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KAYL

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Summary

Kayl es una persona que ha vivido muchas cosas: y por eso mismo es que él quiere contarlas. A lo largo de todo el tiempo que le sobre para contar las mismas historias, lo hará intentando dar el máximo lujo de detalles.

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Complete
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16+

Capítulo #1: Mis inicios.

En la tierra que se usa como camino; gente pobre que accidentalmente nació en un cúmulo de malos tiempos y penumbras lúgubres; moribundas de espíritu, pero concretas de infelicidad y de una desesperanza generalizada: así es como podría describir su indeseada vida. Está claro que yo no me exento de sus porvenires, pero al menos hoy en día no tengo una acumulación de malestares; aunque tampoco estoy libre del poco futuro que nos enseña la vida. De todos modos, tuve la suerte del desgraciado que, contra su destino, consiguió un nuevo camino; uno mejor y más sano para su alma. A la misma vez, cuando digo que tuve suerte, realmente me lo pregunto día tras día: ¿tuve suerte o solo terminé en un camino peor?, al menos no he podido responderme eso, aunque muchas veces creo que simplemente pasó, y es lo que quiso el destino.

Formas de pensar por el estilo son lo que mayormente puedes ver por estos lares; personas incautas de lo que les espera, pero lo suficientemente conscientes como para quejarse de la suerte que les tocó. Sinceramente yo no me quejo de mi suerte, creo que el estar vivo ya es un signo de bienestar; así como respirar y poder mirar. Hay muchos que nunca tuvieron esos placeres; nacieron sin sus ojos, no pudieron respirar a gusto o quizá siquiera llegaron a estar vivos. Con todo eso aprendí a recapacitar sobre mi situación y con ello entendí que era mejor existir con un bajo perfil; si al destacar te exponías a peligros más allá de tu imaginación, no veo lógica en jugar con mi vida. Si este lugar es tan cínico como para ponerse a llorar, no quisiera presumir de arriesgarme en el mismo; de todos modos no tengo amigos, así que no hay algo que me motive, no tengo una causa ni una razón; solo tengo mi propia vida.

O al menos eso me gustaría creer; con cada minuto que pasa puedes ver mayores faltas de respeto contra cualquiera que sea débil, o con cualquiera que ostente una naturaleza perfecta para ser abusada. Tan mal paisaje en algún momento te termina torciendo la mirada, y así es como logras un pensamiento malversado a todo lo que observas. Supongo que ese es el castigo que nos tocó como nacidos en esta tierra.

El pensamiento degenerado es algo que te termina corrompiendo el espíritu, por eso puedes ver a niños que, según la lógica, representan la inocencia, violando a mujeres e incluso animales. Son visiones que con el tiempo acostumbras, pero que nunca aceptas: o eso me gustaría pensar. Hay muchos adultos incluso que aceptan tales sucesos. Yo realmente no puedo hacer nada; no poseo influencias o dinero que pueda mover masas con mis pensamientos, e incluso quienes lo han hecho, terminaron decapitados en medio de todos, como señal de castigo a los rebeldes. Por esas cosas me pregunto si cada persona pretende vivir toda su vida en situaciones tan precarias: incluso sabiendo que algún día sus hijos estarán allí, haciendo lo que ellos mismos tanto repudian, o que, al contrario, lo que les gusta tanto.

De todos modos, no hay nada para hacer; quienes quisieron hacer eso, quedaron en el pasado; recuerdo a algún que otro que de algún modo sobrevivió, o al menos eso se dice. Realmente nadie tiene constancia de ello, por eso no son nada más que una leyenda popular. Y aunque se quisiera investigar de ello, está prohibido hacerlo; el hacerlo prácticamente significa que de alguna misteriosa forma seas asesinado; si se me pregunta estoy seguro de que alguien o varios los matan. Sea como sea, no quiero averiguarlo. Prefiero conservar mi vida.

