Demon Kiss

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Summary

En este reino está más que claro que los humanos y demonios no pueden coexistir, esto Dreeh lo sabe muy bien. El pertenece a una aclamada familia de cazadores de demonios, nació con el privilegio de recibir el amor del pueblo, aunque claro, no tiene aquel respeto que el resto de su familia tiene. Aquel día que pensó que al matar a su primer demonio le traería lo que más deseaba, fue cuando comenzó a desconectarse de todo lo que conoció alguna vez, fue cuando se preguntó si realmente estaba en el bando correcto.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capitulo 1

¿Has oído de eso?

De la historia Dwyer…


De todas las historias que he visto, he escuchado y hasta he vivido puedo llegar a decir que está NO es mi favorita. Quizás porque se que pudo haber sido mejor.

Es una de esas historias que no sabes cuál es su comienzo, está empezó hace mucho tiempo pero a través de las no parecía el comienzo de algo. Por eso es que fue olvidado.


Si le damos un comienzo formal está historia empieza una pequeña isla llamada Beulas. Gran parte de los pueblerinos estaban reunidos en el centro de aquel pueblo, estaban viendo y burlándose entre murmullos de un muchacho. Era algo normal en ellos, no les importaba ni un poco en cómo se sentían. 


El muchacho sostuvo su mejilla, aunque le dolió intento no hacer ningún gesto para que no sea peor. Acababa de ser golpeado por su padre, en frente de todos, en frente de él…

Podríamos decir que él, Dreeh Geisel, era él “rubio tonto” a los ojos de su padre.


—No sé dónde estuviste todo este tiempo, pero ojalá jamás hubieses regresado —le dijo— . Eres la decepción de la familia Geisel.


Lo único que hizo fue acobardarse ante un ladrón. Eso era todo. Lo dejó huir solo porque sentía que no era malo en realidad, lo noto en sus grises ojos. Sin dudas es el rubio tonto.


Él intentó no mirar hacia los demás mientras su padre se alejaba, aunque no pudo. Sus ojos buscaban un lugar de ayuda pero no lo conseguiría en los pueblerinos, sus miradas hacia él le causaban más humillación. Entre la gente encontró ese lugar de ayuda que buscaba, sin embargo cuando cruzó la mirada con Ian no pudo aguantar las ganas de llorar.


Corrió hasta el bosque para evitar que lo miraran llorar. Se sentó bajo un árbol, el atardecer se estaba por acabar, llegaba la noche y él seguía llorando, lo más probable es que siga llorando hasta días después. Siempre hacía eso, se alejaba del pueblo cuando no sé creía suficiente, cuando su autoestima estaba baja, y no volvía hasta que se sienta mejor. Una vez de niño estuvo al menos una semana así, de no ser porque su hermano lo fue a buscar para presumir algo lo más probable es que esa semana se hubiera extendido.


—¿De verdad estás llorando? Que patético de tu parte, Dreeh.


Dreeh estaba bajo un árbol hecho bolita, no podía escuchar nada en lo absoluto pero cuando escucho esa voz tan mágica dejo todos los sentimientos negativos de lado y miro a quien se había burlado de él.


—¿Uhm? —es lo único que se le ocurrió decir.


Nunca antes lo había visto, creo. Pero sabía perfectamente lo que era, un demonio. Solo los demonios tienen la iris en forma de cruz, es lo que aprendió de su hermano. Esto lo aterraba demasiado, era como si la cosa por la que tanto había tenido durante años se hubiera pegado a su piel. Fue horrendo. Movía inquieto sus manos tratando de encontrar su espesa y el demonio lo miraba intrigado. 


—¿Quieres que te ayude, dulzura? —dijo lo cual puso a Dreeh nervioso. Se estaba pegando a su piel esa horrible sensación—.  Si buscas tu espada está justo ahí.


Señaló a unos pares de metros lejos de él, ¿Cómo llegó ahí? Y más importante aún, ¿por qué lo está ayudando?

