La maquina del doctor moebius
Cuando se activó mi lente óptica por primera vez vi un mundo incoloro, en blanco y negro. Y también escuche una voz.
—…Y listo, ya tendría que estar todo—dijo un hombre de 28 años, envuelto en una bata de laboratorio y apoyado sobre un taburete, mirándome directamente.
—¿Qué es esto? —exprese como mis primeras palabras, una voz pixelada las materializo.
—Yo soy el doctor Moebius, tu creador y te encuentras en mi laboratorio—expreso, a su alrededor la gran habitación estaba hecha un caos, con papeles en el suelo, partes metálicas y herramientas por doquier—Y tú eres DB-22 y tu propósito es defender—.
—¿defender? —pregunte.
—Si, defender a la gente de este gran reino. Ahora probemos tu base de datos, ¿sabes dónde te encuentras exactamente DB-22? —.
—En la ciudad capital del reino de Exorth. Actualmente en guerra con el reino fronterizo al norte de Varinal—.
—Bien, bien—dijo con alegría—Ahora probemos tus unidades motoras, ponte de pie—ordeno.
Un pie a la vez y lentamente me pare hasta que casi podía tocar el techo con mi cabeza ovalada. Bajo la mirada para ver al doctor, aun parado en el taburete, se ve tan pequeño.
—Ahora prueba a caminar un poco—dijo mientras se baja del taburete y lo corre a un lado.
Camino firmemente, en círculos alrededor del doctor. El me mira con asombro.
—Fantástico, esplendido. Funciona, finalmente funciono. —dijo dando pequeños saltos—Vamos, quiero probarte en el campo de pruebas, por aquí—señalo a una puerta de madera al otro lado de la habitación.
Lo sigo, teniendo que agacharme por la puerta que es la mitad de alta de lo que yo soy. Al otro lado un gran patio se presenta, con pequeñas dianas de tiro y muñecos de paja colocados al otro extremo. Seguimos hasta estar frente a las dianas.
—Ahora probaremos tu arsenal. Saca tu cañón—ordeno el doctor.
Retrotraigo mi mano de metal y de entre mi largo brazo cilíndrico apareció un cañón en su lugar, similar al de una escopeta, aunque más largo.
Levanto el brazo y disparo. Un disparo preciso que da en el centro de la diana cada vez. El gran ruido del cañón es lo único que irrumpe el silencio del patio, asusta a los pájaros, ahuyenta a los pequeños animales.
Al terminar levanto el cañón en señal de finalización, el humo sale de a montones del arma.
—Bien, parece que tanto el cañón como el sistema de apuntado funcionan bien.
Aunque tendré que revisar el cañón, se calienta demasiado rápido—dijo el doctor anotando en una libreta que saco de uno de sus bolsillos—Ahora a la última prueba—dijo apuntando a los muñecos de paja que se encontraban al lado de las dianas
—Comenzando prueba del sistema de combate agresivo. DB activar protocolo depredador.
Todo se vuelve oscuro. Pierdo el control. Una sola palabra domina todos mis programas. Matar
Matar.
……
………….
—DB desactiva protocolo depredador—escucho decir al doctor, su voz se escucha lejana.
Todo vuelve. Recupero el control y lo primero que veo es a los masacrados muñecos de paja, lo único que queda de ellos es el palo de madera que los mantenía en su lugar, todo lo demás voló por los aires. Mi cañón despide humo como si nunca fuera a acabar.
—Excelente, simplemente excelente—exclama el doctor con una gran sonrisa—Volvamos adentro, quiero revisar tu arma antes de presentarte ante el emperador y su consejo—.
Obedezco y volvemos adentro. Pasamos lo que queda de día en el laboratorio haciéndome ajustes, recién con la luna en todo lo alto es que el profesor me lleva ante el emperador. Mientras recorremos los estrechos y largos corredores analizo la arquitectura, mármol refinado y telas de seda roja cubren los corredores. Atravesamos dos grandes puertas, de mármol con líneas doradas, y llegamos a la sala del consejo, Una docena de hombres vestidos de negro se encuentran juntos, sentados en fila frente a mí en grandes mesas de roble y detrás suyo sentado a una altura elevada en un trono completamente hecho de oro se encuentra el emperador. Viste finas telas rojizas y una corono de oro y gemas incrustadas corona su cabeza, añadido a los varios anillos que porta en las manos.