Es difícil cuando buscas prosperar, pero al final entiendes que es algo nativo de la misma vida; no puedes pretender ir contra ella de ninguna manera, por eso es que la mayoría comprendimos que lo mejor es simplemente vivir exento de los problemas emocionales que aquejan a casi todos. No quisiera pretender que mis sentimientos son tan fáciles de callar, pero tampoco quiero depender de esas sensaciones humanas; después de todo pasé tantas malas experiencias intentando vivir como si fuese uno más que, sin dudas, prefiero simplemente vivir alejado; en mis lares donde nadie ni nada me pueda molestar.

Aún con todas esas cosas, también admito que muchas veces quise aprender de otros o hacerme amigo de ellos, pero cuando miras quienes te rodean, es imposible que no haya un pensamiento crítico contra ellos; es como si nadie pudiese valer siquiera el esfuerzo de acercarme a hablarle. De todos modos, aunque es cierto que alguna que otra vez lo intenté, solo me llevé disgustos; como personas groseras o agresivas sin razón, quienes trataron de usarme para fines macabros, o demás cosas por el estilo. No se puede decir que no lo intenté, eso creo y de eso me valgo. Al final del día solamente soy un trabajador más de este mundo asqueroso. Aunque, siendo yo un trabajador, también soy una desgracia para la vida, ¿no...?

En el momento donde ocurrió el desafortunado nacimiento de mi persona, pude sentir de primera mano que la vida era cruda; el dolor profundo de ser puesto en una cesta arenosa y llena de tierra, en lo que parecía ser un baldío olvidado; acompañándome dentro de esa penumbra había mucho otros bebés como yo, que fueron puestos allí con los fines que fuesen, pero puestos allí, al fin y al cabo. Como una consecuencia lógica de dejar un bebé en esas condiciones, fueron mis constantes llantos, aunque también es cierto que los demás estaban llorando: raro hubiese sido si no llorase, pero al final como todo en la vida, con el tiempo llegó su final; por eso terminé de llorar después de un largo tiempo cargado de muchas lágrimas.Tras un día de ser abandonado en aquellas condiciones y con un hambre voraz, pude ser rescatado, si así se le puede decir, por una familia que solía ir a esos baldíos a, justamente, recoger niños que habían sido abandonados por su familia.

¿Por enfermedades? ¿No cumplían los requisitos?, eso daba igual, simplemente los recogían. Aunque parezca contraproducente, no los recogían por amor al desgraciado, o porque tuviesen las cosas necesarias para criarlos. Lo hacían para poder venderlos más tarde, o simplemente usarlos en mano de obra en diferentes locaciones: así pudiendo ganar dinero ellos, y ya los que trabajaban pues, con algo de dinero se contentaban. Cuando pude darme cuenta de ello, ya estaba en la carreta que solían llevar para llevárselos a todos, y más temprano que tarde estaba haciendo trabajos manuales junto a los diferentes chicos que compartían mis desgracias.

No hay muchas más cosas para destacar en lo que se puede llamar mi ¨infancia¨, si es que ese tipo de vida puede llamarse así. Al final de un largo tiempo, cuando ya tenía unos ocho años, y cuando ya estaba mucho más consciente de las cosas, comprendí que mi vida realmente no era nada buena, pero que comparada con la de otros que simplemente terminaron muriendo en aquel lugar, era bastante buena; también pensando en que podía comer y dormir todos los días, comprendí que era mejor ser agradecido, pero no con los que decían ser mis padres, aunque realmente solo eran comerciantes de niños, y prácticamente maleantes en toda regla. Mi agradecimiento era más tirando hacia la vida y todo lo bueno que podía encontrar en la misma, incluso contando todas mis penurias; dormía en el suelo junto a muchos otros niños y así mismo compartía el cuarto, como todo lo demás, incluso el baño o la misma ropa. Realmente el único momento bueno y fructífero del año era cuando los que decían ser la iglesia venían por la tanda de niños que habían cumplido los diez años; tenían cierta fijación con esa edad, por eso mismo los querían solo a ellos.

