Capítulo 1.
Estrella
Suspiro con nerviosismo al ingresar al plantel de la Universidad Estatal, me encuentro específicamente en el área de carreras administrativas. Tengo veintidós años y estoy a punto de iniciar una maestría en Administración de Negocios. Al terminar de cursar la carrera de Administración de Negocios Internacionales, el padre de mi mejor amigo me propuso trabajar con él en su empresa familiar, que consiste en un negocio encargado de dar reparación y mantenimiento a equipos electrónicos. Fue muy halagador pero con toda la pena del mundo tuve que declinar la propuesta; lo bueno es que el señor Garibay no se ofendió, al contrario, me deseó éxito en todos mis futuros proyectos.
No es que no me agrade la idea de formar parte de ello pero siempre he tenido la idea de que las amistades y los negocios no se deben mezclar, además quiero algo más para mí, me gustaría colocarme en una gran empresa internacional y, tal vez, si la situación lo amerita, irme del país.
Los últimos años han sido muy provechosos para mí, en verdad me esforcé por salir con un promedio decente en la universidad y en mantener contacto con mis amistades. En realidad no tengo muchos amigos de verdad, por el momento solo son tres. Leonardo Garibay es mi amigo de la infancia, estuve enamorada de él hace algún tiempo, admito que fue mi amor platónico desde mi niñez hasta mi adolescencia, y es que él es muy guapo, tiene la piel trigueña, cabello oscuro y ondulado que le llega hasta los hombros, y ojos verdes, ¡es el sueño dorado de muchas chicas! Ya he superado mis sentimientos por él, así que ahora puedo verlo sin que me tiemblen las piernas por los nervios.
Mi mejor amiga de la preparatoria es Cora Araiza, siempre ha estado para mí y yo para ella. Éramos inseparables, la extraño demasiado. Hablamos seguido por teléfono para darnos nuestras más recientes noticias. Por lo último que me contó, sé que empezó a trabajar en un despacho de abogados. También sé que sigue siendo novia de Bruno, un idiota que no me termina de agradar. Lo conoció en la universidad y me lo presentó, desde el primer momento me dio la impresión de que era un tipejo petulante. En su momento me cayó muy mal, ahora lo tolero, hace feliz a Cora y eso me basta, me alegra que haya encontrado a alguien que la comprenda y la quiera, ya que después de que el imbécil de su exnovio le rompió el corazón, ella creyó que no podría superarlo.
Mi más reciente amiga, a la que conocí al ingresar a la universidad, es Teresa Moreira, Tessa para los amigos. Al principio le decía Tere pero me corregía, indicando que el diminutivo que ella se puso era mejor, así que me terminé acostumbrando a llamarla así. Estudió la licenciatura conmigo y fue mi compañera de departamento. Al terminar la escuela, ella regresó a su ciudad natal, yo me quedé para seguir estudiando. Ella y yo fuimos inseparables durante la carrera, me ayudaba a estudiar y yo la motivaba a hacer ejercicio conmigo. Nunca hemos sido parecidas, ella es más alocada, yo más tranquila. Lo que más nos diferencia es que Tessa sale con muchos chicos, por mi parte no puedo.
Mi vida amorosa es un desastre. Nunca he sido de tener muchos novios, en la secundaria estuve tan afanosa de que Leonardo se fijara en mí que dejé pasar oportunidades para salir con chicos geniales, y en la preparatoria ningún chico llamó mi atención. Tuve un novio en la universidad pero no funcionó, teníamos ideas muy diferentes, nunca fuimos compatibles, mi error fue aceptar ser su pareja cuando todo se dio de una manera forzada, así que preferí dejarlo y no puso objeción, de seguro tampoco se sentía cómodo con lo nuestro.
A veces me siento un poco extraña de que Tessa tiene facilidad para salir con chicos, incluso creo que Cora quiere casarse con su novio, y yo no puedo conseguir pareja. Sin embargo trato de no pensar mucho en eso, quiero creer que es porque todavía no llega la persona adecuada para mí.
Antes de entrar al aula correspondiente asignada para tomar mi primera materia, Fundamentos de la Administración, decido ir al sanitario. El horario vespertino no me conviene, después de comer siempre me da el mal del puerco, así que tengo que echarme agua en el rostro para no dormirme enfrente del profesor. Después de esta acción, me miro en el espejo. No me gustan las ondas que se forman en mi cabello castaño, preferiría mil veces ser lacia. Fuera de eso, no me veo mal. La base de mi maquillaje cubre las pequeñas pecas que tengo, el labial le da más volumen a mis labios, el rímel hace que mis ojos luzcan más grandes de lo que en verdad son y el rubor hace que no me vea tan pálida. Me considero guapa, aunque reconozco que hay chicas mucho más hermosas que yo, como Cora.
