capítulo♡único
—No te quedes despierto hasta tarde.
Jimin lo ignoró, manteniendo su mirada en la película. Encogiéndose más en el sillón, acurrucado con su manta.
—Jimin —dijo con firmeza—. Te estoy hablando.
Resistió el impulso de bufar.
—Sí… me iré a dormir temprano, no te preocupes.
Jeongguk pareció conformarse con la respuesta, desapareciendo en su oficina para encargarse de sus asuntos.
¿Quién se creía ese hombre? Solo era su padrastro, y Jimin ya tenía 19, Jeongguk no tenía razón para jugar a ser su papi.
No era que Jimin estuviera en contra de su madre casándose de nuevo, solo estaba en contra del hombre que escogió como su esposo: el estúpido, pretencioso y controlador Jeongguk.
Aquel tipo se la vivía querida mandar todo lo que Jimin hacía. Criticaba su manera de vestir (“demasiado revelador”), criticaba como le hablaba a su madre (“no le faltes el respeto”), y criticaba su carrera (“¿estás seguro sobre estudiar artes?”).
De repente, también era un problema la hora a la que Jimin se iba a dormir una noche de viernes. Ni siquiera tenía escuela al día siguiente, ¿por qué rayos debía hacerle caso?
Jimin bufó, devolviendo su atención a la película en pantalla, su amada The Notebook.
Oh, tan hermosa película, siempre lo hacía llorar.
Jimin se pasó el dorso de la mano por los ojos, secándose las lágrimas.
Los créditos se reproducían en la pantalla, infinitos nombres en un fondo negro. Jimin no podía leer ninguno de ellos con su mirada húmeda y borrosa.
Se encogió en el sillón cuando escuchó la puerta de entrada abrirse, echándose la cobija encima y cerrando los ojos, fingiendo estar dormido. Prefería ahorrarse cualquier interacción incómoda con él.
Pasos, susurros apresurados, la puerta cerrándose. Más pasos, desapareciendo en el pasillo, el ligero rechinido de otra puerta ala distancia, y el clic al cerrarse. Jimin sabía exactamente quiénes eran: Taehyung y Hoseok, osea, su hermanastro y su noviecito.
Porque el matrimonio de su madre le dió más que solo un padrastro, Jeongguk llegó a su vida con el adorable añadido de su hijo, Taehyung.
Apenas un año mayor que Jimin, tan callado que era incómodo, hablar con él era hablarle a una pared. A diferencia de Hoseok, que era lindo y dulce, un absoluto rayito de sol. Su maravillosa personalidad volvía un poco menos irritante que Taehyung siempre lo llevara a casa.
Jimin no tenía un disgusto específico por su hermanastro, pero tampoco le agradaba. Lo que sí le provocaba disgusto era la manera tan distinta en que Jeongguk los trataba.
Por alguna razón, era muchísimo más estricto con Jimin que con su propio hijo. Taehyung era mayor, Jimin entendía eso, pero solo eran dos años, no tenía porqué haber una diferencia tan grande.
Taehyung tenía permiso de llegar tarde a casa, de ser seco y cortante, de hacer lo que quisiera donde quisiera y con quién quisiera. Taehyung tenía permiso de tener novio. Y por supuesto que Jimin no podía ni sonreírle al cajero lindo del supermercado, pero Taehyung podía traer a su novio a pasar la noche, cuando todos sabían perfectamente qué tipo de actividades eso implicaba.
Al principio, Jimin estaba molesto, muy molesto con esa injusticia. Le parecía asqueroso que hicieran eso con más gente en la casa, especialmente con lo poco discretos que eran. Y pensaba decirlo justo eso a su hermanastro.
Excepto que… ejem, cuando fue a hacerlo. No pudo evitar asomarse un poco, solo un poquito, por la puerta entreabierta.
Ese día descubrió cosas, muchas cosas. También decidió que no tenía ninguna queja que darle a su hermanastro.
Y puede que… Jimin hubiera adquirido una nueva adicción.
Jimin hizo la cobija a un lado, apagó la televisión y se estiró, buscando matar un poco de tiempo. Se levantó y siguió los pasos de Taehyung y su novio, deteniéndose en la puerta de su habitación.