Había sido un día de trabajo fuerte en lo que era una obra de construcción de una casa para lo que eran unas personas con dinero e influyentes; yo como muchos otros niños volvimos al rancho de esa ¨familia¨; cada niño sabía en la ¨sección¨ que le había tocado: estas secciones eran casas grandes en las que muchos niños se acomodaban cada día para dormir y vivir; se separaban por edades, aunque muchas veces habían niños en cualquier lugar sin importar su edad: todo eso se debía a la gran cantidad y poco control que tenían de los niños que llevaban. A la hora de la vuelta, ya era muy de noche, por lo que todos estaban muy cansados y con ganas de dormir, pero ese día justamente había venido la iglesia a llevarse a los nuevos niños, por lo que habría bastante ruido y prácticamente nadie podría dormir.

Ya todos nos sabíamos la rutina, después de todo no era la primera vez que la iglesia vendría a por niños. Nosotros simplemente nos metimos dentro de la casa sabiendo que no comeríamos sino hasta de madrugada, si es que llegábamos a comer; por eso mismo fue que la mayoría de los niños nos reunimos en el medio de la casa para hablar de cualquier cosa; esa era nuestra pequeña sociedad, o medio para divertirnos. El primer tema que salió para hablar fue la misma iglesia. ¨Matan a los que se llevan, ¿no?¨, dijo uno de los niños, pero el problema era que realmente nadie sabía qué les hacían; todos podían especular, por lo que muchos dijeron que los vendían, mataban o demás cosas por el estilo. En ese momento yo solo quise escuchar, así podría pensar muchas más cosas con lo que dijeran los demás, pero nuestra pequeña reunión fue interrumpida cuando las grandes puertas de la casa fueron abiertas, y tras ellas se dejaron ver los ¨padres¨.

Todos nos quedamos viendo, sabiendo que cuando ellos venían, era porque generalmente alguien había hecho algo, e iba a ser castigado: esos castigos la mayoría del tiempo eran frente a todos los niños de la sección del niño que iba a ser castigado; los castigos más comunes eran sostener unos leños durante veinticuatro horas o quedarse parado fijamente desnudo durante veinticuatro horas. Quienes no podían conseguirlo eran castigados con la muerta inmediata; para ese momento prácticamente todos habíamos presenciado más de un asesinato. Con eso en la mente de la mayoría de los niños, muchos comenzaron a correr despavoridos, incluso si no habían hecho nada lo hacían. La sorpresa fue cuando rápidamente el ¨padre¨ gritó a todo pulmón para poder llamar la atención de todos.

— ¨¡ESCUCHEN TODOS!¨.

Claramente todos nos volteamos inmediatamente temiendo por nuestras vidas, pero la sorpresa fue mayor cuando una señora que vestía un traje increíblemente elegante pasó por delante del ¨padre¨ y se paró a vernos a cada uno de nosotros; como si tratase de buscar algo o, más específicamente a alguien.

Después de un rato observando a cada niño, se le acercó al padre y le susurró algo al oído; inmediatamente el padre dijo cuatro nombres.

— ¨Leonord, Kayl, Arthur y Sebastian. Vengan al frente de mí ¡ya mismo!¨.

A los cuatro niños que tuvieron el infortunio de ser llamados, tuvieron que dar un paso hacia el frente de todos, incluso cuando cada uno de ellos tenía miedo. Una vez que yo, y los otros tres estaban frente al padre, claramente se podía ver que estábamos llenos de miedo, pero incluso con ello, al menos yo, sabía que lo mejor era no moverse ni un solo centímetro, y solo hablar si se me pedía; los otros tres parecía que también pensaban eso, porque incluso cuando la señora se adelantó y comenzó a vernos muy de cerca, nadie hizo nada. Nuestro único pensamiento era quedarnos quietos hasta que todo acabase. Tras unos largos minutos de observación, la señora nuevamente se apartó y se acercó por partida doble hacia el padre para susurrarle algo; cuando le terminó de hablar, ¨padre¨ nuevamente nos habló a los cuatro.

— ¨Los cuatro van a salir, donde está madre esperándolos. Cualquiera que intente escaparse o desobedezca las órdenes de madre, será asesinado inmediatamente, ¡¿entendido?!¨.

