Capítulo 1: "¿Acaba de decir que estoy en Washington?"
-¡Anabelle! ¡Anabelle, ¿dónde estás?!- escucho a alguien llamarme pero no consigo abrir los ojos- ¡Anabelle por favor! ¡Responde!
¿De quién es esa voz? ¿Por qué me suena? ¿Qué me pasa? ¿Por qué no puedo moverme? ¿Por qué no puedo abrir los ojos? ¿Por qué no puedo hablar?
-¡Anabelle joder! ¿Dónde coño estás?
Sigo escuchando a la misma persona gritando mi nombre e intentando saber desesperadamente dónde estoy, pero cada vez me siento más cansada y sin fuerzas para seguir manteniéndome despierta.
Me despierto en mitad de una carretera la cual no soy capaz de reconocer, ni siquiera sé como he llegado hasta aquí.
Miro a mi alrededor buscando a alguien que sea capaz de decirme dónde me encuentro. O, al menos, alguien que me sepa decir dónde puedo encontrar población ya que en la carretera en la que me encuentro está totalmente desolada, no pasan coches y mucho menos personas.
Comienzo a andar recto mientras miro a mi alrededor buscando algún cartel o algo que me indique en qué lugar estoy. La carretera es en dirección recta y sólo hay carteles donde dicen la velocidad máxima a la que se puede ir, sigo caminando hasta que encuentro un cartel bastante grande a un lado de la carretera que pone“BIENVENIDOS A LILTOWN”
Frunzo levemente el ceño al leer el nombre del pueblo, no me suena así que no puedo saber en qué país me encuentro. Sigo caminando recto y comienzo a ver casas conforme me voy acercando.
Cuanto más me acerco más veo, empiezo a reconocer a personas y algunos coches que van por el pueblo.
¿Qué hago? ¿Pregunto en dónde me encuentro? Si lo hago resultaría demasiado extraño...
Voy mirando las calles extrañada y entonces me percato de la mirada de la gente, quienes me observan con confusión y curiosidad. Decido ignorar la mirada de la gente y entro en una pequeña tienda para dirigirme a la caja.
-Hola, buenas tardes- sonrío a la anciana que se encuentra detrás del mostrador y ella me devuelve la sonrisa.
-Buenas tardes querida, ¿deseas algo?
-¿Podría decirme dónde se encuentra este pueblo?- pregunto tratando de ser lo menos sospechosa posible.
La anciana me mira extrañada y asiente.
-Es un pequeño pueblo que está a las afueras de Washington.
Un momento... ¿Acaba de decir Washington? ¡Oh por Dios! ¿Cómo he llegado hasta aquí? No le encuentro explicación.
-¿Por qué lo preguntas querida?- me pregunta al ver mi cara de asombro.
¿Cómo le dices a alguien de que no tienes ni puñetera idea de como has pasado de España a Estados Unidos?
-La verdad es que no sé cómo he acabado aquí, lo último que recuerdo es haberme dormido en mi cama después de haber estado de fiesta y luego me he despertado en mitad de una carretera desolada.
La anciana me observa sin saber qué decir.
-¿Cómo es eso posible?
-No tengo idea si le soy sincera.
-Ya decía yo que tu rostro no me sonaba- la miro con extrañeza, ¿qué quiere decir?
-Es un pequeño pueblo y por esa razón es que nos conocemos todos- yo asiento ante lo que dice la anciana.
¿Y ahora qué se supone que voy a hacer? No tengo ni dinero ni ropa de recambio y mucho menos una casa.
-Muchas gracias- le sonrío con amabilidad y me dispongo a salir de la tienda cuando me habla.
-Está claro que no tienes nada, si te apetece puedes dormir en mi casa hasta que sepamos cómo has llegado hasta aquí o hasta que tengas el dinero suficiente para irte a España o incluso poder vivir aquí.
-Muchas gracias pero no puedo aceptar lo que me está usted ofreciendo.
-Querida a mi no me importa, además podrías ayudarme en la tienda. Ya no tengo la misma energía que cuando era joven- me sonríe y yo me quedo pensando- ¿Cuántos años tienes?
- Diecisiete- respondo de manera inmediata.
Sí, soy menor de edad y sí, todavía no he acabado mis estudios.
-Con más razón deberías aceptar mi propuesta, eres menor de edad y seguramente no habrás acabado tus estudios.
-No tengo manera de pagarle.
-Con que me ayudes en la tienda me sirve- dice mientras me sonríe con amabilidad y yo le devuelvo la sonrisa- Además así no estaré tanto tiempo sola, eso se agradece.
-¿Se va a arriesgar a meter a una desconocida en su casa? ¿Y si resulta que soy una ladrona y le he mentido?
-No tengo nada de valor, además se nota en tu rostro que estás perdida y un poco confusa por la situación, eres fácil de leer- me sorprendo ante lo dicho.- Si fueras alguien así lo notaría en tusvibes.
Siempre me han dicho que mentir no es lo mío porque soy una persona muy expresiva pero no sabía que se me notaba tanto. Un momento... ¿Misvibes? Ay madre....
-De acuerdo, acepto- la anciana me sonríe y me doy cuenta de que ni siquiera sé su nombre- ¿Cómo se llama usted?
La anciana me sonríe.
-Me llamo Sophie, ¿y tú querida?
-Anabelle- le sonrío y ella me devuelve la sonrisa.
-Ven, vamos a mi casa.
Se levanta y apaga las luces de la tienda. Yo salgo de la tienda y la espero en la puerta y cuando revisa de que todo está apagado cierra la tienda.
