El Secreto De Los Puntos Rojos

All Rights Reserved ©

Summary

Max, se encuentra en la búsqueda de respuestas sobre los enigmáticos "puntos rojos" y la frase que su padre pronunció antes de morir. Durante su investigación, descubre una antigua leyenda y un artefacto llamado "La Gema Ancestral" que posee un poder inimaginable. Sin embargo, se ve envuelto en una situación peligrosa cuando se enfrenta a una secta que busca obtener el poder del artefacto. Max es capturado y llevado a una prisión subterránea donde trabaja en una mina junto a otros prisioneros. Allí conoce a Lena y a Dante, quienes también buscan escapar de su cautiverio.

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Preludio

En la vida, existen momentos en los que uno se siente perdido, una experiencia natural en la que el ser humano tiende a buscar respuestas internas para encontrarse a sí mismo. Algunos logran hallar su camino, mientras que otros se extravían aún más en el laberinto de sus pensamientos.


Esta es la historia de Maximilian Fernsby, conocido como Max, quien anhelaba una vida tranquila y sin confusiones, pero como bien sabemos, las circunstancias no siempre nos conceden lo que deseamos. Max, un joven de estatura media, poseía una cabellera oscura que enmarcaba un rostro serio, pero con unos ojos verdes que reflejaban una mezcla de curiosidad e inquietud. Siempre vestía de manera sencilla, optando por comodidad sobre estilo, lo que reflejaba su naturaleza modesta y poco llamativa.


Max nació el 5 de enero de 2020 en un pequeño pueblo de Estados Unidos llamado Breckenridge. Esta apacible localidad, con pocos habitantes, era un lugar en el que todos se conocían. Sus padres, Bruce Fernsby y Eudora Fernsby, eran científicos con sueños frustrados, ya que ninguna de sus investigaciones había tenido éxito. Bruce, un hombre de cabello canoso que solía ocultarse detrás de gruesos lentes, emanaba un aire de sabiduría y dedicación a su trabajo. Por otro lado, Eudora, de cabello castaño y rasgos amables, era una mujer apasionada por su labor científica y siempre mostraba un espíritu optimista frente a las adversidades.


Durante su etapa escolar, Max no destacaba en ninguna materia en particular; podría decirse que era extraordinariamente ordinario. Su paso por la escuela en Breckenridge fue prácticamente invisible, apenas lograba aprobar sus clases. Aunque aparentaba ser un joven común, en su interior, Max albergaba un profundo deseo de explorar el mundo, pero las ocultaba cuidadosamente, temeroso de decepcionar a sus padres científicos. Sin embargo, la luz de su destreza siempre brillaba en la mirada que dedicaba a aquellos libros que atesoraba en su habitación.


En el año 2033, la familia perdió su hogar, debido a una hipoteca que Bruce y Eudora tomaron para financiar una de sus tantas investigaciones, la cual fue un total fracaso. Tras la devastadora pérdida de su hogar, las discusiones y peleas entre Bruce y Eudora se volvieron frecuentes. La pareja se hundió en un abismo de tristeza y desesperación. Con el tiempo, Bruce, incapaz de lidiar con su dolor, se refugió en el alcohol, sumiéndose cada día más en esta regocijante bebida. Mientras tanto, Eudora lloraba todas las noches, pero sus lágrimas parecían no importarle a su esposo, quien estaba consumido por su propia angustia.


La relación entre Bruce y Eudora se volvió tensa y fría, La pareja se sentía perdida, sin rumbo y sin esperanza. En busca de una nueva oportunidad, decidieron mudarse junto a su hijo Max a una vieja casa abandonada en las afueras del pueblo, una casa que Bruce había heredado tras la misteriosa muerte de sus padres hacía ya muchos años.


La casa estaba envuelta en un aura siniestra desde el momento en que pusieron un pie en ella. Su estructura destartalada y su aspecto sombrío parecían susurrar historias olvidadas de tiempos pasados. La maleza crecía descontroladamente alrededor de la propiedad, como si la naturaleza misma intentará mantener alejados a aquellos que se atrevieran a entrar.


El lugar estaba impregnado de un aire denso y pesado, como si los susurros del pasado resonaran en cada esquina. Las sombras parecían danzar en las paredes, y el viento ululaba a través de las grietas, creando una melodía lúgubre y melancólica. Cada paso que daban resonaba como un eco inquietante, como si la casa misma estuviera tratando de contarles su propio oscuro pasado.


La antigua casa estaba cubierta de polvo y telarañas, lo que aumentaba su aspecto siniestro y lúgubre. Aunque necesitaba una limpieza y una renovación completa, la familia Fernsby no tenía más opciones que intentar vivir en ella, era lo único que les quedaba.