Esperó unos segundos, atento a los sonidos de ahí dentro: voces suaves, distraídos en su mundo. Abrió la puerta con cuidado, apenas una rendija de visión, lo suficiente. Se hincó, acomodándose para ver, ya ansioso.
Justo a tiempo, Taehyung besó a Hoseok, tomándolo de la cintura, metiendo sus manos debajo de la ropa. Hoseok gimió, un sonido suave. Jimin se removió, apretando sus muslos el uno contra el otro, lamiéndose los labios. En la entrepierna de Taehyung, un bulto comenzó a levantarse. Hoseok acarició a Taehyung por encima de la ropa, y este, en respuesta, profundizó el beso.
Se separaron, respiración agitada y mejillas rojizas. Hoseok le robó un pequeño beso más, apenas un pico. Taehyung acarició su mejilla y le murmuró algo que Jimin no pudo escuchar.
Hoseok tomó la camisa de Taehyung y comenzó a desabrochar los botones, rápido y eficaz, como alguien que había hecho esto ya miles de veces. Las prendas comenzaron a desaparecer, entre caricias y manos ansiosas por tocar piel, ambos terminaron en su ropa interior.
Jimin metió su mano en sus shorts de pijama, sin tocarse aún, simplemente acunando su coño por encima de sus bragas húmedas, apretando ligeramente.
Taehyung puso sus manos en la cintura de su novio, guiándolo para que se recostara en la cama. Hoseok levantó sus caderas, facilitando que bajara sus bóxers.
A Jimin se le hizo agua la boca al ver su erección. Ni siquiera era tan larga, solo gruesa, y no importaba cuántas pollas hubiera visto en el porno, ver una en la vida real no se podía comparar. Ahora… si tan solo pudiera tocarla…
Taehyung tomó su pene, envolviéndola con su enorme mano, el pulgar jugando con la punta, su uña apenas presionando contra la uretra. Taehyung movió la mano con lentitud deliberada, apretando justo lo suficiente para que Hoseok arqueara la espalda y soltara un gemido ronco, largo, que se clavó directo en el estómago de Jimin. El pulgar de Taehyung seguía jugando con la punta, esparciendo la gota transparente que ya brillaba allí.
—Hyung… —susurró Hoseok, voz entrecortada—. Por favor…
Taehyung sonrió, esa sonrisa que Jimin ya había aprendido a identificar. Se inclinó, lamió la cabeza de la polla de su novio una sola vez, y luego se la metió entera en la boca sin aviso. Hoseok soltó un jadeo ahogado, una mano volando al cabello de Taehyung, tirando de él.
Jimin se mordió el labio inferior con tanta fuerza que temió sacar sangre. Coló sus dedos bajo sus bragas, resbalando entre sus labios empapados. Su coño estaba hinchado, caliente, sensible. Dos dedos rodearon su clítoris y empezaron a frotar en círculos pequeños, exactos, al mismo ritmo que Taehyung subía y bajaba la cabeza. Dentro de la habitación, Taehyung soltó la polla de Hoseok con un sonido húmedo y obsceno. Un hilo de saliva conectó sus labios hinchados con la punta brillante.
—Date la vuelta —ordenó en voz baja, ronca.
Hoseok obedeció al instante, poniéndose de rodillas sobre la cama, levantando el culito, cara hundida en la almohada. Taehyung se tomó su tiempo: le bajó los bóxers del todo, los tiró al suelo, y luego separó sus nalgas.
Jimin vio perfectamente cómo la lengua de Taehyung se hundía entre ellas, lamiendo, chupando, mientras Hoseok gemía ahogado contra la almohada y empujaba sus caderas hacia atrás, buscando más.
Jimin metió dos dedos en su coño, estaba tan mojado que entraron fácil, resbaladizos, tuvo que morderse el labio para no gemir en voz alta. Sus caderas se movieron solas, follándose contra su mano mientras veía cómo Taehyung lamía y le comía el culo a su novio, cómo sus dedos entraban en él, abriéndolo con paciencia cruel.
—Sigues tan apretado… —murmuró Taehyung contra la piel—. Aunque te folle casi todos los días.
Hoseok sollozó de placer, empujando contra los dedos.