Tengo unos minutos antes de que inicie la clase, así que paso a la biblioteca por un juego de copias que necesitaré para esa materia. Antes de llegar al aula correspondiente, un idiota pasa corriendo a mi lado y, al no calcular bien la distancia, choca contra mi hombro, lo que hace que se me caigan las hojas al suelo. El estúpido no detiene su andar, solo grita un “lo siento” que me hace fruncir el ceño. Refunfuño un poco y me agacho para recoger los papeles. Estoy ensimismada en mi actividad, que no me doy cuenta de que un joven se acerca hasta que se coloca justo enfrente de mí.
«De seguro es el amor de mi vida, que se va a agachar para ayudarme a recoger los papeles, entonces nos miraremos a los ojos y nos enamoraremos» pienso con ironía. Cuando era una adolescente me encantaba ver películas o leer novelas que trataran de esos temas. Al pasar unos segundos y notar que la persona que está justo enfrente de mí no se inclina para auxiliarme, levanto la mirada y me quedo de piedra al notar que unos ojos color azul intenso me ven con burla, y no son de cualquier persona sino del mismísimo Ángel Galán, el chico más popular de mi generación cuando fui en la preparatoria, enemigo declarado de Leonardo y exnovio de Cora.
Ángel
No estoy muy conforme con empezar a estudiar una maestría en Administración de Negocios pero por el momento es lo mejor que tengo. Estudié Ingeniería Industrial porque mi progenitor quería que estudiara una carrera «de verdad», así que me decidí por esa. Desde que terminé la universidad mis padres desean que encuentre un trabajo, pero no me gusta la licenciatura que elegí, así que prefiero seguir estudiando en lo que encuentro qué hacer con mi vida.
Cuando tienes quince, piensas que a los veintidós años tu vida ya va a estar resuelta. Te imaginas con un trabajo estable, un auto, mucho dinero, cuando en realidad es todo lo contrario, al terminar la carrera universitaria estás más perdido en la vida que nunca, ahí es cuando empiezan los verdaderos retos: buscar trabajo, empezar a hacerte cargo de tus cuentas, tienes que dejar de ser una carga para tus padres. Los míos dicen que, mientras siga estudiando, van a costear mis necesidades, por eso preferí entrar a una maestría que salir a conseguir un trabajo.
Mi vida es un jodido desastre, aunque no lo admito en voz alta. Desde la secundaria, para todos he sido el chico perfecto y popular que tiene la vida resuelta; mi padre tiene mucho dinero, ya que es dueño de Galvaz, una de las mejores empresas de la ciudad dedicada a vender productos de manufactura. Todos creen que por ser hijo de él no tengo que esforzarme cuando ya estoy advertido que, al hallar un trabajo estable, va a dejar de darme dinero. Papá repite una y otra vez que él está en su posición gracias a sus méritos, estudios y trabajo duro, no quiere que yo sea un «zángano mantenido», piensa que ya es hora de «educarme para que aprenda a ser un hombre».
Se me hace un poco injusto que, en su momento, quise estudiar en la Academia de Artes, para entrar específicamente a Artes Visuales, pero mi padre insistió en que esa no era una carrera de verdad. Voy pensando eso camino al salón correspondiente cuando noto, a lo lejos, que un tarado pasa corriendo y hace que una chica tire un montón de papeles.
«Me parece familiar» pienso, acercándome a ella para ayudarla. Al estar a unos metros de la chica, sonrío con ironía al ver que se trata de Estrella Frayre, la mejor amiga de mi exnovia y del chico con el que siempre tuve una rivalidad en la preparatoria. La había visto con anterioridad en algunas ocasiones por la universidad, generalmente en eventos o reuniones que involucraran a todo el alumnado, aunque fueron muy pocas veces, y es que el campus de Ingeniería está un poco alejado del encargado de áreas administrativas.
Aunque nunca le hice nada directamente a ella, sé que me desprecia, pues le rompí el corazón a Cora y fui grosero con Leonardo. Tampoco intercambiamos muchas palabras en la preparatoria, siempre mantuvimos una distancia prudente.
Me coloco enfrente de ella pero decido no ayudarla. La veo recoger con rapidez las hojas, tratando de acomodarlas. Segundos después levanta la mirada y sus ojos castaños se encuentran con los míos. Hace un gesto de sorpresa al verme y tengo que aplanar los labios para no echarme a reír.
—¡Hey, no te quedes ahí parado, ayúdame! —Me exige. Ruedo los ojos.
—No —respondo. Me ve con estupefacción.
—¿Cómo de que no?
—Es divertido verte recogiendo eso tú solita. —Me cruzo de brazos.
Me ve con indignación y murmura cosas ininteligibles para mí. De seguro me está insultando. Termina de recoger las hojas, se levanta con un gesto digno y se aleja de mí con rapidez. En verdad me desprecia.
Me rio un poco y me dirijo al aula correspondiente. No sé por qué no me sorprende ver que Estrella acaba de entrar justamente ahí. «Genial, será mi compañera» pienso con sarcasmo.








