D̶i̶s̶capacitados

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Summary

Burst, un chico de diecisiete años con una vida aparentemente perfecta, sufre un brutal accidente que lo deja en silla de ruedas. Sin creer tener un lugar en el mundo ahora que no es como antes, se encierra en casa para no ir a clase, perdiendo los primeros tres meses. Su familia no es que le sea de mucha ayuda y, tras convencerle, decide acudir a su nuevo instituto, en una nueva ciudad en la que no conoce a nadie. Su mundo da un giro cuando se encuentra con Allen, una joven de dieciocho años que adora los tiburones y es apartada por sus compañeros debido a una discapacidad que él todavía desconoce. Entre ellos surge una amistad implacable que podría terminar en algo más.

Status
Ongoing
Chapters
48
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

Para Albania, mi hermana y mejor amiga, mi fiel confidente y la primera en saber de todas mis obras.


—¿Cómo te encuentras? —me preguntó mamá, entrando en mi habitación sin tocar antes—. Cielo, no has salido de tu cuarto en todo el día.


—No quiero salir —me crucé de brazos.


Había estado desde la noche anterior mirando las paredes, recordando los momentos felices que todavía rondaban por mi mente.


—Tienes que hacerlo —pasó su mano por mi pelo, sonriendo entristecida—. Hace meses que empezó el curso escolar y deberíamos elegir un instituto para que curses tu último año. He pensado en...


—No —interrumpí.


Desde aquel accidente, había dejado de salir de casa. Ya no asistía a clases. Mi rutina se basaba en ir al hospital, volver y ya no abandonar mi cueva.


—No seas así —mi padre, apoyado en el marco de la puerta, se unió a la conversación—. ¿No quieres estudiar?


—Sí que quiero.


—¿Entonces por qué no escuchas a tu madre? Ella fue a la universidad —alzó las cejas, asintiendo.


—El niño debería ir a un colegio especial —la abuela también se metió en medio—. Allí podrá encajar.


—Mamá —regañó mi madre.


—Tiene razón —agregué—. No encargaré en otro lugar, pero, de igual manera, no iré.


—¡Tienes que estudiar! ¡Un nieto mío no va a ser un cajero de supermercado!


—Estudiará —aseguró mamá—. Puede ir a un instituto normal si lo desea.


—¿Normal? ¿Insinúas que no soy normal? —me giré a verlos.


Ellos abrieron los ojos con sorpresa y se miraron entre sí.


—No, cielo...


—Tu madre no se refería a eso, hijo.


—No lo eres —afirmó la abuela—. Al menos ya no.