1 | El día después
Cuando creo que mi suerte no puede empeorar, he terminado ebrio en un bar con personas de todo tipo.
Lo último que recuerdo estando consciente es toparme con unas chicas, muy lindas, supongo que me llevaron a otro lado y ahí fue donde me alcoholice. Eso es todo, ahora estoy aquí en una cama que deja un chirrido en cada movimiento que doy ¿Donde estoy?
Estoy seguro de que la habitación de hotel por la que pagamos una buena pasta no incluye paredes un poco sucias y una cama que no deja de hacer ruido, solo estoy respirando.
—¿Planeas quedarte ahí por siempre? —habla un chico desde la puerta
¿Me secuestró? ¿No debería de estar atado? Y ahí es donde me fijo en mi vestimenta, solo traigo un bóxer. Bueno ya estoy en pánico, el chico parece darse cuenta por lo que habla antes de que inicie a gritar.
—Te la has quitado tú —señala mi ropa en el piso. asiento
—¿Qué hago aquí?
—Yo te traje —señala lo obvio, ¿Por qué me desnude?
—Pues no se donde estoy, así que es obvio para ambos que no vine por mi cuenta —digo tomando rápidamente mis jeans, esta situación me tiene de los nervios.
—Ebrio eras más divertido. —sonríe ante el recuerdo, frunzo el ceño
—¿Cómo llegué aquí?
—Ya te lo dije —se fija en su móvil— yo te traje.
—¿Y eso por qué? —ya me altere
—A ver cariño, estabas ebrio. —no me deja reprochar— ¿Si sabes donde estabas no? Acaso tienes idea de lo que le hacen a los chicos ebrios y dóciles como tú. —se detiene junto a mi, ahora encontrándome de pie.
Soy más alto, no mucho, pero lo suficiente como para que tenga que alzar un poco su cabeza para sostenerme la mirada. No me siento menos intimidado que antes.
—¿Puedo irme? —pregunto rompiendo el contacto visual
—Puedes —dice haciéndose a un lado
Me encuentro con lo que parece ser un pasillo y sin mas lo sigo a la espera de una salida, Si ya me tenía encerrado las posibilidades de que este sea un pasadizo a una trampa son pocas ¿no? Finalmente la encuentro, una puerta y puedo distinguir la calle, al fin respiro con normalidad. Pero soy un interrumpido ante un sonido, me paralizó a la expectativa de que sea el desconocido, pero viene de otro sitio. Mi estómago.
—Has vomitado hasta el alma anoche, no deberías irte sin comer. —dice relajado
—¿Me harás de comer? —es alguna especie de broma, seguro que si
—Ya lo he hecho. —está tan tranquilo que no se si fiarme, pero tengo hambre.
Después de recibir una afirmación de mi parte, me lleva al improvisado comedor. Está en mesa en otra vida fue una silla, se parece a una de esas cosas con varias funciones, estoy seguro.
Huevos en cacerola y tostadas, no es común. «Siempre son revueltos para el desayuno» Este chico me ha reiniciado la vida.
Con un poco de inseguridad me aproximo al que creo que es mi plato, es extraño, pero se ve apetitoso. Él come sin preocupación, me atrevería a decir que por un momento olvida mi presencia justo frente a él.
Mástico de forma rara intentando degustar bien ambas partes de los huevos, cuando están revueltos es simplemente una mezcla es el sabor que conozco, pero ahora aquí las tengo separadas, sabores diferentes, consistencias diferentes. De un momento a otro escucho una leve risa, con el silencio que teníamos sonó mucho más fuerte de lo que debería. Ahora él tenía mi atención, lo miro y no se ha percatado, pues ríe un poco más hasta que al fin se detiene.
No sabía que alguien pudiera reír tanto y mucho menos verse también haciéndolo.
—¿Qué hay de gracioso? —odio no entender un chiste.
—La pregunta es qué hay de malo con tu desayuno —pregunta él— . Dejame adivinar, eres un riquillo y jamás te has deleitado con este manjar.
Eso último lo acompaña de un gran mordisco a lo que acaba de formar, junto huevos y tostadas haciendo lo que parece ser un ¿sándwich? Y sonríe hacia mí mostrándome un poco de esa mezcla. Creí que me daría asco, pero para mi sorpresa lance una estruendosa carcajada. Jamás había visto algo como eso, es demasiado gracioso.
No fui el único sorprendido, el desconocido me miró confundido y volvió a sonreír, pero esta vez una sonrisa libre de comida.
—¿Cómo te llamas? —me atrevo a preguntar, ya he terminado mi plato
—¿Es normal saber el nombre de tu secuestrador? No tiene mucha ética —palidezco, golpea mi hombro— , solo bromeo amigo.
¿Amigo? ¿Somos amigos?
