Chapter 1
El comienzo
Alicia sacó su teléfono y buscó entre sus contactos hasta encontrar al que llamaría.
Un timbre, dos timbres hasta que contestaron a su llamada…
—Hola Diego, necesitamos hablar, es urgente, ¿nos podemos ver?- Dijo ella con un tono sereno pero con algo de preocupación.
—Hola cariño, ¿pasó algo? te noto preocupada—
—Está todo bien, solo que lo que te tengo que decir no es algo que te pueda decir por teléfono, necesito estar frente a ti…—
—Nos podemos ver aquí en mi oficina en 1 hora si te parece— Respondió el un tanto intranquilo, pues aquellas palabras resonaban en su mente, qué será lo que Alicia tenía que decirle
—¿Acaso querrá terminar?
Se preguntaba a sí mismo una y otra vez.
Alicia Narváez Najera es hija única y heredera de una de las familias más ricas e influyentes del país, durante su vida no se ha preocupado por tener las cosas, pues para ella un simple "quiero" era significado de obtener todo lo que quería.
A sus 17 años ella creía que si no disfrutaba de su juventud, esta se le iría demasiado rápido, se la pasaba de fiesta en fiesta, de la noche hasta el amanecer, estudiaba sí, pero su dedicación no caía en sus estudios, pues sabía que de cualquier manera las empresas de sus padres serían para ella.
Dos años después en una de las tantas fiestas a las cuales asistía lo conoció a él, Diego Albarán Deservallan un chico rico, pero no hijo de papás, él se esforzaba día a día para obtener lo que quería.
Aquella noche Diego conoció a Alicia y desde ese momento quedó flechado por la belleza de aquella chica.
Después de verla por un largo rato, Diego decidió acercarse a ella y presentarse.
-Hola ¿Qué tal? Soy Diego - y extendió su mano para estrecharla.
Con una gran sonrisa y tomando su mano se dirigió a él para decirle
—Mucho gusto Diego, soy Alicia
Pasaron unos meses, Diego y Alicia eran oficialmente una pareja, ella estaba por cumplir 20 años y él recién cumplía 25, la diferencia de edad no era mucha y ambas familias estaban felices, pues sabían que sería la oportunidad perfecta para unir a ambas familias.
Ella llegó a la empresa, se dirigió directamente a la oficina de Diego y al entrar fue directo hacia él y se sentó en una de las sillas.
Diego se acercó a ella un poco nervioso, pues tenía miedo de que ella terminará su relación.
Hubo un silencio por algunos minutos, él la miraba fijamente, pero ella bajó la mirada, Diego la tomó por el mentón para así poder hacer que ella lo mirara fijamente.
Cuando sus miradas se juntaron ella suspiro profundo.
—Estoy embarazada, vamos a ser papás— dijo Alicia, no se le notaba triste ni feliz, no tenía expresión alguna en su rostro.
Tenía 20 años cuando se enteró que estaba embarazada, en sus planes no estaba el ser madre, bueno al menos no tan joven.
Sabía que esto sería el motivo por el cual su vida cambiaría drásticamente, tendría que casarse, pues para su familia sería una total vergüenza que a su edad tuviera un hijo sin haberse casado.
Tendría que dejar de lado sus noches de fiesta hasta el amanecer, tendría que hacerse cargo de una familia, experimentaría grandes cambios en su cuerpo, sabía que sería difícil, pero también sabía que no estaba sola, que tenía con ella a su novio Diego que si bien, no lo amaba, lo quería.
Al paso de los meses pudo ver cómo su vientre crecía más y más, se sentía emocionada y con miedo, había días en los que se sentía con toda la fuerza del mundo y días en los cuales no se podía ni levantar de la cama.
Cuando cumplió las 20 semanas de embarazo recibió una noticia que la alegró inmensamente.
Su bebé sería una linda niña.
Esa noticia la hizo olvidar por un momento aquel infierno que estaba viviendo, su ahora esposo la amaba mucho, y estaba muy emocionado por la llegada del nuevo integrante de la familia, la consentía, le demostraba su amor pero Alicia simplemente no lo amaba, lo había confirmado unas semanas atrás.
Se juró a sí misma amar a su hija y estar siempre para ella, apoyarla en todas sus decisiones y nunca obligarla a hacer algo que ella no quisiera.
Cuando su pequeña nació decidió llamarla Mérida Abigail.
