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Summary

El engaño y la mentira están cortadas por la misma tijera, y al alma más pura llegan a corromper... Jade Phipps después de un duro pasado, tortuosos recuerdos y difícil recuperación entra a la Universidad Franklin en Los Ángeles, California por medio de una beca. El comienzo de esta travesía es lo más sencilla y simple para ella. Sin embargo, para todo lo bueno siempre le llega su final malo, y es que Jade no sabe lo que la vida le tiene preparado. Conoce personas que reviven su pasado olvidado, encuentra situaciones que la ponen en un hilo sin que pueda salvarse del peligro. Tiene miedo, demasiado miedo... Pero ella siempre recordará que es todo por ellos, por culpa de ellos y, aún con todo eso en contra de ellos... Jade Phipps perderá.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. "Llegar"

♤ 1 ♤


Jade Phipps


Recuerdo que había tenido pesadillas del accidente aún cuando pasaron meses después de haber recuperado totalmente la cuerda de mis pensamientos. Papá estuvo todos esos meses conmigo, mi madre de vez en cuando. Su trabajo era tan matador que ni por mí pudo posponer algunas citas.


Quizás fue el divorcio de mis padres lo que empeoró mis miedos.


Sin embargo, no estoy aquí para recordar y contarles mis problemas. Vine hasta acá porque si hay algo de lo que quiero que sepan es que la mentira tiene patas cortas y hasta el más ingenioso pierde.


No fui yo, aunque fui una de las que perdió.


Te hablo de ellos. Sí, ellos. Aún no sabes quiénes son pero lo sabrás pronto, y mucho peor… Toda tu vida los recordarás.


Fue un nueve de marzo que puse mis pies en el departamento asignado que tendría en la universidad. Había estado esperando aquel día con ansias, luego de tres años encerrada en mi casa por fin pude salir y conocer la universidad a la que asistiría con el fin de cumplir un sueño, acabar mis estudios y encontrar trabajo como reportera para el canal de noticias más importante de Los Ángeles.


Papá me llevó y dejó en la universidad, y aunque mi padre no era un hombre sentimental se le salieron algunas lágrimas por los rabillos de los ojos, así dijera que era gracias al cambio climático jamás le creí y me alegraba que estuviera tan orgulloso de mí.


Eso inflaba mi pequeño ego.


Ya había enviado mi documentación y tres días antes a mi correo electrónico en mi laptop llegó mi horario de clases, solo quedaba venir a Franklin, reclamar mi carné y llave de residencia para estar lista con respecto a los aspectos más simples de la universidad; no obstante, mientras yo moría de felicidad por empezar una nueva etapa en mi vida también estaba entrando en la peor desgracia que pude conocer.


El primer departamento donde creí que estaría quedándome hasta el final de mi vida en la universidad olía horrible, el primer porque gracias a muchas cosas allí decidí cambiarme. Sin embargo, siempre hay que empezar por algo, ¿no?


Desde alcohol a humo de cigarrillo y comida chatarra. No era lo peor si se puede decir así, el departamento también era un desastre lleno de colillas de cigarrillo en muchos lugares inespecíficos de él, la cocina parecía ser la peor. El suelo estaba manchado, habían virutas de comida, chucherías y bolsas de frituras. La alfombra fue la que más asco me dió por el vómito que tenía encima y fueron incapaces de deshacerse de ella.


Cerré detrás de mí, el departamento estaba a oscuras gracias a las cortinas cerradas ocultando la luz del día por los ventanales de la sala dado que toda la sala era ventanales exceptuando la pared que daba a la cocina y el pasillo, y a la que daba a la puerta de entrada.


Caminé algo cuidadosa y escéptica por la casa presa del pánico por lo que podría encontrarme. Me sorprendió sobre todas las cosas fue que en el sofá habían dos chicas en ropa interior abrazándose. Tenían el maquillaje corrido, el cabello hecho un nido de nudos y portaban arillas de luz fluorescente en las muñecas y abdomen como si estuvieran parrandeando toda la noche.


Seguí caminando en silencio para no despertar a nadie.


Había alguien en el pasillo a las habitaciones con unos lentes de sol y un dragón con cara de perro dibujado con marcador en el pecho desnudo. Más allá fui a las habitaciones, habían tres, una que estaba ya habitada tenía a un chico de pelo rubio platinado y con un mechón azul acostado en la cama con una chica sobre él, ambos dormidos. El aire acondicionado era lo único que aportaba ruido allí.


Entonces fui las siguientes habitaciones; la del principio tenía las paredes pintadas de marrón oscuro, contaba con un cuarto de baño y una ventana grande cerrada hasta las persianas, además, había únicamente una cama —más nada de decoración— con un tipo echado en ella sin camisa y sin pantalones rocando como una motocicleta recién encendida.


Fui a la habitación del fondo del pasillo encontrando lo mismo que la anterior, solo una cama, con paredes color azul bebé, ventanas más grandes y largas verticalmente. Otro cuarto de baño, tocador, un sofá al pie de las ventanas largas y un sujeto no durmiendo en la cama sino junto a la puerta con algo escrito en la frente: ¡Qué siga la fiesta!


Todos ellos estaban dormidos y posiblemente con una fuerte resaca.


Asentí conforme por el desorden, mis pasos volvieron al cuarto principal ignorando la otra puerta del fondo a la derecha. Entré al cuarto donde dormía el chico de cabello platinado abriendo las persianas de las ventanas, como estaban en una posición que daba el sol la luz entró de lleno dando con la cama. El chico dormido reaccionó de inmediato tapándose la cara, alejando a la chica sobre él de su cuerpo.


