los encuentros. Ahora con lo que sé tengo claro que la oportunidad de al menos tener sexo queda descartada.
—Yo no he dicho eso. —objetó serio.
—Has dicho que...
—Sé lo que he dicho, no hay sexo sin sentimientos. Contigo lo haría.
La información llegó al cerebro del rubio y se sobresaltó entendiendo el mensaje. Luego de eso la sinapsis sufrió una grave descarga y dejó de pensar.
Le besó. Porque llevaba el deseo guardado por años en un cajón polvoriento, porque seguía despertando sentimientos en él, porque lo vivido en esos tres días era un vistazo a un posible futuro que sí quería. Harry se enganchó de sus hombros y se dejó caer. Ningún beso era tan demandante y hambriento. El calor de sus lenguas resbaló por los labios en un desliz de necesidad, alinearon sus caderas en un abrazo apretado y se devoraron. Draco soportó su peso en un brazo para no aplastar a Harry y cortó el contacto.
—¿Subimos a tu habitación?
Harry le besó afirmando con la cabeza, lo poseyó como un mendigo hambriento de cariño. No pudo más que responder a sus muestras, era tal y como había imaginado pero mejor. Besos en la boca, en las mejillas, caricias en el pelo y ojos verdes cargados de afecto y deseo.
—Llevo más de dos años detrás de ti. —confesó el moreno con la respiración faltante.
—Ya me di cuenta, siento no haberme enterado de las señales. —atacó con otra ristre de besos esta vez en su cuello y clavícula.
Corcoveó las caderas para frotar sus miembros y darse placer. Harry gimió e hincó los dedos en su espalda. Aumentó el ritmo peligrando así su resistencia pero no le importó, deseaba el placer del momento con Potter ahí, debajo de él, gimiendo y mordiendo sus labios.
—A este paso seré yo quien te haga un bombo.
Se rieron tanto que tuvieron que taparse la boca por el ruido.
—A mí no me importaría, aunque me gustaría más que lo llevaras tú.
—Seremos unos chochos. Lo siento.
Se besaron con las sonrisas dibujando sus labios, Draco retomó el ritmo suave de las caderas y regaló un lametón al lóbulo de Harry.
«¡ESTO ES POKÉMON! ¡HAZTE CON TODOS...!»
—¿Qué ha pasado?
—Mierda espera.
Saltaron del sofá como dos gusanos asustados mirando alrededor desorientados.
«
EL TEAM ROCKET ESTÁ AQUÍ»
—El mando joder...
—Debajo de tu culo Potter...
Se removieron buscando el control de la tele como dos croquetas en la sartén: rodando y sin gracia alguna. Finalmente Harry se hizo con el mando y apagó la pantalla al tercer intento. Se quedaron allí con el corazón desbocado y no en el mejor sentido. Se miraron controlando otra risotada cuando los oyeron. Pasitos de zapatillas mullidas y cuchicheos bajos.
—Mierda. —Draco cerró los párpados frustrado sexualmente y recibió un corto beso del moreno.
—¿Papá?
—¿Harry?
Los dos niños aparecieron por la entrada del salón viendo a Potter y Malfoy en una posición comprometida, pese a no ser claramente la realidad del asunto. Teddy los barrió con la mirada somnolienta pero analizadora y abrió los párpados sonriente.
—Scorpius, sube al cuarto que yo voy enseguida. —ordenó el pequeño de cabello azul.
—Pero he escuchado los dibujos animados, quiero verlos. —expresó quejumbroso el rubio.
—Creo que lo hemos soñado de tanto verlos, mañana te pongo más capítulos.
—¿Me lo prometes?
—Prometido. —Y le plantó un beso en la mejilla.
Scorpius se dio la vuelta medio dormido y se oyó los pasos subiendo la escalera.
—Teddy. —empezó Harry levantándose igual que Draco.
—Diez galeones y no sabréis de nosotros hasta mañana. —El niño adoptó el color plateado de los Malfoy y extendió la mano.
—Teddy, eso no está bien. —dijo Potter molesto.
Sus cabellos adoptaron el color azabache de su padrino y lo miró.
—Cinco galeones para mí y los otros cinco para Scorpius, quiero hacerle un gran regalo padrino.
—Bueno... —Draco no podía creérselo, el idiota de Potter sucumbiendo a un niño de ocho años.
—Harry, no. —le advirtió.
—Diez galeones o Scorpius y yo dejaremos de tener sueño —Alzó las cejas repetidamente—. Y le convenceré de que duerma con usted señor Malfoy.
Mirada asesina.
Sonrisa angelical.
Fruncido de cejas.
Mirada de cervatillo.
"Es un maldito hijo de... Fruta, pero me gusta"
—No, vas...
—Está bien —interrumpió Draco, le dió una mirada de disculpa a Harry por socavar su autoridad y extrajo su billetera invocando con su varita—. Diez galeones y os quiero como niños buenos toda la noche sin interrupciones hasta mañana por la mañana.
