¿Dónde estamos?
Somos un comando de fuerzas especiales de cerca de 33 hombres venimos en 3 camionetas, cada una con cerca de 11 hombres, en mi camioneta vienen el cabo Aarón y los soldados Chucho, Nefta, Yahir, Alejandro y yo, el sargento Álvarez. Nos encontramos patrullando la ciudad de Xicotencalt, una ciudad cercana al cuartel de Ciudad Mante que es donde nos quedamos por el momento.
Todos los días hacemos patrullaje en la zona, solo que esta vez nos tocó la guardia de noche. Hasta el momento no ha sucedido nada, así que paramos en una tienda a comprar algunas cosas para botanear, mientras estamos comprando, el soldado Nefta y yo nos encontramos haciendo guardia fuera de la tienda para dar seguridad, mientras estamos platicando atentos de lo que sucede en el entorno.
-"Está muy tranquila la noche"-dije para romper el silencio, pues estaba aburrido.
Nefta- "Sí, la verdad en este pueblo no pasa nada".
-"A lo mucho solo habrá algunas peleas entre vecinos".
Nefta- "Sí, ¿a dónde irás cuando salgamos francos?".
-"No lo sé, en Mante vi que hay algunos bares, puede que vaya de cacería".
Nefta- "¿Puedo ir contigo? No tengo otra cosa que hacer".
-"Claro, de hecho, pensaba decirle al resto, aunque Aarón no toma, pero pues ni modo".
Los demás elementos salieron de la tienda y Nefta y yo entramos para comprar. Solo compré tres bolsas de papas y dos refrescos de litro, pues de venida pasamos a un puesto de hamburguesas para que nos apartara unas y pasar más tarde.
Saliendo de la tienda fuimos por las hamburguesas, apenas estaban saliendo, por lo que esperamos un poco. Aarón, Alejandro y yo nos pusimos a hablar con el señor que las preparaba, un señor muy buena onda que se llama Roberto y tiene unos cincuenta años.
Roberto- "¿Qué tal, cómo está el trabajo?".
-"Tranquilo, la verdad".
Roberto- "¿De dónde es usted?
-"De aquí de Tamaulipas".
Roberto- "¿Cuánto lleva siendo soldado?
-"Ya voy para los cinco años, entré a los veinte".
Roberto- "Pensé que entraban a los 18 años, y ¿no le da miedo andar de soldado?
-"Entré a los 20 porque estaba estudiando y cuando me gradué pues me dio tentación de ver qué se sentía andar en las camionetas. No, la verdad, no se siente miedo, bueno, al principio sí, pero ya después uno se acostumbra".
Roberto- "¿Y no está casado?"
-"No, todavía no, aún no llega la indicada, jaja".
Roberto- "Jaja, mientras llega la indicada, ¿por qué no se divierte con la equivocada? Jaja".
-"Ey, no hay de otra, jaja".
Roberto- "¿Y usted, werito, no está casado?"
Aarón- "No, aún no".
-"Es tímido este wey".
Roberto- "Nombre, llévelo aquí a dos cuadras con unas muchachas y se le quita lo tímido, jaja".
-"Apenas, ¿verdad?!, jaja".
Roberto- "Sale, su orden, jefe".
-"Ya está, ¡gracias, don, cuídese!"
Roberto- "¡Al contrario, gracias a ustedes!, cuídense, que Dios los bendiga!
Nos retiramos del lugar para seguir patrullando, cerca de las 2 a.m. vimos unas camionetas saliendo de una brecha cerca del poblado El Limón. Al vernos, rápidamente aceleraron, así que los perseguimos, uno de los tripulantes de una de ellas nos comenzó a disparar, a lo que el soldado Alejandro, que era el artillero, comenzó a repeler la agresión. La persecución duró casi 10 minutos hasta que se detuvieron para salir corriendo de las camionetas, nos comenzaron a disparar desde diferentes puntos, pues algunos alcanzaron a correr para buscar un lugar para cubrirse y disparar.
-"Cuidado con las casas, puede haber civiles"- grité preocupado, pues las camionetas estaban equipadas con ametralladoras de calibre .50 que usamos para vehículos blindados.
Aarón-"¡Uno se metió al cañaveral!"
-"No lo sigan, nos pondremos en peligro".
El tiroteo duró cerca de diez minutos y de los diez sicarios que contamos, solo abatimos a cinco, pues los demás corrieron hacia el cañaveral.
Chucho- "¡Se nos fueron!"
Aarón- "Tranquilos, no vale la pena arriesgarnos a buscarlos, ellos conocen mejor la ciudad que nosotros".
