Asesinos en la Oscuridad

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Summary

Me llamo Nellya Bennett, soy estudiante de Criminología en la universidad de Faylon y perdí a mi padre a los 8 años cuando salíamos del cine. Esa sonrisa de mi padre, la que más quería la perdí en el recuerdo. Sólo busco respuestas a la muerte de mi padre, por eso soy quien soy cada día. ¿Podré trabajar en una comisaria? ¿Seré capaz de arrestar a asesinos? ¿Vengaré la muerte de mi padre?

Status
Excerpt
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Me llamo Nellya Bennett, Nelly para los amigos, soy estudiante de la carrera de Criminología. Me quise hacer criminóloga por una razón.


Todo empezó cuando tenía ocho años, había quedado con mi padre Daniel Castle —Castle, a secas, es como le solían llamar en el trabajo—, que era un gran policía en el cuerpo de seguridad nacional de City of Darkness. Sí, el nombre suena misterioso…, como lo que ocurre aquí. Bueno, pues habíamos quedado para ir al cine a ver una película juntos.


La película duró mucho y ya estábamos saliendo del cine y comentando las partes que más nos gustaron, sí, hubo una escena que mi padre imitó tan bien que me entró un ataque de risa y pude ver esa gran sonrisa suya.


De repente se oyó un grito y por la esquina de una calle aparece una furgoneta negra derrapando. Se para enfrente de nosotros, se abre una puerta rápidamente y un hombre encapuchado de oscuro saca una pistola y dispara a mi padre. Esa gran sonrisa suya fue la última que vi, ese día juntos fue el último para el resto de mi vida, el día más triste.


Y por eso estudio Criminología, para capturar a los malos que hagan daño a personas inocentes y poder arrestar a los que hicieron eso. ¿Y cómo sabes si siguen vivos los asesinos de tu padre?, os preguntaréis. Bueno, cuando fui creciendo, ya con dieciocho años, fui a recopilar información sobre ese día a la Biblioteca Nacional, donde están guardados todos los periódicos de todos los años, pregunté por ese día y fui hacia el estante del final de la biblioteca. Allí estaba, casualidad… El caso quedó abierto, tal vez en ese momento mi instinto me dijo que me esperaban. A mí, para arrestarlos y condenarlos de por vida, curioso… Desde ese día hubo otros asesinatos similares, no con policías, sino con civiles.


Volviendo a la realidad, dejemos los recuerdos y centrémonos en la clase, la última clase del día. Hoy la profesora Leyna White no dará la clase, ¡bien! Su voz tan pausada hace que las clases te aburran, aunque llevo bien todas las materias, incluida esta.


—Hoy, chicos, tendréis una charla sobre la forma de actuar de un policía en un caso criminal —dijo Leyna.


De repente dos policías abrieron la puerta y prepararon un ordenador con el Power Point conectado al proyector. Un policía era de nuestra edad, de unos veinte a veinticinco años, era alto, con unos ojos color chocolate tirando a miel, hay que reconocer que me derretía por dentro por esos ojos, su pelo castaño corto y su barba de unos días.


Bueno, se me olvidó deciros que en todas las clases me toca en primera fila, sí, nos colocan por orden alfabético.


—¡Hola, chicos! Soy el capitán Eiron y él es el policía Dayron.


Empezaron a proyectar diapositivas en la pantalla y en una imagen de un caso, el capitán Eiron preguntó qué era lo más relevante. Yo soy buena buscando algo raro en las imágenes, me recordaba a cuando jugaba con mi padre a buscar las diferencias entre dos fotografías.


Algunos alumnos levantaron la mano y dijeron cosas relevantes, pero yo… me quedé observando la imagen con detenimiento, aunque, sí, a veces mirara de reojo a Dayron, me daba la impresión de que observaba lo que hacíamos. Miré con mucha atención la imagen hasta que vi algo que no tendría que estar ahí, a no ser que el asesino no se diera cuenta. Eso era…, intentaba mirarlo más detenidamente, ya que la imagen no tenía mucha calidad y ese objeto se veía borroso, era…, sí, un cacho de tela, era pequeña, exacto, un trozo de tela y, mirando la ropa de la víctima, no era de ella, ¡sí!, era del asesino.


Sonó el timbre en ese momento y no me dio tiempo a decir lo que vi. Dayron y Eiron estaban recogiendo el ordenador y ya se iban, yo salí de mi pupitre y bajé las escaleras hasta llegar a la mesa de los profesores, fui hacia el capitán Eiron y le dije que vi un trozo de tela. Dayron y Eiron se quedaron asombrados al ver cómo pude distinguir aquello con tanta facilidad.


Ya era la hora de irme a casa, así que me despedí de ellos y de Leyna. Al llegar a casa, ya eran las tres de la tarde, las clases terminaban a las dos, pero yo tardaba una hora en llegar a casa en transporte público, iba en autobús, ya que está a unas cuatro manzanas de donde vivo, Faylon, la capital de City of Darkness.


Me preparé un picoteo de embutido, ya que no tenía mucha hambre ese día, al terminar de comer recogí todo y me fui a mi habitación a terminar los deberes que me quedaban para el día siguiente. El tiempo pasó volando y ya eran las nueve de la noche, me fui hacia el salón y me puse a ver en la televisión un canal de casos policiales, me gusta saber qué haría yo en cada situación. Cuando miré el reloj de la TDT ya eran las once de la noche, me hice un sándwich caliente con un vaso de batido de fresa, al terminar de cenar lo metí todo en el lavavajillas y me fui a la habitación a coger el pijama y estar a gusto por casa. El pijama era corto, de verano, una camiseta rosa de tirantes con un smiley en el centro y un pantalón negro con estrellitas blancas sonrientes. Seguí viendo la televisión hasta las dos de la madrugada, ya que después de terminar de ver los casos de policías, me puse a ver la MTV, la música me relaje. Apagué la televisión y me fui a mi cuarto a acostarme, no sin antes llamar a Arrow, sí, vivo con mi perro, un husky siberiano mezclado con un alaskan malamute, es un cachorrito de dos meses, negro y blanco, con unos ojos azul claro como el cielo y con unas franjas negras que van desde los ojos hasta sus orejitas. Venía correteando con sus patitas blancas, cuando llegó hacia mí lo cogí y me empezó a lamer la cara, adoro sus lametones, esos son sus mejores besos, su forma de quererme es tan grande… Lo llevé hasta su camita, que estaba al lado de mi cama, es marrón redondeada con un dibujo de una huella en beis, tiene borreguillo a los lados en el interior y una superficie de tela oscura marrón. Abrí mi cama y me tumbé, alcé mi brazo para apagar la lámpara de noche y me fui a dormir hasta la mañana siguiente.