—Moebius, dijiste que tenías avances respecto al proyecto auto matrón—proclamo el emperador.
—Si alteza. Es mi placer presentarle el primer modelo exitoso del proyecto, DB-22—respondió el doctor con gran orgullo.
Todos se me quedan mirando. Algunos de los senadores con asombro, otro con duda. El emperador me mira con los ojos entrecerrados, duda de mi éxito, teme mi éxito.
—¿Es eso cierto? Espero que este no sea otro de tus errores de cálculo, odiaría que se repitiera el accidente con tu ultimo “modelo exitoso”—dijo el emperador.
—Si, y sin mencionar la cantidad de bajas que causo tu anterior “modelo exitoso”—agrego un consejero.
—Les aseguro que con este modelo corregí todos esos errores. Tienen mi palabra—dijo el doctor.
—Me gustaría añadir que la razón por la que aprobamos el programa del profesor en primer lugar es compensar las constantes perdidas que sufrimos. Necesitamos del programa auto matrón si deseamos recuperar la ventaja—dijo otro consejero.
El emperador suspira. —Muy bien doctor, si usted lo promete, mañana a primera hora llevaremos a cabo una prueba de campo para ver el desempeño—.
—Se lo aseguro excelencia, esta vez no fallara—dijo el doctor mientras hace una reverencia.
—Eso espero. Le recuerdo que si fallase el doctor Reigis está a punto de terminar el proyecto fénix y lo usare si es necesario para ganar esta guerra—añadió el emperador.
—Le aseguro que con mi proyecto no tendrá por qué recurrir a tales barbáricos métodos. Ya vera, mañana se lo probare—dijo el doctor.
—Eso espero—dijo el emperador.
Así el doctor y yo nos retiramos de vuelta al laboratorio. Él se la pasa toda la noche haciendo ajustes y calibraciones y mantenimiento hasta que su cuerpo cae rendido contra el suelo y duerme. Yo me siento en una esquina, quieto, callado, viendo el laboratorio hasta que noto el sol alzarse por el horizonte por lo que despierto al doctor.
—Doctor, ya es hora doctor—digo.
—Ahh que…—él se levanta lentamente, se frota los ojos, se limpia la vaba y mira el reloj de pared—Pero mira qué hora es, tenemos que salir ya o llegaremos tarde—dijo preocupado.
Nos dirigimos a paso apurado al campo de entrenamiento donde el ejército imperial entrena y práctica. Al llegar el lugar este vacío, no hay nadie, solo están el emperador y los doce consejeros de anoche.
—Alteza—dijo el doctor haciendo una reverencia.
—Doctor, espero que su máquina esté preparada—dijo el emperador.
—Le aseguro que no decepcionara—.
—Entonces comencemos, primero queremos probar la puntería y potencia de fuego por lo que mande a preparar maniquíes vestidos con las más resistentes armaduras del ejercito—dijo el emperador señalando al campo de maniquíes preparados a un lado.
El doctor me mira y hace un gesto con la cabeza hacia los maniquíes.
Yo obedezco.
Uno a uno disparo a todos los maniquíes, cada bala da certeramente en el pecho, partiendo en dos las pecheras y a los maniquíes.
Los consejeros miran en asombro, algunos le aplauden al doctor.
—Bien, muy bien. Pudiste mejorar el cañón respecto del último modelo y vaya mejora que es. Los destrozo—dijo el emperador sorprendido—Pero la puntería no es nada si no sabe manejarse en el campo. Lo que nos lleva a la segunda prueba—hace un gesto con la mano para que todos los sigan.
Cruzamos una puerta doble gigante que nos lleva a otro patio aún más grande que el anterior. Aquí es donde el ejercito practica tácticas y maniobras a caballo.
Esperándonos hay una docena de guardias sujetando a una docena de hombres con bolsas en la cabeza y rifles de caza a sus pies.
—Para comprobar la eficacia de la maquina preparamos un pequeño ejercicio—dijo un consejero.
—Así es. Les daremos armas a estos prisioneros y buscaran eliminar a tu maquina doctor—continua el emperador.
—Pero porque accederían a hacerlo en primer lugar—pregunto temeroso el doctor.
—Porque si lo consiguen se les prometió la libertad y una pequeña suma en oro—replico un consejero.
El doctor se ve preocupado y está por decir algo, pero se calla. Simplemente asiente con la cabeza.
