Prólogo
El cadáver yacía en el suelo, un enorme charco de sangre corría hasta salir por debajo de la puerta. Huellas de sangre por las paredes, la llave goteando agua sin parar, el olor a alcohol, cigarro y sexo.
Las sirenas de la policía resonaban en toda la mansión. Los chicos se miraban de reojo entre si, entre ellos estaba un asesino, la pregunta era ¿cuál de ellos es?
Todos son chicos problemáticos, con cosas que esconder, había que desconfiar de todos.
–¿Quién le mato?—la oficial de policía le miraba fijamente con expresión seria.
–No lo sé, yo no lo sé—manos temblorosas y sollozos.
–¿Quién es el asesino? ¿Quién le mató?
Un oficial de policía le entregó una carpeta con los análisis de toxicología.
–Todos consumieron alcohol y drogas, ninguno está limpio.
Ocho amigos
Un cadáver
Siete sospechosos
¿Un asesino?
–Yo lo maté