Notas Nocivas

All Rights Reserved ©

Summary

Beverly intenta sobrevivir entre las sombras de un pasado turbio, pero esa oscuridad de carne y hueso llamada Franco se niega a desaparecer. En el ahora nadie puede huir, y la atracción arde de las cenizas poniendo a prueba la resistencia para el vicio más destructivo: las relaciones venenosas ♥ Ella es una ex estrella con la carrera manchada. Él es su perdición. Ella necesita limpiar su reputación para recuperar la custodia de su pequeño. Él no sabe que ella es madre. Ella no quiere que él descubra que comparten un hijo. Ambos están obligados a trabajar juntos ♥ Relaciones tóxicas, tragedia, drama, sexo, música, drogas. ♥ Copyright © Todos los Derechos Reservados.

Status
Complete
Chapters
51
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1


BEVERLY

Llego al bar dos horas antes de que se abran sus puertas para organizar el lugar con mis compañeros. Trabajo aquí desde hace tres años, no es fácil pero es lo que hay, y quizás lo mejor que pueda llegar a tener.

Hago de todo: limpio los pisos, lavo los trastes, sirvo en las mesas, preparo cócteles, y me presento en los shows. Tengo talento para el canto y la guitarra, por eso mi jefe me aprovecha y al menos esa parte sí la disfruto.

—¡Mi reina bella!

El sonido aturdidor de un beso sobre mi oído casi me deja sorda, se me eriza el cuerpo y me sacudo, los saludos de Luis siempre son así.

—Buenas tardes— le sonrío, alzando las manos para recibir lo que me arroja.

Aunque lo he tenido pegado a mi cara hace un segundo, ha preferido estar lejos para regalarme el chocolate que me trae hoy. Lo atrapo exitosamente y lo zarandeo entre mis dedos mientras le doy las gracias. Él se da vuelta para coquetear también con el resto de las chicas que trabajan con nosotros.

Me gusta este ambiente laboral, con todos me llevo bien, algo que a veces me cuesta. Todos me tratan con la amabilidad que no merezco porque estoy podrida.

—¿Te ayudo?

Tengo una montaña de copas que terminar de secar, me vendría bien una mano pero rechazo la oferta de Marisol. Estoy algo asqueada de mí, harta de mi descaro, ya que ella siempre trata de hacer mi miseria más llevadera mientras yo follo con su novio en secreto.

—No, no te preocupes. ¿Puedes ayudar a Hugo? Hoy le toca la caja y ya sabes que siempre le cuesta cuadrarla, no quiero que amanezca y nos tengamos que quedar porque él todavía esté contando.

Lo peor es que Benja, el novio de Marisol, ni siquiera me gusta. No me atrae en lo absoluto, nunca me ha provocado ni un mal pensamiento, y sin embargo cogemos cada que se puede, si estoy demasiado aburrida. Nunca hemos ido a un hotel, todo lo hacemos aquí, en los puntos ciegos donde no hay cámaras.

Sigo en lo mío, intentando concentrarme en la música que se escucha. Nada especial, sólo melodías de ambiente, covers de canciones de rock clásicas, de todos modos es mejor que el mierdero en mi cabeza. Lo jodido es cuando algo de lo que suena me dispara algún recuerdo. Uno de esos que arden como si nos hundieran un hierro en el vientre. De los que duelen tanto que sin importar lo que estemos haciendo nos echamos a llorar. No debería pasar, pero pasa. La psiquiatra me ha ayudado a controlarlo pero no siempre tengo la resistencia suficiente.

—Otra vez...

El tono con el mi jefe me habla desde antes de llegar a mi lado ya me da una idea de lo que va a terminar de decir. Pone un recibo al lado de las copas que ya tengo listas.

—Lo siento— me disculpo creo yo que sinceramente.

—No puedo seguir pagando tanto por el agua, esta factura volverá a salir de tu sueldo.

—No sé como ahorrarla más ¡Las cosas deben quedar bien limpias!

—¡Esto pasa sólo cuando lavas tú!— recoge el recibo y me abanica de mala gana con ese papel.

A mi jefe también lo traiciono. Cuando me toca cerrar la caja, si tengo la oportunidad de modificar los ingresos para que sobre plata, me la quedo. Me siento terrible, me arrepiento fuerte, juro que será la última vez, pero no me detengo nunca. Él no se lo merece porque fue el único que me ofreció trabajo cuando me moría de hambre. Para entonces yo dependía de lo que sacara en el día vendiendo en la calle, vendía cualquier cosa que necesitara la mínima inversión, por lo general cigarros, chicles, y caramelos. Me paraba en las puertas de los casinos y tascas, soportando a los viejos alcohólicos que esperaban que les ofreciera algo más.

En una ocasión lo hice especialmente bonita. De tantos casinos que solía recorrer, me di cuenta de que pedían personal en uno de ellos, así que me presenté de punta en blanco y tacón. Me fue pésimo. No podía regresar a la pocilga donde dormía porque las pocas monedas que tenía las había gastado en pasaje, así que pasé toda la jodida tarde y parte de la noche con mis pies hinchados, por las muchas horas que estuve de pie con las sandalias altas. Mi meta diaria era generar para comprar el ticket de traslado desde el cuchitril hasta el centro de casinos, el ticket de regreso, y algo para cenar. Pero aquel día estaba tan cansada que no me habría importado dormir sin nada en el estómago.

Rolando, mi actual jefe, pasó frente a mí y se me quedó mirando. Lo saludé y me compró una caja de chicles de menta. Me pagó, pero no se fue. Siguió ahí con sus ojos entornados como si me analizara. No sé, pero a diferencia de la incontable fila de hombres que solían molestarme, yo no noté malicia en su curiosidad.

—No te ha ido bien hoy, ¿Verdad?— me dijo —¿Te puedo invitar a comer?

No le respondí a la primera, me parecía que su invitación era limpia pero no por eso dejaba de ser rara.

—Aquí mismo si quieres.

Señaló el restaurante de comida china junto al casino frente al que estábamos. Yo me moría de hambre, lo pensé y decidí que no había mucho peligro si sólo lo dejaba acompañarme un par de metros por unos cuántos minutos. Estaría atenta a sus manos para que no le pusiera nada al plato y yo comería lo más rápido posible. Lo hice así. Él ni siquiera comió, sólo me hizo ordenar para mí, y mientras yo me devoraba todo, él me contaba sobre su bar, hablando de cómo su personal necesitaba ayuda extra.

No se imaginaba que yo estaba totalmente rota. Que yo cargaba y siempre cargaré sobre mí las sombras de un pasado del que jamás me podré deshacer, del que jamás podré recuperarme. Que tengo quebrado también el futuro. Que no sirvo. Que aunque no lo desee, joderé a todos quiénes sean lo suficientemente tontos como para acercarse a mí.