Tras escuchar eso, sabía que nos teníamos que mover hacia la puerta, pero ninguno de los cuatro lo estaba haciendo, suponiendo que era por el miedo. Ya teniendo otras memorias de algunas veces que otros niños no se movieron por miedo, les terminaron dando una paliza, o algo peor, por lo que preferí caminar. Sabía que, si yo caminaba, los demás iban a hacerlo, e incluso si no era así, ellos serían los únicos castigados.

Ya que empecé a caminar, pude escuchar como los otros niños comenzaron a seguirme como si no supiesen que hacer, pero por eso mismo es que decidí caminar rápidamente hacia allí; más que nada porque no les quería hacer esperarme, pero también porque los demás niños también irían más rápido. Cuando pude ponerme frente a la puerta, pude ver que todo el campo estaba alumbrado, y que esa noche, la oscuridad era más tenue que de costumbre; sin querer darle mucho más tiempo a admirar el paisaje salí de la puerta, y a mi derecha estaba ¨madre¨, esperándonos con lo que parecían ser otras personas de la iglesia. Ellos eran seis en total, por lo que sobraban personas, pero madre rápidamente dijo qué se debía hacer.

— ¨Dos de ustedes irán con Arthur y Sebastian, yo iré con Leonord, y tú Camila, irás con Kayl. Él es muy calmado, no te dará problemas¨.

Tras haber repartido a las personas, rápidamente ellos se pusieron con cada uno, y a mí vino quien supuse sería Camila; podía verse claramente que era una chica muy joven, de quizá dieciocho años o menos; tenía un pelo rubio y corto, además de unos ojos extrañamente azules. Ella se acercó hasta mí como quien quisiera acercarse a una fiera, pero, amablemente me habló para que no le tuviese miedo a ella o al momento.

— ¨Hola, Kayl, yo soy Camila. Seré tu encargada hasta que lleguemos a la iglesia. No me tengas miedo, ¿sí?, intentaré ser buena siempre, así que tú también inténtalo, ¿entiendes?¨.

Cuando la escuché hablar, sentí que lo estaba haciendo muy forzadamente, pero tampoco quería problemas después de haber llegado hasta allí, por lo que simplemente le dije ¨Está bien¨, y con eso comenzamos a caminar.

Ella se puso a mi izquierda, seguidamente cogió mi mano y comenzamos a caminar hasta una nueva casa que nunca había visto. Nosotros habíamos salido más tarde que los demás por la misma charla de Camila, pero había sido mejor; así podía ver a los demás niños y tenía visión de a donde estábamos yendo. Fijándome en los otros pude ver que no estaban especialmente inquietos, pero a la que sí se notaba especialmente ansiosa era Leonord; más que nada porque estaba justo con ¨madre¨, y claro, quién podría decirle algo, si nadie quería acercarse ni un poco a madre, y ahora ella estaba tomándole la mano. Cuando poco a poco cada grupo se iba metiendo a esa cosa, ya para cuando nosotros estábamos al frente de la puerta, Camila se detuvo un momento, se acercó a mí y me habló.

— ¨Intenta no gritar, ¿sí?¨.

Yo la miré desconcertado por lo que me estaba diciendo, pero a la vez con cierto temor por lo que me había dicho. ¿Qué clase de consejo era ese?, tal vez eso era lo único que podía pensar en el momento, pero cuando entramos a la puerta, se me quitaron todas las dudas.

Frente a mis ojos pude ver que los niños se estaban quitando la ropa, pero lo que más curioso se me había hecho, era el ver como toda la casa estaba completamente vacía, y que realmente por fuera parecía mucho más grande. De repente Camila tiró de mi mano con relativa brusquedad, por lo que supuse que debía dejar de distraerme, pero fue solamente para que yo la viese a los ojos, y así con lo que parecía un extraño intento de mensaje, supuse que me quería decir algo, pero realmente no le entendí nada. Simplemente la miré extrañado, pero tras eso ella me llevó hasta uno de los espacios que no estaban siendo ocupados, y una vez estando allí, comenzó a quitarme la ropa. Yo no le dije nada, ni ella a mí; no dije nada porque sabía que a todos los demás le estaban haciendo lo mismo, y si era por pensar en algo malo, tampoco es como que pudiese defenderme de alguna forma.