Sabía que él era el principal y único habitante del departamento pues la chica en recepción me especificó muy bien los detalles de mi compañero.


En ese instante, solo podía formular cuán horrorizada estaba con él y el departamento y el desorden y todo.


—Maldición…—susurró con voz enronquecida por la falta de uso. Caminé por la habitación solo para quedar en el lado de la cama donde él estaba despertándose todavía. Sus ojos se abrieron poco y me miraron, las cejas se le fruncieron pero poco a poco recobró sentido de razón y me miró con ojos mucho más abiertos — ¿Y tú quién… Eres…?


—Solo voy a decir que vine con altas expectativas a este lugar pero ver este desorden fue terrible. Hay dos chicas abrazadas en el sillón, personas en los demás cuartos y no quiero ver la cocina otra vez, está horrible. Además, de que hay uno chico en el pasillo tirado y durmiendo —dije tan rápido que él no me entendió —. Iba a ser tu compañera.


Eso lo hizo reaccionar.


— ¿Ibas?


—Sí, ahora mismo me voy a cambiar la llave por otra porque este desorden me da náuseas, todo aquí me da eso: náuseas —me giré sobre mis talones yéndome a la puerta de la habitación cerrándola con tanta fuerza que desperté a quien estaba en el pasillo, el mismo que me miró con cierto desdén.


Lo ignoré completamente dirigiéndome a la puerta de la entrada con mi maleta y mochila y mis ánimos por los suelos. Las chicas en el sofá estaban despertando, sin embargo pasé de ellas saliendo del departamento.


El proceso sería tortuoso, seguramente, pero más valía eso que seguir en ese lugar lleno de basura.


Volví a administración del edificio, hablé con la encargada un tiempo larguísimo casi suplicándole que me dejara cambiar la llave del departamento, me dijo que era un poco de papeleo pues ya había puesto mi nombre e identificación en el registro que daba en esa habitación pero, mientras veía como resolver mi problema me dió otra llave que era el departamento al fondo del mismo piso.


Me dijo también que era una chica la que lo habitaba esta vez y así me dejó ir con una nueva oportunidad de un hogar. Aún, al sol de hoy creo que esa chica de administración era nueva para el trabajo porque fue muy servicial, digo… ¿No debió al menos formarme un problema por mi reciente cambio de llaves?


Al final fui al departamento nuevo y no sé si era mejor o peor.


La chica que estaba en el departamento no tenía el desorden del anterior lugar pero si se notaba que no le venía bien el orden, aunque a diferencia del anterior me quedaba con el que estaba viendo en ese preciso instante; argumentando que se andaba besuqueando con un sujeto casi desnudo.


Eso sí me repugnó un poquito.


Suspiré llena de resignación empezando a creer que la recepcionista se vengó de mí.


La chica se separó riéndose del muchacho, y miró sobre su hombro dándose cuenta al fin de que yo estaba allí, me observó por lo menos un segundo completo, y así, se soltó de su acompañante para girar y mirarme con más panorama.


—Oh mierda —susurró, algo sorprendida, despectiva y desconfiada.


Yo desentonaba bastante en su departamento, pues ella iba vestida con solo prendas de color negro y yo traía algo de color así fuera bastante pálido el mismo.


—Esto será temporal —me prometí, aunque ella se lo tomó también para ella pues resopló.


—Duermes en la habitación del fondo.


—Okay —dije, porque no podía aceptar menos. Era estar viviendo con ella o con el idiota que hizo una fiesta y luego no midió las consecuencias de tanta destrucción —. Soy Jade, por cierto.


—Anya, pero me puedes decir Manie también —asentí conforme —. Él es… Un amigo —señaló a su acompañante que se mordía el labio y no se veía tan monocromático cómo ella, hasta se podía decir que daba color al ambiente.


—Tristán —me tendió la mano y la acepté por educación.


—Bien, Tristán y yo estaremos en la habitación de la derecha tú… Instalate —agarró al chico de la mano y se lo llevó hacia el corredor del departamento dejándome sola en la sala con pósters de rock y olor a un incienso que me desagradó al instante.


Mis pies fueron a la habitación desocupada pues solo quedaba una aparte del cuarto de baño en el pasillo y empecé a instalarme. Papá me traería unas cajas con más de mis cosas, innecesarias sinceramente, pero mientras tanto éramos solo yo, mi ropa y mis artículos personales.


Mi nueva habitación era de un color gris azulado con ventanas en la pared frente a la puerta que daban la vista al edificio más grande de la universidad.


Dejé mi ropa en el ropero, en el baño instalé mi cepillo de dientes y productos, y luego me tiré en la cama. Por tradición de la universidad o por lo que había leído en el catálogo de esta, se hacía una pequeña celebración en el campus. Los directivos estaban al tanto y aceptaban la celebración con tal de que no metieran a la directiva a menos que fuera absolutamente importante.


No sé si era bueno o malo.


Leí sobre la celebración y es que había todo tipo de juegos, las fraternidades participaban también.


La mayoría de los juegos eran básicamente solo beber, o hacer cualquier actividad que tuviera alcohol integrado. Yo no era de tomar, la última vez choqué el auto de papá en el garaje del vecino y desde entonces no volví a beber licor, o eso recordaba vagamente, aunque después se enterarán.


Suspiré cansada, apagué las luces y me hice ovillo en la cama.


La fiesta de la universidad se llevaría en la noche como siempre, mientras, dormiría lo que no dormí en el viaje a Franklin desde casa.



