Capitulo uno
¿estás terminando conmigo? –
–No estoy terminado contigo Emma porque tú y yo no tenemos nada.
–pero ¿por qué?
–¿por qué? Porque fuiste una apuesta, un acoston callejero y encontré a una mujer de verdad, una que vale la pena–hablo levantando los brazos para después dejarlos caer.
–¿Qué? Pero dijiste que me querías–dije con un poco de dolor en la voz.
–vamos en el fondo tú sabías que eras una apuesta o que pensaste que tendríamos un ¿felices para siempre?, te diré algo, Emma tu nunca tendrás uno porque eres una zorra que se arrastra y humilla por cualquier cosa que te de atención y tenga pene.
–porque me mentiste que te costaba decir la maldita verdad–le dije alzando la voz
–Todos decimos cosas para poder follar y tu no dejabas de preguntarlo, si lo piensas es tu culpa.
–mi culpa, ahora es mi culpa que hombres como tu aprovechadores de mierda mientan con tal de follar–dije acercándome a el.
–Claro, ustedes, las mujeres deben de saber que los hombres tenemos necesidades y deben de abrir las piernas y callarse de una puta vez.
–¡Necesidades! Wow gracias por abrirme los putos ojos para darme cuenta con la clase de hombre con la que salía–dije dando media vuelta para irme no podía estar ni un segundo más cerca de el.
–¿A dónde vas?–pregunto
–A casa ni siquiera sé porque vine.
–Tú no sales de aquí asta...
–¡Asta que, dime, asta que!–grite enojada
–asta que follemos a eso viniste, ¿no?–dijo sonriendo de lado mientras se acercaba.
–Yo no voy a estar contigo, vete con tu mujer de verdad.
–oh vamos un polvo de despedida, ¿qué te parece?–sugirió acercándose a mi asta el punto de estar casi pegado a mi cuerpo.
–no me parece nada, adiós leo–dije firmemente, aunque solo quería llorar porque lo quería, era muy idiota y lo sabía pero lo quería.
Me agarro la muñeca y me giro quedando frente a frente.
–Suéltame.
–no te vas a ir de aquí, no sin antes acostarte conmigo
–no lo are ahora suéltame–dije tirando mi muñeca hacia mi pero el me jalo de vuelta tan fuerte que dolió por un momento.
–vamos Emma, no me vas a dejar con este gran problema–murmuro mirando su erección.
–Suéltame leo.
–Vamos te va a gustar.
Me tiro hacia el e intento besarme en el cuello, pero le di un empujón para separarlo de mi.
– ¡maldita perra! Te gusta andar de provocativa y ahora no te dejas–grito y me golpeo en la cabeza fuertemente haciendo que me mareara levemente.
Le devolví el golpe con toda mi fuerza, pero no fue mucho, ya que solo logre voltearle la cara.
Agarro mi cabello y me golpeo fuertemente en las costillas, quede sin aire un momento, intente safarme, pero me dio otro golpe.
–Mira Emma no me hagas esto más difícil.
–¡Hijo de puta, suéltame!– grité cubriéndome el cuerpo para que no me golpeara de nuevo.
Mire a mi alrededor intentando ver algo que me ayudara, estaba en medio de la habitación esta tenía una mesa, sillas, un gran sofá y unos estantes, mi vista se posó en unas figurillas, eso con eso podía defenderme, los estantes tenían unas figurillas lo bastantes pesadas y grandes como para poder defenderme y con suerte irme.
Si no puedes con tu enemigo únetele
–leo, sabes que aquí no podemos hacer nada, que te parece si vamos para allá–ofrecí apuntando el sofá.
–veo que estás entendiendo Emma.–Jalo de mi cabello guiándome al sofá, hizo que me sentara encima de el mientras me besaba–si a eso se le decía besar–en el cuello.
–Muévete.
Comencé a moverme intentando alcanzar una de las figurillas que estaban en la estantería encima de su cabeza, pero no podía alcanzarlas con su mano jalando mi pelo, puse una mueca de disgusto que el noto.
–¿Qué te pasa?