-Vamos querida.
Comienza a caminar y yo la sigo hasta llegar a su casa. No es ni muy grande ni muy pequeña, tiene las paredes blancas y la puerta de entrada es de madera.
Al entrar se ven las paredes tan blancas como la nieve las cuales tienen algunos cuadros colgados y fotografías.
-Puedes ir a investigar todo lo que quieras, tu habitación es la de arriba, la primera habitación a la derecha.
-Muchas gracias- le sonrío y ella me devuelve la sonrisa.
Voy a ver mi habitación, las paredes son de un color carne, la cama es mediana y tiene unas sábanas blancas, al lado de la cama se encuentra una pequeña mesita de noche con cajones y una lamparita encima.
El armario es grande y de madera, cerca hay una pequeña estantería la cual está vacía y justo en frente de una de las paredes está el escritorio con cajones a sus lados y una silla.
Me acerco a la ventana que está tapada por unas cortinas del mismo color que la pared. Abro la cortina y echo un vistazo a la calle. Hay en general adolescentes y ancianos, pero hay un grupo de esos adolescentes que me llama la atención.
Cierro las cortinas y bajo las escaleras, comienzo a andar buscando a Sophie.
-Voy a pagarte los estudios a pesar de estar a mitad de curso.
Voy hacia donde escucho su voz y me acerco a ella.
-Muchas gracias pero no hace falta... Los estudios no son para nada baratos y no tiene la obligación de hacerlo, al fin y al cabo nos acabamos de conocer.
Sophie me sonríe y pone dos platos de comida en la mesa de cristal.
-Te lo voy a pagar, que lo sepas. Venga siéntate, vamos a cenar.
¿Tan pronto? Si tan solo son las seis de la tarde... Por la noche tendré hambre...
Ambas nos sentamos y comenzamos a comer mientras me va explicando un poco las cosas del pueblo.
-Mañana iré a hablar con el director de la escuela para que te deje asistir el resto del curso, o al menos el tiempo que te quedes- me dice y yo asiento- Mañana podrías conocer un poco el pueblo, no es muy grande así que dudo mucho que te pierdas, en tal caso podrías preguntar por mi casa a cualquier persona y te dirán dónde es.
-Muchas gracias.
De repente se levanta y coge de su monedero setenta y tres dólares.
-Ten, para que mañana te compres un poco de ropa- dice mientras me los entrega.
-Muchas gracias, le prometo devolverle todo el dinero que usted se gaste en mí.- le sonrío y me guardo el dinero en uno de mis bolsillos.
-Bah, bobadas niña. Anda ve a descansar, aprovecha para dormir mucho, antes de que empieces con las clases.
Asiento en respuesta y lavo los platos.
-Usted también debería ir a descansar, yo me encargo de todo- ella asiente mientras se levanta y va a su habitación.
Termino de lavar y secar los platos y cubiertos y apago las luces de la casa que se han quedado encendidas. Hay algo que siempre me ha pasado de pequeña, estar de pie en un pasillo en el cual no hay luz y pensar que hay alguien o algo que se encuentra detrás mía... ¿Y qué llevo haciendo yo desde pequeña? Lo que haría cualquier persona racional, correr como si mi vida dependiera de ello... Las viejas costumbres nunca cambian...
En cuanto pongo un pie en el cuarto cierro la puerta y ya me siento segura, como si una puerta pudiera parar a alguien...
Me dirijo a la cama y me encuentro un pijama, es de color rosa claro, sin mangas y sin pantalón largo. Hay pequeñas estrellas de color blanco distribuidos por el pantalón y la camiseta.
Me pongo el pijama, me queda un poco ajustado para mi gusto, pero no me quejo.
Abro la cortina y miro a través de la venta, todo está en silencio, sólo se escucha a los grillos.
Miro las estrellas, siempre me ha gustado observar las estrellas y la luna... Me suelen decir que parezco hija de la luna ya que mi pelo es totalmente negro a excepción de un mechón que es mayoritariamente blanco pero con algunos puntos negros. Y, además, mis ojos son grisáceos acompañando así al color de mi mechón. Tengo varias pecas en mi rostro, no son muchas pero tampoco muy pocas, las justas diría yo.
Vuelvo a dirigir mi mirada a la calle y veo al mismo grupo de adolescentes que había visto antes, son tres chicos y dos chicas, me acerco más a la ventana para poder verlos mejor. Uno de los chicos tiene el pelo negro, está vestido totalmente del mismo color con un vaquero roto en la parte de las rodillas y una camiseta blanca con una chaqueta vaquera negra.
De repente el chico al que he estado viendo se gira, busca a alguien con la mirada y entonces me ve. En cuanto me doy cuenta de que me ha pillado con las manos en la masa cierro la cortina y me tumbo en la cama con el corazón a mil.
Lo que he podido ver ha sido a un chico realmente guapo, ojos claros--no he podido ver el color--, lo que parecía ser un piercing en el labio inferior y un pequeño colgante.
Me quedo pensando un rato sobre el chico cuando, sin darme cuenta, me acabo durmiendo.
POR FAVOR SI ALGUIEN DETECTA ALGÚN FALLO DE ORTOGRAFÍA DECÍDMELO PARA ASÍ YO PODER CORREGIRLO.
Lamento si la historia no está muy detallada, pero es la primera que escribo. Así que, por favor, no seáis demasiado exigentes y tened paciencia que todavía estoy aprendiendo jajaja.
Muchas gracias :3.