Dormí lo suficiente como para salir de mi habitación y encontrar a mi compañera en la sala fumando con la ventana abierta. No la había detallado bien cuando llegué pero Anya era alta, delgada, y su cabello estaba teñido de morado oscuro.


Traía un top y unos shorts cortísimos.


Aclaré mi garganta, ella giró al instante para verme.


Aún traía el maquillaje de esta mañanas sin ninguna imperfección desde el delineado felino y los labios pintados de rojo pero con sombra negra, era un difuminado precioso.


Al verme sonrió, y me pareció divertido ya que al verme por primera vez entrando a su departamento la mirada que me echó decía lo mucho que desconfiaba de mí, y luego estaba ese instante cuando volvió a mirarme más afable.


—Has despertado, fui a buscar algo en tu baño que había dejado allá y te vi durmiendo, seguramente el viaje fue cansado ¿No?


—Algo, sí —rasqué mi nuca.


— ¿Y de dónde eres? —se deshizo del cigarrillo lanzándolo por la ventana. Casi que la regañé pero lo dejé pasar.


—Queens, pero estuve un tiempo en San Francisco donde mi madre antes de venir a Los Ángeles —sonreí —, no fue tan malo el viaje pero si algo cansado. No dormí por la emoción de llegar hasta acá y ahora es que me pasan las secuelas de eso.


—Entiendo, entiendo —se cruzó de brazos caminando hacia el mueble más grande de la sala — ¿Cómo es el Golden Gate? Jamás he ido a San Francisco, ¿siempre han habido colinas?


Reí.


—Pues sí, siempre han habido y el puente es grandísimo ¿Alguna vez has visitado Beberly Hills?


—Vengo de allí —sonrió aún más grande yéndose a sentar en el sofá  —. Y ya sé lo que me vas a preguntar: sí, todos son unos ostentosos de mierda allá.


—Ah, bueno… —tomé asiento junto a ella en el sofá.


—Le gustaste a Tristán —me dijo de golpe; mis cejas se arrugaron —. Dijo que tienes una cara bonita, bueno, eso y que no tienes un carácter como el mío —empezó a reírse mientras se raspaba con la uña del pulgar derecho el esmalte del pulgar izquierdo con despreocupación — ¿Qué estás estudiando?


—Periodismo.


— ¿Se te da bien eso? Bueeeeno… Tienes cara bonita, las reporteras son bonitas.


— ¿Gracias?


— ¿Cómo llegaste hasta aquí?


— ¿Ah? —Anya rió.


— ¿Cómo llegaste a mi departamento? Siempre piden cambio de habitación los que vienen a quedarse conmigo, en su mayoría chicas, los chicos por otro lado… Soy la que los arrima hasta el punto de querer irse.


Solté una risita nasal mirándome las manos y las venas brotadas a causa del calor.


"Me hace falta una pintura en estas uñas". Pensé al volver a mirar a Anya.


—Es una muy extraña experiencia que no creo olvidar. Hasta me serviría de anécdota chistosa.


—Tengo todo el tiempo del mundo para escuchar tu experiencia, tal como dices.


—Acabé de llegar a la universidad cuando fui a registro...


Le conté todo.


Anya lo entendió a la perfección y se rió de mí más de una vez. Luego fue que Tristán salió de la habitación de mi compañera y nos vio a ambas sentadas en el sofá. Él andaba únicamente con una camisa y su ropa interior, y el cabello lo tenía muy alborotado.


—Heeeey —alargó con tono adormilado mientras se apoyaba contra la pared del corredor —, ella sigue aquí.


—Así es —mencionó Anya — ¿No tenías que hacer algo con un compañero de clase?


—Creo que puede hacer el trabajo sin mí.


Me quedé callada aunque me estaban volando algunos demonios a mi alrededor para decirle que no fuera un procrastinador y le dejara el trabajo a los demás.


Anya habló por mí:


—Eso no es de amigos, y tu presencia aquí ya no tiene relevancia.


—Tremenda forma de echarme de tu departamento, después de coger ¿eh?


—Fuera de aquí —Anya señaló la puerta y su acompañante no tuvo de otra más que ir por sus cosas y luego largarse. Ella me miró con una débil pena —. Piensas que soy una…


—Chica que acaba de salvar a ese idiota de un regaño mío —terminé por ella antes de que se autodestruyera conmigo en frente. Me sonrió sonrojada — ¿Qué hacen usualmente en Franklin?


—Estudiar —se rió —, solo estudiar. Y a veces asistir a fiestas de las fraternidades.


— ¿Son como las películas?


—Creo que hasta peores —se jactó ella levantándose —. Iré a vestirme porque en media hora voy a salir con alguien ¿Te molesta si te dejo sola?


—No, tranquila.


—Bien, no volveré tarde quizás antes de que asistas a la tradición de la universidad —encogió los hombros desapareciendo por el pasillo.


Así pues me quedé pensativa en la sala buscando alguna actividad que poner en acción y que pudiera distraer mi mente de la realidad, así como la psicóloga me había dicho con respecto a hacer cosas, más de las que usualmente hacía como por ejemplo dejar de ver mi celular a cada rato. No encontré una idea concreta pero sí llegué a plantearme llamar a mi papá para contarle cómo estaba, y aproveché para enviarle un mensaje a mamá.


Claro, ella no respondió a ninguno que envié, como de costumbre.