–Nada solo que me duele, que tires de mi pelo.
–¿y qué quieres que haga?
–soltarme.
Ignoro mi pedido, entonces moví mi cadera más fuerte provocando que se distrajera un momento y logre alcanzar la figurilla.
–vamos, vamos a la habitación–dijo el excitado.
–No
–¿Qué...
No lo deje terminar porque lo golpeé con la figura en la cabeza, esta se rompió dejándome ver que no era tan dura como creí, me levante e intente correr a la entrada pero leo me agarro de la muñeca y me jalo hacia el, le di un golpe y logre soltarme pero el me dio una patada que me dejo en el suelo.
–a donde crees que vas–gruño Agarrando mi tobillo y tiro de mí hacia él, me di vuelta quedando boca arriba para comenzar a golpearlo, él con una de sus manos, agarro las mías y con la otra me dio tres puñetazos en la cara uno en el pómulo y los otros dos cerca de mi cien.
–Suéltame, ¡suéltame leo!
–no, no te soltaré sabes por qué, porque no eres más que una prostituta y ¿qué hacen las putas? Cogen, ¡COGEN POR PLATA!, cuanto cobras eh ¡CUANTO!–grito el dándome otro golpe esta vez más fuerte.
–Suéltame por favor deja que me valla–suplique asustada.
–tú de aquí no sales–susurro cerca de mi oído.
Abrí los ojos de par en par, estaba asustada, no lo negaba que podía hacer ¿gritar? Si eso are.
–¡AYUDAAA, AYÚDENME PORFAVOR, AYUDAAA AYU..
Leo me tomo del cuello y lo apretó con fuerza, pero no tanta como para dejarme sin aire solo quería asustarme.
–cállate, cállate o será peor. Sentí como comenzó a desabrocharse el pantalón, aún sostenía mis manos por encima de mi cabeza, me removía cuál gusano para poder escapar, pero el peso de él estaba en mi abdomen.
–vas a complacerme, lo oíste, lo oíste perra.
Ya había bajado su pantalón cuando intento quitarme el top celeste, este tenía botones y se habrio fácilmente.
–Mierda, suéltame por favor– supliqué cuando logro desabrochar los botones del top, estaba llorando y no lo había notado, estaba asustada.
Me besaba el cuello y yo solo me removía, lloraba y gritaba, intentaba atacarlo de todas las maneras posibles, pero no podía.
–quieta.
–Suéltame, ¡Ayudaaaaa!– Me movía de un lado a otro parecía que estaba haciendo un berrinche, entonces el soltó mis manos, le arañe la cara pero este no se quejo, subió una de sus manos y agarro mi cuello esta vez cortándome la respiración, rápidamente subí mis manos intentando quitar la presión que estaba ejerciendo.
Estaba perdiendo el conocimiento, veía borroso, un fuego se apoderaba de mi garganta quemandome porque el aire no llegaba a mis pulmones y sentía como se masturbaba encima de mi.
–Suéltame–dije con mi ultimo aliento.
–Te va a gustar.
Saco su mano de mi cuello permitiendo que volviera a respirar, entonces lo sentí, sentí como corrio mi braga y entro en mi de golpe, dolió, comerse a llorar e intentar cerrar las piernas pero no podía.
–¡Ayuda! ¡Por favor alguien que me ayudenme!–grite con todas mis fuerzas, pero leo me tapo la boca y me volteo quedando con la espalda hacia arriba.
–Te gusta así perra, seguro que si–decía mientras me violaba y me tapaba la boca.
Estaba llorando, no podía hacer nada para defenderme, intentaba gritar, pero mis gritos eran ahogados por la mano de leo, me tocaba mis senos y decía palabras tan obscenas, era tan asqueroso.
Me removía en el piso con la esperanza de poder escaparme cuando él sale de mi interior.
–¿Te gusto eso perra?–dijo tomándome del cabello para mirarme la cara, entonces estampo mi cara al suelo, y la volvió a subir para que lo mirara.
–¿Quieres que traiga a unos amigos?–hablo nuevamente y al ver que solo lo miraba llorando y no respondía estampo mi cara al suelo, esta vez con más fuerza.
