Padre nuestro
—¡Que no se escapen! —Bramó embargado por la furia de la caza.
Harry tensó el brazo diestro apuntando con la ballesta en la distancia. Su arma tenía incorporada una mirilla, acero reforzado para no quebrarse ante los repetidos disparos y agua bendita hasta por las muescas de la madera y las puntas de flecha. Perseguían a un grupo de cinco, posiblemente un nido comunitario. Lo dedujo por la trayectoria de cada criatura (no muy separados los unos de los otros), por el consabido defecto de de ir en parejas y cubrirse unos a otros, por su manera de correr y por su olor, mismo olor putrefacto de nido.
—¡Harry, se nos escapan!
Ron viró hacia la derecha entre la maleza persiguiendo a una pareja, cargó su ballesta y se internó en el bosque desapareciendo en lo profundo. No corría tanto como Harry, ni nunca lo haría pues su amigo pelirrojo era humano. Un humano con buen entrenamiento de cazador pero humano al fin y al cabo, con sus limitaciones. Neville lanzó una bomba de humo con agua consagrada concentrada, en cuanto esas criaturas respirasen el humo, sería igual a inhalar ácido corrosivo. Su otro amigo no era tan buen cazador, no al estilo de Ronald, pero era un prodigio con los inventos.
"Flanco izquierdo uno, reducido por Neville en los próximos cinco minutos, flanco derecho dos, reducidos por Ron a lo sumo en quince minutos, recto otros dos... serán reducidos por mí"
Era hora de actuar, Harry no usaba sus dones divinos hasta el último momento, pues el exceso podía producirle cansancio, sueño y muchísima hambre.
El primer impulso fue su velocidad extrema, sus músculos se tensaron y el corazón galopó salvaje aportando sangre y oxígeno extra al cuerpo.
El segundo impulso fue su resistencia, el esqueleto pesó por su densidad y la piel se le endureció hasta conformar el símil a una coraza de hierro.
El tercer impulso fue su fuerza, los músculos aumentaron un treinta por ciento del tamaño original y el corazón se agrandó llegando al límite de su capacidad aportando sangre al sistema. Empezó a tener mucha hambre.
El cuarto impulso hubiese sido la vista aguda nocturna, pero de él se había servido ya al comenzar la caza. Normalmente la localización y persecución era de día, por obvias razones de logística y ventaja, pero esta vez el grupo de criaturas había sido muy difícil de localizar y cuando lograron encontrarlos era ya de noche y el bosque les dió una vía de escape.
Su cuarto impulso fue el oído, registró todos los sonidos de su entorno y los clasificó según animales, compañeros y criaturas.
"Ya los siento... noroeste... no puedo permitir que se crucen con Neville, son demasiados" Era tan natural como el respirar, Harry vivía por y para la caza.
No se molestó en cubrir sus huellas ni en mantener un bajo perfil sin hacer ruido, la excitación de oler el hedor del miedo en su presa abrió sus fosas nasales y sonrió perverso.
"Los veo... una hembra de cabello negro y un macho de cabello rubio. Ambos ágiles, se mueven entre el follaje sin tropezar o desviarse... son astutos"
Eran hábiles, pero Harry siempre lo sería más. Dos zancadas y ya los tenía a dos palmos de él. La chica miró sobre su hombro con rostro aterrado y el chico la miró a ella sin desviarse del todo para no perderse el camino. Algo ocurrió entre ellos y entonces se separaron en direcciones opuestas. Una técnica muy socorrida la de dividir objetivos, pero para el cazador simplemente sería más diversión.
"¿Ella o Él?" se preguntó durante un segundo, segundo que de forma soberbia se permitió perder ya que el resultado sería el mismo; Muerte para todos ellos. La lógica le dictaba ir tras la hembra, no por ser mujer ya que en aquel tipo de criaturas el sexo no suponía diferencia alguna, sino por cuestión de área y proximidad. Pero la lógica le falló y se giró persiguiendo al rubio. Muy dentro de él las notas discordantes de información le dijeron que ya lo conocía.