El doctor, el emperador y los consejeros se van junto a la puerta que recién cruzamos. El emperador chaquea los dedos y los guardias liberan a los prisioneros.
—Como se les explico, si consiguen matar a la maquina se les dará la libertad y riquezas como no imaginan—proclamo el emperador.
Los guardias corren a escudar al emperador y a los otros.
Los prisioneros corren a agarrar las armas y me apuntan. Y disparan.
Yo me quedo en el lugar sin hacer nada.
El doctor me mira concertado.
—DB saca tu cañón y mátalos que esperas. Hazlo—
—Error, la directiva contradice el propósito por el que se me construyo—digo.
—Solo OBEDECE AHORA—grito el doctor.
Obedezco.
Saco el cañón y disparo a cada uno de los prisioneros. A algunos le vuelo miembros del cuerpo por el aire, a otros les exploto la cabeza de un disparo, otros se desangran en el suelo en agonía, los pocos en pie corren gritando de miedo, pero consigo matarlos con disparos que le atraviesan el pecho. En pocos segundos el silencio reina en el campo de cadáveres.
Los consejeros aplauden al doctor y lo felicitan. El emperador se le acerca y le da un gran apretón de manos y unas palabras de felicitación. Al poco tiempo todos volvemos al castillo mientras los guardias se quedan limpiando la sangre y recogiendo los cadáveres.
De vuelta en el laboratorio el doctor me hace mantenimientos con una gran sonrisa.
—¿Doctor? —pregunto.
—Que pasa DB—
—Creo que cometió un error en mi programación—
—¿Qué te hace decir eso? —
—Usted me construyo con el propósito para defender a la gente de este reino y sin embargo en la prueba me pidió matar a una docena de prisioneros que no amenazaban a nadie.
—Pero eran personas malas. Cometieron crímenes. Son personas peligrosas—
—Pero en la prueba solo estaban haciendo lo que se les dijo. Y algunos estaban tan asustados como para tratar de escapar. Me diseño para proteger, pero por la prueba de recién llegue a la conclusión de que un propósito más preciso seria masacrar—.
—¿masacrar? No seas…—el miedo se manifiesta en la expresión del doctor—solo olvídalo, era solo una prueba. Tu propósito es defender a la gente de este reino de la guerra. Lo que paso recién es una excepción no la norma ¿entiendes? —.
—Por supuesto doctor—.
El doctor vuelve a concentrarse en el mantenimiento, accediendo al interior de DB por su espalda y sacando las dos fuentes de energía, cilindros la mitad de altos que el doctor, y dejándolos a un lado en el suelo.
—Peligro. Insuficiencia energética—advierto.
El doctor se va y de un gran armario vuelve con dos fuentes de energías cargadas, las encaja en su lugar y cierra la compuerta.
—Insuficiencia energética arreglada—
—Si, aunque tengo que pensar en otro método para recargar tu energía, es muy costoso mantener tus fuentes cargadas. Ya se me ocurrirá algo más tarde—ahora yo tengo que ir a encargarme de un par de cosas por lo que estaré fuera un rato. Tu quédate aquí y espera a que vuelva ¿sí? —.
—Entendido doctor—.
Y con eso el doctor se va. Yo me quedo ahí, esperando. En eso escucho un pequeño gruñido proveniente del patio, decido salir a ver que es. Una vez afuera me encuentro con un pequeño zorro, no más grande que la palma de una mano humana, forcejeando contra un arbusto de bayas. Acerco la mano y corto un par de bayas del arbusto y procedo a dejárselas al zorrito. El animal me mira un segundo antes de abalanzarse contra la fruta, comiéndosela de a grandes bocados. Cuando termina se me queda mirando, se relame mira al arbusto y luego de vuelta a mí. Le sigo dando más bayas hasta que dejo prácticamente vacío el arbusto.
El zorrito quieto en el lugar bosteza. Lo tomo en mis manos y pronto el animal se vuelve bolita y se echa a dormir, muevo las manos lentamente hasta dejarlo descansar sobre mi hombro. Yo me siento contra una de las paredes del patio, lo más despacio posible para no despertarlo. Ahí me quedo viendo el sol brillando, y las plantas, las enredaderas que cubren parcialmente todos los muros del patio y al zorrito durmiendo tranquilamente.
El tiempo pasa así hasta que escucho al doctor llegar, el zorrito se asusta y se va y yo me levanto y vuelvo al laboratorio.