—No me dirás como te llamas —confirmó
—No creo que sea necesario. Marcus.
—Pero tú sí sabes el mío —chilló— ¿No crees que es injusto?
—La verdad no —se levanta con ambos platos— , puesto que literalmente lo gritaste todo el camino aquí.
No puedo creer que haya terminado en una casa de un extraño. Justo ahora tengo una bolsa de hielo en mi mejilla, mi madre casi me deforma la cara. Como que no le agradó mi desaparición, creo que me dejó hasta jaqueca. Tiene la mano algo pesada.
—Es que no puedo creerlo Marcus. No sólo te embriagas, el que tengas 18 no quiere decir que puedas hacer lo que quieras. Mientras yo te mantenga tienes que acatar mis reglas —oigo las palabras, pero con sinceridad no escucho nada de lo que dice— . Se supone que serían unas vacaciones tranquilas, y literalmente ¡dormiste en la calle! Es que te imagino tirado en un andén ¡alguien puede hacerte algo!
Supongo que no había mencionado que por obviedad no le dije que dormí en casa de un chico que me recogió cuando estaba hecho mierda, si le digo algo así mi tumba ya estaría lista para recibirme.
Fue una salida incómoda, el chico resultó que era un local y también sus vecinos observadores, puesto que al salir de la casa muchas miradas estuvieron sobre mi ¿Nunca habían visto a un chico con resaca?
Precio un poco más la compresa en busca de alivio.
¿Dócil? Dios si, el alcohol me pone así y pude haberme ido con cualquiera, mi culo virgen agradece al desconocido. Ni siquiera quiso decirme su nombre, un héroe maleducado.
—Marc necesito que compres algo para mí. —cómo es que no se da cuenta de que estoy jodido de pies a cabeza
Juro que si giro mi cabeza demasiado rápido puedo ver los pájaros sobre mi cabeza.
—¿Que puedo hacer por ti, corazón? —estoy mal, pero es mi madre
—La señora que aseo la habitación hoy dijo que si me ponía esto —me fijo en sus manos, ¿una planta?— en el ojo, me ayudará a desinflamarlo.
—Y no sería más práctico una receta médica —ante su mirada, contesto rapido— Yo lo consigo
Después de tomar un par de fotografías de lo que llamó remedio casero, salgo en busca de esa cosa. Estamos en un pueblo pequeño, pero no demasiado. Solo llevamos dos días aquí, y anoche casi no la cuento.
Camino por más tiempo del que esperaba, resulta que esta «hierba» tiene diferentes tipos de la misma.
¿A dónde me has enviado mamá?
—¿Otra vez estás ebrio?
Me giro ante la voz que identificó, el desconocido.
—¿Viniste a salvarme también de esto? —no se de donde salió eso, ni mucho menos el intento de picardía que se instaló en mi rostro.
—Aunque sea eso lo que desees, vine por los tomates —se inclina a la altura de mi cadera, que casualmente está a la altura de la cesta de tomates
Hace calor aquí.
»¿Qué estás buscando? Déjame ver —toma mi móvil— después de todo soy tu salvador.
No sé porque siento tanto calor, es un pueblo caliente, con personas muy calientes…
Estoy nervioso y acalorado, y resulta bastante obvio. Este chico es un maldito provocador, no lo culpo es decir soy sensualmente un buen partido, pero creo que debería de soltar ya es pepino o juro que va darme algo. Es un maldito
La hierba de mamá está justo al lado de los pepinos, que se concentra en tocar ¿Me lo estoy imaginando? Me doy cuenta que si cuando me tiende la hierba curativa de mamá mientras agrega un par de pepinos a la bolsa que hasta ahora veía que colgaba de su enorme brazo.
Mi vergüenza es tanta que me despido con la mano y camino rápido a la salida, escuchando una pequeña risa a mis espaldas, me niego a mirar y luego comienzo a correr.
— ¡Mamá, aquí está tu hierba! —grito al entrar a la sala encontrándome con la vecina “nueva amiga de mi mamá”. La misma que palidece y mira con intriga a mi mamá.
— Medicinal, es hierba medicinal. —aclara con apuro– Mi Marcos es un gracioso.
Probablemente me regañara más tarde así que voy a gozar de la tranquilidad que me queda. saludo a la mujer para subir a mi habitación a ducharme por tercera vez en el día, el alcohol me hace sentir sucio.
¿Cómo se llamará? ¿Tomás, Carl, Marco…? Ya estoy divagando, jamás lo sabré y tampoco es como que sea algo que me quite el sueño.
Nota:
No se bien como funciona esta plataforma, pero quise intentarlo. Bienvenidos a mi historia Boyslove. Tengo intenciones de ser lo más constante posible, espero que les guste 🪴