Una vez que había quedado totalmente desnudo, vi como Camila fue hasta una de las esquinas por lo que era un balde viejo con agua. Se acercó a mí, y sin reparo alguno me lo tiró encima. Cuando lo hizo, pude sentir una gran cantidad de escalofríos viniendo por mi cuerpo; el agua estaba realmente helada por lo que fuese; quizá esa noche estaba fría, pero no podía sentirlo, mi cuerpo ya estaba lo suficientemente acostumbrado a las bajas temperaturas de ese lugar. Tras haber recibido mi balde con agua, pude escuchar que a los demás niños también les cayó el suyo, pero fue Leonord la que dejó salir un grito; en el mismo instante, ¨madre¨, le dio una bofetada y le dijo que se callara.

Cuando miré, realmente estaba alejado de ellos, por lo que, aunque hubiese querido hacer algo, estaba complicado. Lo que sí pude notar fue que, al momento de la cachetada, los otros dos chicos sí quisieron hacer algo, pero se quedó solo en una pequeña muestra de su rabia; ni siquiera osaron a moverse un poco. Por estar distraído, el que me tiraran otro balde de agua me tomó por sorpresa, por lo que dejé salir un ruido de dolor, debido al frío; en ese mismo instante estaba listo para recibir un golpe, por lo que cerré los ojos por impulso, pero tras unos segundos de espera, Camila no me golpeó.

Con ese extraño suceso, me le quedé viendo bastante desconcertado, pero esa vez, nuevamente me quiso decir algo con su cara, pero siendo sincero, no le entendí nada; lo único que supuse es que no le gustaba pegar, o que no consideraba el ruido lo suficientemente fuerte como para castigarme. Sea como fuese, tampoco pude pensarlo mucho más; ella rápidamente me tomó del hombro y no dijo nada, me giró, quitó su mano y así me dejó sin decir nada. En ese momento estaba viendo la pared, por lo que me sentía extrañamente inseguro, pero pensando en que, si hubiesen querido hacerme algo, ya lo hubiesen hecho, me pude calmar un poco. A la vez pensé que seguramente solo me iban a tirar un balde de agua fría de nuevo, por lo que simplemente me preparé. Para mi sorpresa fue cuando sentí algo extraño pasando por toda mi espalda, y al querer girarme, ella rápidamente me dio la vuelta de nuevo. Me dijo firmemente: ¨no te vuelvas a voltear¨, por lo que yo le hice caso.

Lo que pasaba por mi espalda dolió un poco cuando ella comenzó a hacerlo más rápido, pero de todos modos no quería moverme mucho más. Incluso queriendo no hacerlo, había ocasiones en las que sí dolía lo suficiente como para moverme. Tras lo que parecía era el fin de eso, ella nuevamente puso su mano sobre mi hombro, esta vez para girarme a la posición inicial: ahora ella comenzaba a pasar lo que parecía ser una especie de palo con algo al final que frotaba incesantemente contra mi piel. Debido a que lo estaba haciendo frente a mí, esa vez sí podía mirar, por lo que, al hacerlo, pude ver que estaba quitando toda la tierra que había tenido durante tanto tiempo.

Camila se pasó así por un largo rato, hasta que, secándose el sudor de su frente, dijo a las demás: ¨listo. Terminé con él¨. En ese momento llegó otra de las de la iglesia, esperó a que Camila se apartara, y me tiró más agua fría encima. Tras eso, llegó ¨madre¨ y fue directamente a hablarle a Camila.

— ¨Te estuvimos esperando todo este tiempo, ¿por qué tardaste tanto?¨.

Sin que ¨madre¨ hubiese levantado la voz, se notaba perfectamente que la chica estaba en problemas, pero si de mí dependía salvarla, iba a dejar que se muriese frente a mis ojos. No tenía ninguna intención de abogar por ella o algo parecido.