Y así como se resumía mi vida social a únicamente mis padres. Dejé el celular en la mesa de centro escuchando a Anya irse del departamento vestida toda de negro y muy bonita. Prometió regresar antes y yo me fui a mi cuarto a no sé qué hacer.


Lo bueno era que había traído una pelotita de goma y estaba lanzándola por el aire, acostada en la cama, atrapándola con gesto ausente pero pendiente de que la goma no fuera a darme en la cara como estúpida.


Y no fue eso, estaba muy felizmente de la vida lanzando la pelota al aire cuando el ruido estridente de la puerta sonó como si alguna invasión zombie estuviera persiguiendo a quien tocaba de esa manera y este por desespero de buscar refugio tocara como si fuera alguna especie de psicópata.


Lo peor no fue eso… lo peor fue que la pelota me cayó en la mejilla y me dolió tal latigazo en la espalda.


Chillé y lancé la pelota al otro lugar libre de la cama y me levanté del colchón caminando en dirección de mi puerta.


A medida que me acercaba a la de la entrada un fugaz hilo de quejas fueron escuchados por mis oídos.


— ¡Anya, abre la puerta! ¡Vine por mis veinte dólares! —la voz masculina rayaba lo molesto, y más allá de ir a abrirle me quedé petrificada en la entrada de mi habitación — ¡Joder, Anya!


Entendí a la perfección que mi compañera de piso acababa de irse dejándome sola en el departamento con potencial riesgo de allanamiento si el chico no conseguía sus veinte dólares.


— ¡Anya, maldición, abre ya! —volví a meterme en la habitación presa del pánico.


¿Qué fue lo que dijo la psicóloga? ¿Mantente alejada de situaciones peligrosas? Por supuesto, pero ¿Y si ellas venían a mí?


— ¡ANYA! —se escuchó más fuerte.


Por inercia cerré mi habitación con seguro. No supe qué hacer por unos instantes, supuse que si ponía a esperar al chico este creería que no había nadie y se iría, muy a lo contrario siguió insistiendo como si supiera que alguien de una u otra manera estaba en el departamento.


Y luego, mientras daba vueltas en mi habitación con las manos en la cabeza me detuve frente a mi cómoda. Veinte dólares relucían del bolsillo trasero de los jeans que traía puestos cuando llegué de mi viaje, pues en ese instante utilizaba era una pijama.


Los tomé, e hice acopio de toda mi fuerza, voluntad y valentía para salir de la habitación aún escuchando sus gritos como si de un delito se tratara no haber pagado veinte dólares prestados. Me agaché frente a la puerta de entrada que vibraba por los golpes que le daba el sujeto del otro lado. Desdoblé el billete con mis manos temblorosas dejándolo en el suelo y dos segundos después lo pasé por debajo de la puerta obteniendo silencio absoluto.


Uno...


Dos...


Tres... Segundos pasaron para que el caos se desatara.


— ¡¿Crees que es un maldito juego?! ¡Sal de ahí ahora, Anya, o romperé la puerta!


Aparte de que le pagué la deuda a mi compañera que no conocía a la perfección debía lidiar con el ahora más furioso cobrador. Por inercia me levanté y fui de puntitas hasta el corredor antes de que la puerta se abriera con ímpetu y violencia.


Quedé petrificada en mi lugar temerosa de girar y encontrar a un sujeto devastadoramente molesto. No obstante ante el silencio pensé que si no me movía no me veía, así, simple.


— ¿Dónde está Anya?


Bueno, mi error.


Giré la cabeza mirando sobre mi hombro al profanador del departamento con brazos laxos y puños apretados, uno de ellos sujetaba mis veinte dólares.


La puerta tenía hecho añicos el seguro y la madera que lo rodeaba.


Estaba rodeada de iracundos.


Miré por primera vez al chico de altura titánica y ojos grises. No se veía feliz. Para nada feliz.


— ¿Dónde está Anya? —inquirió más mordaz que antes.


Yo no tenía la culpa de las deudas de mi compañera, en su lugar estaba considerando irme de regreso con el chico fiestero de esa mañana, allá no pasaría tanto estrés en menos de veinticuatro horas, suponía. Chasqueé la lengua, ya no tenía caso no moverme.


Di la cara enfrentándolo y era que, aún teniendo los traumas que tenía seguía portando el carácter de mi padre.


— ¿Qué clase de persona racional rompe una puerta? Cuanto drama haz hecho por veinte dólares.


— ¿Dónde está Anya? —repitió.


—No está por si no lo has notado —gruñí señalando la estancia —. Debería acusarte con administración.


—Anya Kašpar dónde está —sus palabras estaba teñidas de devastación.


Apreté los labios.


—La única chica aquí soy yo.


—Me extraña que Anya tenga compañera de piso a menos que estés cogiendo con ella.


—No lo hago —aclaré.


—Dime a dónde se ha ido Anya —decidió cambiar el tema por suerte.


—Salió. No sé con quién y no sé a qué hora volverá.


Mi respuesta no pareció alegrarlo, apretó los puños con más fuerza y tenso la mandíbula marcada. Luego se miró la mano con los veinte dólares y camino hasta donde yo estaba agarrándome de la muñeca depositando el billete arrugado en mi mano.


—Quédatelo y no pagues las deudas de mi hermana.


Se dió media vuelta saliendo hecho una furia, agarró el pomo de la puerta y aún sabiendo que esta estaba destartalada la azotó al retirarse del departamento.


Ni siquiera estuve más tiempo asimilando todo en la sala, me fui a la habitación llena de decepción por las personas como él.


Lo único positivo era que acababa de recuperar veinte dólares.



