Shameless - Kookmin Omegaverse Three Shot

Summary

Jungkook ha olido algo delicioso en el bosque. No lo dejará escapar.

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1

Jimin soltó una risilla mientras Taehyung besaba su cuello en la zona específica para la marca de los Omegas.

-Sabes que ese es territorio prohibido- se aferró a su espalda con un jadeo.

El Alfa sacó el rostro de su cuello y lo miró con la ceja alzada.

-¿Tu cuello es territorio prohibido para mí pero tu culo no?

-Lo vas captando- susurró divertido. El Alfa atacó sus labios con ansias.

Taehyung lo besó hasta hacerlos impactar contra un árbol. El Alfa encerró al Omega con sus brazos y lo devoró. Jimin gimió restregándose descarado contra él.

-¿A qué esperas, maldita sea? ¿Trajiste los condones? -insistió Jimin separándolos con un chasquido húmedo de labios.

-¿Qué clase de Omega eres tú? Deja de mandar- pero su voz no sonaba enfadada sino incrédula y divertida.

-Soy el Omega con el que vas a perder la virginidad, Alfa idiota, así que el que manda aquí soy yo.

Taehyung rodó los ojos y metió las manos en los bolsillos. El Omega aprovechó para ponerse de puntillas y alcanzar su oreja con mordiscos persuasivos.

-Joder -maldijo- No están.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Pues no lo sé, Minnie, no lo sé- se separó agitado y buscó por todas partes. Su erección dolía como mil infernos pero sabía que tenía oportunidad cero de utilizarla sino era cubierta con un globito de la felicidad previamente. Jimin era un Omega en su etapa más fértil, lo que significaba peligro en letras de neón y cachorros si no se tomaban las medidas necesarias. Y Taehyung y Jimin sólo eran amigos que cuando estaban calientes tenían derechos de más, así que ninguno de los dos quería aquello.

-Por todas las lunas- refunfuñó Jimin.

-Quédate aquí ¿vale? -le miró alzando las cejas- Vuelvo a casa, le robo unos a mi padre y vuelvo.

-¿Unos? -alzó la ceja remarcando el plural.

Taehyung le guiñó el ojo.

-Qué desastre todo- lloriqueó segundos después. Su cuerpo cálido expulsando feromonas en batallón de forma inútil. Taehyung besó sus labios de forma casta y sonrió con su boca cuadrada.

-No tardo, bonito- El Alfa se sacó la ropa. Después transmutó entre los árboles hasta desaparecer en su carrera por el bosque.

Jimin se sentó en la hierba y apoyó su espalda en el tronco del árbol, apilando la ropa de Taehyung. Frustrado. Se pasó las manos por el pelo para tratar de espabilarse un poco dentro de la bruma en la que nadaba. Aturdido, rezó a la Luna porque Taehyung volviera lo antes posible antes de que se le bajara todo el calentón.

Ese idiota.

Sólo porque habían sido amigos de toda la vida le estaba haciendo el favor, y porque estaba caliente, claro, pero sino, si hubiera sido otro Alfa, le habría mandado a la mierda en el momento exacto en que no llevara condones encima.

-Sólo tenías que hacer una cosa, Alfa idiota- bufó fijando la vista en los árboles y la cálida luz que se colaba entre sus copas.

La manada estaba como a veinte minutos de donde estaban. Incluso corriendo, Taehyung tardaría demasiado para sus necesidades. Así que el Omega, caracterizado por ser un impulsivo de primera con poca paciencia que no se negaba a sus impulsos, se alzó y comenzó a andar entre los árboles. Respiró el aire puro y sonrió levemente.

Hacía un clima estupendo.

Quizás si dejaba a su lobo salir...

Aunque solo fuera unos minutos. Hacía mucho que no lo dejaba salir, también mucho que no iba al bosque, y los dos factores se juntaron dándole los motivos suficientes como para hacerlo despojarse él también de la ropa y cambiar.

Lo primero que hizo fue corretear por los alrededores, sin perder la ropa del Alfa en ningún momento, pero después decicidió ir más allá en el bosque y correr sin limitaciones. Sacó la lengua fuera, divertido, y correteó hasta que su cuerpo cayó haciendo la croqueta y se retorció en la hiebra con la panza hacia arriba. Su pecho jadeante y boca abierta en algo que podía asemejarse a una sonrisa, considerando que era un lobo, lo dejó a merced de una mirada dorada que lo observaba desde lejos.

