RAIGHNE: Todos guardan secretos

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Summary

Raighne es sinónimo de dolor. Raighne es maestro de las mentiras. Raighne es poseedor de secretos. Raighne es... perderte en él. Raighne es poderoso, ingenioso y no se detiene hasta que obtiene lo que quiere. Porque lo peor no es perderlo a él, sino perderte en él. ¿Qué estarías dispuesto a hacer por amor? Porque lo suyo es amor, ¿verdad? Pues ellos harían lo que sea por el otro.

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

Secretos...

El amor tiene muchas maneras de manifestarse.

En lo duro que trabajan tus padres para que tengas una vida digna.

En la mirada de una mascota al verte cruzar la puerta de tu casa otra vez, aunque solo te hayas ido por unos minutos.

En un episodio nuevo de tu serie que se estrena.

En un cálido beso en la mejilla dado por tus padres al iniciar o acabar el día.

En un desayuno preparado especialmente para ti, aunque lo comas en la soledad del gran comedor.

En un abrazo de un amigo cuando te ve decaído.

En la rosa anónima que llega a tu casa, o a tu escuela, y te hace esbozar una sonrisa sincera después de tanto tiempo que no lo hacías.

En la mirada de un extraño que captas a la lejanía y, sin moverte, esperas a que se acerque; lleva una sonrisa puesta en su rostro solo para ti.

En las palabras y atención que te dirige.

En las salidas al parque, al cine o al teatro. También cuando él hace cada una de aquellas cosas que odia, solo para lograr conquistarte.

Pero hay un punto en que el amor ya no es amor, sino obsesión. Posesión. Sin embargo, esto sucede en el momento en que estás ciegamente enamorada.

Las salidas se hacen cada vez menos, pues quiere hacerse extrañar.

Las peleas acompañan tus rabietas, pues a él no puedes manejarlo como a un títere.

Él es el titiritero y tú eres su nueva adquisición.

Tus padres te notan retraída, sientes su amor con la atención que te prestan. Lo razonas y piensas: ¿qué estoy haciendo con él?

El amor volvió cuando notó que su muñeca nueva se quitó la venda.

Tus caprichos se han vueltos los de él y sus demonios los hiciste tuyos.

Creas dependencia hacia él, como una droga que te cuida, que te hace sentir mejor, que te hace sentir bonita. Pero también te mata poco a poco, sin que te des cuenta.

La vida sigue, creces a su lado. Su relación se formaliza más. Entonces vuelves a ponerte la venda. Ya no importa lo que él haga, porque el amor resurgió con fuerza.

Puedes notarlo en los ojos que te observan detenidamente cuando te despiertas a su lado.

En un baile bajo la lluvia, con la luna y las estrellas como público escondido.

En el anillo de matrimonio y en el hijo que te engendra.

Puedes ver el amor y la admiración en sus ojos cuando ve a su hijo por primera vez... Y lo odias. Pues ya dejaste de ser su mundo.

Aunque nunca lo hayas sido, pues siempre han sido alucinaciones tuyas.

Entonces tu amor pasa a convertirse en odio. Un odio profundo hacia el niño que él sostiene, que tú tuviste ocho meses dentro del vientre.

El niño siente los sentimientos de sus padres.

El niño aprende de lo que ve, de lo que le dices, pues él solo entenderá las cosas que le expliques. El bebé solo sentirá lo que tú quieres que sienta.

Y eso te llena de gozo. Te hace sentir viva cuando recibes los golpes y malos tratos que alimentan tu odio hacia tu hijo.

Tu hijo nace amándote, pero los sentimientos cambian cuando no los conoces nunca.

Tu marido no te ama, nunca lo hizo. Tu marido no ama al niño, ama la idea de lo que él se puede convertir con su crianza.

Porque el bebé es hermoso; es poderoso. Es un príncipe moldeado en ascenso al trono.