—BD acércate, ya sé qué hacer con tus tanques de energía—dijo entusiasmado—voy a adaptarlos para que se recarguen con la luz del sol—.
Me quedo quieto mientras el doctor trabaja. Pasan horas hasta que finalmente termina.
—Ahora con eso terminado, tengo un anoticia. El emperador ha pedido que vayas junto a apoyar a las tropas a retomar la ciudad de Tremaere cerca de la frontera, salimos esta noche—.
—Por supuesto doctor—.
—Yo también iré por si necesitas reparaciones, pero estarás a las órdenes del capitán de la operación ¿entiendes? —.
—Entiendo—.
El resto del día paso de manera tranquila. Una vez cayo la noche nos subimos aun transporte de provisiones del ejercito hacia la ciudad fronteriza, hacia mi primera misión de campo. Al sol aun le faltaba un par de horas para asomarse cuando llegamos a Tremaere. El silencio de la ciudad solo agravaba la tensión en el ambiente, la cara de los soldados que pasábamos por el lado lo decían todo.
El capitán se nos acercó, saludo al doctor y me miro con asombro.
—Con que esta es la maquina eh—me examina de pies a cabeza con la mirada—si en verdad es tan bueno como me dijeron que es, tendremos la oportunidad de aplastar a esos idiotas. Vamos, síganme por aquí—.
Lo seguimos hasta una plaza barricada donde el resto del ejército se encuentra.
—Muy bien todos atentos—grito el capitán—Nos acaban de enviar un nuevo cachivache desde la capitán para ayudarnos con esta guerra—dijo señalándome—La estrategia será la siguiente: nosotros atacaremos de frente atrayendo la atención de enemigo que se concentra dentro del banco de la ciudad, mientras el señor de hojalata se escabullirla por detrás y les dará un ataque sorpresa. ¿DUDAS? —.
—NO SEÑOR—gritaron los soldados al unisonó.
—Entonces muevan esos traseros ratas de alcantarilla—el capitán se gira al doctor—será lo mejor si se queda acá doc, le llamaremos si necesitamos su ayuda con esa cosa—dijo señalandome.
—Por supuesto—dijo el doctor, un poco de temor en su voz.
—Requiero saber si el enemigo tiene rehenes por si necesitara reajustar mi ataque—digo.
El capitán duda por un momento—Negativo. Ya están todos muertos—.
—Entendido—respondo.
El capitán lidera a sus soldados en el ataque mientras yo doy la vuelta para entrar por la parte trasera del banco.
Escucho el disparo de las balas, de granadas explotar y gritos. Una vez alcanzo la parte trasera del banco, calculo que no hay forma alguna de hacer esto sigilosamente por mi tamaño y el de las puertas, esto requerirá de un ataque potente y veloz si quiero atacarlos sin darles oportunidad de responder. Esto requiere de una cosa.
—Activando protocolo depredador—.
Escombros caen.
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Gritos.
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Balas salen disparadas.
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—Desactivando protocolo depredador—.
Lo primero que veo son decenas de cuerpos, inertes contra el suelo, su sangre pinta el suelo y las paredes.
Entonces giro para ver y justo a mi lado hay más cuerpos, cuerpos de civiles muertos. Me acerco para analizarlos, hombres, mujeres, niños, en todos la causa de muerte es por disparos, analizo las heridas y las balas, fueron asesinados hace momentos por la sangre fresca y las balas que los asesinaron son…de mi cañón. Yo asesine a los civiles. Pero no puede ser, deber haber un error, el capitán me dijo…EL CAPITAN.
Salgo del banco encontrándome al ejército celebrando junto al capitán.
—Ah, ahí estas, vaya espectáculo hiciste ahí atrás. Creo que tú y yo…—dijo el capitán, incapaz de terminar la oración mientras lo agarro del cuello y lo elevo en el aire.
—Pero que—.
Los soldados se tensan y rápidamente agarran sus armas y las apuntan en mi contra.
—Me mintió capitán, dijo que no había rehenes. Usted omitió información vital que causo que yo asesinara a gente inocente—.
Los soldados bajan los rifles y se comparten miradas confundidas.
—¿Capitán? —pregunto un soldado.
—No entiendes nada. Esos civiles ya estaban muertos en el momento que los capturo el enemigo. Si queremos ganar la guerra tenemos que ser implacables, si ellos juegan sucio nosotros se la devolvemos diez veces peor. Así es como se ganan guerras—.