— ¨Le pido me disculpe, madre. No quería tardar tanto. Es solo que me levanté sintiéndome un poco mal. Le ruego que pase por alto mis insuficientes esfuerzos¨.

¨Madre¨ la vio fijamente durante unos segundos, pero al final de estos simplemente le dijo ¨está bien, Camila¨, y terminó yéndose con Leonord. Fue un momento realmente extraño, porque, no se sintió como un regaño, pero tampoco fue como una conversación amigable; simplemente fue algo extraño en todas sus dimensiones.

Una vez que estaba junto a Leonord, comenzó a vestirla, por lo que rápidamente todos los demás hicieron lo mismo con el niño que les tocó. Yo primeramente pensé en vestirme por mi cuenta, pero pensé que mejor sería dejar a Camila que lo hiciese. Lo hice pensando en evitarle más problemas, pero más específicamente para no llamar la atención. Cuando terminó de vestirme, pude ver que los demás también habían sido vestidos, por lo que seguidamente comenzaron a caminar agarrándoles las manos hacia la puerta de salida, pero esta vez, había un gran carruaje esperando a la salida de las mismas señoras de la iglesia. Yendo hasta la puerta que quedaba en la izquierda, y cogiendo con ambas manos a cada niño, los subieron al carruaje. Conmigo fue lo mismo, y nuevamente fui subido de último. Dentro del carruaje solo estábamos los niños, por lo que me pareció raro, pero ahí mismo fue cuando ¨madre¨ preguntó.

— ¨¿Entonces quién los acompañará?, no podemos dejar que estén solos. Se pueden escapar o matarse entre ellos¨.

En ese mismo instante Camina se pronunció para hablar.

— ¨Por favor, madre, deje que yo me encargue. Me aseguraré de remendar mi error¨.

A ¨madre¨ pareció que no le gustó del todo la idea. Pero lo que dijo fue contradictorio con su cara.

— ¨Está bien, Camila. Es bueno que quieras volver a rehacer tu imagen¨.

En ese momento ¨madre¨ se acercó hasta la puerta, y esperando a que Camila se subiese, no le apartó la mirada en ningún momento. De mi parte, en todo momento traté de ver hacia el frente; así podía tener una visión de lo que estaba pasando afuera, y no parecía que estuviese viendo todo tan atentamente. Sin rodeos fue como Camila se aproximó hasta la puerta del carruaje, y con ¨madre¨ viéndola, se subió.

Al ella subirse, tuvimos que hacer un poco de espacio, pero pareció como si los tres chicos tuviésemos la misma idea: nos sentamos todos en la tanda de asientos que teníamos en frente; justamente era para tres personas, por lo que no tuvimos problemas. En la otra tanda quedaron solo Camila y Leonord; en el instante en que nos terminamos de acomodar, ¨madre¨ cerró la puerta del carruaje, le habló a alguien y rápidamente el carruaje comenzó a avanzar. No pude escuchar qué dijo, o a quién le habló, pero al momento de que el carro se moviera, Camila comenzó a hablar.

— ¨Escuchen, chicos, ahora mismo estamos dentro de un carruaje. Si no saben qué es, es básicamente una caja movida por caballos que son controlados por alguien más. No tienen nada que temer. A donde vamos no les harán daño, claro, siempre y cuando puedan entender que lo mejor es no desobedecer las órdenes. Espero que puedan confiar en mí. Les diré un secreto... a mí no me gusta tratarlos mal, así que... si pueden disimular bien, podremos pasar buenos momentos juntos¨.

Escuchándola hablar se sentía como si realmente estuviese buscando que nos calmáramos, pero al yo estar en un estado total de neutralidad, tampoco lo sentí mucho. Pude sentir más ese ambiente de confort viendo a los demás chicos.

El ¨problema¨ real era que Leonord parecía estar excesivamente tímida, o más que eso, temerosa. Debido a que Leonord era quien arruinaba el ambiente, Camila rápidamente se concentró en tratar de remediar su temor. Su idea fue hacer que cada uno de nosotros nos presentáramos. Supuse que esp pensó Camila para que Leonord se sintiese segura.

