La odisea de Dante

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Summary

¡Acompaña a Dante en su camino hacia la locura!

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Durante esos días todo era un caos gracias al clima tan exigente en la ciudad; la lluvia no paraba de caer mientras que el auto de los padres de Dante andaba dando vueltas por el camino en dirección a las afueras de la ciudad; las calles se veían tan deprimentes con el cielo azul completamente opacado por las nubes grises que provocaban el aguacero y ver a todas esas personas correr en todas direcciones para resguardarse de la lluvia provocó un sentimiento de vacío a Dante por saber que no importa que el cielo se esté cayendo sobre sus cabezas, ellos regresarían a su monótona vida cuando todo termine.

Es increíble como las personas pasan por alto situaciones que son tan comunes, pero tan mágicas en el mundo como que del cielo caiga agua; sin embargo, todos están tan ocupados con sus cosas que no se dan cuenta de eso.

─Todo va a estar bien.

Dante giró su cabeza para ver a su madre sollozando en el asiento del copiloto, se veía tan devastada por la decisión que ambos tomaron para su hijo. Su padre le toma de la mano para calmarla un poco sin dejar de mirar al frente, estaba claro que se trataba de hacerse el fuerte delante de su mujer, pero sin darse cuenta dejó escapar una lágrima.

El camino parecía ser bastante largo por que tardaron demasiado en salir de la ciudad y apenas entraban en lo que era la zona boscosa donde la gente acostumbra a ir a acampar y es entonces cuando recordó aquellos días donde era más joven.

Dante regresaba de la escuela con mucho entusiasmo, su día en la primaria había sido el mejor por el enorme regalo que su padre le tenía y es que después de tanto insistir consiguió que lo llevara a la naturaleza a pasar una noche acampando en el bosque a las afueras del a ciudad, el camino no le resultó tedioso a pesar de ser un pequeño de ocho años y de pasar al menos una horas en el auto; había prometido portarse bien para no arruinar la que sería la mejor experiencia de su vida según sus compañeros de la escuela quienes ya lo habían hecho.

Empacaron solo lo necesario para pasar una sola noche en el bosque: una tienda de campaña, sacos de dormir y comida, además de un par de cerillas para encender una fogata, linternas y por supuesto llevaron una enorme bolsa de malvaviscos que Dante no podía esperar a abrir y asarlos como lo había visto en las películas. Su padre, por su parte no estaba tan contento por ello ya que no le gustaba acampar, pero por los hijos uno hace cualquier cosa y este hombre no estaba dispuesto a romper la promesa que le había hecho a su pequeño un par de años atrás.

─…Y asaremos malvaviscos y contaremos historias de terror y dormiremos hasta tarde…

Dante seguía planeando su noche al lado de su padre quien solo se dedicaba a asentir con la cabeza y soltar de tanto en tanto un ruido afirmativo. Recordaba ver un cielo azul tan despejado que era el día perfecto para acampar, a lo lejos miró como la arbolada del bosque se alzaba poco a poco mientras que el vehículo se acercaba y para el pequeño niño las ansias comenzaron a aumentar haciendo que de pequeños saltitos en su asiento incomodando un poco a su padre quien de reojo solo lo observaba.

─Deja de hacer eso hijo ─le pidió.

─Perdón papá, es que estoy muy emocionado.

─También lo estoy Dante, pero no estoy brindando como si tuviera lombrices en la cola.

Dante rio divertido.

Amaba cuando su padre soltaba de tanto en tanto esos comentarios que para su corta edad no tenían sentido porque ¿Quién tendría gusanos en la cola?

Su padre también rio y paso una mano por el muslo de su hijo acariciándolo lentamente.

Estaba feliz de tener a un hijo varón porque de esa manera podría enseñarle todo lo que su propio padre no le pudo enseñar gracias a su muerte temprana; el padre de Dante quedó huérfano desde muy pequeño ya que sus padres murieron en un accidente de auto y fue una tía que vivía en un rancho quien se apiado de él, lo acogió y, le dio techo y sustento para que creciera como todo un hombre, gracias al trabajo en el campo y a la crianza de los animales es que formo carácter y cuerpo, nunca le hizo falta su madre porque su tía funcionaba como una, pero al no tener una figura paterna es que se dio cuenta que no quería eso mismo a para su propia descendencia.