Aprieto con más fuerza el cuello del capitán. El trata de librarse de mi agarre haciendo fuerzas con sus manos, pero su fuerza es minúscula, patética. Él no es nada comparado con lo que yo soy capaz de hacer.
—DB NOOOOOO—grita el doctor, mientras corre para detenerme.
Los soldados están congelados en el lugar. No saben qué hacer.
—Te ordeno que baje al capitán ahora—grita el doctor.
Yo miro fijamente al capitán.
—Se que fue horrible lo que hizo, pero esto no es la forma. Me asegurare de que lo juzguen en la capital, pero tienes que bajarlo ahora—.
Obedezco y suelto al capitán.
El doctor suspira en señal de calma.
Las próximas horas parecen eternas. El doctor y el capitán discuten acaloradamente hasta que consiguen hacer que el capitán se entregue. Lo suben a un transporte y se van de inmediato. El doctor me explica lo que harán con él una vez en la capital, pero solo puedo seguir pensando en los civiles.
Mi propósito es defender.
Yo mate a los civiles.
Estaban indefensos.
Asustados.
Mi propósito es….
Es….
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¿CUAL ES MI PROPOSITO?
Es mediodía cuando el transporte llega para llevarnos de vuelta a la capital.
Apenas llegamos somos llevados a la sala del consejo. El emperador y los consejeros están furiosos y para nada contentos.
—Lo juraste Moebius. Juraste que esta vez sería diferente. Que era el modelo perfecto—dijo el emperador con furia en su voz.
—No fue su culpa, fue el capitán el…—dijo el doctor, pero es interrumpido antes de poder terminar.
—No me refiero al asunto con los civiles muertos doctor. Me refiero al hecho de que su creación casi mata a uno de mis mejores capitane—dijo el emperador.
El doctor sorprendido responde—pero solo porque el capitán lo provoco, el omitió información clave sobre la misión y…—.
—El capitán hizo lo necesario para poder ganar la batalla—dijo un consejero.
—Y si queremos ganar la guerra tendremos que hacerlo por cualquier medio necesario, incluso si significa sufrir bajas civiles —interviene otro consejero.
—Entonces todos ustedes son un saco de idiotas. No son más que simios cegados por su egoísmo y poder. Y nos condenaran a todos con tal de ganar esta guerra—dijo furioso el doctor.
—SUFICIENTE—grita el emperador—no necesito los lloriqueos de un niñato. Desde ahora usted y esa máquina suya serán encerrados en su laboratorio donde proporcionarán mantenimiento para las armas del ejercito bajo vigilancia constante—.
—Usted no va a obligarme a…—.
—Doctor, está a una palabra de ser declarado traidor del imperio y ser fusilado en este mismo instante. Por lo que le sugiero cerrar la boca y obedecer—remarca un consejero.
El doctor abre la boca para decir algo, pero rápidamente la cierra, agacha la cabeza y aprieta el puño en furia.
—Ahora que este asunto está cerrado se pueden retirar—dijo el emperador.
El doctor y yo nos retiramos. Somos
escoltados al laboratorio y encerrados con llave adentro, no sin antes decirnos que en una hora llegara el primer cargamento de armas que requieren mantenimiento.
El doctor furioso patea una silla y lanza un montón de herramientas contra las paredes e inventos del lugar. Pasan unos minutos hasta que se calma y se apoya en una mesa, derrotado, incapaz de alzar de levantar la mirada.
—Soy un inútil y un cobarde y un bueno para nada y…y…—el doctor suspira—no se suponía que esto pasara. Y ahora esos inútiles nos mataran a todos utilizando el proyecto fénix—.
Me acerco con cuidado al doctor.
—¿Qué es lo que le preocupa tanto del proyecto fénix? En mi banco de datos no resalta nada preocupante sobre el proyecto—le digo.
—Eso es porque tu banco de datos está incompleto. El proyecto fénix es…una bomba, la más grande bomba que jamás te podrías imaginar, capaz de matarnos a todos. El mineral usado para potenciar la bomba es en extremo inestable y demasiado volátil. Trate de hacerlos entrar en razón, pero fue en vano, nadie quiso escucharme. Tus eras mi última oportunidad de evitar que usaran el proyecto…y he fallado—.