- Nefta comunicó a la base lo que pasó, para que mandaran a los forenses y dos grúas.
Nefta-"Enseguida, señor".
Los forenses llegaron casi cerca de las cuatro, pues era casi una hora y media de camino del cuartel hasta aquí. Hicieron la limpieza de la zona mientras nosotros custodiábamos la zona. Una vez que todo quedó asegurado, nos retiramos al cuartel para dar reporte de lo que pasó al general.
-"¿Señor, me permite?"
General- "Adelante sargento".
-"Vengo a entregar el reporte de hoy, señor".
General- "Déjelo en la mesa, más tarde lo veré, estoy un poco ocupado".
Salí de la oficina del general y me dirigí al dormitorio para descansar, pues por la balacera nos dejaron descansar mientras otro convoy tomó nuestro lugar. Al día siguiente, comenzamos el patrullaje a las 2 p. m., esta vez patrullamos Ciudad Mante. De repente, por radio escuchamos de un accidente entre un tráiler y un autobús de pasajeros en la salida hacia Tampico. El accidente estaba a diez minutos cerca de nosotros, por lo que rápidamente fuimos para asegurar la zona.
En el accidente había muchos heridos, por lo que acordonamos la zona para evitar el paso de la gente que no tenía nada que hacer en el lugar. Dimos apoyo a los paramédicos, pues solo eran cuatro para más de treinta personas.
Después del accidente, seguimos patrullando, y cerca de la colonia Linares en Ciudad Mante, nos percatamos de que dos chavos en una moto nos habían seguido por cerca de seis cuadras, así que hicimos una finta para poder capturarlos sin detonar las armas.
Una de las camionetas del convoy se separó y los rodeó para salir por detrás de ellos y así fue, los chavos quisieron acelerar, pero no tuvieron oportunidad de escapar.
-"¿Creen que no los veíamos?"- dije en un tono serio.
Chavo1- "¡No hicimos nada, jefe, déjenos ir!"- decía uno casi llorando.
-"Los vamos a llevar al cuartel para ver si no estaban haciendo nada".
Llevamos a los perseguidos al cuartel para que fueran interrogados. Resultó que nos seguían porque por una brecha cercana pasaría su jefe y ellos tenían que vigilar que no nos acercáramos al convoy del jefe, pero se acercaron demasiado a nosotros.
Llegando el viernes, nos dieron dos días de descanso, así que fuimos a explorar la ciudad. Mante es una ciudad pequeña, por lo que no hay mucho que hacer, así que fuimos a un bar que ellos le dicen antro. Estábamos a punto de entrar cuando decidimos regresar por Aarón.
Regresamos al bar para tomar algunos tragos junto con el cabo Aarón, quien nunca ha tomado una sola gota de alcohol. Así que solo platicamos hasta que el dueño del bar anunció que estaba a punto de cerrar. No podíamos regresar al cuartel oliendo a alcohol, así que mejor nos quedamos en un hotel.
A la mañana siguiente, nos presentamos en el cuartel, para ver las actividades por hacer. Resulta que esta vez nos tocará ir a un rancho a revisar, pues algunos pobladores hicieron una denuncia anónima de que gente armada tenía personas secuestradas.
Alistamos todo para la misión, fuimos en tres camionetas rumbo al rancho, que estaba en las cercanías de la sierra de Cucharas, cerca de Gómez Farias. Llegando, nos percatamos de que había muchas camionetas de sicarios. Los informantes lograron dar aviso de nosotros, pero aún así no pudieron escapar del rancho. Después de casi llegar a la casa dentro del rancho, unos sicarios nos dispararon, rápidamente nos cubrimos para repeler la agresión, en cuestión de minutos abatimos a un grupo de seis personas.
Logramos llegar a la casa, y había tres personas secuestradas. Rápidamente las liberamos y esperamos a la gente del ministerio público para tomar evidencia de lo sucedido. Cayó la noche, eran casi las doce de la noche cuando, al fin, regresábamos al cuartel. Cerca del poblado El Limón, la camioneta se apagó y una luz blanca nos rodeó.
Cabo Aarón- "¡¿Qué está pasando?!- Gritó asustado".
Todos nos sacamos de onda, pues durante unos segundos no veíamos nada, cuando la luz se quitó, estábamos en otro lugar diferente a la carretera, era un camino empedrado, apenas y se miraba, pues no había huellas de carro, aparte de estar en una zona alta.
Solo estábamos los seis que veníamos en la camioneta, así que intentamos contactar a las otras unidades, pero ni el radio ni los celulares tenían señal.