Algo que nunca le gustó a Dreeh era sobrepensar las cosas, se dirigió a su espada y con gran determinación empuño su espada, empujó a ese demonio, lo acorraló entre un árbol y su espada y entre nervios finalmente habló.


—Prepárate… —dijo tartamudeando, los nervios del joven Geisel estaban está las estrellas— , este será tu final, demonio.


Él demonio sonrió, está pequeña acción hizo llenar de más rabia al joven, quien estaba empezando a hundir su espada contra el pecho de él. La ropa de aquel demonio se empezaba a teñir de un color rojo, casi tanto como lo era su cabello. Dreeh no sabía que la sangre de los demonios era así, no sabía que sangraban siquiera. Cada día aprendía nuevas cosas acerca de ellos.


El demonio tomó aquella espada con ambas manos, haciendo el intento de liberarse de ella. Cómo el filo de la espada es, bueno, filosa; se lastima al hacerlo. Esos intentos hacían llenar a la gran gloria al joven Geisel, jamás en su vida había experimentado algo parecido a un triunfo. Lastima que su sonrisa se borró cuando el demonio rompió su arma como si fueran cristales. Cada fragmento representaba como había fallado una vez más. 


El matar demonios es una profesión que estuvo en la familia Geisel durante toda la vida, es tan común de su parte que hasta es una tradición. Si lograba matar a su primer demonio le traería el respeto que tanto deseaba no solo de parte de su familia, sino de todo el pueblo. Al final demostró ser tan increíble como su madre, para él no debía tener el derecho de llamarse Geisel sino Rose, esos son los que fallan constantemente.


Sabía que su final estaba cerca así que lo miro a los ojos por última vez. A pesar de nunca haberlos visto se sentía extraño, como si ya los hubiera visto infinidad de veces.  Como si fuera algo normal verlos. Esos ojos morados hacían sentir como si el corazón del joven se llenará de magia. Debe ser la adrenalina, pensó.


Aunque, también sentía miedo. Sabía que debía correr, no podía moverse para nada. Sabía que debía gritar por ayuda, su garganta estaba totalmente seca. También quería llorar pero todas sus lágrimas habían sido gastadas hace unos minutos. Esos sentimientos se ahogaron, su alma se quedó perdida en su camino a lo desconocido y se topó con la muerte. Así lo veía él, tan lejos de la realidad no estaba su paranoia. 


—¿En serio no sabes quién soy, Dreeh? —le susurro


—Pues claro —le contestó—, eres un sucio demonio que quiere llevarse nuestras almas.


Dreeh retrocedió, vio nuevamente los ojos de aquel demonio, al darse cuenta de que no podía luchar contra él huyó. Corría por el oscuro bosque con los ojos sollozos, esperando llegar al pueblo. Apenas podía ver por dónde iba, La noche de Beulas es oscura y fría, llena de criaturas peligrosas y amarga tristeza. El amor aquí es fácil de olvidar porque todo está confuso y brumoso.


¿sabían que Beulas también es conocida por ser la capital de los demonios? Por alguna razón que solo pocos conocen todos terminaban ahí. Las noches son toda una tortura ya que todos los demonios salen a esas horas, no pueden estar bajo el sol. 


Si contamos cuántos demonios vio Dreeh en su vida serían unos cuatro, era un pésimo cazador de demonios. Lo bueno es que es la persona más afortunada del mundo y se encontró con otro.  Serían cinco demonios que vio en su vida.


—Maldición —se dijo a sí mismo. 


Muchos cazadores ruegan por encontrar más trabajo pero él solo quería huir. Este demonio era diferente al anterior, era inmenso, con grandes colmillos, unas garras afiladas que iban detrás del cuello del rubio. No faltaba mucho para el amanecer, si Dreeh evitaba durante unos minutos más a ese demonio podía sobrevivir, pero era muy torpe para poder hacerlo.


Para Dreeh era como si la vida se hubiese puesto de acuerdo para darle solo cualidades negativas: torpe, llorón, débil ante todo, miedoso. Todo eso dejó que esté a punto de morir.


