Introducción (1)
GAEL
—Algunas chicas son hermosas, otras no lo son tanto —dije en forma de susurro.
—Tu paladar es exquisito —dijo mi compañero de al lado. —Todas las que están buenas se nos tirarían encima como locas solo por pertenecer al equipo de fútbol del instituto.
No me pareció mala idea que nos apuntáramos al equipo. El primer día de entrenamiento estuvimos haciendo el tonto, me pareció un atrevimiento, pero seguía a este chico. Eso supuso como castigo unas cuantas flexiones y recoger los balones una vez se terminó el entrenamiento. Sin embargo, fue divertido el rato que pasamos él y yo frente a las chicas.
Los primeros días de clases fueron un aburrimiento en sí, pero Ismael me buscaba para entretenerme, él era muy original. Fue el primer amigo que hacía, además sabía que mi etapa en el instituto no iba a ser traumática.
Tiempo después
LEILA
Era «afortunada» por tener la admiración de Gael, quien, además, era como un hermano para mí. Hacía tiempo que se venía diciendo que acabaríamos siendo pareja. Ni siquiera lo tomé en serio, resultaba hasta chistoso.
Desde preescolar fuimos compañeros, pero, cuando empezó a hacerse adulto, comenzó a ligar. Yo, en cambio, permanecía soñando que él se establecería en algún momento.
Era de esas chicas que leían de vez en cuando y les gustaba creer que el amor era para toda la vida. Eso fue al principio, era la única forma de negar la evidencia.
Luego, pasó el tiempo y empezaron los problemas. Mis padres rivalizaban por todo, discutían. Yo no entendía que algo había cambiado después de dieciocho años de matrimonio.
No había respeto entre ellos, aunque aparentaban frente a los demás. Luego, llegaban a casa y cada uno se iba a su habitación, ya por aquel entonces dormían en cuartos separados.
Sabía de algunos casos de divorcio en mi ciudad, la gran mayoría aparecían entre el vecindario, así que me preguntaba por qué no sucedía lo mismo con mis progenitores. A mi amiga Miriam le pasó algo parecido, sus padres llevaban años de casados, pero algo fue mal y decidieron divorciarse. Ella me ayudó mucho en esa oscura etapa donde mis días eran terribles.
Un día, tuve cierta conversación con mis mejores amigas, ellas pensaban que mi amigo de la infancia no iba a cambiar jamás.
—No existe Cupido.
—Vale, no hay ángeles que dan por culo lanzando flechas. Pero sí hay magia donde menos te lo esperas.
—Eso se refiere a la atracción entre personas del sexo opuesto.
—A cualquiera puede pasarle, fíjate, a ese chico puede gustarle… aquella chica. —Tardó en señalar a un porrista.
—Se te van los ojos por los deportistas.
—No siempre. Además, tiene que ser alguien que mida más que yo.
—¿Queréis dejaros de tonterías? Algún día, mi amigo se sentirá atraído por una chica estupenda.
—¡Cómo no!
Terminé mosqueada. Ese lunes fue extraño. Además, se pasó volando entre ocurrencias y sucesos, la gran parte entre adolescentes con las hormonas revolucionadas. En las aulas todo era diferente, nadie podía soltarse delante de los profesores.
En mi habitación, frente a mi ordenador, estuve pensando en Gael, hasta que entré en su perfil de Facebook. Decidí cotillear un rato; además, no era la única. Siempre tenía muchos amigos y amigas. Me fijé en una foto, en ella estaban algunos miembros de su equipo de fútbol vestidos con el uniforme.