Al nacer Dante se prometió a su mismo que estaría para él sea cual sea la situación; cuando fue creciendo le enseñó a andar en bicicleta, a atarse las agujetas y aunque estuviera completamente destrozado por el trabajo siempre tenía energía para sentarse a ayudar a su pequeño con la tarea de la escuela; ahora solo esperaba a que entrara a la pubertad para enseñarle a afeitarse a conducir y darle consejos para con las chicas, o chicos, según sea el caso. Era el padre perfecto.

Pero entonces, ¿Qué pasó?

Un estruendoso trueno sacó de sus pensamientos al padre de familia quien seguía condiciendo con todo el cuidado posible para no sufrir un accidente, miró a su hijo en el asiento trasero por el retrovisor topándose con un completo desconocido, Dante ya había crecido y no quedaba nada de aquel tierno niño que se emocionaba por una noche de acampada, ese pequeño niño que en cuanto llegó la noche no paraba de llorar por el miedo que le daba el bosque oscuro, ahora era un joven de diecisiete años con el cabello largo cubriendo su mirada, una camisa de manga larga cubriendo las cicatrices que creía escondía bien de sus padres, su ropa era siempre era oscura y aunque de vez en cuando le gustaba vestir colores claro, el negro predominaba en su guardarropa.

Dante había crecido y del pequeño niño no quedaba nada; sin embargo, había algo que perturbaba de sobremanera a sus padres y a todo aquel que lo mirara: eran sus ojos hundidos.

Sus ojos cansados mostraban una parte de él que no era bonita de ver, un par de bolsas moradas decoraban la parte baja de sus ojos como si no hubiera dormido en varios días, ya ni sus padres eran capaces de mirarlo a los ojos sin sentir miedo.

─Espero que entiendas que esto es por tu bien ─soltó su madre de repente.

Dante asintió con la cabeza, pero no como afirmación a lo dicho por su madre, sino que la movía al son de la música que estaba escuchando.

La situación con el chico era tan simple como difícil de entender, nadie comprendía las razones de porque hacia las cosas; ni siquiera el mismo Dante entendía que era lo que le pasaba por la cabeza cuando salió esa noche de su casa en dirección a cualquier sitio.

Hace un par de días que algo realmente turbio ocurrió dentro de su cabeza, pero por más que lo intentaba no lograba recordar absolutamente nada de lo ocurrido, solo recuerda verse caminando por las oscuras calles de su barrio y diez segundos después estaba en casa con el cabello húmedo y una toalla enredada en su cintura, su ropa estaba mojada y sucia con la tierra de la calle, él estaba en estado de shock cuando vio su teléfono encendido a un costado y una voz proveniente del aparato que le pedía que respondiera, era su mejor amiga que le insistía con fuerzas que tomara el teléfono.

─Te llamo después ─le respondió y apagó el teléfono.

Poco a poco comenzó a sentir como la sangre le regresaba a las extremidades y lentamente se puso de pie para mirarse en el espejo; llevaba el cabello tan desarreglado como si hubiera tenido una pelea, en su mejilla había una rajada con sangre seca y sobre ella una mirada de odio y placer, aquel sentimiento lo conocía bastante bien pues tuvo que lidiar con ello durante toda su vida, pero el placer era algo nuevo para Dante.

─¿Qué hiciste Dante?

Esa pregunta era recurrente para sí mismo puesto que desde que tuvo edad para salir solo a bares y socializar con personas de su edad o mayores comenzó a interesarse en dos cosas: la música y el sexo; pero no cualquier tipo de sexo, el sexo gay era lo que más lo llenaba y como era tan difícil de conseguir no era de extrañarse que consiguiera uno o dos chicos para la noche justo después de bajar del escenario.

Dante formaba parte de una banda amateur llamada “Perfect Ililusion” en el que era el guitarrista y con esto llevaba una vida relativamente feliz si se pudiera decir alguna manera, las chicas los amaban, los chicos caían a sus pies, pero algo dentro de él comenzaba a cambiar justo en la noche en que decidió salir solo a dar una vuelta.

