Prólogo
La mujer se encuentra muy distraída hablando por teléfono sin darse cuenta de que un par de oídos la escuchan atentamente y que cada una de sus palabras rompen en mil pedazos un corazón que se encontraba ilusionado y qué tal vez la hubiese amado como nadie en el mundo.
María Jimena le cuenta a su mejor amiga, Beatriz que está muy ilusionada y enamorada de un hombre que está casado y que no le importa las consecuencias de esa relación.
— Beatriz soy capaz de hacer lo que sea por él— dijo ella con voz llena de incertidumbre.
— Pero Jime casarte con Adrián sólo porque necesitas una pantalla no me parece lógico. Él se ve muy ilusionado y sobre todo que es bueno contigo — dijo Beatriz tratando de convencer a su amiga de que su decisión era un error.
— Él no se va a dar cuenta— dijo ella mientras se miraba las uñas— Adrián es solamente un pobretón muerto de hambre que necesita de mí para que su empresa ganadera pueda salir adelante. Tú sabes que él siempre ha estado enamorado del campo. ¡Odio los campesinos!— dijo la mujer con una voz rencorosa— Además él puede estar enamorado de mí y por estar enamorado no se dará cuenta de nada de lo que yo haga —expresó la mujer sonriendo a carcajadas— él va a ser la pantalla perfecta, el payaso del circo. Yo seré la dueña de él y de sus sentimientos.
— ¡María Jimena! Realmente no estoy de acuerdo con esa decisión tan absurda qué has tomado. Si tanto te gusta Guillermo deja todo y síguelo.
— ¡Tú eres idiota o qué! — vociferó la mujer exasperada con su amiga— no ves que si se descubre que yo estoy detrás de un hombre casado mi padre me puede desheredar — argumentó la mujer— bien sabes que mi padre no confía en mí. Él asegura que soy una cualquiera— una risilla se deja oír— Además mi papá siempre ha estado a favor de la idiota de Roxana. La tonta esa es una mojigata. Es más, te aseguro que ni siquiera se ha acostado con algún hombre— soltó una risa maliciosa.
— Roxana, es un tema aparte— dijo Beatriz— la verdad es que yo nunca la he entendido. Es una mujer trabajadora. Es una enfermera profesional y trabaja en un lugar de mala muerte allá en Salamina. Solamente porque los médicos son de renombre no significa que sea un lugar ideal para vivir ¿No crees?— dijo la mujer risueña.
— Salamina no es un lugar de mala muerte— le corrigió María Jimena a su amiga.
— Salamina es una de las poblaciones más ricas del país. No sabes qué allá se encuentran los mejores escritores, los mejores médicos y de cirugías especializadas— rió a carcajadas— se nota que tú no sabes de nada de Roxana. Ella está trabajando en una de las mejores clínicas del país que se encuentra en esa región y por no decirte. ¡Hay unos hombres! ¡Dios, mío qué hombres tan divinos! Roxana sabe dónde está, pero la idiota esa no lo sabe aprovechar, y eso es otra cuestión.
— ¿Y tú has ido a Salamina?— le preguntó Beatriz.
— Si una vez me quedé a encontrar con Guillermo allá y dio la casualidad de que había un hombre muy parecido a Adrián. ¡Dios mío parecían hermanos gemelos!— soltó una risa— y Adrián me sorprendió allá y como yo no sabía cómo explicarme sólo me enojé con él para no descubrirme y ella llegó en esos momentos y nos encontró discutiendo. Adrián se fue furioso y yo ni corta ni perezosa aproveche y le conté una cantidad de barbaridades de Adrián y esa mujer furiosa me dijo que en el momento en que lo viera le iba a torcer la cara de una sola bofetada. Mi hermana si es una tonta— reía a carcajadas de la ingenuidad de su hermana— si Roxana supiera lo puta que soy, te juro que más nunca me volvería a hablar —reía mientras hablaba.
— Entonces te piensas ir de Capital para Salamina— le preguntó Beatriz curiosa.
— Adrián está detrás de unas tierras que quiere comprar además me dijo sobre un problema que tiene que solucionar. No sé con quién parece que es con un hombre. La verdad no sé quién será y yo lo voy a acompañar. Quiero que todo el mundo sepa que ese hombre es mío. Porque Adrián y yo nos casamos porque nos casamos— dijo ella muy segura de sus decisiones — y ya después cuando ya esté todo organizado le diré alguna mentirilla que me vengo a Capital. Y aquí me encontraré con mi amado Guillermo donde pasaremos noches interminables amándonos, teniendo sexo alocado— dijo ella con un tono de burla— Tú sabes que desde hace mucho tiempo vivo enamorada de Guillermo y él se casó con ella porque ella lo atrapó con ese embarazo. O si no él sería mío. Sólo mío — dijo ella de manera obsesiva.
— Ay, amiga te veo mal — le dijo Beatriz de manera sincera— yo no me veo persiguiendo un hombre casado y que además tiene hijos tratando de romper un matrimonio. Jamás lo haría. Lo que no te gusta que te hagan a ti no se lo hagas a los demás— dijo la amiga muy concienzuda — mira... lo que uno siembra, eso recoge. Estás sembrando engaño recogerás engaño. Estás sembrando lágrimas recogerás lágrimas....
La amiga molesta la interrumpió con mucha brusquedad.
— Deja de ser ave de mal agüero —le dijo María Jimena Padilla a su amiga— Beatriz nada me puede salir mal. Me caso con Adrián Argüelles y me convierto en la amante de Guillermo Suárez. Ese es mi destino y con el tiempo abandonaré a Adrián y seré la esposa de Guillermo porque el matrimonio de Guillermo lo destruyo porque lo destruyo— dijo de manera segura— No hay hombre que se haya resistido a mis encantos, ni a mis deleites ni a mis seducciones.
Beatriz resopló molesta con su amiga por su ego y su prepotencia.
— Bueno Jime, yo sólo deseo que tengas lo mejor — dijo Beatriz en un tono de voz pesimista. Le dolía ver las decisiones equivocadas que tomaba su amiga. Desde que la conocía siempre ha sido así.
Jimena y Roxana Padilla eran dos hermanas muy distintas en el físico tal vez se parecía un poco, pero en la forma de ser eran el sol y la luna, la noche y el día totalmente diferente mientras una era humilde la otra moría por ambiciones.
Ambas fueron criadas por un padre severo el cual era muy religioso y siempre les marcó a ambas de igual manera sobre la seriedad de la moral. Roxana se dedicó a estudiar enfermería superior mientras que su hermana se dedicó a las noches de diversión y de la vida escabrosa. Su padre se sentía muy orgulloso de Roxana, pero se avergonzaba de su hija María Jimena que se había vuelto descarada y pendenciera.
María Jiménez se vistió con un pantalón negro caro de marca, era tan ajustado que resaltaba sus hermosas curvas. Los zapatos alto una camisa blanca y sobre ella colocó una chaqueta de cuero cruzó su bolso y calzó unas botas vaqueras de diseño fino.
María Jimena salió sin darse cuenta de que el hombre la miraba con detenimiento mientras analizaba cada una de las palabras que habló con su amiga.
A partir de ahora todo sería muy diferente.