–Maldita zorra, provocadora de mierda.
Me dolía todo el cuerpo, solo lloraba mientras el se levantaba y abrochaba sus pantalones.
Sentí que me desmallaba, pero comerse a arrastrarme por el suelo intentando llegar a la puerta, leo se reía de mí, cuando vio que llevaba medio camino se acercó y me dio una patada en el abdomen para después agarrarme del cabello y arrastrarme hasta donde quedaba su habitación.
–leo deja que me valla– supliqué, él solo se rio de mí jalando mi cabello con más fuerza.
Intente pararme, pero no podía, vi la puerta de su habitacion abrirse y me llego un olor a marihuana, había estado fumando.
–Yo sé que tú quieres esto–afirmo parándome y tirándome a la cama, aún llevaba puesta la falda, pero mi top ya no estaba. Intente pararme, pero él me golpeo nuevamente poniéndome con el pecho contra la cama.
–Te va a gustar tanto como el anterior. Saco mi falda y él se sacó su pantalón, puso una mano en mi cabeza y la hundió contra el colchón a la vez que lo sentí entrar nuevamente en mí.
Lloraba, me removía intentaba salir de ahí, pero no podía, el tenía más fuerza que yo, intente gritar otra vez pero hundió mi cara contra el colchón.
Me ahogaba, no podía respirar, él no dejaba que moviera mi cabeza, estaba asustada, me desesperaba el no poder respirar, el no poder defenderme.
Esto era mi culpa, yo sabía como era él, lo sabía y aun así pensé que lo podría cambiar, era mi culpa terminar así, ya no sentía lo que me hacía, solo sentía la desesperación por no poder respirar bien, mis pensamientos que me culpaban me abandonaron sentí que moría.
–¡Esto es tu culpa, tu culpa perra provocadora!–grito soltandome, respire profundo, me sentí un poco aliviada, entonces la culpa de lo que había pasado volvió a mí, lloraba, lloraba mientras él se vestía y se reía de mí, lloraba y él me decía que era mi culpa.
–Vete zorra y no digas por ahí que te viole porque tú lo consentiste, lo hiciste cuando entraste a mi casa.
Recogí mi ropa y me vestí, me sentía sucia, aguante mi llanto cuando salí de esa casa, esa casa a la que nunca volvería.
Llegue a mi cuarto, y entre al cuarto de baño, me duché, gaste todo mi shampo todo mi jabón y seguía sintiéndome sucia, me sentía culpable.
Salí de la ducha con una toalla cubriendo mi cuerpo, entonces explote en llanto, apoye mi espalda a la puerta y me sente en el suelo, lloraba, gritaba.
Me rasguñaba mi cara y mi cuerpo, me culpaba por lo que había pasado, me golpee, me grite, me estire en el suelo y patalee pidiendo que fuera una pesadilla, pero no despertaba, preguntaba a la nada que había echo para merecerme esto, porque a mí, lloraba maldiciendo a leo, maldiciéndome a mi.
Lloraba, maldecía y me golpeaba en el suelo de mi habitación, sola, sin nadie, me sentía tan ¿vacía? No podía explicarme ni a mi misma que sentía. Recogí mi celular y llamé a mi única amiga, no contesto, la necesitaba, me sentía sola, quería llorar con alguien, que me dijeran que todo estaría bien, que yo estaría bien, necesitaba compañía, pero me daba vergüenza, vergüenza que un hombre me tocara sin mi permiso, vergüenza de como lucia mi cuerpo, de como lucia mi cara, estaba llena de marcas moradas y verdes por los golpes que me dio, tenía mis brazos cubiertos de rasguños que yo misma me había provocado, los ojos hinchados por tanto llorar, y mi mente me torturaba reviviendo el momento una y otra vez.
Nota: hola de nuevo, bueno parte del contexto de la historia esta en este capitulo.
¿Les gusto?
Bueno si no les gusto o creen que algo falta recivo criticas de ayuda para mejorar cada dia un poquitito mas.
Los leo.