El chico bajó la mirada encontrándose con sus piernas delgadas saliendo desde la toalla blanca que tenía en su cintura, justo debajo un par de pies tan huesudos que pareciera solo tuviera piel en esa zona; Dante tomó la toalla y tiró de ella descubriendo su miembro flácido mirando hacia abajo, levantó la mirada apreciando su cuerpo entero completamente desnudo encontrando con un par de tatuajes que había logrado esconder a sus padres, un “loco” en su cintura que recuerda el dolor que sintió cuando se lo hizo y un par de símbolos que hacían referencia a los palos de la baraja francesa: el corazón, el diamante, el trébol y la espada, se sentía orgulloso de ellos; además de ver las múltiples cicatrices que tenía gracias a sus rabietas.

Dante siempre fue auto destructivo y esa noche no sería la excepción, tomó una navaja que encontró en su escritorio de estudio y sin importarle nada dio una tajada en su abdomen, pronto la sangre comenzó a esparcirse por todos lados, la herida era tan grande como pare hacer un reguero del líquido carmesí, pero no eran profunda como para matarlo, Dante era un experto en eso.

Por un momento permitió que la sangre saliera sin control mientras soltaba un gemido de dolor, segundos después estaba en su baño limpiando su abdomen y curando su herida, la noche era tan joven como Dante, pero las cosas que habían ocurrido le hicieron tenderse en su cama y durmiendo casi de inmediato sin preocuparse si quiera a vestirse o limpiar el piso con la toalla que se tornó roja frente al espejo.

─¡Dante!

Su padre le gritó para sacarle de sus pensamientos.

No se dio cuenta de que estaba llorando y de que sus padres lo miraban con preocupación, fue entonces que despertó de su recuerdo o al menos de lo poco que recordaba de aquella noche donde todas las cosas comenzaron y que al parecer lo habían llevado hasta este punto de su vida.

“Casa Hogar San Paulo”

Leyó justo en la entrada en una placa.

Las rejas se abrieron haciendo un rechinido tan fuerte que heló la sangre de todos, incluido Dante quien no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza y encorvarse para soportar el escalofrío que le recorría la espalda, de pronto y casi de la nada apareció una mujer de entre las penumbras que si no fuera por el trueno que salió del cielo y que iluminó el panorama no se hubiera percatado de su presencia.

─Buenas tardes, señores, adelante.

El interior de la casa parecía bastante lúgubre, como si el tiempo se hubiera detenido solo dentro de esa casa.

Las paredes de madera con pintura de un feo tono verdoso, el piso cubierto por una alfombra que daba la sensación de que fuera tan cálido, aunque no fuera así; y el ventanal tan grande que estaba en el segundo piso justo enfrente de las escaleras.

─¿Dante?

Su madre le llamó.

Cuando la miró vio que le indicaba entrara en una de las habitaciones del primer piso donde estaba la oficina principal de aquella tenebrosa mujer que apareció de la nada en la entrada.

Dante obedeció, pero antes dedico una última mirada al fondo de la casa viendo cada detalle por encima sin percatarse de todos ellos puesto que ya lo esperaban del otro lado de la puerta, sin embargo, si alcanzó a ver a un pequeño niño que corría para esconderse en una de las esquinas más oscuras de la casa, Dante no le dio importancia y solo entró.

─Solo pedimos que nos ayuden a criarlo hasta saber exactamente como procederá ─dijo el padre.

Dante miraba al piso.

No comprendía a que se refería, pero estaba seguro que tenía que ver con el ultimo recuerdo de él en su habitación, pero ¿Proceder? ¿Qué quieren decir con eso?

─Podemos ayudarles, pero es necesario que me cuenten exactamente qué pasó.

La madre de Dante comenzó a llorar con fuerza, tal vez por recordar las atrocidades que tal vez hizo su hijo, pero no estaba seguro de ello por no tener conocimiento de las noches anteriores que es cuando sucedieron todas esas “cosas”, el padre, por su parte intentaba calmar a su esposa acariciándole el brazo y dejando que se refugiara en su pecho ante la mirada dubitativa de la mujer al otro lado del escritorio.

─Entiendo que pueda ser algo difícil, pero deben controlarse ─dijo la mujer.

Dante, por su parte se colocó los audífonos para no escuchar los sollozos de su madre; fue entonces que sintió una enorme punzada en su cabeza y entonces todo se volvió oscuro.

Su padre y su madre se abalanzaron sobre él para ver qué era lo que pasaba mientras que la mujer salía corriendo de la oficina, su padre le abofeteaba la mejilla para que reaccionara y escuchaba muy lejanos los gritos de este para que regrese su conciencia, y entonces todo se oscureció nuevamente, las voces se apagaron y todo terminó.