—Trato. —Extendió más la mano.
—Trato. —Soltó diez galeones. El polvo le saldría caro.
—Buenas noches padrino, señor Malfoy.
Tal cual se subió a la habitación Harry le miró ceñudo.
—Lo siento —se disculpó aprisa Draco—, no volveré a cuestionar tu autoridad —Le tomó de la cintura y le besó—. Es que no quería que terminase así.
—Diez galeones, Draco. —Harry le propinó otro beso—. Te va a desplumar.
—Tú les pones la televisión para atontarlos.
—Touché.
—Además, si es verdad que se hará rico, mi hijo se beneficiará.
—Te ha engatusado ya.
Draco le tomó de la mano y subieron con cuidado los escalones para no alertar de su presencia por si acaso. Entraron en la habitación de Harry y se volvieron a besar, esta vez con más tranquilidad. Siendo plenamente conscientes del otro y saboreando el momento. Tal y como imaginó, Harry lo atendió con besos y caricias esparcidas por todo su cuerpo mientras lo desnudaba, era cariñoso y atento hasta la extenuación.
—Quedaos mañana también. —rogó el moreno lamiendo su esternón.
—No podemos abusar de tu hospitalidad. —Se le quebró la voz ante un beso succionador en su tetilla.
—A mí no me molesta. —Succionó la otra tetilla y mordió.
—Tenemos, tenemos casa Harry. —Inspiró cerrando los ojos, introdujo los dedos en su mata de pelo encrespado y gimió.
—Más adelante supongo...
« ¡Para, Scorpius, estarán durmiendo!»
Era la voz de Teddy susurrando apurado por el pasillo. Se escucharon quejidos del inconfundible tono del Malfoy menor y luego un quejido grave del Malfoy mayor.
«No está en su habitación y quiero dormir con él.» La voz del pequeño rubio se hizo más presente cerca de la puerta. «Ya eres muy mayor para eso, duerme conmigo y yo te abrazo» respondió Teddy.
—Lo dejamos por hoy, ¿no? —Harry le miró interrogante, así no podrían.
Draco bufó frustrado pero asintió por fin y se levantó. Abrió la puerta y allí los encontró a los dos, con cara de mazapán.
—Lo siento señor Malfoy, ahora mismo me lo llevo...
—Chicos —interrumpió Harry desde la cama—. ¿Os apetece que durmamos todos juntos? Hechizaré la cama para ampliarla.
Los ojillos despidieron un brillo peculiar y Draco se giró a verle mientras los niños entraban por entre sus piernas.
—Harry...
—¿Te parece mal?
Tres pares de ojos brillantes y vidriosos lo observaron desde la cama siendo ya ampliada.
—...Voy a por mi pijama. —claudicó Draco escondiendo una sonrisa.
—¡Bien!
Finalmente se acostaron juntos, Teddy pegado a Draco para fortalecer la futura relación familiar Lupin-Malfoy y Scorpius sobre el pecho de Harry aludiendo que era más musculoso que papá.
—Estaos quietos u os mando derechitos a vuestro cuarto. —Malfoy detuvo el movimiento de piernas de los dos niños.
—¿No tenéis sueño? Es muy tarde —Scorpius miró a Harry y asintió—. Sí tenemos.
—Pues calladito no entran moscas.
Draco apagó la luz tras la frase y la habitación se quedó en penumbras. Notó una mano grande y fuerte estrechando la suya que envolvía a Teddy y correspondió al acto con otro apretón.
—Mañana tengo que ir a por ropa y lavarme —susurró por encima de las cabecitas en dirección a Harry.
—Después de desayunar vas... Y te puedes asear aquí. —La mano jugó con sus dedos.
—No me voy a escapar, Potter, me debes algo.
—Lo sé, sólo digo que aquí sobra espacio.
—En mi mansión todavía más.
—Bueno, eso dependerá de ti.
Draco suponía que tras dos años con Harry anhelando estar así daban como resultado un ansia desmesurada por agilizar las cosas. También supo que él no era ajeno a ese deseo descontrolado, simplemente era más precavido y reservado.
—¿Qué te parece si los fines de semana nos turnamos en casa de uno y del otro con los niños? El resto lo vamos viendo.
—Me parece bien.
Se movieron muy sigilosamente dándose un escueto beso y descansaron la cabeza en la almohada sin soltarse de las manos.
Teddy arremetió con un fuerte rodillazo en la entrepierna de Draco y éste se dobló por la mitad sin respiración.
—¡Pika pika pikachuuuuuuuu!
FIN.
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"Si no lo leo no ocurrió" XD XD os quedáis sin smutt Sorry.
Bueno gente, aquí tenéis un OS super fluff y moño, todo un cliché navideño plagado de tonterías.
Os deseo una muy feliz navidad.
Mil besos Sara.( ˘ ³˘)♥