En un inusual descuido por su parte la criatura tomó ventaja acelerando su velocidad a un ritmo inhumano, lo que supondría mucha sed para más adelante.
"Mejor... cuanto más cerca la bestia, menos racionales son y más fallos comenten" o podría ponerse interesante, algunos vampiros destacaban subyugados por la sed de sangre y se volvían fieros contrincantes, mas no para él.
Se detuvo de golpe, apuntó con su ballesta ya cargada, posicionó la mira en su ojo derecho color verde y se dispuso a presionar el dedo en el gatillo cuando se percató de algo... algo que hizo latir su corazón a un ritmo peligroso para su estado actual. Bajó la ballesta por primera vez en dos mil años y salió corriendo tras la presa perdiendo su oportunidad.
La criatura miró sobre su hombro con el ceño fruncido y sus ojos conectaron a escasos metros entre la oscura maleza, uno por su impulso divino, el otro por su don de sangre. La noche fue una mera palabra para esos dos depredadores.
Harry sintió la garganta cerrarse y la duda le asaltó, aquél... chico de ojos grises abrió la boca conmocionado como él. Se reconocieron. Corrían uno detrás del otro, ninguno atacó. Era un simple baile de no detenerse y mirarse siempre... hasta que el rubio tropezó y calló al suelo rodando.
El aire ondeó en un dulce olor narcótico mientras Harry se aproximó a su presa con paso lento y la ballesta baja.
—Tus truquitos de enamoramiento no te funcionarán conmigo.
Draco apretó impertinente el labio y agudizó sus sentidos para saber del resto, era ideal distraer a uno de los cazadores para aumentar las posibilidades de éxito.
—¿Lo dices por lo guapo que soy? He nacido así, no es un truco. En cambio lo tuyo no tiene remedio. —respondió burlesco y desafiante.
Harry sonrió de lado pícaro, si iban a jugar por él estaba bien.
—¿El qué de todo? —sus oídos registraron cualquier sonido fuera de lugar— ¿Mi superioridad física? —su cuerpo se mantuvo alerta ante cualquier movimiento de la presa— ¿Mis innumerable talentos? —su dedo se mantuvo firme a dos milímetros del gatillo dispuesto para el ataque- ¿O mi resistencia perfecta a tus disciplinas de salón? —Draco se incorporó sentándose en el suelo y sus ojos mudaron a un ocre luminoso—. Insisto —dijo bravucón—, tampoco me vas a hipnotizar.
Draco pestañeó confundido y ahora sí dejó traslucir su inseguridad. Nadie era inmune a su mirada hechizante, mucho menos conocedor de tal poder con solo ver sus ojos.
Para el cazador era claro el clan al que pertenecía el vampiro, si la marca de la serpiente en su brazo no era suficiente indicativo, también estaba su mirada de serpiente y su destreza para orientarse en la oscuridad.
"Un último intento" pensó desesperado el vampiro. Al cazador lo conocía como Harry Potter, si es que ése era su verdadero nombre. Había dado señales de reconocerle pero actuaba como si fuese un extraño, y ahora entendía porqué; Era un maldito cazador de vampiros. Aquél trago amargo lo pasó como con todo, con decepción y aceptación. La vida del condenado era así noche tras noche. Un último intento para salir indemne y distraerlo es lo que lo llevó a convertir su piel en escamas iridiscentes entre verde y plateado. Ahora que lo pensaba, su piel era una combinación hermosa y perfecta del color de ojos de ambos.
—Eso... —el moreno avanzó dos pasos hasta situarse delante de él— tampoco te funcionará Draco... si es que ése es tu verdadero nombre.
—Lo es. —contestó levantando la barbilla— ¿Y el tuyo es Harry?
—Lo es —respondió levantando la ballesta—. Nada puedes contra mí criatura maligna, soy el cazador legendario —Draco abrió los ojos y se estremeció—. El guerrero Divino —apuntó con la ballesta tras comprobar que su impulso de petrificación surtía efecto, la presa se había quedado paralizada—. El alma inmortal nacida para acabar con todos vosotros, el destructor de plagas y la mano derecha de Dios.