Las noches se volvieron inquietantes. El viento aullaba entre los árboles cercanos, y los crujidos de la madera vieja resonaban por toda la casa. Max se despertaba con frecuencia sobresaltado por pesadillas y, en ocasiones, creía escuchar susurros que provenían de las sombras.


Sin embargo, a medida que pasaban los días, parecía que comenzaban adaptarse poco a poco a su nuevo entorno. Bruce parecía el más afectado con todo esto, El alcohol continuó siendo un refugio para él, un bálsamo momentáneo para calmar el dolor que lo atormentaba. Cada noche, se encerraba en sí mismo y se sumergía en una botella tras otra, buscando olvidar las penas. Sin embargo, en lugar de encontrar alivio, el alcohol solo lo sumía en una espiral de oscuridad aún más profunda.


Eudora se mostraba comprensiva y preocupada por su esposo, pero también sentía la carga de lidiar con sus propias emociones y miedos. Buscaba la manera de apoyar a Bruce mientras cuidaba de Max, pero era un desafío constante. Máx, por su parte, intentaba mantener una fachada de valentía frente a sus padres, pero el miedo y la incertidumbre seguían acechando en sus sueños y pensamientos.


La salud de Bruce Fernsby se fue deteriorando cada día más, y sus intentos por enfrentar sus demonios internos y el consumo excesivo de alcohol solo empeoraban su situación. Eudora y Max lo vieron desvanecerse ante sus ojos, impotentes ante la enfermedad que lo consumía.


En una noche grisácea, Bruce se encontraba solo en su habitación, con la tenue luz que se filtraba entre las cortinas. La casa parecía envuelta en un silencio sepulcral, sólo interrumpido por el crepitar de la madera y el susurro del viento. En medio de la oscuridad de su habitación, Bruce sintió una presencia extraña y ominosa. Como si una fuerza invisible lo estuviera observando desde la oscuridad. El aire se volvió denso y opresivo, y las sombras parecían tomar vida propia. en medio de esta siniestra atmósfera solo acompañaba la calidez de una botella de Whisky que estaba guardando desde hace mucho tiempo. Bruce se aferraba a la botella de whisky como si fuera un salvavidas en medio de un mar tormentoso. Cada sorbo le brindaba un breve alivio a su alma torturada, pero también lo hundía más en la espiral de la adicción. Aquella noche, el licor no lograba ahogar sus pensamientos, sino que los avivaba, convirtiendo cada susurro en una amenaza más aterradora.


Aquella madrugada, el frío invierno se aferraba con fuerza a las calles de Breckenridge, mientras la vida de Bruce Fernsby, el atribulado científico, se desvanecía lentamente en su lecho de muerte. La habitación, empapada en un ambiente sombrío, estaba iluminada por una tenue luz que se filtraba a través de las cortinas entreabiertas. Max permanecía al lado de su padre, sosteniendo su mano con delicadeza mientras sus ojos verdes se llenaban de angustia.


Bruce, debilitado por la enfermedad y los estragos del alcohol, yacía en su cama con una fragilidad que contrastaba con la imagen de fuerza y determinación que había proyectado durante gran parte de su vida. Su cabello canoso estaba desordenado y su rostro, marcado por líneas de preocupación, parecía más desgastado que nunca. Detrás de sus lentes, los ojos apagados de Bruce reflejaban una mezcla de dolor, remordimiento y un último destello de esperanza.


La respiración de Bruce era agitada, cada inhalación y exhalación eran una lucha silenciosa contra el destino inminente. A su lado, Eudora, la madre de Max, se encontraba sentada en una silla junto a la cama, con los ojos hinchados de tanto llorar. Sus brazos rodeaban el cuerpo frágil de su esposo, aferrándose a él como si pudiera detener el inexorable paso del tiempo.


Max se inclinó hacia su padre, tratando de captar cada palabra pronunciada por los labios debilitados de Bruce. Cada sílaba, cada pausa, tenía un peso inmenso, como si en ellas residiera algo importante. Entre sollozos, Bruce logró articular:


“Une... los puntos... rojos...”


Las palabras flotaban en el aire, suspendidas como las últimas notas de una melodía inacabada. Max sintió un nudo en la garganta.


Inicialmente, esas palabras resultaron enigmáticas e incomprensibles para Max. Sin embargo, mientras su mente resonaba con la última frase de su padre, también revivía el llanto desgarrador de su madre y el repiqueteo de la lluvia golpeando la ventana. Incapaz de encontrar sentido o coherencia en esas palabras, Max tomó la mano de su padre y preguntó con preocupación:


“¿De qué me estás hablando?”


Desafortunadamente, ya era tarde; su padre ya no podía responderle. Sus fuerzas se extinguieron, y sólo pudo repetir una y otra vez esas enigmáticas palabras: “une los puntos rojos”.