— ¨Escuchen, chicos, ¿podrían presentarse?, es para que así todos estemos más tranquilos, ¿sí?¨.

— ¨Yo soy Arthur. Tengo nueve años¨.

— ¨Yo soy Sebastian. Tengo ocho años. Un gusto conocerlos¨.

En ese momento era mi turno de presentarme, pero realmente no quería hacerlo, pero lo hice solamente para poder cumplir con un mejor ambiente.

— Yo soy Kayl, tengo ocho años —.

Tras haber dicho mi nombre, Camila rápidamente colocó su mano sobre la cabeza de Leonord, le dio unas leves palmadas y le habló.

— ¨Sé que hemos escuchado tu nombre antes, pero ¿te podrías presentar?¨.

Miré fijamente a la chica; quería saber cómo podría reaccionar ante esas palabras, y más sabiendo que otras tres personas estábamos viéndola.

— ¨Yo me llamo Leonord. Es un gusto conocerlos a todos¨.

Para mi sorpresa fue que ella, al hablar, lo hizo totalmente segura de sí misma. O bueno, quizá no fue tanto, pero esperaba una respuesta más llena de timidez. De todos modos, esa pequeña presentación funcionó lo suficientemente bien como para hacer que el ambiente del lugar fuese ahora más cómodo.

Si bien es cierto que el ambiente había mejorado mucho, ninguno de nosotros estábamos hablando, y se podía notar que Camila quería hablar, o decir algo, pero no sabía cómo entrar, o al menos eso creía yo. Viendo de refilón a Leonord, pensé que ella también quería hablar, pero ninguna de las dos lo estaba haciendo. Yo solo ignoré eso; al final no quería hablar tampoco, pero Camila en ese momento dio un suspiro profundo.

El sonido me molestó demasiado en ese momento, por lo que la miré con mucho odio durante un segundo, pero al verla, pude ver que, en su traje, en el pecho, tenía una decoración extraña de un color dorado intenso, por lo que en ese momento recordé que, hasta ese momento, no tenía ni idea de lo que realmente era la iglesia. De una casualidad había salido la oportunidad perfecta para hablar: ¨Tengo una pregunta, Camila. ¿Qué es la iglesia? ¿O qué son ustedes?¨. Al menos en mi cabeza había sido una pregunta perfecta para que ella me pudiese responder y así que hablase, pero cuando le pregunté, terminó poniendo una cara complicada. Como si no le gustase lo que le había preguntado, pero de todos modos me respondió.

— ¨Bueno, no es necesario que sepas algo tan complicado, pero simplemente es una organización que busca niños para salvarlos... eso es todo lo importante. ¿Satisfecho?¨.

La respuesta obviamente había solo para salir del paso, pero yo tampoco tenía miedo a responderle sinceramente.

— No realmente. Pero parece que no quieres hablar de ello, así que no hay más que preguntar —.

— ¨No es que no quiera... simplemente es innecesario que preguntes ese tipo de cosas ahora, ¿no lo crees?¨.

El problema de haber dicho eso, es que les dejó la duda a los otros tres picando.

— ¨¡Kayl tiene razón! ¡Yo si quiero saber qué es la iglesia!¨.

— ¨¡Yo escuché que mataban a todos los niños que se llevaban!¨.

— ¨¡Yo escuché que los vendían en partes!¨.

Ahora los cuatro le estábamos haciendo la pregunta directa a Camila,

— ¨¡YA BASTA! ¡Les dije que no necesitan saber de eso!¨.

Tras el grito, y su negación total, se produjo un silencio total... un silencio incomodo... pero realmente no me importó mucho; de todos modos, pensaba en que iba a pasar.Prefería verla a ella; su rostro expresaba una cierta frustración, pero a la vez la intentaba ocultarlo con un extraño y sombrío sentimiento de tranquilidad. Preferí dejar de verla. Era incómodo.