Montamos un campamento para dormir, mientras dos de los elementos se quedaron haciendo guardia toda la noche. A la mañana siguiente, los elementos que hicieron guardia durmieron, mientras los demás levantamos las cosas para subir a la camioneta y buscar la carretera.
Después de dos horas, casi se nos agotó la gasolina y no encontramos nada, todo era monte, de repente, al llegar a una vereda, unas personas extrañas rodearon la camioneta.
Extraño 1- "Esa cosa en la que vienen está muy bonita, nos la llevaremos"- dijo en una forma amenazadora.
-"Ven a por ella, imbécil", dije en tono burlón, pues solo tenían espadas y un tipo con un bastón y una túnica.
Extraño 1- "¡¡Muchos huevos, cabrón!!"
El hombre de la túnica dijo algo extraño y de su bastón salió una bola de fuego hacia nosotros. Logramos esquivarla y abrimos fuego. Rápidamente los abatimos, solo que se nos fue la mano con los disparos y no tuvimos la oportunidad de preguntar dónde estábamos.
Por lo sucedido, se nos fue la onda y no nos dimos cuenta de que estaban usando ropa antigua tipo medieval. Nos quedamos a revisar los cuerpos para ver si tenían alguna identificación o celular.
Resultó que no tenían nada, solo la ropa y las armas, junto a unos morrales con monedas de oro y plata. Hablamos un poco sobre la situación, pues nos pareció extraño esto.
Chucho- "¿Creen que nos transportamos al pasado o algo así?"
Nefta- "Eso es imposible".
- "La luz que nos cegó también y el hecho de estar en un lugar diferente al que estábamos también era imposible".
Aarón- "También pienso lo mismo que Chucho".
-"Por si acaso, recojan las armas, las balas no son infinitas, tarde o temprano tendremos que usarlas".
Aarón-"Tienes razón, pero no queda mucha gasolina".
-"Busquemos un lugar donde dejar la camioneta oculta".
Yahir- "Hace como un kilómetro pasamos una cueva, podemos dejarla ahí".
- "Suena bien, busquemos esa cueva".
Regresamos a la cueva que habíamos pasado y dejamos la camioneta, junto con las armas, pues no teníamos munición para los cargadores. Solo nos quedamos un rifle con los cargadores que teníamos, por si más adelante lo necesitábamos.
Tapamos la cueva con tierra para que nadie pudiera encontrar la camioneta ni las armas. Caminamos hacia el norte con la esperanza de encontrar un pueblo o mínimo alguien que nos pudiera dar comida. Mientras caminábamos, platicamos sobre la situación actual.
Aarón- "¿Vieron que nos atacó con magia el wey de la túnica?"
Nefta- "Sí, ojalá sea fácil aprender a hacer eso".
Yahir- "Solo me preocupa volver a ver a mi esposa".
Aarón-" No te preocupes, Yahir, encontraremos una forma de volver".
-"Hay que buscar una zona alta, a ver si vemos algo".
Aarón subió a un árbol para ver si podía encontrar algún lugar para pasar la noche. Dijo que solo miró una carreta rodeada que estaba siendo atacada por cosas extrañas.
Aarón-"Sargento, veo una carreta atacada por unas cosas raras".
-"¿Cosas raras?, sé más específico".
Aarón- "Unas personas con orejas y cola de animal están atacando una carreta con personas con armadura medieval".
-"¿A qué distancia?"
Aarón- "Unos 500 metros aproximadamente".
-"Tardaremos unos quince minutos en llegar si vamos por el monte trotando".
Aarón- "La pelea se ve nivelada, puede que tengamos tiempo de llegar".
-"Hay que ir a ayudar, trotemos".
Fuimos a paso veloz por el monte para cortar camino e ir a ayudar al bando que veamos que tenga una buena razón. No hemos peleado con espadas, así que usaremos el combate cuerpo a cuerpo.
Mientras corremos, se me vino a la mente que pelear con personas con espadas será como ver a mi abuelo pelando con un machete, me iba riendo mientras trotamos al lugar, no hay problema por la distancia, pues diario corremos ocho kilómetros para entrenar.
Espero que lleguemos a tiempo, para así ver si nos pueden ayudar a encontrar un pueblo cercano para pasar la noche. Ya casi estamos cerca, ya podemos escuchar el sonido de las espadas y los gritos de los soldados.
Los gritos que se escuchaban solo eran de los soldados con armadura. "¡Protejan la carreta!"
Me llené de curiosidad, pues están defendiendo con su vida la carreta. "¿Quién estará en la carreta? ¡¿Será importante?!"