Por eso cerró sus ojos, aceptando su destino, pensaba que morir era mejor opción que seguir viviendo en un lugar como este. El aliento de este otro demonio se sentía cada vez más cerca, era tan repugnante. Dejó de olerlo cuando un cálido abrazo lo rodeó, ¿Ya estaba muriendo?


Miró atemorizado hacia arriba, ese cabello escarlata que se movía con la suave brisa, esos ojos morados con gran confianza que miraban al otro demonio. Uno de sus brazos estaba alrededor de Dreeh, el otro sostenía la cabeza del otro demonio.


—Te fuiste tan de prisa y no me dejaste explicar —le dijo al mismo tiempo que hizo explotar al otro demonio con tan solo su mano— . Me llamo Dwyer, soy amigable


Sus ojos… No, la mirada de Dwyer reflejaba ese sentimiento indescriptible, se sentía como su alma brillaba tras esa mirada. En este mundo de fantasía dónde todas las cosas que pasan parecen ser malas para Dreeh esa mirada le hizo recordar que se puede vivir de una manera extraordinaria.


—Dwyer… de seguro eres un mentiroso.


—¿Uhm? ¿Mentiroso? —se repitió.

—¡Exacto! —exclamó Dreeh alejándose de los brazos de Dwyer.


—¿Y eso por qué, dulzura?


Dreeh se estremeció cuando lo escucho decir "dulzura" ya era la segunda vez. Era como si el demonio tratará de ser amable sin ninguna razón. 


—No puedes ser un demonio y ser amable —dijo acelerado. Lo miró fijamente por unos segundos y se cuestionó si realmente era un demonio. El demonio que vio antes era el estereotipo, como se ven normalmente pero Dwyer no se parece en nada—. De seguro no eres un demonio, eres muy lindo para ser un demonio.


Eres muy lindo para ser un demonio.


Eres muy lindo.


L.


I.


N.


D.


O.


Lindo. Eso sí que hace subir la arrogancia de Dwyer.


—¿Muy lindo? —rio—. No es normal decirle lindo a alguien que acabas de conocer, a menos que te guste.


Dreeh se ruboriza, no se había dado cuenta de lo que dijo hasta que se lo remarcó. De todos modos no se arrepentía de lo que dijo, si era muy lindo para ser un demonio. Aunque también era muy lindo para ser humano, es como si no fuera real. Solo con verlo te dabas cuenta, su cabello escarlata brillante, sus ojos que ya estaba empezando a odiar y no contemos su piel pálida. Era muy inusual y eso asustaba. Quizás su padre lo mató luego del accidente y todo esto es solo un simple sueño.


—Si que te conmuevo, dulzura.


—No me llames dulzura.


—Tienes razón, no eres nada dulce, eres más como un pollito —dijo creando confusión en Dreeh—. Eres pequeño, rubio, tierno, te la pasas haciendo movimientos curiosos y sin contar que eres muy inocente.


Esto desconcertó a Dreeh. No era pequeño, cualquiera podría verse pequeño cuando mides más de metro noventa. ¿Tierno? Para nada.  Lo de los movimientos curiosos podría deberse a su miedo por ser asesinado, pero es solo una suposición. Inocente y rubio si era así que no puedo contradecirlo.


Harto del demonio a Dreeh no se le ocurrió algo mejor que crear una cárcel provisional. Apartada del sol para que no se muera porque por alguna razón no quiere hacerlo. Tiene mucha bondad en su corazón él joven Geisel. Mientras hacía esa cárcel con rocas Dwyer solo miraba, no podía creer que el chico se niegue a hacer algo que todos los cazadores de demonios hacen, matar demonios.


Dreeh le pidió con toda la bondad en su corazón (lo amenazó) que se metiera entre el círculo de rocas. En realidad solo era una suposición que tenía, era obvio que no iba a funcionar pero para su sorpresa funcionó.


—Ya no te llamará dulzura pero déjame, ¿Sí?


Por primera vez en su vida había ganado. Ya no lo hacía sentir el rubio tonto, sentía que ya no lo miraban con ojos de decepción y eso es porque ahora tiene a Dwyer.


Dwyer, ese demonio es un gran mentiroso.