Jimin se quedó en esa pose por mucho tiempo, disfrutando del sol cálido bañando su tripita, una tripita con múltiples pezones pequeñitos además de un miembro masculino. La tripita de un lobo Omega. Su lobo volvió a soltar feromonas inconscientemente.

Hasta que escuchó un crujido. Entoces sus orejas se pusieron en alerta y giró en la hierba para quedarse tumbado, pero con la cabeza alzada y la barriga cubierta. Su cabeza miró a todas partes con los sentidos agudizados.

No consideró ser atacado por detrás. Así que para cuando algo lo empujó por la espalda y lo obligó a rodar hasta que volvió a estar boca arriba, lo último que esperó fue encontrarse con un lobo negro como el carbón, mucho más grande que él, que lo miraba desde arriba con la mirada afilada.

Jimin se congeló. Los pechos de ambos lobos agitados.

El Omega trató de moverse, retorcerse y escapar de la jaula que sus patas azabache crearon, pero entonces el lobo sobre él mostró sus dientes y gruñó. Así que Jimin volvió a paralizarse.

Durante mucho tiempo estuvieron quietos, y el lobo sobre él sólo lo estudió.

Si hubiera querido atacar, lo hubiera hecho al principio, así que Jimin no entendía qué demonios estaba pasando.

Lo olisqueó a la vez que el lobo sobre él hizo lo mismo, y el Omega supo que era un Alfa. El Alfa con el olor más fuerte y dominante que jamás hubiera olido. Tanto, que su Omega se sintió una pulguita de nada mientras sus ojos dorados escudriñaban. Al cabo de unos segundos, el lobo bajó su hocico a su cuello y aspiró, después bufó e hizo que el pelaje caramelo de Jimin se revolviera.

Así, teniéndolo tan cerca, Jimin abrió los ojos ante la realización.

Olía a lobo, pero no a humano. A pesar de que fuera un Alfa y por tanto, un cambiaformas. Entonces ¿por qué no podía oler su parte racional?

Jimin se asustó.

Trató de removerse de nuevo, pero solo consiguió más gruñidos en respuesta y colmillos amenazantes. El Omega gruñó de vuelta, cagadito de miedo, y se escurrió como pudo de sus brazos. El otro lobo no atacó, pero tampoco se quedó quieto, y en cuanto Jimin comenzó a correr en dirección a la manada, lo siguió con sus patas mucho más ágiles y rápidas.

Por eso es que no tardó en volverlo a interceptar, hacerlo rodar en el suelo y quedar de nuevo sobre él. El Omega, por instinto, lanzó bocados al aire, y el Alfa, para evitarlos, sujetó su cuello con sus fauces. Jimin se congeló y comenzó a soltar feromonas de terror. Tenía la jodida boca del lobo alrededor de su cuello. Sus colmillos no se incrustaban, pero era una clara señal de dominación. Para que le ofreciera sumisión. Para que se rindiera.

Jimin no lo hizo, y cuando intentó salir de allí, los dientes terminaron clavándose en su cuello. Pero el Alfa no había cerrado la boca. El Omega soltó un alarido de dolor, lo que hizo que el lobo negro soltara el agarre de inmediato y le observara con los ojos muy abiertos y las orejas en punta. Las patas de Jimin lo golpearon entre lloriqueos para que se apartara.

El lobo iba a hacerlo. Iba a recular y a retirarse de encima suyo, pero antes de que pudiera hacerlo fue embestido con fuerza por otro lobo. Un lobo mucho más grande que Jimin. Otro Alfa.

Taehyung.

Ambos Alfas rodaron en el suelo. Taehyung gruñendo amenazante y lanzando mordisos. El lobo negro continuaba aturdido, por lo que reaccionó con lentitud, pero una vez sus sentidos estuvieron de nuevo en alerta, contratacó, mandando a Taehyung al suelo y lanzando gruñidos mucho más fuertes. Atacando. Mordiendo.

Jimin transmutó a humano rápidamente. Cuando lo hizo, su cuello tiró doloroso y la humedad surgía de él. Mirando hacia abajo, Jimin observó con temor la sangre escurriéndose de él.

Lo había marcado.

El lobo negro lo había marcado.

Respirando aturdido, presionó la herida en su cuello y corrió hasta ellos.

-¡Basta! ¡Suéltalo! -El lobo negro mordió su pata y Taehyung gruñó de dolor, tratando de defenderse -¡Déjalo! ¡Déjalo en paz!

El lobo negro alzó la cabeza ante la voz humana.

Taehyung aprovechó para golpearlo con sus patas traseras y sacárselo de encima. Después, cambió a humano, su rostro con la mandíbula apretada y los ojos destilando furia, y corrió por Jimin.