—Por favor, hyung… métemela ya…
Taehyung se incorporó. Jimin vio la polla de su hermanastro, gruesa, venosa, larga, balanceándose pesada entre sus piernas. Sacó la botella de lubricante del cajón de su mesita de noche, echó una cantidad generosa en su mano, repartiéndola por su erección.
La apoyó contra la entrada de Hoseok, y el primer empujón fue lento, profundo. Hoseok abrió la boca en un gemido silencioso, dedos clavándose en las sábanas. Taehyung gruñó, caderas avanzando centímetro a centímetro hasta que sus muslos golpearon las nalgas de Hoseok. Y, entonces empezó a follarlo de verdad. Golpes duros, rápidos, la cama golpeando la pared, piel chocando.
Hoseok gemía sin control, “hyung, hyung, más fuerte”, y Taehyung obedecía, una mano en la cintura del otro, la otra tirándole del pelo.
Jimin ya tenía tres dedos dentro, bombeando al mismo ritmo que Taehyung, pulgar frotando su clítoris hinchado sin piedad. Sus bragas estaban empapadas, las piernas le temblaban.
Jimin no podía apartar la mirada de la forma en que Taehyung entraba y salía del culo de Hoseok: lento al principio, luego más duro, la polla gruesa abriéndose paso entre esas nalgas apretadas, desapareciendo hasta la base con cada embestida. El sonido húmedo de piel contra piel, los gemidos ahogados de Hoseok, la manera en que su hermanastro gruñía y apretaba su agarre en las caderas… todo eso lo tenía hipnotizado.
«¿Cómo se sentirá?», pensó Jimin, el corazón latiéndole tan fuerte que le retumbaba en los oídos. «¿Cómo se sentirá tener algo tan grande… ahí?» Sus dedos seguían bombeando dentro de su coño empapado, pero ya no era suficiente. Sacó la mano temblorosa, los tres dedos brillando con sus jugos, gruesos hilos de humedad colgando. Llevó esa misma mano hacia atrás, entre sus nalgas. La punta del dedo índice presionó contra su ano virgen, resbaladizo gracias a lo mojado que estaba todo.
Dolió.
Al principio dolió, un pinchazo agudo cuando empujó el primer dedo, el músculo apretado resistiéndose. Jimin soltó un jadeo silencioso, mordiéndose el labio. Pero en el dolor… oh, en ese dolor había algo caliente, prohibido, que le hacía temblar las piernas. El segundo dígito entró y su ano se contrajo alrededor de los dedos, succionándolos. Se sentía lleno, extraño, delicioso. Movió los dedos despacio, explorando, y un gemido bajito se le escapó de la garganta sin permiso.
Estaba tan concentrado en esa nueva sensación, el ardor que se convertía en placer, que no escuchó los pasos suaves detrás de él.
De repente, una mano grande le tapó los ojos por completo. Otro brazo fuerte lo rodeó por la cintura desde atrás, pegándolo contra un pecho duro y caliente. El olor a colonia costosa lo golpeó al mismo tiempo que la voz baja, ronca y molesta le susurraba directamente en la oreja:
—¿Qué crees que estás haciendo, Jimin?
Jimin se congeló. Conocía esa voz demasiado bien: Jeongguk.
Sus dedos en su ano seguían dentro, y su coño palpitaba contra la nada, goteando.
Intentó sacar su mano de sus shorts, pero el brazo de Jeongguk lo sujetaba firme, impidiéndoselo.
—Responde —exigió Jeongguk en un murmullo peligroso, la boca tan cerca que sus labios rozaban el lóbulo de Jimin—. ¿Qué estás haciendo aquí, tocándote como una perra en celo, espiando a tu hermano?
Jimin tembló. La otra mano de Jeongguk, la que estaba libre, bajó por su estómago, por debajo de la pretina de su pijama, y sin permiso alguno se metió en sus bragas. Dos dedos grandes rozaron su coño empapado, recogiendo la humedad, y luego bajaron un poco más, tocando justo donde todavía tenía un dedo metido en el ano.
—Te pregunté algo —gruñó Jeongguk contra su oreja, la voz oscura—. ¿Qué haces espiando a tu hermano mientras te metes los dedos en el culo?