Los Ángeles tenía un clima cálido pero no pesadamente caluroso, igual, esa tarde me fui con una camisa de manga corta.


Luego del incidente con aquel intruso decidí que tenía que despejar la mente. Así podía caminar y conocer el campus de la universidad y es que este era tan grande que hasta una calle para los carros tenía, no había momento que no viera un auto pasar al menos junto a la vereda o lejos de ella por donde yo iba, y más que todo eran convertibles o de esas jeeps.


Si acaso vi camionetas u otros autos pero más que todo veía autos descapotables.


Todo transcurría con normalidad por Franklin; se sentía como esas comunidades dónde podías respirar sin sentirte ahogado. Así como recuerdo vagamente era el parque que había por unas cuadras de la casa de mi madre en San Francisco. Eso me hizo recordar a papá y que se puso a enviarme fotos de la ciudad, no lo hacía con mala intención pero yo quería estar en mi hogar respirando el aire de papá, escuchándolo contar sus chistes malos y oler el café de las mañana que preparaba.


Sin mamá en casa todo era diferente, de alguna manera me acostumbré al calor hogareño de mi padre allá en Queens.


Un auto tocó el claxon despertándome de mi ensoñación.


No era conmigo la cosa, claro.


Seguí caminando observando las diversas decoraciones en el campus, todo azul, plateado y dorado. Muchas de las decoraciones tenían demasiada escarcha y no muy lejos de donde estaba habían más personas decorando el campus. La mascota de la universidad era un oso pardo de color azul con una gorra dorada y camisa plateada.


Les sonreí inconsciente a los decoradores siguiendo mi camino hacia la cafetería de la universidad, esta era un edificio ovalado de color blanco y ventanales, una señalización cerca del edificio mostraba que el primer piso era un café y el segundo un sitio de desayunos, almuerzos y cenas.


Estaba atestado de gente apenas entré, todo olía a aire acondicionado, café recién hecho, y los que estaba allí hablaban, comían y veían cosas en sus laptops pues además de café también tenían wifi gratis para sus clientes.


Decidí ir al sitio de desayunos para comerme algo pues no tenía nada en el estómago además de un cereal.


El piso de arriba era lo mismo que el de abajo únicamente que aquí no había olor a café sino a comida. Hice la fila de la cajera y en mi turno pedí algo que llenara mi estómago de doce horas sin nada en el estómago. Pagué justamente con los veinte dólares que había recuperado, y me fui así tal cual a una mesa a comer mi almuerzo sola mientras miraba el celular.


Papá no paraba de mandarme fotos de la ciudad, y aún esperaba el mensaje de mamá.


Una amiga de Nueva York me escribió felicitándome por haber entrado a Franklin y que pronto me visitaría; Amber era muy buena amiga mía, sin embargo por mucho que tuviéramos cosas en común la universidad no fue una de ellas. Amber se quedó en Nueva York, y yo me fui a Los Ángeles.


Ambas estábamos en la otra punta del país, pero haber tenido noticias de ella me calentó el pecho de felicidad.


Terminé mi almuerzo indecisa de a dónde dirigirme próximamente, quería recorrer el campus pero no demasiado, me conocía bien; en algún momento me perdería en un lugar tan grande, aunque ¿Qué podía hacer? Tampoco deseaba irme a encerrar en el departamento a la espera de Anya.


Así pues caminé fuera del cafetín dedicándome a perderme por la vereda del gran campus rebosante de personas. Hubo un momento en el que llegué a la zona de fraternidades donde se estaban mudando a las casas los que vivirían en ellas.


Habían chicos por montón bajando cajas de camionetas y camiones de mudanzas, varias casas albergaban chicas también bajando sus pertenencias; y las fachadas y porches de las casas eran impresionantes y hermosas. Continué caminando viendo las mismas escenas y acciones de muchas personas haciendo lo mismo al mudarse a sus fraternidades.


Hasta que, después de tanta caminata me detuve en la acera de la calle cuando me topé con el mismo chico que interrumpió en el departamento, rompió los seguros de la puerta y decía ser hermano de Anya.


Estaba bajando de un auto gris una caja identificada. Entró a una casa de puerta negra y ventanas verdes dejando solo el auto, pero de la casa no tardó en salir otro chico por las demás cajas en el auto. No sé porqué me quedé viéndolos, pero ahí me encontraba en medio de la vereda. Fue entonces que el intruso del departamento se percató de mi presencia luego de salir de la casa.


No supe ni a dónde moverme hasta sentir demasiada irritación por lo que hizo y me di media vuelta.


— ¡Hey! —lo escuché gritarme pero no me di vuelta, y en menos de lo que esperé él estaba alcanzándome, parándose frente a mí —Oye, oye, aguarda…


—No te atrevas a tocarme —amenacé advirtiendo su mano muy cerca de mi hombro. Di un paso atrás para verlo mejor, me sacaba dos cabezas de alto; Dios, que pequeña me sentía.


Con la luz del sol podía verlo con mejoría, aunque tampoco había detallado al sujeto en el departamento pues estábamos discutiendo. Era alto, sí, alto. Su cabello era castaño con reflejos más claros y me hubiera encantado preguntarle si su cabello era así desde que nació o los reflejos se los hizo en alguna peluquería, y luego estaban sus ojos.


Esos ojos que no sabía que empezarían a atormentarme.


Eran grises.


Grises como el peor de los días nublados y el más frío acero.


Él era tan maravillosamente guapo que me sentí más enojada que antes.


— ¿Anya volvió ya?