-Vámonos- su brazo herido tiró del de el Omega con urgencia- Vámonos, Jimin, es un lobo salvaje

-N-no, espera, es un cambiaformas- jadeó. El lobo negro gruñó poniéndose de nuevo en sus cuatro patas. Pero solo gruñía a Taehyung. Listo para abalanzarse sobre él de nuevo.

El Alfa tiró del Omega hacia atrás con tal de crear una distancia segura. Entonces el castaño se percató de algo.

-Tu cuello- jadeó- Te ha mordido. Te ha atacado.

Jimin le miró con angustia. Sabiendo todo lo que eso significaba.

Estarían enlazados a partir de ese instante.

-Hay que llevarlo a la asamblea y que lo encierren -Taehyung gruñó- ¡Cambia! -ladró hacia él amenazante- ¡Cambia, hijo de puta!

El lobo gruñó mostrando sus colmillos. Preparando su siguiente ataque.

-V-vámonos, Taehyung -Jimin musitó sin despegar sus ojos de los ojos dorados del lobo- Vámonos de aquí, por favor.

Y Taehyung, que vio el cuello sangrante del Omega, obedeció por su bien.

(...)

Esa noche, en la manada se corrió el rumor de que había un cambiaformas salvaje rondando sus tierras, sin identificarse, atacando a los Omegas y marcándolos sin su permiso. Entonces, los miembros más preparados de la manada, entre ellos Taehyung, salieron de caza y no cesaron hasta atraparlo.

-Lo encontramos- Un agitado Taehyung entró en el cuarto de Jimin.

El Omega tenía sus ojos angustiados pegados en el espejo, mirando la marca de los dientes de ese lobo en su cuello. Llevaba días de ese modo. Nostágico mientras veía esa marca impuesta en su cuello.

-¿Se sabe quién es? ¿De dónde viene? -musitó tragando saliva.

-No. Tuvieron que dejarlo inconsciente para traerlo aquí, además, cuando lo capturaron estaba en su forma animal.

Jimin giró la mirada del espejo y lo encaró sin palabras que decir.

-¿Tú estás bien? -Taehyung se acercó hasta él y trató de abarcar el rostro entre sus manos. Jimin retrocedió. La tristeza surcó el rostro de Taehyung - Minnie, sabes que yo no te haría daño.

Jimin abrió sus ojos en demasía.

-Lo sé -contestó rápidamente- No soy yo quien retrocede. Es mi Omega. No quiere que me toques.

Confesó asustado de su propio cuerpo.

-¿Qué? -Taehyung musitó-P-pero si hace menos de dos días, tú... -calló abruptamente- Es él ¿verdad? Te marcó. Ahora le perteneces.

-Pero yo no quiero pertenecerle- su voz salió en un hilito asustado y tembloroso- No sé que me pasa.

-Vamos a solucionar esto. Tranquilo, Minnie. Vamos a encontrar la solución.

Y cuando Taehyung trató de abrazarlo, su Omega gruñó. Después tapó su boca con ambas manos y lloró.

(...)

En medio de la noche, Jimin se despertó entre respiraciones agitadas y el corazón a mil.

Ayúdame.

Aquella voz se había arrastrado a lo largo de todo su sueño, un sueño extraño con un hombre sin rostro, y con un lobo sin alma. Había sido tan intensa que había terminado despertándolo. Todo agitado y sudoroso, con un tirón muy fuerte en su pecho, como si alguien hubiera atado una cuerda en su corazón y estuviera tirando de ella con ahínco en una dirección. Si Jimin cerraba los ojos y trataba de respirar de nuevo, podía sentir hacia donde le dirigía.

Los calabozos de la manada.

Su mente atolondrada no fue capaz de frenarle cuando su cuerpo lo guió hasta sus converse desgastadas, y sin nada más que ellas y su pijama, salió de su casa.

Jimin tenía sus trucos. Era un Omega pequeño y escurridizo, y si algo había aprendido durante la niñez era a colarse en todas partes de la forma más sigilosa y puñetera, de modo que nadie pudiera descubrirlo.

De ese modo, entró a los calabozos sin ser visto por los guardias. Y bajó a las celdas buscando un lobo negro.

Pero su corazón tiró hasta una celda abandonada donde había un hombre desnudo sentado en el suelo.

