PRÓLOGO
Las luces que podía ver eran tenues, más como puntos borrosos parpadeando una y otra vez, incluso aquí hubo momentos en los que brillaron intensamente por un momento me emocioné porque no había visto la luz del sol en días, ni siquiera podía decir si afuera era de día o de noche, lo que podía ser enloquecedor, sonreí porque era irónico que algo tan simple como esto pudiera hacerme sentir "feliz"
¿Así terminó mi vida? Este era mi futuro "maravilloso", era cómo terminaría o solo continuaría hasta que suplicara morir, y aunque afuera el sol parecía brillar demasiado, adentro no era más que un cúmulo de emociones, miseria, miedo, resentimiento, todo era tan abrumador, incluso ahora que apresuradamente hice una 'carta' mental a mis padres. Esa carta que nunca llegaría, palabras que nunca les diría y hasta disculpas que nunca llegarían a sus oídos, todo quedaría escondido en lo más profundo de mi mente, perdido entre tantos pensamientos, e incluso llegando a ser completamente olvidado. ¿Fue así como terminó todo? Todo en medio de una neblina oscura, mientras la única luz era inalcanzable para mí, era como este final trágico y repugnante
Mis labios estaban secos, las pequeñas aberturas solo me dolían, ni siquiera tenía fuerzas para levantarme, había olvidado lo que era sentir hambre, tal vez mi cuerpo llegó a un punto en el que se convirtió en un hábito o tal vez solo estaba delirando.
Seguía pensando una y otra vez si tan solo hubiera actuado de manera diferente e hubiera hecho las cosas de manera diferente, ahora tal vez no estaría aquí pero no importa cuánto lo piense, nada cambiará, ahora mi mente jamás estaría en paz, todo esto, todo lo que había pasado parecía imposible de olvidar, había quedado tan marcado en cada centímetro de mi piel que de solo pensarlo me daba asco salir así.
¿Era normal sentir vergüenza? Me reí, pero esa risa seca sonó más como un sollozo, las lágrimas en mis ojos descendían, acercándose finalmente a mis oídos.
La puerta se abrió de golpe y se estrelló contra la pared, provocando que las pocas fotografías cayeran al suelo, sabía que era él, ni siquiera tenía que mirarlo para saberlo, siempre tendría una forma dramática de entrar, ¿no?
Sus pasos no se hicieron esperar, solo que esta vez pude escucharlos retumbar tan fuerte que hasta me dolía la cabeza, se detuvo a unos centímetros de mi cara, se inclinó, agachándose a mi lado. Su mirada recorrió mi cuerpo, deteniéndose nuevamente en mi rostro, se rió y luego habló.
— ¿Seguirás con tu huelga de hambre?
¿"Huelga de hambre"? Él fue quien me tuvo en esta situación, él fue quien deliberadamente usó todas estas falsas palabras para confundir mi mente aún más, quien me dijo una cosa y terminó haciendo otra completamente diferente, de su boca no salieron más que falsedades ... esa boca mentirosa y repugnante
— ¿Tampoco me hablaras?
Volteé mis ojos hacia él, estaba sonriendo pero si mirabas de cerca podías ver como su mirada destilaba resentimiento, sus ojos definitivamente no concordaban con la aguda sonrisa que tenía, volví a mirar hacia el tragaluz e ignoré por completo su presencia. Pero su paciencia no duró mucho, pronto sentí que tomaba mi brazo con fuerza, me arrastró fuera de la habitación y aunque me tropecé demasiadas veces, nada lo detuvo, al final tomó el camino que conducía a su oficina, odiaba ir allí, no lo quería así que tan rápido como pude traté de negarme, mi fuerza no era nada comparada con la de él, aun así traté de soltarme de su agarre.
— ¡Sueltame!
Tiré mi brazo hacia atrás y traté de patearlo en la pantorrilla, obligándolo a soltarme, no lo logré y cuando volví a patearlo, me soltó sin previo aviso. Caer hacia atrás hizo que mi cuerpo reaccionara inconscientemente, traté de meter mis manos para evitar golpearme, mi cuerpo trató de girar haciéndome caer de lado, mientras esto sucedía sentí que mi tobillo se doblaba de manera extraña sintiendo como si mi tobillo se desgarrara. Intenté tocarlo lentamente pero tan solo la sensación de las yemas de mis dedos contra mi piel hizo que sintiera suficiente dolor como para gritar, no sabía que hacer, el hambre, la rigidez qué sentía en mi cuerpo y los constantes pensamientos, sumado ahora el intenso dolor de mi tobillo, todo estaba yendose a la mierda.
Entonces sentí que me agarraba del cabello y me tiraba hacia adelante, en varias ocasiones mi cuerpo descansaba sobre mi tobillo lesionado, haciéndome gritar tan dolorosamente que me quemaba la garganta. Llegamos a la puerta de la oficina, al final jalo mi cabello e hizo que me levantara, me sostuve cómo pude intentando no sostenerme de mi tobillo. Al abrir la puerta lo primero que vi fue ese horrible espejo, era el único espejo que había en esta casa y solo ahí podía ver mi rostro.
Mi ojo izquierdo tenía una fuerte hinchazón, el resto de mi cara tenía moretones, debajo de mi nariz tenía sangre seca y mi cuello estaba aún peor, ahora recordé por qué me encerró por semanas sin comer, dejándome solo para beber agua, y con suficiente como para estar 'consciente' todo era parte de su castigo y finalmente estábamos aquí, nuevamente sentí el dolor en la boca del estómago, el dolor en mi tobillo paso a segundo plano.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y mis manos empezaron a temblar, ¡maldita sea! Incluso sentí que mi cuerpo estaba tratando de expulsar la poca comida que comí días atrás.
— Desharo
— Entra — Seguridad. No hubo vacilación, ni exaltación, mucho menos molestia o incluso burla, solo una voz neutral que con seguridad hizo que al instante me quedara callara.
Volteándome a verlo, no hizo absolutamente nada más que empujarme dentro de la habitación, nuevamente lo llamé en súplica pero como siempre, me ignoró. Entro a mi lado, ya no podía ver ese corredor, así como me bloqueaba el paso, no había escapatoria y cada una de sus acciones me lo demostraba.
E incluso si repitiera mi súplica mil veces, mil veces sería ignorada.
— Por favor, Desharo
Finalmente la puerta se cerró.