Jimin chilló bajito, la vergüenza y la excitación mezclándose hasta marearlo.
—No es mi hermano… —gimoteó—. Y tú no eres mi padre como para regañarme.
Jeongguk chasqueó la lengua.
—Deja de actuar como una putita malcriada. —Los dedos de Jeongguk presionaron más, obligando al dedo de Jimin a hundirse un poco más profundo en su culo—. Siempre estás provocándome, actuando como una puta, usando esas falditas cortas, poniéndome celoso con otros hombres… ¿crees que no me doy cuenta? —La mano que le tapaba los ojos bajó despacio hasta cubrirle la boca—. Tú me deseas, y ya me cansé de fingir que no siento lo mismo.
Jimin jadeó contra la palma de Jeongguk, el cuerpo entero temblando mientras los dedos de su padrastro frotaban su clítoris hinchado en círculos lentos y crueles. Él mentía, estaba loco, Jimin jamás lo había provocado, jamás había siquiera pensando en él de esa manera.
—Admítelo —susurró Jeongguk contra su oído, la voz grave y oscura, una orden directa—. Admite que eres una puta, que has estado manipulándome para que me fije en ti. —Jeongguk dejó de cubrirle la boca—. Admite que quieres que papi te folle.
Jimin sollozó. Jeongguk mentía, lo acusaba de cosas que no eran verdad, que no eran más que lo que se decía a sí mismo para excusar sentirse atraído a su hijastro.
Pero… si fingía que era verdad, si aceptaba la culpa de esta situación…
Papi iba a follarlo.
—P-papi… —gimió bajito, la vergüenza ardiéndole en las mejillas—. Yo… lo admito. Te necesito, mamá no te merece, yo soy más joven, más lindo… —Se mordió el labio—. He estado esperando tanto para que me folles, por favor, papi…
—Buen chico —gruñó Jeongguk, y por fin metió dos dedos gruesos dentro del coño empapado de Jimin, follándolo despacio mientras su pulgar seguía atormentando el clítoris—. Ahora... ¿qué es lo que haces mirando a tu hermano?
Al otro lado de la puerta entreabierta, Taehyung embestía con fuerza, la cama crujiendo rítmicamente. Hoseok tenía la cara hundida en la almohada, gimiendo “hyung, más, por favor” cada vez que la polla gruesa de Taehyung desaparecía hasta el fondo en su culo.
—Estaba… estaba mirando… —confesó con voz rota—. Taehyung y Hoseok… él lo estaba follando y… y yo… yo quería saber cómo se sentía. Me pregunté… me pregunté cómo sería tener algo ahí… adentro…
Taehyung gruñó, tirando del pelo de su novio para arquearlo más.
—¿Entonces por eso tienes dos dedos metidos en el culo? —musitó Jeongguk—. ¿Por qué querías saber cómo se siente?
Jimin asintió.
—Me dolió al principio pero… —tragó saliva, dudando— pero se siente tan bien… duele tan bien.
Jimin no podía dejar de mirar a Taehyung y Hoseok.
—Tan apretado para mí… —murmuraba Taehyung, golpeando profundo—. Te encanta que te folle así, ¿verdad?
Sus ojos seguían clavados en la escena mientras Jeongguk sacaba los dedos de su coño y los llevaba hacia atrás, reemplazando el dedo de Jimin en su ano con los suyos propios, más grandes, más invasivos.
—Ahora sé un buen niño y toca a papi —ordenó Jeongguk, bajando la mano libre de Jimin hasta la entrepierna de su pantalón de chándal. Jimin sintió la polla dura, enorme, latiendo bajo la tela.
La envolvió con su mano, que era tan pequeña en contraste que se sentía ridículo. Lo masturbó, arriba y abajo, lento al principio, luego más rápido, al ritmo de los gemidos de Hoseok.
—Papi… —susurró Jimin otra vez, la voz rota—. Papi, por favor… fóllame.
Jeongguk soltó una risa baja y oscura.
—¿Eres virgen, Jimin? Dime la verdad.
—No… —confesó Jimin, apretando la polla de Jeongguk ligeramente—. No soy virgen, papi… pero… pero mi culo sí lo es. Nadie… nadie me ha follado ahí, nunca.
