DULCE MELODÍA
Es otro día más en la gran ciudad, la temperatura es baja y el frío viento sopla acariciando mis mejillas. Todo se ve tan gris, tan triste, tan monótono, no recuerdo cuando fue la última vez que vi esta ciudad llena de color.
Han pasado meses desde que mi única razón de vivir se fue, partió a un lugar donde no la pude seguir. Se fue, así sin más, sin dar explicaciones, como si no importara nada, se fue, dejándome atrás en esta gris y triste ciudad.
Suelo dar largas caminatas en la ciudad, buscando algo, algo que le de color a mi vida una vez más, pero todo… siempre es tan gris. Camino sin rumbo, viendo el cielo, los grandes rascacielos, y otras veces admiro las flores, a veces me hacen viajar al pasado, donde era feliz.
Su recuerdo me persigue a donde vaya, todo me recuerda a ella, cada rincón de esta gran ciudad tiene una historia nuestra que contar. Acabo de recordar… ya sé lo que estaba buscando… estoy buscando un lugar que no me recuerde a ella.
Iré cerca al museo, ella odiaba ir a lugares tan silenciosos, decía que le daba tristeza, después de todo siempre fue una mujer llena de vida. Mientras más me acerco, una agradable y relajante armonía seducen mis oídos. ¿Quién me regala tal delicia musical?, necesito saberlo, le agradeceré apoyando su arte con unos aplausos.
A lo lejos, se veía a una pequeña, pero muy hermosa señorita sentada en el muro de la gran pileta, lleva un violín consigo y cerrando los ojos, recita las más hermosas melodías. Parece estar en otro mundo, ella es uno con la música.
El viento empieza a soplar con mayor agresividad, pareciese que está celoso, como si no quisiera ser opacado por tal bella melodía. Por momentos, los cabellos de aquella hermosa mujer cubren su rostro, pero ella no parece inmutarse, sigue tocando, pero cada vez lo hace más rápido, más fuerte, como si una respuesta a este se tratase.
De pronto, dejó de tocar, abrió lentamente los ojos, estos eran los más hermosos y tristes que había visto. Redirigió su mirada hacia su público y dibujo una tímida, pero hermosa sonrisa en su rostro, es lo más hermoso que he visto en meses. Su público no dudó en llenarla de elogios y aplausos, pues en verdad, es la más hermosa melodía que había escuchado nunca.
Me acerqué a elogiar tal habilidad mientras los demás colocaban algunas monedas y billetes en el estuche de su instrumento que se encontraba a un lado de ella. Se percató de mi presencia y rápidamente redirigió su mirada hacia mí, me puse nervioso de golpe. Es algo que no había pasado en años, tal vez e porque estoy frente a una futura celebridad.
El viento sopló una vez más a lo que ella emitió un tierno y pequeño estornudo, su nariz se puso roja y volvió a sonreír un poco avergonzada. No pude evitar reír, a lo que ella se disculpó por lo ocurrido, preguntó si podía ayudarme en algo. Le respondí que sí, quería saber como se llamaba aquella hermosa melodía que me había dado tanta paz. A lo que ella respondió que el tema es de Chopin- Nocturne número 20.
Le agradecí tan bella experiencia y me alejé con una sonrisa, no quería ser invasivo o asustarla, se veía tan tímida, indefensa, un tipo grande como yo fácilmente la asustaría si no tengo cuidado. El siguiente día volví a cruzar por aquel lugar, ahí estaba ella, siendo una con la música una vez más.
Esta vez estaba preparado, compré un costoso y delicioso café para ella, quería que lo probara. Me quedé cerca admirándola, sus hermosas melodías me llenaron de paz una vez más, no podía dejar de verla, pues ella les da color a las cosas.
Me acerqué rápidamente cuando terminó de tocar, me reconoció al instante y sonrió. Le ofrecí aquel café, lo aceptó con delicadeza y daba pequeños sorbos por ratos. Aproveché la oportunidad en preguntar algunas cosas sobre ella, pues se ve tan misteriosa. Contó que no es de este país, viaja por el mundo tocando en las calles, eso la hace feliz. Es un alma pura, libre, regala sus hermosas melodías sin discriminación, le gusta que disfruten de su música.
Llevo una semana escuchándola tocar, siempre está en el mismo lugar, poco a poco nos vamos conociendo. A veces es difícil acercarse, pues tiene muchos fans que le regalan ramos de rosas o quieren charlar un rato más. Es inevitable, ella es realmente increíble, ¿Quién no quisiera una oportunidad con ella?