Los ojos de Jimin se ampliaron y su boca se secó. Era él. No había duda. Sus ojos dorados se abrieron cuando el Omega se detuvo frente a él. De un momento a otro, el Alfa se levantó y anduvo lentamente hasta los barrotes, para quedar frente al Omega. Jimin sólo pudo observar su cuerpo de arriba a abajo, desnudo, como era evidente. Con su complexión alta y ejercitada, brazos fuertes, torso definido y... Oh, por todas las lunas. Subió la mirada de inmediato.

El Omega dió un paso atrás por seguridad, con los labios entreabiertos y los ojos todavía atónitos. Su corazón había dejado de tirar de forma gentil, ahora estiraba dolorosamente para que se juntara a él.

El chico simplemente lo miró, con los ojos levemente sorprendidos, expresivos, y en silencio. Su rostro era hermoso bajo los reflejos de la luna, y Jimin dudaba de haber visto alguna vez un Alfa como él, con los ojos dorados característicos de los lobos salvajes.

Inhalando, el Omega decidió acercarse. Para que la marca en su cuello dejara de escocer, todavía sin cicatrizar y curar a pesar del paso del tiempo. Para que su corazón pudiera latir otra vez.

Quedaron cara a cara. Con sus respectivas alturas distintas y los barrotes de hierro de por medio.

Jimin se sintió bien. Por fin, después de una semana donde apenas había hablado, había comido o había salido de su cama más que para ir al baño, se sintió con toda la energía del mundo para volver a ser él.

-¿Qué me has hecho? -susurró.

El chico inclinó la cabeza. Como si no lo entendiera. Jimin pensó que tenía que ser de otras tierras, otras donde no hablaran su idioma. Otras donde fuera normal tener los ojos del bosque.

Su nariz comenzó a olisquearlo, a aspirar su fragancia dulce a Omega, sus feromonas llamativas y desconocidas para él. Para un lobo solitario. Por impulso, sacó su brazo de entre los barrotes y trató de acariciar el rostro de Jimin.

El Omega trastabilló asustado, sin dejar que se diera el contacto.

En ese momento recordó por qué estaba ahí.

-¿Por qué me marcaste? ¿Qué quieres de mí?

Yo no te marqué.

Jimin volvió a escuchar la voz en su cabeza. Mirándolo atónito, exhaló.

-Me estoy volviendo loco- jadeó sin poder apartar los ojos de esos orbes ámbar.

Se perdió en ellos, tanto, que esta vez no pudo evitar que la mano del Alfa alcanzara su rostro. Su respiración se congeló, pero ya era demasiado tarde, el chico estaba acariciándole la mejilla. Bajó su mano grande y rasposa por todo su rostro, por su mandíbula y cuello, hasta llegar a la marca y bordearla sin tocar las heridas abiertas. Jimin hizo una mueca de dolor. El chico entrecerró los ojos.

Enganchó la mano en su nuca y suavemente tiró de él hacia delante. Jimin se sujetó a los barrotes para impedirlo, pero el chico le transmitió seguridad y confianza a través del vínculo, tanta, que la sensación lo inundó haciéndole creer que eran sus propias emociones. El Omega cedió, y fue aproximado a los barrotes. Inclinando su rostro delicado, el Alfa dejó a la luz su cuello herido.

Subió su otra mano al barrote que quedaba justo frente a ellos, y aplicando una fuerza inhumana, lo dobló hasta que su cabeza pudo acceder medianamente bien al cuello.

Jimin parpadeó atónito mirando el barrote deformado.

Si ese chico tenía esa fuerza capaz de deformar barras de hierro en segundos ¿por qué no había escapado ya?

Antes de seguir pensando en aquello, el Alfa se incrustó en su cuello y lamió. Las manos del Omega se aferraron con fuerza a los barrotes.

Pero en lugar de sentir miedo o asco sintió alivio. Sintió su piel cerrarse paulatinamente, y dejar de tirar y escocer.

Porque le estaba curando.

Hasta donde Jimin sabía, los vínculos entre Alfas y Omegas se sellaban con la marca, pero esta debía ser mimada y curada los días siguientes por el Alfa para que cicatrizara del todo.

Después de aquel acto inesperado, el chico se separó, y con un leve asentimiento de cabeza, retrocedió hasta quedar de nuevo dentro de la celda. Lo miró expectante.

-¿Por qué lo hiciste? -jadeó sin aire.

Yo no te marqué.

De nuevo.

-Deja de hablar en mi cabeza- espetó más alto de la cuenta- Háblame con tu voz ¿por qué no hablas?

El chico lo miró con los ojos levemente entrecerrados, tratando de entender. Entonces se desviaron a un punto tras Jimin, su postura cambiando a una totalmente alerta y ojos serios.