—No lo sé, salí del departamento —anuncié lo obvio pasándole por el lado derecho.


—Si vuelve dile que la estoy buscando —me detuve a mirarlo sobre mi hombro.


—No es mi problema, pero son unos asquerosos veinte dólares, más nada.


Él asintió.


—Tal como dijiste no es tu problema. Si la ves dile que me llame.


—Le diré que llame a su iracundo hermano —bramé abrazándome a mí misma por una ráfaga de viento.


—Tal vez así responda más rápido —se dedicó a bromear. No expresé más que mi imperturbable seriedad. Él suspiró mientras negaba —. Solo díselo ¿De acuerdo?


—Okay —respondí de mala gana.


—Gracias —masculló dándose la vuelta. No sin antes regresar —. Soy Anděl, para que sepas.


Arrugué las cejas.


— ¿Anděl?


"Vaya nombre". Pensé.


Y me sonrió.


Su sonrisa era lobuna, no me traía buena espina.


No respondió, y por inercia yo dije mi nombre.


—Soy Jade.


—Hasta pronto, Jade.


Dijo mal mi nombre. La forma en la que lo pronunció más bien.


Se fue por dónde vino dejándome con el reclamo en la boca, y así pues, mientras yo miraba su espalda, desde la casa a la que él se dirigía nos miraba un chico, no sabía cómo era pero se veía que el cabello lo tenía negro.


Y estaba de brazos cruzados.


Me retiré de allí, pues ahora que sabía que él seguramente vivía en esa casa, no me presentaría por allí ni una sola vez más.



Estuve el resto del día en el departamento leyendo un libro grueso sobre un historia de amor, pero Anya llegó en el momento que yo iba por la mitad del tercer capítulo.


—Volví —anunció con voz cantarina y una sonrisa, se desplomó a mi lado con las manos en el regazo.


—Te ves muy feliz.


—Lo estoy —acudió —, tuve una cita y luego fuimos a su departamento. Los detalles los dejo a tu imaginación —sonreí. No conocía a esa chica pero me agradaba un poco.


Y mientras miraba a Anya me di cuenta que tenía parecido con Anděl.


Ahí recordé: Anděl.


—No quiero arruinar tu momento pero… —cerré el libro con mi índice en la página por donde estaba leyendo —Cuando te fuiste poco después apareció un tipo a gritar en la entrada que le dieras veinte dólares que le debías.


—Le debo dinero a muchas personas —murmuró nada orgullosa pero despreocupada.


—Bien… El punto es que me dijo que era tu hermano y que lo llamaras —ella se empezó a reír incrédula — ¿Qué? —inquirí confundida.


— ¿Anděl estuvo aquí? —no respondí a la primera —#Jade, ¿mi hermano vino para acá?


— ¿Sí?


—Mierda —se levantó del sofá dejándome con la duda en la punta de la lengua, la vi rebuscar en su bolso por su celular y al encontrarlo lo primero que hizo fue llamar a su hermano —. No puedo creer lo descarado que eres —le dijo apenas contestó, se fue por el corredor a su cuarto dejándome en la sala con la incertidumbre de qué hablarían.


Una parte de mí quería ir y pegar una taza a la puerta de su habitación para oír bien lo que decían, pero otra que pretendía ser más racional me hizo quedarme en el sofá continuando mi lectura. Al rato cuando dejaron de hablar ella salió de su habitación azotando la puerta.


La vi tomar su bolso.


— ¿Qué sucedió? —Anya parecía que iba a matar a alguien, sus ojos grises chispeaban de furia.


—Tengo que salir —dijo atropellado por lo colérica que estaba.


— ¿No vas a ir al festival…?


—Después del festival la fiesta continúa en una fraternidad en el camino de las hermandades. Posiblemente me encuentre en Zeta Epa pero si vuelves acá no me esperes despierta —cortó mi duda respondiendo airadamente, luego se fue dando un portazo a la puerta de la entrada y mi mente quedó en blanco mientras mis oídos sufrían un pitido en ellos.


¿Qué tan graves eran las cosas entre Anya y Anděl? Y, ¿cuándo pediría que arreglaran el seguro de la puerta que Anděl rompió?


Por supuesto que no estuve cuestionando lo mismo una y otra vez, media hora más tarde me estaba terminando de bañar y vistiéndome casualmente para ir a la celebración de la universidad.


Ajusté la chaqueta corta de cuero negro en mis hombros dándome un último vistazo en el espejo. Me gustaba vestir cómodamente, sin embargo, también vestía bonito, sobre todo más casual que nunca. Pasé una mano por mi cabello antes de tomar el perfume y dejar un poco en mi cuello y camisa. Salí de la habitación agarrándome la llave que tenía del departamento, y mi celular.


Ya afuera en el campus me fui en la misma dirección que muchos allí, y habían varios que vestían los colores de la universidad o utilizaban mercancía de la misma tal y como hacían cuando se aproximaba un juego importante.


El epicentro de la fiesta era el centro del campus frente al campo de fútbol americano. Allí habían puestos de comida, juegos improvisados y animadores. También estaba la mascota de la universidad, el tipo vestido de oso.


Tomé un vaso de lo primero que me sirvieron cuando fui a un puesto, todo era gratis y la cara de quién me atendió no era la más feliz por ese simple detalle. Creo que era algún ponche de frutas de lo que me dió. La fiesta se extendía hasta la entrada del campo donde pasé el túnel bajo las gradas al igual que muchos universitarios entrando a un área de juegos. Vi a muchos voluntarios hacerlo pero yo me quedé en las gradas mirando todo.


