El árbol de esmeraldas
Parte 1
Haz de luz naciente de la penumbra,
Ahora ilumina una triste cueva oscura
¡Que alguien le diga que no hay usurpador!
Sino los sanos delirios de un nuevo soñador.
No te engañes por el deseo,
Ni por los sofismas de sus colores,
Porque la realidad es otra,
Comprende desiertos que no conoces.
Rozagantes rosas de campos,
Con espinas que te herirán,
Las cruzaste con toda vehemencia,
Por miedo a la soledad.
Parte 2
Luz que resalta de las demás,
Esmeraldas de afligida oscuridad,
Ocultas se encuentran en las minas de Egipto,
El Hombre de Venus las hallará.
El aceite Divino caerá,
Y nadie más lo alcanzará,
Creyó que fue por magia,
Olvidando que la magia nunca fue real.
Alguien perdió la flor de su racimo,
Alguien robó la flor de ese racimo,
Y fue un incentivo en lugar de vacío,
Se llenó el espacio con un sólo suspiro
Ser lógico que olvidó la lógica,
Olvidó su ser y su razón,
Su alma ya no era suya,
Creyó en la lealtad que siempre olvidó.
Oh, sabia voz de la conciencia,
¡Cuan ignorada ha sido tu voz!
¡Aléjate para no ver esta osadía!
Que el joven sufra lo que el corazón buscó.
Parte 3
El frondoso árbol que eras,
Hoy son ramas resecas,
Ruegas porque te talen,
Pero estás sólo... como al inicio.
Tus hojas secas no le dieron calor,
O eso quisiste pensar,
Pero el aceite no era Divino,
Ni ella esmeralda de verdad.
Llegó el invierno de hielo,
Tan maldito como el propio infierno,
Aquel que te condujo a tu sequía,
Y llevó tus gemas a su vil comercio.
Si el zorro de campo creció contigo,
¿Dónde está aquel que llamabas amigo?
¿Por qué en su presencia sonríes con un vacío?
¿Por qué en su ausencia gritas sin hacer ruido?
Parte 4
La rabia llevó al árbol a flagelarse sus ramas,
El miedo a parecer débil, que nadie lo notara,
En la noche de recuerdos sus lágrimas derramaba,
Y de esa forma sus raíces regaba.
Cobarde de corazón abatido,
Quiere dejar de serlo,
Olvidarse de sus gemas,
Salir del mapa de dilemas,
Y escribir con pluma su propio destino.