—Joder —gruñó Jeongguk, metiendo sus dedos más profundo en el ano de Jimin, abriéndolo, preparándolo—. Perfecto. Papi va a ser el primero en romperte el culo
Dentro de la habitación, Taehyung aceleró, follando a Hoseok sin piedad, la piel chocando fuerte, Hoseok lloriqueando de placer mientras su propia polla goteaba sobre las sábanas sin que nadie la tocara.
Jeongguk sacó los dedos del culo de Jimin, escupió en su palma y lubricó su propia polla gruesa, venosa, mucho más grande que la de Taehyung. Empujó a Jimin contra la pared justo al lado de la puerta, levantó una de sus piernas y presionó la cabeza hinchada contra ese ano virgen.
—Respira, bebé —susurró—. Va a doler. Pero a ti te gusta que duela, ¿verdad?
Justo cuando Taehyung embistió especialmente profundo y Hoseok gritó su nombre, empujó. El primer centímetro entró y Jimin gritó ahogado, mordiéndose el labio. Ardía. Se sentía como si se estuviera rompiendo por dentro, el músculo estirándose brutalmente alrededor de esa polla enorme. Las lágrimas le corrieron por las mejillas, pero sus caderas empujaron hacia atrás por instinto, pidiendo más.
—Papi… duele… duele tanto… —sollozó, pero sus ojos no se apartaban de la escena de enfrente: viendo cómo Taehyung follaba a Hoseok hasta correrse, gruñendo bajo, embistiendo hasta el fondo y quedándose allí, temblando. Durante unos segundos solo se escucharon las respiraciones agitadas.
Jimin contuvo la respiración unos segundos, sin querer delatar su presencia mientras veía a Taehyung besar la nuca de Hoseok con una ternura que contrastaba brutalmente con lo que acababa de hacer.
Jeongguk le mordió el hombro a Jimin, él soltó un pequeño chillido en respuesta.
—Shhh…
Empujó más, otro centímetro, y luego otro más. Hasta que la mitad de su polla estuvo dentro y Jimin sintió que se quebraba, que su culo se abría de una forma imposible y deliciosa. El dolor era cegador, pero debajo de él había un placer sucio, caliente, que le hacía palpitar el coño vacío y gotear sobre el suelo.
—Más… papi, por favor… —suplicó Jimin, su voz pequeña, apenas un suspiro—. Quiero que duela… que papi me rompa el culo.
Jeongguk soltó un gemido bajo y embistió hasta el fondo de un solo golpe. Jimin rasguñó la pared, su culo apretándose alrededor de esa polla gruesa. El dolor lo hizo ver estrellas, pero también lo hizo correrse sin tocarse, chorros calientes saliendo de su coño mientras Jeongguk empezaba a follarlo de verdad: lento, profundo, implacable.
Al otro lado de la puerta, Taehyung salió de Hoseok, pero su novio, desesperado, se subió encima de él, besándolo
Jimin, con el culo lleno de su padrastro, solo podía gemir. Su coño goteando, celoso de la atención. Cada embestida dentro de él se sentía deliciosa y prohibida. El hombre que lo regañaba como si fuera su verdadero padre, el esposo de su madre, el que se suponía que solo fuera una figura paterna… ahora lo estaba follando.
El tabú le ardía en la piel más que el dolor mismo.
—Papi… —gimió Jimin contra la pared, la voz rota y temblorosa—. Papi.
Jeongguk soltó una risa baja y oscura. Salía despacio, casi hasta sacar la cabeza hinchada de su pene, y luego volvía a clavarse hasta el fondo.
—¿Ya ves qué fácil es respetarme? —susurró—. Solo debes llamarme papi y obedecerme, aceptar que sé que es lo mejor para ti…
Taehyung y Hoseok no se habían dado cuenta de nada, todavía estaban perdidos en su propio mundo. Los sonidos húmedos de sus labios acariciándose y lenguas que llegaban casi a la garganta.
—Hyung… otra vez —suplicó Hoseok contra sus labios, voz dulce y necesitada, aireada—. Quiero que me folles otra vez… por favor.