Estaba sola así que quise quedarme a ver más allá de participar.


Un rato largo pasó cuando volví a los puestos de comida tomándome unas papas fritas y de esos tequeños pequeños en una bolsita que me dieron. ¿Qué no comí esa noche? Pastelitos, tostones, arepas pequeñas rellenas de queso amarillo unas y diablito* otras. Y tome jugo a montón, pero me sentía felizmente satisfecha porque no importaba si mi corazón estaba vacío siempre y cuando mi barriga estuviera llena.


Me quedé el rato suficiente como para que anocheciera y empezara a darme sueño, la mañana siguiente tendría que ir a clases como a las doce del día. Me retiré fue casi a las ocho de la noche, y muchos estuvieron hablando de la fiesta que harían después en una fraternidad para seguir la celebración.


Anya me dijo eso pero a mí no me apetecía ir para allá.


Así pues me fui al departamento con muchas ganas de dormir.


Caminar por la vereda del campus y con aquel frío que estaba haciendo me molestaba un poco, no lo suficiente pero me irritaba. Las farolas tampoco eran que daban calor, nada más aportaban luz.


Continué hasta llegar a la residencia en dónde unas chicas estaban saliendo con vestidos cortos y de fiesta, me pregunté cómo no les llegaba frío, yo aún en jeans y suéter tiritaba del mismo.


Saludé a la de recepción que estaba metida en su celular y subí en el elevador hasta mi piso.


Froté mis brazos con fuerza buscando calor corporal más que nada; llegué al departamento abriendo la puerta con mi llave al mismo tiempo que sacaba mi celular y revisaba los últimos mensajes que me habían llegado de mi papá.


Sonreí distraídamente a la pantalla cerrando muy lento la puerta a causa de mi ensimismamiento.


Llevaba un día en Franklin y ya quería volver con mi papá.


—No cierres —alguien me atropelló en la entrada metiéndose en el departamento sin reparo ni nada. Aturdida cerré la puerta al fin pero con el intruso dentro de la estancia.


Y me sorprendió ver a Anděl ahí.


— ¿Qué haces? —espeté al verlo mirar por la ventana.


—Me escondo de alguien.


¿Qué?


Me le acerqué, él me ubicó las manos en los hombros poniéndome al tanto de lo que pasaba fuera de la residencia. No tardé en encontrar a chicos con chaquetas deportivas con números en el pecho mirando airadamente sus alrededores. Miré de reojo al chico de ojos grises.


—Te escondes de ellos —adiviné.


—No soy un cobrarte pero tres contra uno no es válido en ningún lado —rodé los ojos negando con la cabeza.


— ¿Qué hiciste?


— ¿Qué no les hice? Es la pregunta.


— ¿Qué hiciste? —insistí, aunque no lo conociera y me cayera algo feo por lo de esa mañana quería saber qué hizo.


—Son de la fraternidad que seguirá la fiesta de la universidad en su casa —se rió —. Ellos me debían algo y me lo cobré.


— ¿Entonces?


Me miró, divertido.


—Solo te diré, que a mal tiempo una broma pesada no basta y puedes hacer más de dos —se alejó de la ventana al ver qué los de la universidad se retiraban a buscarlo en otro lado.


Cruzado de brazos tomó asiento en el sofá sacándose un brazo del cruce para alborotar su cabello castaño.


—Estás en problemas.


—Sé salir de ellos —presumió aún sin mirarme con la mano en su cabello.


—Y meterte en ellos también.


—Pues sí —dijo cínicamente.


— ¿Y qué vas hacer ahora? ¿Esconderte por el resto de tu vida?


—No —señaló —, me iré en la mañana y con unos amigos les patearé el culo a esos idiotas.


—En parte tienes razón con lo de tres contra uno —murmuré mirando por la ventana —. No es justo en ninguna parte.


Anděl se me perdió yéndose a la cocina a revisar el refrigerador.


—Mi hermana que no compra una mierda para poder comer —cerró este irritado de que no hubiera mucho y volvió a la sala — ¿No has comido?


—Estuve en la fiesta, comí creo que demás —me acerqué a la barra de la cocina dejando mi chaqueta allí quedando únicamente con los jeans y la camisa color mostaza de mangas largas y cuello en V — ¿Hablaste con Anya?


—Sí —contestó con las manos detrás de la cabeza —. Y me mandó a la mierda.


Reí entre dientes.#


—Pues ahora no pareces el tipo de sujeto que eras esta mañana.


—Me he relajado, pero estaba muy estresado esta mañana —comentó.


—Ya veo —giré y lo miré, estaba acercándose hasta donde yo estaba — ¿Y por qué estabas tan molesto? —tomó asiento en el taburete más cercano a mí quedando a mi altura.


—Asuntos —fue lo único que dijo.


Asentí conforme antes de mirarle el cuello.


"¿Eso es…?". Pensé al mirar lo que colgaba de su cuello.


— ¿Dónde has conseguido esto?


No tomé la precaución de acercarme tanto hacia él que su calor corporal me rodeaba aún cuando no estábamos siquiera dentro de un abrazo. Tomé entre mi índice, medio y pulgar el dije de su collar estudiándolo.


Anděl suspiró por la nariz.


—Era de un amigo.


Alcé la mirada queriendo preguntarle más, porque ese collar era…


Y me di cuenta de lo cerca que estaba de él.


Mi corazón latió muy rápido cuando apreció la situación, Anděl tenía motas diminutas de color negro esparcidas en sus irises caóticamente grises; además, él olía bien, muy bien.