Un segundo después, Jimin supo por qué.

-¡Hey! ¡Tú! ¿Quién eres?

El Omega maldijo y se giró.

-Y-yo... -

-¿Y cómo cojones has entrado? Espera, espera... ¿Tú eres el hijo de Park?

El nombrado se mordió los labios. Después inspiró y recuperó cierta valentía. Una que sentía que había perdido hacia días.

-Sí, soy yo.

-¿Se puede saber qué demonios haces aquí? -el guardia tiró de su brazo lejos de las celdas, el rostro de Jimin girándose y observando a aquel chico aferrarse a los barrotes- Este es el Alfa que te atacó.

-Lo sé.

-Esto es peligroso ¿sabes? Toda la manada se ha dejado la piel para dar con esta bestia por ti, ¿y lo único que se te ocurre es venir aquí y ponerte en peligro?

-Necesito respuestas- exhaló levemente cabreado.

-No van a haber respuestas. Este Alfa te marcó sin tu consentimiento y dejó gravemente heridos a varios miembros de la manada, casi cerca de la muerte, sabes cuál es el castigo.

-¿Lo vais a matar? -susurró con los ojos abiertos.

El guardia negó.

-Latigazos.

Jimin se giró y lo observó de nuevo. El chico parecía no tener ni idea de lo que estaban hablando. Parecía no entender. Si lo hubiera hecho, su mirada no continuaría calmada.

Dentro de él, algo se removió inquieto. Las palabras resonando en su cabeza de nuevo. Yo no te marqué. Yo no te marqué.

Y si Jimin echaba la memoria atrás, quizás. Quizás. Tenía razón. Quizás Jimin no debió moverse cuando sus dientes envolvieron su cuello, pero en primer lugar, ese Alfa no debería haberlo sometido de aquel modo tan bárbaro e instintivo.

Había sido un accidente, y ahora los dos estaban en un lazo que no comprendían.

Iban a torturar a ese Alfa.

-Ahora márchate de aquí, joder. Ni si quiera sé cómo has hecho para entrar aquí.

-Vale, lo siento.

Pero no lo sentía. En lo más mínimo.

(...)

La mañana siguiente, se dictó la sentencia, a falta de que el Alfa pudiera defenderse más que con gruñidos y el silencio.

-Tienes que venir mañana, tienes que ver que se hace justicia por ti y por todos los Omegas que han sufrido cosas así -Taehyung explicó.

Jimin miró la marca en el espejo, totalmente cerrada. Una rosada cicatriz en su lugar.

-Y si... ¿Y si fue un accidente?

Taehyung frunció el ceño.

-¿Qué?

-Yo... -suspiró frustrado- Es que creo que él no quería marcarme de verdad. Creo que fue sin querer. Yo estaba asustado y el rodeó mi cuello con sus dientes así que trate de zafarme y...

-Y te marcó. Fin de la historia. Ese Alfa ni si quiera sabe hablar, es una bestia, Jimin. Merece eso y más.

-Pero... Joder- gimoteó frustrado- Siento que estoy traicionando a mi Omega, y también a él. Siento que es... que es como un niño pequeño que no sabe lo que hace.

-¿De qué cojones estás hablando? Jimin, ¿has ido a verle?

-Y-yo... necesitaba respuestas- asintió decidido.

Taehyung se pasó las manos por el rostro. Estaba cabreado.

-¿Y no te diste cuenta de que es un salvaje? Ni si quiera sabe hablar, va desnudo por ahí como... como una bestia y lo que te hizo...-

-También podriáis haberlo vestido- resopló en respuesta. Defendiéndolo.

-¿Lo estás jodidamente defendiendo? ¿Estas escuchando lo ridículo y desagradecido que suenas?

La cabeza de Jimin dolía. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué necesitaba hacerlo?

-Déjame en paz, Taehyung.

Su amigo le miró con una mirada indescifrable.

-Por culpa de ese hijo de puta ni si quiera me dejas tocarte. Abrazarte. Nada. ¿Cuándo todo se ha vuelto una mierda tan grande? -resopló sin gracia alguna.

-Cuando me convirtió en su Omega- le miró con los ojos apenados.

-¿Y dónde demonios está mi amigo? El Jimin que conozco desde que soy un crío es un descarado, sonriente, habla y no titubea. Has cambiado. Mierda, te ha cambiado, y ¿todavía piensas que no merece la tortura? Es como si le quisieras.

-No lo quiero, lo necesito -jadeó angustiado- Es distinto. Es... Es mi Omega, se ha apoderado de mí, y sé que no soy el de siempre, joder ¿te crees que no me he dado cuenta?