Siempre que Harry invocaba su nombre, los ojos relucían dorados, como oro líquido. El bíceps se contrajo y el dedo osciló. Draco agachó la mirada y aunque nadie le creyera o escuchara, le rezó a Dios por su alma.
Dos días antes.
No quería salir a beber, pero Ronald y Neville insistieron. Acabaron en un antro oscuro y de mala muerte donde el alcohol se perdía por la barra y la gente bailaba sin pudor alguno. Sus amigos probaron suerte entre la marea de desconocidos, se lo merecían pues días atrás acabaron con un nido de vampiros y tenían otro en el punto de mira. A este paso borrarían de Inglaterra cualquier rastro de inmundicia. Harry sonrió bebiendo cerveza al comprobar el éxito de ellos, esta noche no estarían solos. Él en cambio sí. Fue una elección tomada muchos siglos atrás, cuando ya no se recuerda ni el rostro de quién una vez te enamoraste... es que ya no merece la pena ni intentarlo. Se dejó consumir por la pena cerveza tras cerveza y por fin el alcohol hizo su trabajo. Podía, si así lo deseaba, deshacerse del molesto efecto con un impulso, pero esta noche no, esta noche quería simplemente sumirse en la autocompasión.
De casualidad divisó a lo lejos a un rubio que parecía apuesto, aclaró su vista un poco y sus ojos grises le robaron el aliento. Era... hermoso, y estaba solo. No lo pensó más y se acercó a la mesa.
—Hola ¿Puedo? —preguntó señalando el asiento.
El chico pareció dudar, miró al rededor como barajando algo y luego le sonrió.
—Claro, adelante.
La música alta les obligó a acercarse demasiado para la comodidad de dos extraños, pero ellos lo disfrutaron secretamente.
Draco no pretendía alimentarse esa noche, no era bueno beber en exceso pues eso desdibujada el límite de la bestia y la sed de sangre. Pero aquel chico de ojos verdes le cautivó, su cabello de direcciones opuestas, su sonrisa ladeada y su atrevimiento le empujaron a aceptar. Tal vez era bueno practicar la cercanía con humanos y resistir el llamado de la sangre, era necesario para su autocontrol. Harry se llamaba, pues Harry olía divino, olía a madera de cedro, a cuero y metal... a... a algo adictivo e indescriptible. El moreno le hablaba con un brazo pasado y tuvo que disimular su humanidad. Hizo a su corazón latir, su piel atemperarse y respiró fingiendo beber. Harry le hablaba y ni le prestó atención, se quedó atravesado en su mirada intensa y profunda.
—Tu piel es templada y perfecta Draco.
Se sentía muy borracho, rezó por no resultar pesado y se olió el aliento con disimulo. Mal.... pidió agua con gas y limón para rebajar y se dedicó a acariciar el cutis de sus pómulos.
—Gracias, tu hueles divino. —reprimió su deseo de olfatear la carótida de su cuello y sonrió con los labios sellados.
—¿De verdad? Vaya...
Draco sabía entablar conversación con desconocidos y no aportar realmente nada sustancial, Harry estaba demasiado acostumbrado a mentir con facilidad sobre su vida ficticia y hasta contar anécdotas graciosas. Ambos hablaron y bebieron tan cerca el uno del otro que a dos centímetros era decir mucho.
Ron y Neville le guiñaron un ojo orgullosos y también desaparecieron con sus respectivas conquistas. La música se volvió más decadente y el ambiente más tétrico.
—¿Por qué tardas tanto Harry? Te llevo esperando toda la noche.
—Lo siento Draco, la costumbre es muy fuerte.
El cazador le besó, y ante el primer contacto ya no hubo forma humana y divina de separarlo de esos labios. Si bien eran de una calidez muy leve y demasiado equilibrada, no podía asegurar nada pues la borrachera adormecía sus sentidos, él tampoco quería despejarse del todo.