Su respiración estaba cayendo suave sobre mi boca, y yo me encontraba petrificada pues, había pasado tanto tiempo sin acercarme a un chico que, ya había olvidado cómo se sentía la sensación floreciente y abrumadora que era acercarse a uno.


Uno demasiado lindo…


Mi respiración cambió.


No quería ponerme vulnerable pero la cercanía después de tanto tiempo y sumando que Anděl era desgarradoramente guapo, no pude aspirar a más que no fuera temblar de nervios, y me pareció una eternidad cuando hizo el amago de rozar su boca con la mía sujetándome por debajo de la mandíbula con una mano.


¿Cuándo me tocó? ¿Cuándo se atrevió a tocarme?


"¿Cuándo me atreví a exponerme?".


—No —susurré.


—Sí —bromeó, solo como un chico como él podía hacerlo, era parte de su código — ¿Por qué no, Jade?


"Ahora sí pronuncia mi nombre bien". Casi rodé los ojos si no hubiera sido por los nervios.


—No te conozco.


—Tu cuerpo reacciona diferente… —añadió mordaz —Y un beso jamás ha significado nada para mí.


"¡Para mí sí!". Un beso implica la confianza que le das al que lo hace, y yo no confiaba en Anděl, mucho menos como para que quisiera besarme aún cuando estaba tan débil por su cercanía.


No me había sentido así desde la preparatoria.


—No seas tan cínico —pedí agarrando su muñeca para liberarme pero nunca lo logré.


—Dime que no quieres pero mirándome a los ojos y te soltaré —él sí me miró pero yo a él no.


Estaba nerviosa hasta la médula.


Tragué grueso.


Solo podía ver sus muslos vestidos con los jeans.


—No quiero —lo dije sin mirarlo, Dios, como me molestaba.


—Jade, alza la cabeza y dímelo con seriedad.


Estaba jugando conmigo.


Alcé la mirada.


—No quiero que me beses.


Sonrió.


—Triste.


Jaló de mí, con fuerza y determinación, su boca estuvo a punto de pegar con la mía cuando la puerta del departamento se abrió y me separé con tanta rapidez que las uñas al ras de Anděl me rasparon la barbilla. Anya entró al departamento con un gesto torturado, lo entendía si era por esos zapatos que usaba.


Al ver a su hermano y a mí en la cocina frunció las cejas.


—Por lo que más quieran en este mundo díganme qué no tienen algo.


—No —refuté antes de que su hermano dijera una estupidez —. Se está escondiendo de unos universitarios que quieren golpearlo —no sé aún como mi voz funcionó con tanta claridad cuando mi corazón latía como si de un caballo corriendo se refiriera.


Anya suspiró aliviada antes de acercarse a nosotros y meterle un pellizco en el brazo a su hermano. Anděl siseó.


—Es mi compañera de piso, será mejor que te le alejes —dijo muy secamente ella cuando le agarró una oreja a Anděl y le habló cerquita.


El chico de ojos grises la miro con despreocupación.


—Seguro, hermanita.


Anya me miró, su mirada pretendía una pregunta; ¿estás bien?, Sí, lo estaba, pero por favor saquen a Anděl de aquí antes de que me muera de la vergüenza.


Por suerte fue él quién se levantó voluntariamente y caminó a la puerta de la entrada.


—Yo me voy, tengo clases mañana. Me dió gusto saludarte, Jade, pero tal y como pasaba en casa… —se dirigió más a Anya que a mí —Los hermanos Kašpar no pueden estar en la misma habitación.


Con eso abrió la puerta y se fue cerrándola.


Miré a Anya que estaba de brazos cruzados mirando la puerta con escepticismo.


— ¿Anya?


—Manie —corrigió en vano, la seguiría llamando Anya —. Jade, si mi hermano vuelve no le dirijas ni una mirada y haz que no está.


— ¿Por? —cuestioné.


—Solo hazlo —replicó con seriedad.


—Si no me lo dices cómo lo voy a tomar en cuenta —lo haría aún si no me lo decía porque si me puse así con Anděl tan cerca no quería saber que pasaría más allá.


—Mi hermano es un grano en el culo, Jade —habló al fin —, y tiene novia, o no lo sé su relación es demasiado extraña como para tomarla como relación seria.


—Anya, tranquila, si tu hermano aparece yo…


—Prométemelo, Jade. Ya Anděl ha arruinado muchas de mis amistades y yo vivo contigo, antes no era nada porque no las vería de nuevo pero tú compartes piso conmigo y lo que menos quiero es un roce entre las dos.


—No pasará nada —aseguré —. Ten por seguro que si Anděl se aparece por acá me encerraré en mi habitación.


—Gracias —añadió —. Me voy a bañar y a dormir, te sugeriría lo mismo pero aún es temprano.


—Lo pensaré —dije al verla sonreírme e irse por el corredor dejándome sola en la cocina.


Ya así pude dejar salir todo el aire retenido en mis pulmones.


¿Qué diablos había pasado conmigo? ¿Un tipo se me acerca y yo ya cedía todo? No podía creerlo, más bien no podía creer cuán poca fuerza de voluntad tenía.


Temía que Anděl regresara y todo se repitiera, allí sí que tenía miedo.


Demasiado miedo.


Y luego pasó lo del día siguiente, eso me aterrorizó.


♤ 1 ♤


Espero te haya gustado ALL FOR US..


¡Espero te haya gustado el capítulo!

¡Nos leemos en la próxima actualización!