Llegó a pasar una gran cantidad de tiempo en ese silencio, pero el mismo se interrumpió cuando el carruaje se detuvo: inmediatamente se escucharon tres leves golpes provenientes de mi izquierda. Justo me había sentado a la par de una de las dos puertas, y justo esa fue la que tocaron. Rápidamente Camila se levantó sin decir nada, abrió la puerta desde dentro, y dejó ver todo lo que había tras ella. Yo, por estar primero, pude ver que había varias chicas jóvenes con la misma ropa que Camila, y una de ellas fue las que me tomó por el brazo y dijo ¨Por favor, bájate¨.

Inmediatamente me levanté, pero no sabía cómo bajarme del todo. Siendo un niño de ocho años, el espacio que había entre el carruaje y el suelo era muy grande, así como el del primer escalón y el carruaje en sí, por lo que dudé mucho en cómo bajarme. Sentí mucha presión por ello, y no quería tardar más, pero me daba miedo el poder caerme, pero para mi suerte fue cuando la misma chica que me había pedido bajarme, me dio su brazo, y amablemente me dijo ¨Ten. Agarra mi brazo. No te caerás así que baja tranquilo¨. Con sus palabras, y teniendo su brazo, pude sentir una relativa seguridad, por lo que, teniendo eso, y más el querer darme prisa, bajé tan rápido como pude.

Una vez que pude poner mis dos pies en el suelo, rápidamente me quería apartar, y fue cuando la misma chica me tomó de la mano, comenzó a moverse y se dirigió hasta la puerta de lo que parecía ser una casa gigante. Debido a que ella no se detuvo, y que estaba de espalda, realmente no pude ver nada atrás de mí, por lo que no sabía que les había pasado, pero ya viendo de frente, y una vez estando dentro de la casa, pude ver que era un espacio gigante, lleno de muchos niños que estaban viendo hacia la puerta, como esperando algo. Nosotros dos seguimos caminando sin importar nada. Había pensado que subiríamos unas escaleras muy grandes que había en el centro, pero no fue así; terminamos yendo hacia la izquierda del todo, en lo que parecía ser un extraño y alargado pasillo. Como a mitad de camino de este, nos detuvimos, y ella no me dijo nada, haciéndome no querer preguntar por ello.

Tras el lento paso de unos minutos, escuché unos pasos atrás de mí, además de escuchar las voces de los otros tres chicos. De cierto modo me sentí aliviado, pero a la vez me preocupó más. Si pensaba en que todos nosotros nos habíamos apartado de los demás, y que estábamos solos en un pasillo extraño, solo podía tener malos pensamientos. Aunque mi buena noticia del momento fue cuando escuché que estaban hablando con las otras chicas que los habían traído, además de poder escuchar la voz de Camila. Con eso me pude calmar un poco más, pero el estar de primero, y siendo el único que no hablaba con la chica que le escoltaba, me hacía sentir fuera del lugar.

Tras varios minutos más estando allí, pude ver que una puerta al frente de nosotros, pero muy al fondo se abrió, cuando eso pasó, me sorprendió. De lejos no parecía una puerta, más bien parecía parte de la pared, pero al fin y al cabo era una puerta. De la puerta salieron unas mujeres viejas con un traje diferente al de las chicas que había visto hasta el momento. Era decorado con muchas cosas raras, teñidas de rojo y no tenían nada dorado. Pensé que, tras su salida, iríamos allí, pero no, nos quedamos quietos.

Para cuando ellas estaban muy cerca de nosotros, primero me vieron a mí, pero me hicieron una mirada de desprecio muy grande, como si hubiesen visto lo peor del mundo. Tras haber pasado de mí, no pude ver qué más hicieron, pero sé que al pasar junto a Leonord, se detuvieron y comenzaron a hablarle; haciéndole muchos halagos y hablándole de una manera más que cariñosa.

Me pareció bastante extraño; pensaba que nos odiarían a todos por ser sucios o algo así, pero tras lo de Leonord supuse que solo se fijaban en chicas o algo por el estilo. Realmente no me importó mucho. A lo único que le presté atención fue cuando comenzamos a caminar hasta la puerta.


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1. Capítulo #1: Mis inicios.
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