-Pues vuelve, Jimin. Te necesitamos de vuelta.

Y Jimin se necesitaba de vuelta como el que más, pero eso no impidió que volviera a escaparse aquella misma noche.

El Alfa se alzó del suelo con los ojos abiertos cuando lo vió.

-Tienes que irte- musitó apresurado.

Su parte racional asesinándole por dentro por lo que estaba haciendo.

El chico sintió su agitación y urgencia, pero no entendió nada de lo que decía.

-Joder -maldijo el Omega entre dientes- A ver- inhaló- Tienes que abrir los barrotes y largarte de aquí. Quieren latigarte por lo que me hiciste.

El Alfa inclinó su cabeza y lo miró sin comprender. Así que Jimin hubo de hacérselo entender por señas. Cogió sus manos grandes a través de los barrotes, ignorando la descarga de electricidad que sintió en el proceso, y las colocó sobre los barrotes. Después estiró cada mano hacia un lado diferente.

El chico frente a él frunció el ceño pero estiró. Jimin lo animó con la cabeza y una sonrisa, el chico sonrió embobado y tiró más fuerte, comenzando a doblarlos.

-Muy bien, vamos sigue- continuó gesticulando con sonrisas de ánimo.

El chico sonrió feliz y de un estirón seco las sacó de sus anclajes en el techo y suelo.

-Joder- jadeó el Omega con los ojos desorbitados.

No había tiempo para admirar su fuerza inhumana, ni para cuestionarla. Jimin tiró de él para que saliera por el hueco recién formado y cogió su mano.

-Sígueme en silencio- luego se dijo, pero si ni si quiera sabe hablar. Pero si ni si quiera me entiende.

El chico miró el punto donde sus manos se unían y después lo miró a los ojos.

Jimin tiró de él entre los pasillos de los calabozos, y con cuidado, lentitud y paciencia, logró sacar a aquel Alfa de casi dos metros de allí sin ser vistos.

Jimin lo llevó a la entrada del bosque con urgencia y se quitó la mochila de la espalda.

Comenzó a sacar ropa grande. Empezando por una camiseta.

-Toma- el Omega se la dió mientras continuaba sacando los pantalones y boxers - No tengo zapatos para ti porque no sabía tu talla, pero tengo calcetines.

Cuando alzó la cabeza, aquel chico sujetaba la ropa como si fuera algo extraño. La olisqueó y su mueca se frunció.

Gruñendo.

-Sí, lo siento por eso, es de Taehyung. Y como se entere de que se la he robado... - el Alfa hizo por devolvérsela pero Jimin negó con la cabeza- Es para tí- le señaló.

El chico se miró a si mismo y negó. Devolviéndosela.

-No puedes ir desnudo por ahí a no ser que... Que vayas como un lobo- Jimin comprendió entonces, que ese Alfa cambiaformas había vivido más tiempo del modo animal que del humano, que quizás por eso no hablaba, que quizás por eso, aquel día, lo atacó.

Su corazón sintió empatía por él.

-Está bien- Jimin cogió de nuevo la ropa y la guardó- Pero tienes que irte de todos modos. Tienes que irte lejos de aquí.

El lobo no podía entender las palabras, pero sí podía entender las miradas y los gestos.

Podía entender la situación, mínimamente, aunque hasta ese entonces no hubiera sabido lo que significaba estar retenido, y hubiera pensado que aquella cárcel con barrotes era un hogar humano como cualquier otro. Un hogar del que no era necesario huir, pero ahora entendía que debía hacerlo.

Lo entendía por el vínculo que compartían.

El joven Alfa se acercó hasta Jimin, esta vez, sin que el Omega reculara hacia atrás pero con la mirada bien abierta y expectante. Lo siguiente que hizo el lobo, fue dirigirse a su cuello y aspirar su aroma.

Suspiró, y continuó oliéndolo. Regocijándose y embriagándose de él.

Jimin sintió sus piernas flaquear por la cercanía, porque él también podía oler su aroma a Alfa y sentirse hipnotizado por él.

El chico salió de su cuello, después lo encaró levemente, y no se le ocurrió otra cosa que lamer su mejilla.

Jimin parpadeó aturdido.

-Bien... eso es... muy lobuno- soltó una risilla.

El lobo se inclinó cuando escuchó aquel sonido celestial, sonriendo torpe.