—Siento…siento decepcionarlo doctor—.
El levanta la mirada y la dirige hacia a mí, con una mezcla de tristeza y compasión.
—No, no es tu culpa. La culpa es mi por construirte con una visión tan limitada cuando tienes el potencial para ser mucho más. Mas allá de esta guerra, de la violencia, de nosotros…y que yo—.
—Entiendo—.
Las horas pasan y las armas comienzan a llegar, a cada momento la pila no para de crecer y crecer. Todo se convierte en una rutina, una y otra vez el mismo proceso, en el mismo tipo de armas. Comienzo a notar el cansancio en el doctor, la frustración, la impotencia.
Los días pasan y seguimos con la misma rutina, los soldados vendrán y dejaran un montón de armas para nosotros, encerrados sin nada mas que hacer que obedecer a lo que dicen. El doctor lo llamo “tortura” con pasos extras. Creo que comienzo a entender a que se refería. Afuera tampoco parece estar mucho mejor, los soldados hablan de que la guerra ya esta perdida, hablan de la desesperación del emperador.
Los meses pasan y la derrota es inminente, la paranoia se apodera del emperador, traidores son fusilados a toda hora. Hablan de lo peor, de un ultimo recurso capaz de girar las tornas. Hablan de la bomba. Hablan de una ultima esperanza, una dulce y hermosa mentira.
El día llega y la bomba cae, el rojo teñido en el cielo la acompaña mientras cae. Solo pasan unos segundos antes de que la gran explosión recorra a ambas naciones. Cuando alcanza a el laboratorio un gran pitido me ensordece, luego se vuelve todo negro.
No se cuanto tiempo pasa, pudieron ser unos segundos como pudieron ser horas, pero cuando me levanto todo esta en ruinas, el gran imperio no es si escombros, las personas cadáveres, algunos carbonizados. Yo mismo sufrí daños, mecanismos internos dañados, partes quemadas, bolladuras, son demasiados daños, demasiado que reparar. Entonces escucho una voz, escucho al doctor. Con todas mis fuerzas me levanto y me acerco al montón de escombros y uno a uno los saco, hasta que lo veo. Cubierto en sangre y cenizas me mira con ojos débiles, apenas semiabiertos.
—BD concédele un ultimo deseo a un hombre moribundo. Se que…*Tose* te he fallado y que tienes toda…*Tose gravemente* razón para no escucharme, pero…Por favor aprende de nuestros errores, se mejor que nosotros, se…—Con su ultimo aliento agotado, el doctor Moebius cierra los ojos, entrando en un eterno sueño del que jamás se despierta.
No.
No puede ser.
El doctor esta…
Esta muerto.
Por primera vez siento tristeza, por primera vez siento furia y quiero gritar y aplastar y destruir y…Por primera vez siento dolor.
En unos segundos me vuelvo a apagar y todo se vuelve negro.
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Carga completa.
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Comenzando reparaciones.
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Reinicio de sistemas exitoso.
Despierto frente a un mundo en ruina. Entre escombros, cenizas y cadáveres ya no queda nada. Lentamente camino, asimilando el mundo a mi alrededor. Después de un rato me siento contra un montón de escombros admirando el desolado e inquietante paisaje frente a mí. Pierdo la mirada en el infinito del panorama.
Entonces de entre escombros atrás mío escucho un ruido, me giro y veo al zorrito de antes, aunque mucho mas crecido, es tan grande o incluso mas que mi mano ahora. Se me queda mirando, luego me gruñe indicando para que le siga. Corriendo por detrás suya me lleva recorriendo por sobre mis pasos, damos vuelta al laboratorio y entramos al patio. De entre las cenizas y escombros que cubren el suelo se ve como el pasto emerge y justo en el medio ahí está, un árbol de bayas tan alto como yo. Un rayo de sol traspasa las negras nubes e ilumina el árbol.
Frente a esa imagen es que por fin lo comprendo.
Mi propósito.
Así comienzo a correr los escombros, limpiar las cenizas y así con todo el lugar. Es un proceso lento, pero de a poco el lugar va retomando su antiguo color, las plantas vuelven a crecer, el sol brilla nuevamente y aunque nunca será como era antes me asegurare de construir algo mejor.
Es así y con el zorrito a mi lado que comenzare algo mejor. A devolverle la vida a un mundo destrozado. A devolverle la esperanza.
FIN