Me encanta verla tocar, se ve tan indefensa, tan frágil, su piel es tan blanca, sus mejillas se vuelven rosadas por el frio y sus brillantes cabellos negros parecen cuerdas cuando el viento sopla intentando opacarla.
El mundo tiene color cuando la veo tocar, es un ángel que en vez de un arpa lleva un violín consigo, salvando de la miseria a personas tan lamentables como yo. Me pongo nervioso cuando estoy frente a ella, siento que mis manos sudan, tartamudeo a veces, reconozco este sentimiento, me estoy enamorando de ella.
Me gustaría decirle lo que siento, desde que la conocí soy como un marinero que encontró el rumbo después de haberse perdido en el basto océano de la fría soledad. Su sonrisa cautiva mi alma y enciende la llama que creí extinta, me estoy enamorando y no lo puedo evitar.
Pienso en ella seguidamente, la voy a ver todos los días y a veces se me rompe el corazón al ver a tantos detrás de ella. Todos parecen más grandes que yo, todos parecen tener mucho más que ofrecer que yo, y ella… siempre tan gentil y considerada con todos ¿Quién podría saber si siente algo más por alguien? Ella nunca se inmuta, no da ninguna señal, nos trata a todos por igual.
Es doloroso tener que verla de lejos sin poder tocarla, nuestras conversaciones son agradables, pero muchas veces cortas. Es doloroso, pensar que algún día ella se enamorará y no podré verla tocar más.
Algún día, sus rosadas y delicadas mejillas serán tocadas brindándoles calor. Algún día, la vea tal vez con alguien de la mano por la calle o tal vez alguien la espere para llevársela después de tocar. Es doloroso, pues no estamos destinados a estar juntos, lo sé muy bien, no importa si le digo lo que siento, probablemente me rechace y desaparecerá, pues es un alma libre.
Hoy la vi cerca de la cafetería, la seguí por instinto, un hombre estaba esperándola, ella se acercó y lo saludó con un beso. Él la invitó a sentarse amablemente, se ve todo un caballero, está bien vestido, es más grande que yo y muy apuesto. Era cuestión de tiempo, ella conocería a alguien con quien compartiría sus primaveras.
Estoy en este cálido bar una vez más, no he ido a verla tocar, me pregunto si notará mi ausencia, aunque con tantos admiradores, tal vez ni recuerde mi existencia. Nuestros mundos son diferentes, ella siempre está rodeada de tanta gente mientras siento celos de los tipos que se acercan y ríen con ella. No lo puedo soportar, desde entonces la imagino besando aquel tipo, sus rosados labios siendo devorados por otros que no son los míos.
Dicen que las posibilidades en el universo son infinitas, me gusta pensar que existe un futuro donde ella y yo somos felices. Donde puedo oírla tocar todos los días, tenerla en casa conmigo todos los días, donde la amaría por el resto de mis días. Me gusta pensar en ese futuro, donde mi mundo está lleno de color una vez más, me gusta pensar en ese futuro, donde no estoy aquí sentado, llorando, en este bar.
Que lamentable, soy un cobarde por no decirle lo que siento, soy un cobarde que se destruye asimismo antes de intentarlo. Tal vez por eso ella me abandonó sin mirar atrás, siempre he sido un cobarde cuando se trata de apostar.
Que triste es querer a alguien que tal vez nunca te va a corresponder, solo puedes observar a lo lejos como sonríe con otro. No puedes acercarte demasiado porque el solo hecho de no poderla abrazarla empieza a doler. Que lamentable es saber que has perdido antes de intentar, es una competencia que no puedo ganar.
Que doloroso, es enamorarse así, de esta manera, donde parece que todo lo que podría hacer no sería suficiente para conquistarla. Pero ¿Cómo podría?, es tan bella, tan perfecta, aunque su melodía le de color a mi vida, sé que yo no podría causar lo mismo en su vida.
Quiero tenerla, quiero robármela y sé que no está bien que quiera esto, puede que ya sea feliz con otro, y yo, en mi intento egoísta de poseerla, la prive de un futuro lleno de felicidad. No podría hacerle eso, pero, por lo menos solo una vez me gustaría probar esos labios rojos mientras toco con gentileza su delicada mejilla.
Que desafortunado, tiré los dados y me llevaron a ella, le ha dado color a mi vida, pero también me lo están arrebatando. Cada vez que juego a los dados sale un resultado que no me hace feliz, no quiero volver a jugar más, pero, si no lo hago, ella también desaparecerá. En las infinitas posibilidades del universo, existe un futuro dónde logro ganar.
Aunque es un acto egoísta, ¿Si me atreviera a tirar los dados una vez más… esta vez ganaría?