Tras los primeros besos vinieron las manos y tras ellas el susurro en la oreja de una invitación a un lugar más privado.
"No te enamores, Harry, ya lo hiciste dos veces y no recuerdas sus caras. No caigas otra vez o dolerá" se repitió de camino a su casa, Draco no se despegaba de su boca ni ante el carraspeo del taxista. A cada intento de introducir su lengua el rubio le rechazó, tal vez era muy aprensivo ante ciertas licencias con extraños.
"No te acuestes con él, Draco, es un humano y podrías descontrolarte" ¿Pero cómo decir que no ante el fuerte abrazo de Harry? ¿Cómo rechazar sus besos y su exquisita manera de acariciar? Pocas personas lograron exaltar su piel inerte ante un toque tan ardiente. Harry era pasión y fuego allí donde él era frio y oscuridad. "Morirá, es un humano y morirá. No cometas el mismo error que otros y te pierdas en la depresión de su muerte"
Ambos se prometieron una noche, una noche sin hacerse ilusiones para sentir el calor de uno y el consuelo del otro.
Draco recordaría siempre esos ojos verdes brillando inusuales en la oscuridad, mientras se besan con cada embestida y se siente desfallecer aferrado a su fuerte espalda.
Harry recordaría siempre esos ojos grises y su boquita cerrada al besar, recordaría su aliento inusualmente templado en su cuello y los gemidos que profiere ese chico hermoso con cada envite profundo.
Al alba, no hubo rastro ni de Draco ni de su olor. Y Harry suspiró deprimido, por primera vez en mil trescientos años quiso despertar con alguien a su lado, con él.
Presente.
—¡Vete! —escupió encolerizado Harry, su dedo tembló en el gatillo y aseveró el rostro— ¡Lárgate maldita sea! —insistió en un susurro.
Draco parpadeó aturdido pero no se movió, los cazadores gozaban de la tortura psicológica y Harry además era el Legendario. El famoso cazador inmortal tocado por la mano de Dios.
—No es una trampa. —la voz y el dedo le temblaron, su ballesta osciló perdiendo puntería.
Harry se odió, con todas sus fuerzas pues sería la primera vez que dejase escapar a un vampiro. Ya habría tiempo para entender cómo es que nunca supo lo que realmente era, cómo es que se acostó con él y como es que no podía disparar. Su mano derecha le falló, la mano derecha de Dios.
—Yo...
Draco no perdió oportunidad y se levantó del suelo aún atónito. Harry parecía poseído en un dilema muy doloroso. Era hora de escapar, de huir por su vida y no mirar atrás. Dió tres pasos de espaldas pero no arrancó a correr.
—¿Qué cojones haces? —farfulló el moreno colérico— que te marches, sin mirar atrás... no te seguiré.
"Me tengo que ir... me tengo que ir y... " Draco reprimió un sollozo muy vergonzoso.
—Harry... —su instinto de supervivencia siempre fallaba con el cazador presente— yo... lo siento.
Harry no lo soportó, maldijo su estirpe pisoteando el suelo y en un arranque le sostuvo de la nuca besándole. Ésta vez notó los colmillos, le hirieron, la sangre brotó y Draco gimió aferrado a él.
Dios era un misterio, un acertijo y una parábola, era una adivinanza y una contradicción. De otro modo Harry no se explica porqué justo su sangre es la que provoca verdadero éxtasis en los vampiros, tanto así que no necesitan de vaciar a su presa para alimentarse ni culminar el placer. Harry se deshizo del abrazo de hierro que el rubio imponía y lo empujó cerrando sus heridas con un impulso de cicatrización.
Se miraron, las voces se oyeron a lo lejos y Draco corrió. Corrió como nunca en su vida sabiendo que no le perseguían, corrió en dirección contraria a lo que le dictaba el corazón... y porque no, su naturaleza también.
Harry se miró el brazo derecho y se arrodilló tembloroso. Aquella semana era la semana de las primeras veces en su vida, y tratándose de un inmortal de más de dos mil años... era decir mucho... era decir todo.