Mientras admiraba lo pequeña e indefensa que su hija era se ingenio un plan para poder ser feliz.
Dejaría pasar 5 años, haría crecer su fortuna y sería la esposa ideal para así un día tomar sus cosas e irse para poder ser feliz con su hija.
Pasó el tiempo y solo faltaban unos cuantos meses para llevar a cabo su plan, su pequeña hija Mérida estaba por cumplir 5 años y ya era el momento de tomar a su hija, su fortuna e irse lejos y ser feliz.
Su idea de felicidad era miserable, viajar, ir de compras, ir de fiesta y disfrutar de aquellos años que había perdido.
Pero Alicia no contaba con un pequeño detalle que la haría cambiar sus planes.
Era miércoles por la mañana, su esposo, Diego había ido a la oficina, pues tenía reunión con los futuros socios, Alicia supo que ese era el momento perfecto para irse, alistó a su pequeña Merida y mientras preparaba su equipaje cayó al suelo desmayada.
Al despertar se encontraba en la cama de su habitación, a su lado se encontraba Diego su esposo y con ellos un tercero al cual no conocía, pero rápidamente supo que era un médico.
—Al parecer no es nada grave, pero es mejor que vayan al hospital para realizar exámenes médicos generales y descartar cualquier cosa— dijo el médico con un tono tranquilo para después dirigirse a la puerta.
—Lo acompaño— dijo Diego.
Ambos salieron y unos minutos después Diego regresó y se sentó en la cama a un costado de Alicia.
Estaba serio, su mirada reflejaba tristeza y enojo, tomó a Alicia de la mano y la miró fijamente
—¿Ibas a dejarme?- preguntó Diego triste.
—¿Qué? Respondió Alicia
—Las maletas— Diego apuntó hacia el equipaje
Alicia No sabía que responder, sí, iba a dejarlo, pero no se lo diría, así que mintió.
—Claro que no, Merida y yo te teníamos una sorpresa, queríamos ir de viaje pasas mucho tiempo en la oficina y creímos que si preparábamos el equipaje de los 3 te sorprenderías y aceptarías ir con nosotras- bajo la mirada, pues sabía que mentía, pero también sabía que su esposo le creería.
—Me lo hubieran dicho cariño, nada me importa más que ustedes, así que si, iremos a ese viaje, pero antes iremos al hospital para asegurarnos de que todo está bien- dijo a Alicia con una sonrisa.
El jueves por la mañana Diego y Alicia se dirigieron al hospital, estuvieron esperando por unos minutos hasta que por una puerta salió una enfermera con unos papeles.
— Alicia Narváez de Albarán— dijo la enfermera.
—Soy yo— Alicia se levantó y siguió a la enfermera por un pequeño pasillo.
—Haremos un par de exámenes de rutina, orina y sangre— dijo la enfermera entregando a Alicia un pequeño recipiente recipiente el cual tenía que depositar un poco de orina.
Alicia se dirigió al baño y al salir entregó el recipiente a la enfermera, después esta le indicó que tomara asiento y subiera la manga de su blusa para poder extraerle sangre.
Unos minutos después Alicia salió y se acercó a Diego.
—Pueden ir al consultorio del dr y esperarlo ahí, él irá en un momento. -- dijo la enfermera con una sonrisa amigable.
Diego y Alicia se dirigieron al consultorio y unos minutos después el doctor llegó.
—Buenos días señores Albarán— dijo refiriéndose a ambos por el apellido de él —Tomen asiento— señaló a las dos sillas que se encontraban frente a su escritorio —Tengo aquí los resultados de sus exámenes— dijo alzando un poco aquel pequeño sobre blanco.
El doctor abrió el sobre. Para Alicia daba igual, pues ella se sentía muy bien, por otro lado Diego estaba muy nervioso, pues no quería que nada le pasara a su esposa.
Cuando el doctor terminó de abrir el sobre tomó entre ambas manos una hoja y se dispuso a leerla.
Se quedó en silencio unos minutos para después mirar a la pareja frente a él.
—¿Todo bien?- preguntó Diego preocupado
El doctor asintió y Diego soltó un gran suspiro de alivio.
—Pero entonces a qué se debió el desmayo que sufrió mi esposa doctor- preguntó Diego un tanto confundido.
En ese momento el doctor se puso de pie y extendió la mano hacia Diego y Alicia.
—Felicidades señores Albarán, ustedes están esperando un bebé-