-Los humanos se besan así- Y sin más que añadir, el Omega tiró de su rostro hacia delante y selló sus labios juntos. El cuerpo del chico se mantuvo estático, con los ojos bien abiertos. Jimin hubo de cerrarle los párpados con las yemas de sus dedos y comenzar a mover su boca contra la suya. Entonces, como si fuera un instinto primitivo, el Alfa le correspondió, perdiéndose poco a poco en el beso y aprendiendo de él. Aumentando la intensidad, el ritmo y...

Jimin se separó agitado.

-Parece que te ha gustado- soltó otra risilla ahogada.

El chico sonrió automáticamente.

El Omega suspiró sin comprender.

-¿Cómo puedes ser tan inocente después de todo?

Los ojos del lobo parpadearon con suavidad.

-Es una tontería, ni si quiera puedes entenderme -suspiró de nuevo y comenzó a empujarlo hacia el bosque. El Alfa lo miró confundido. -Tienes que irte. A un lugar seguro -gesticuló con sus manos que se marchara.

El chico asintió levemente. Pero lo que Jimin no esperó es que cogiera su mano y anduviera hacia las profundidades del bosque junto a él. Tan tranquilo.

-¡Eh! No, espera, espera- El Omega tiró en sentido contrario hasta que se soltó del ajuste- Yo no. Te tienes que ir sólo.

Trató de hacérselo entender de la mejor forma posible, y supo que lo consiguió cuando su rostro se tornó triste. En un segundo, cambió a lobo, y en otro, desapareció en las profundidades del bosque.

A cada metro más lejos, más tiraban los corazones de ambos.

(...)

La manada entró en cólera al día siguiente, al saber que aquel salvaje había escapado en sus propias narices, doblando los barrotes con una fuerza sobrehumana. Las partidas de caza se pusieron en marcha de nuevo, pero para aquellos entonces, el lobo estaba demasiado lejos. En otros bosques. En otras tierras.

Jimin podía saberlo sólo por cómo dolía su corazón. El Omega se retorció entre lloriqueos en su cama, bajo las sábanas, y apretó su pecho. Allí dentro existía un nudo que no le dejaba respirar y que no se iría con ningún medicamento, porque no era su cuerpo sino el alma la que dolía. Jimin quiso mentalizarse de que había hecho las cosas bien, lo había liberado de un castigo que probablemente no merecía, y lo había alejado de él.

Pero no estaba seguro de que esa última parte fuera la correcta.

No estaba seguro cuando su Omega lo anhelaba tanto que se pasaba las noches llorando, sin dejar que su parte humana pudiera desconectar y dormir. Habían sido días duros, días donde la urgencia de volver a verlo creció de forma exponencial, donde el ansia de verse, de tocarse, de besarse, se convirtió en una necesidad vital, tal como comer, tal como dormir.

-Jimin- Taehyung había estado ahí, a pesar de todo, pero el Omega del bajito no soportaba a otro Alfa que no fuera el del lobo- Jimin, joder, ¿qué te pasa? -su voz sonaba preocupada hasta la médula.

Porque Jimin ya no hablaba, más que para gruñir y gimotear. Su Omega se había apoderado de él.

Y debido a ello, la noche exacta en la que se cumplió un mes desde que lo ayudó a escapar, su Omega tomó forma en un lobo color caramelo y salió corriendo de casa, se adentró en los bosques y lo buscó.

Llamándolo a través del vínculo, suplicándole por verle de nuevo, sin saber que a kilómetros de allí, había un lobo negro corriendo hacia él.

Fue cuestión de tiempo que se encontraran, que se abalanzaran el uno contra el otro en sus formas animales y rodaran por el suelo, lloriqueando por el reencuentro. Que se mimaran, se olieran y reconocieran. Que sus lobos jugaran como cachorros, entre lamidas cariñosas. Jimin quedó boca arriba, mostrando su pancita y con ello sumisión, del mismo modo en el que se habían encontrado un mes atrás, sólo que ahora deseaba estar de aquel modo. El Alfa lo olisqueó, lamió su cuello donde sabía que residía la marca y se posicionó sobre él.

En ese momento, ambos cambiaron a humanos.

Los ojos dorados guardaron cada milímetro de la imagen del Omega con una mirada cruda de necesidad. No se necesitaron palabras cuando aquellos ojos le dijeron cuánto lo había anhelado.

Sin embargo, las hubieron.

-Y-yo...

Los ojos de Jimin se abrieron desmesuradamente.

-¿Sabes hablar?

-Poco- musitó torpe con la voz grave- Y-yo... aprendí.

-¿En un mes?

El chico asintió.

-Por ti.

