LA REINA

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Summary

Una reina jamás será digna de una derrota según Amelia Black. Mucho menos cuando el hermano de su amado fallecido intenta tomar venganza en su contra. Mantén la corona en tu cabeza así no serás capaz de mostrar debilidad alguna. Resguarda tu corazón en una caja fuerte así no podrás salir lastimada. A la vista, son dos simples reglas sin importancia alguna, pero que para Amelia lo son todo. Odio. Pasión. Obsesión. Amor. Traición. Muerte…

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prefacio

Blackwood

Recuesto mi espalda en el húmedo pasto sin importarme manchar el hermoso vestido que llevo puesto y me dedico a mirar las estrellas escuchando a los grillos cantar junto al bullicio que proviene del castillo.

Suelto un suspiro sintiéndome agotada con la situación, parece que ellos celebran más que yo mi cumpleaños.

No puedo creer que ya tenga 15 años, según mi padre, florecí demasiado rápido que ni se dio cuenta cuando es que dejé de ser una niña y me convertí en una mujer hermosa como mamá.

Fueron muchos los invitados que llegaron a felicitarme, darme mis obsequios y luego largarse a beber, no soportaba estar entre tantos borrachos por lo que opté por salir al jardín a despejar mi mente y respirar aire fresco.

Si tan sólo él estuviera conmigo…

—Mel…

Retengo la respiración por un momento pensando que imaginé haber escuchado su voz pero me doy cuenta de que es real cuando me levanto y lo miro detrás de mí.

Lleva un ramo de rosas blancas consigo en brazos mirándome con una enorme sonrisa plasmada en el rostro.

—No pensé que fueras a venir— susurro con los ojos llorosos.

—Tenía que hacerlo, después de todo, fue una promesa que te hice ¿Lo recuerdas?— pregunta acerándose con cautela.

—Si, pero pensé que tenías guardia y…— se me entrecorta la voz y empiezo a llorar.

Logra llegar a mí y me rodea con sus brazos estrechándome contra sí.

—Calma Mel, ya estoy aquí— deposita varios besos en mi frente intentando calmarme.

—Te quiero Jake— murmuro en su pecho.

—Yo te amo Amelia, más que a mi propia vida…

Cierro los ojos dejándome llevar por sus caricias en mi espalda.

—Es que no puede creerme que hicieras eso— se ríe a carcajadas tirándose de espaldas al pasto.


—Pues créelo, no iba a permitir que ese desgraciado me tocara la mano— le doy un mordisco a mi fresa y luego se la ofrezco a él, quien termina de comérsela.

—Estuvo bien— murmura masticando— Si vuelve a pasar, dímelo y le arrancaré las manos.

—¿En serio harías eso por mí?— pregunto divertida.

—Soy tu guardia personal, mi deber es protegerte de todo lo malo— se acerca y me roba un beso en los labios para luego alejarse rápidamente.

Hago un puchero por lo corto que fue el beso y esta vez soy yo quien se acerca a él para besarlo. Empiezo a besarlo con suavidad hasta que el beso se torna más pasional y pronto me encuentro sentada sobre su regazo mientras balanceo mis caderas sobre su miembro duro.

—Mel… no deberíamos estar haciendo esto, pueden vernos— susurra bajando sus besos a mi cuello.

—Calla, es mi cumpleaños y quiero mi regalo.

—Pero si te di un ramo de rosas y te traje frutas— se queja tontamente con las manos en mis caderas.

—Eso no es suficiente, quiero más— muerdo el lóbulo de su oreja haciendo que suelte un gemido bajo.

Baja sus manos a mi trasero y lo aprieta con fuerza arrancándome un gemido, vuelve a besarme con más intensidad sonriendo victorioso por lograr su cometido.

Empiezo a desabrochar los botones de su camisa blanca pero él me detiene sujetando mis muñecas. Lo miro confundida por su acción.

—¿Qué pasa?

—Amelia, no podemos hacer esto— se disculpa con la mirada.

—¿Por qué? ¿No te gusto?— pregunto sintiéndome rechazada.

—No es eso…— baja la mirada soltándome— Tengo que irme.

—¿Ahora?

—No— niega soltando un suspiro tembloroso— Supongo que te enteraste que el reino enemigo está atacando en la frontera ¿verdad?

—Si… mi padre me contó algo de eso, pero no entiendo que tiene que ver en esto.

—Tengo que hacer frente junto a los otros soldados.

—¿Qué?— mi pregunta sale en un susurro.

—No sé si regresaré Mel…

—No puedes ir Jake, te lo prohíbo— acuno sus mejillas en mis manos pegando mi frente con la de él.

—Lo lamento tanto…— rompe a llorar y yo con él.

—No es justo, no lo es.

—Lo sé, mi amor, lo sé.

Ambos lloramos hasta que nuestros ojos duelen y nos quedamos en silencio esperando a que alguno hable pero nada de eso sucede.

Nos recuesta en el pasto y me estrecha entre sus brazos sin querer soltarme, pronto me encuentro durmiendo con él a mi lado sintiendo el dolor en nuestros corazones por la pronta separación.

Los rayos del sol me despiertan encontrándome sola en el jardín junto a la canasta que trajo la noche anterior y empiezo a llorar desconsolada por su partida anticipada.

Se fue, me dejó sola y ni siquiera se despidió…