Taehyung gruñó, ya duro otra vez, y lo tumbó de espaldas. Levantó las piernas de Hoseok hasta sus hombros y empujó de un solo golpe. El sonido húmedo y obsceno llenó la habitación. Hoseok arqueó la espalda con un gemido largo, las uñas clavadas en los brazos de Taehyung mientras empezaba a follarlo otra vez, profundo, lento, como si tuvieran todo el tiempo del mundo.
Jimin se permitió soltar un gemido, bajito, sutil. Hipnotizado por la polla de Taehyung desapareciendo una y otra vez en ese culo apretado, mientras su padrastro le follaba el suyo con el mismo ritmo.
La mano libre de Jeongguk bajó entre sus piernas y empezó a tocarle el coño empapado: dos dedos gruesos metiéndose dentro, frotando las paredes sensibles, el pulgar presionando el clítoris hinchado sin piedad.
—Ah– ¡Papi! —Jimin sollozó.
Su coño estaba sensible, pues ya se había corrido una vez, pero Jeongguk no paraba de tocarlo, de frotarlo, de meter y sacar los dedos mientras su polla enorme le abría el culo sin descanso.
—Papi– Espera, papi, es–
—Shhh —Jeongguk le mordió el hombro, embistiendo más fuerte, la pelvis chocando contra sus nalgas con golpes secos y brutales—. Papi sabe que te gusta. No quieras detenerlo ahora… papi se pondría muy triste, y debes ser un buen niño, mmhm?
Jimin no supo cuándo fue que las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Sollozó, su respiración temblorosa. Cerró los ojos, apretándolos y dejando que unas lágrimas atascadas salieran, mojando sus pestañas.
—Te encanta que tu padre te esté destrozando el culito mientras miras a tu hermano follando, ¿no es así? —acusó—. ¿Qué es lo que te gusta más? —comenzó a enlistar—: ¿El incesto, estar espiando, que te follen, o lo mucho que duele? Dime, ¿qué es exactamente? ¿O solo eres una puta que se calienta con cualquier cosa?
—Soy… —No pudo pensar en una respuesta coherente, solo en la más sencilla—. soy una puta… —Jimin lloriqueó, las lágrimas corriendo por sus mejillas mientras otro orgasmo lo atravesaba.
Su coño apretó los dedos de Jeongguk en pequeños espasmos soltando un chorro, empapando la mano de su padrastro. Pero Jeongguk no dejó de tocarlo, siguió frotando el clítoris hinchado y sensible, haciendo que el placer se volviera casi insoportable, casi doloroso.
Casi.
—Papi… duele. Pero no pares… por favor, no pares.
Jeongguk aceleró. Sus caderas golpeaban sin piedad, la polla entrando y saliendo del ano de Jimin con sonidos húmedos y sucios. El dolor era cegador: cada embestida se sentía como si lo estuviera partiendo por la mitad, como si su culo nunca fuera a cerrarse igual. Y Jimin lo adoraba. Adoraba el ardor, el estiramiento imposible, la sensación de estar siendo usado por un hombre que debía no ser más que una figura paterna.
Dentro de la habitación, Taehyung había puesto a Hoseok en cuatro otra vez y lo estaba follando con fuerza, la cama golpeando contra la pared. Hoseok gemía alto, “hyung, hyung, más”, completamente perdido en el placer.
Y entonces… Hoseok levantó la cabeza un segundo para respirar… y sus ojos se encontraron directamente con los de Jimin a través de la rendija de la puerta.
Jimin se congeló, el terror helándole la sangre. Pensó en apartar la mirada, pensó en cerrar los ojos, pero se quedó inmóvil, congelado. Algo en él ardió, encantado de haber sido atrapado.
Y Hoseok… sonrió. Una sonrisa lenta, cómplice, sucia. No dijo nada. No alertó a Taehyung. Solo siguió gimiendo, empujando hacia atrás contra la polla de su novio, pero ahora sus ojos estaban clavados en Jimin. En la forma en que Jeongguk lo tenía clavado contra la pared, follándolo por el culo mientras le metía los dedos en el coño.
Jimin lo entendió todo en ese instante.
