Capítulo 1
—Los vestidos son una mierda total— Satoru revisaba y tocaba los vestidos para las madrinas de la boda, él solo había sido invitado por Shoko para completar a las madrinas. Parece que una de ellas se enfermó y no podrá asistir a la boda; porque si asiste estaría estornudando como loca.
—No está tan mal— intentaba ver el lado positivo la chica, mientras observaba dichas prendas con una mueca inconforme.
—¿Qué no está mal?—Satoru tomó con fuerza la parte superior del vestido que le tocaba usar—Es color verde y la tela de peluche, ¡de peluche! No vivimos en ciudad Peluche, Shoko, solo si le cambiaron el nombre a la ciudad y yo ni en cuentas.
—Hay que comprender a la novia, no quiere que nadie la opaque en su día especial—razonó la chica mientras soltaba un poco de humo de su cigarro. Tenía que ser eso, nadie podría ser tan mala para que sus damas de honor usarán algo tan horrible.
—Que sea su día especial no significa que nos vistamos cómo peluches baratos y de mala calidad—Shoko solo rodó los ojos. Su amigo era el único con la altura y complexión necesaria para llenar el vestido de la chica que enfermó, fue pura casualidad en realidad.
—Ya cálmate, por lo menos podrás comer algo en la fiesta—consoló la chica. Satoru solo asintió con la cabeza, él había aceptado la invitación por la comida, porque ni conocía a la dichosa novia con trauma sobre peluches.
Y hablando de la reina de Inglaterra, las puertas de la sala fueron azotadas con fuerza. El ruido de unos tacones de tacón alto comenzó a sonar, y al cruzar el umbral de la puerta fue revelada a una hermosa dama que usaba una marca de ropa muy cara, tal vez con el dinero de cinco años de trabajo en su actual labor Satoru lograría comprarse algo parecido. Pero tenía que admitir que esa ropa no quedaba para nada en el cuerpo de la mujer, y los colores no contrastaba demasiado.
La mujer movió su cabeza en dirección de Shoko y luego a Satoru. Se quitó sus costosos lentes de sol y observó al chico con determinación, podía notar que algo no le gustaba por la forma en que alzaba la ceja y arrugaba la frente. Gojo se sentía nervioso con la mirada que le daba.
—¿Ella es tú amiga?—comentó la mujer Shoko. Satoru solo levantó una ceja indignado, claramente se miraba como un chico, tenía cabello corto, ropa ancha y ya no se notaba claramente su antiguo cuerpo; iba a corregir a la señora con su pronombre, pero un golpe en el estómago por parte de Shoko lo hizo callar. Lo único que hizo fue lanzarle una mirada de molestia a su amiga.
—Sí, ella es—fue lo único que dijo Shoko con una sonrisa forzada. Tampoco le agradaba mucho la mujer, pero esa mujer le iba a pagar una cantidad agradable de dinero por ser la madrina de boda.
—Se ve tan poco femenina — vio de pies a cabeza al chico, mientras Satoru se movía en su lugar, ¿por qué la mirada de esa mujer le ponía los pelos de punta ?—, ni hablemos de su color de pelo, ¿es una broma? ¿Quieres arruinar mi gran día?
La mujer colocó una mano en su pecho indignada y con unos ojos de terror ante esa idea. Satoru solo rodó los ojos, solo estaba por la comida, solo estaba por la comida, pensaba varias veces para calmar su yo interior que quería decir algo sarcástico a la dama en ese momento.
—Soy albino, nací así, no vengo arruinar su día—intentó razonar Satoru lentamente. Él no tenía mucha paciencia, pero esa señora estaba deshaciendo la poca que tenía. La mujer no parecía convencida de la respuesta del chico.
—Vas a opacar mi vestido con ese cabello tuyo, si vas a participar como una de mis damas, tienes que usar una peluca de un color de cabello ordinario y común.