-¿Dónde aprendiste? ¿Dónde estuviste? Yo... No sé por qué te hice separarte de mi. Fue una estupidez. Ahora estamos unidos y... - El Alfa parpadeó repetitivamente, incapaz de captar ninguna palabra -Perdón. Demasiado rápido- sonrió levemente.

-Rápido- asintió sonriendo. Esa palabra sí la conocía -Tú... ¿Lento?

-¿Que hablé más lento? -preguntó con suavidad.

El Alfa asintió.

El Omega tenía mucho que decir, mucho que demandar de él y a la vez mucho de lo que sincerarse, así que escogió el camino sencillo.

-Te extrañé -sus manos subieron a su cuello y lo acercaron lentamente.

-Beso- el Alfa se lamió los labios, preparándose, sus pupilas dilatándose.

-Sí- musitó Jimin en sus labios- Vamos a darnos un beso. Vamos a darnos muchos.

Entonces lo besó. Lo besó con hambre y una necesidad dolorosa, y recibió lo mismo a cambio. El cuerpo fuerte sobre él temblaba, y terminó por cerrar el espacio que los separaba, para terminar desparramado sobre el Omega, esta vez siendo él quién le devoraba la boca guiándose por su instinto de Alfa, quien lo tocaba por todas partes y se restregaba contra él para aliviarse. Jimin jadeó sintiéndose del mismo modo. Estaban tan ansiosos después de tanto tiempo juntos, que todo el tiempo que estuvieron besándose y friccionándose desnudos el uno contra el otro, piel con piel, compartiendo suspiros, fue suficiente para que se corrieran ahogados entre besos.

El Alfa jamás había sentido una sensación como aquella, jamás había tenido sexo ni sabía lo que era el contacto humano, cálido y reconfortante. Así que para cuando el orgasmo lo asaltó de la forma más inocente y repentina, sus oídos pitaron por la sobrecarga de sensaciones, sus ojos apretándose a la vez que sus pupilas se dilataban y caía desplomado sobre el cuerpo maleable del Omega. Sintió el remolino de placer fluyendo fuera de él y dejándolo sin energía, en un estado gozoso de satisfacción y éxtasis. Pero no solo su cuerpo sintió los estragos, también su corazón.

No supo cómo, pero comenzó a llorar en el hueco del cuello del Omega.

El nudo en el pecho de Jimin se ajustó.

-No llores -susurró conmovido.

-Y-yo nunca... -gruñó por no poder encontrar las palabras adecuadas- Siempre solo -confesó.

-A partir de hoy no, ¿vale? - Jimin lo abrazó con crudo anhelo- A partir de hoy estás conmigo. Conmigo. Dime tú nombre.

El Alfa se inclinó sobre él, sus ojos brillantes bajo la luz de la luna.

-No tengo.

El Omega se mordió los labios y pensó rápido. Colocó su pequeña mano en su pecho.

-Mmm ¿Qué te parece Jungkook? ¿Te gusta? Mi abuela siempre dijo que mi pareja se llamaría así- sonrió torpe tratando de hacer que el Alfa se sintiera mejor.

Lo único que entendió el pobre lobo, fue el nombre.

-¿Jungkook?

-Uhum ¿Te gusta?

-Me gusta. Jungkook, Jungkook, Jungkook...

Jimin sonrió enternecido.

-Te queda bien.

La gran mano del Alfa se colocó en el pecho del Omega.

-¿Tú?

-¿Mi nombre?

Jungkook asintió.

-Jimin. Me llamo Jimin.

-Jimin m-me... Me gusta más. Jimin, Jimin, Jimin, Jimin...

-Oh, vamos, me lo vas a gastar- rió.

Jungkook, de nuevo, no entendió nada de lo que le dijo, pero al verlo reír, sonrió de nuevo. Incluso se rió un poco.

-¿Te reíste? -Jimin lo miró con las cejas alzadas.

El Alfa frunció el ceño.

-Oh, te reíste. Vamos ríete más. Suena genial.

Los ojos perdidos de Jungkook no entendían.

Así que Jimin lo hizo reír, lo volteó en el suelo y comenzó a hacerle cosquillas, sacándole miles de risas como aquellas.

Y si a partir de aquella noche, quedaron todas las siguientes para verse en aquel punto escondido del bosque, para que Jimin le enseñará a hablar correctamente, regalarle ropa, llevarle las más deliciosas comidas y leerle los libros más interesantes, de todo aquello, sólo fue testigo la luna.

Y lo que comenzó como un accidente se transformó en la más inocente y dulce historia de amor entre un desvergonzado Omega que cayó por la ternura del lobo salvaje.