Hoseok lo sabía, lo había sabido desde el principio. Esa no era la reacción de alguien que se acabara de enterar que lo espiaban a él y a su novio, era la reacción de un exhibicionista al que le gustaba que lo miraran. Alguien que gemía exageradamente, que pedía que lo follaran más fuerte, que dejaba que la cama golpeara contra la pared, que todos se enteraran.
Jimin nunca fue tan discreto como creyó, Hoseok estaba dejando que esto pasara. Y Taehyung, el pobre y despistado Taehyung, jamás se había dado cuenta, jamás había imaginado que su novio estaba dándole un show a su hermanito.
Jeongguk se rio bajito contra la oreja de Jimin, sin detener sus embestidas brutales ni un segundo.
—Mira eso… hasta el novio de Taehyung sabe que eres una putita. —El coño de Jimin se apretó alrededor de sus dedos, las palabras afectándolo—. ¿Eso te excita, Jimin? ¿Te excita que te vean siendo la puta de tu padre?
Jimin solo pudo sollozar, el culo apretando con fuerza alrededor de la polla de Jeongguk, sabiendo que se le acercaba otro orgasmo.
Sus ojos volvieron a encontrarse con los de Hoseok, que le sonreía con esa mirada sucia y satisfecha, mientras Taehyung seguía follándolo sin enterarse de nada. Hoseok comenzó a masturbarse, siguiendo el ritmo de las embestidas de su novio. Hasta que se corrió, arqueando la espalda, gimiendo alto, derramando su semen sobre las sábanas.
Taehyung gimió, respirando agitado, enterrándose profundo en el culo de su novio, corriéndose dentro de él.
Jeongguk soltó un gruñido gutural, profundo, casi animal, que vibró contra la nuca de Jimin. Sus caderas se estrellaron una última vez con fuerza brutal contra las nalgas de su hijastro, clavando hasta el fondo su polla enorme.
—Papi se va a correr… —jadeó contra su oído, la voz ronca y posesiva—. Papi va a llenarte el culo.
El primer chorro fue tan fuerte que Jimin sintió cómo le inundaba las entrañas, espeso, abundante, caliente. Jeongguk no paró de embestir mientras se corría, gruñendo el nombre de Jimin entre dientes, cada espasmo de su polla empujando más profundo su semen, hasta que el culo de Jimin rebosaba y un hilito blanco empezó a escaparse alrededor de la base gruesa de su pene.
—Joder… tómalo todo, bebé, todo el semen de papi… —susurró Jeongguk, temblando, mientras seguía moviéndose lento, ordeñando cada gota dentro de ese ano que apretaba desesperado alrededor de él.
Solo cuando terminó, cuando su polla dejó de palpitar, Jeongguk se retiró despacio.Y entonces Jimin lo sintió todo.
Un vacío repentino y brutal. Su ano, completamente destruido, no se cerró. Quedó abierto, bostezando, rojo e hinchado. El músculo, antes tan apretado y virgen, ahora temblaba débilmente, incapaz de contraerse. Un dolor sordo y profundo le atravesaba el vientre, como si realmente lo hubieran roto por dentro… y le encantaba.
Jimin sintió un chorrito caliente bajar por su muslo: una mezcla espesa de semen blanco con un leve rastro rojizo de sangre. La prueba de que su padrastro le había roto. El pequeño hilo de sangre mezclada con semen le corría lento por la piel, goteando hasta el suelo, y Jimin no pudo evitar gemir bajito al verlo. Su ano seguía abierto, expuesto, palpitando al ritmo de su corazón, se veía obsceno, los bordes rojos e irritados. Cada vez que respiraba, el agujero se contraía apenas, pero volvía a abrirse al instante, como si su cuerpo ya hubiera aprendido a quedarse así para su padrastro.
Jeongguk pasó dos dedos por encima, rozando los bordes sensibles, y Jimin se estremeció entero.
—Mira lo que te hice, Jimin… —murmuró Jeongguk, orgulloso y oscuro—. De verdad te rompí.
Jimin solo pudo cerrar los ojos, temblando, el culo latiéndole con un dolor delicioso y el semen de su padrastro escapándose de él… sabiendo que tenía una nueva adicción.
Una adicción que solo papi podía satisfacer.