“Lo siento flor, te pise” era lo que quería decir Satoru sarcásticamente mientras reía, pero en cambio dijo:
—Solo el cabello, ¿cierto?—quería confirmar el pedido, esa mujer lo iba a sacar de sus casillas tarde o temprano.
—Y todo lo blanco de tu cuerpo: Cejas, pestañas, por ejemplo—un tic nervioso se posaba en el ojo derecho de Satoru. Shoko se rió un poco por a dónde se dirigía la discusión y por el pedido absurdo.
—¿Solo eso, dama?—preguntó cortésmente y con los dientes apretados Satoru. No iba a golpear a una mujer, menos esa, de seguro y le cobra cada diente unos miles de dólares.
— Que la peluca sea larga, pareces un hombre con ese cabello corto y tu forma de vestir. En serio, cariño, ¿eres así de plana?
La risa de Shoko se comenzó a escuchar por todo el lugar, Satoru solo le envío una mirada de “Cállate, loca” porque su querida amiga sabía algo que la señora no. Satoru en comparación de Shoko, en su adolescencia el creador si le dio buenos atributos, pero usaba Chest Binder lo que ayudaba a ocultar su pecho. Algo que no le gustaba mucho de su cuerpo.
—Espero que no se caiga el vestido por el lado de enfrente por la falta de pecho—Shoko intentó calmar su carcajada con una mano en la boca y otra en el estómago. Satoru solo contaba del uno al diez para calmarse un poco.
— Usted no sé preocupe, señora, nosotras nos encargaremos del vestido y que Satoru esté impecable para la boda — dijo con una sonrisa falta, Ieiri.
—Eso espero— dijo para terminar la conversación la mujer. Se dio la vuelta y, con el mismo sonido del tacón con el que entró a la habitación, se fue.
—Vieja loca—fue lo único que dijo Satoru, escupiendo la palabra con remordimiento.
—Solo es un poco… —la chica no podía encontrar la palabra indicada. Comenzó a mover las manos para buscar la palabra que coincidiera con la personalidad de la mujer.
—Escandalosa, presuntuosa, engreída, perfeccionista, ridícula—daba sinónimos de cada palabra al azar. Satoru, en serio, no encontraba una palabra exacta para describir a esa mujer.
—Solo iba a decir insegura —concluyó Ieiri.
—¿Insegura de qué? Y no digas de mí— Satoru colocó sus manos en su cadera mientras levantaba una ceja.
—Desde que me contrataron para esto ella ha estado muy alejada de nosotras y no nos conoce—contó Shoko. Satoru parpadeó un par de veces por lo dicho.
—¿Te van a pagar?— pregunta incrédulo—A mi solo me darán mi cena del día, ¿Cómo qué te van a pagar con billetes verdes?
—Bueno— Shoko se rasco la cabeza nerviosa—, te preguntas cómo consigo dinero para pagar mi carrera de medicina y como consigo vestidos de buena calidad.
—¿Desde cuándo?—fue todo lo que pudo decir Satoru. Estaba enojado, él también quería dinero, trabajar de camarero no ayuda demasiado, las propinas son muy pocas en estos días.
—Desde que inicie la universidad — confesó al final.
—Por eso no tenías tiempo para salir los sábados o domingos con Suguru y conmigo — comentó el chico.
—Si, era por eso.
—Sorprendente, simplemente sorprendente. Ahora me dirás que eres Batman y Robin es el gato callejero que acabas de adoptar.
Shoko río un poco con la broma y Satoru le siguió con una carcajada, tardaron unos minutos para recuperar el aire.
—¿No estás enojado porque no te lo había contado?—dijo penosamente Ieiri.
—Para nada, pero me hubieras dicho y te acompañaba, porque el dinero no crece de los árboles ni en mis bolsillos—la sonrisa de Satoru calmó a Shoko, iba a ir bien, con su amigo, sabía que iba a ir todo bien.