Prologo
Amor.
¿Una enfermedad o solo bullente publicidad?
Miles de personas afirman haber sufrido, al menos una vez, un “corazón roto”. Incluso de haber “muerto de amor”.
También miles de personas, afirman haber escuchado sobre el amor en algún medio de comunicación, publicidad, libro, música, la lista siendo infinita. Más parece un simple prototipo, brillante e idílico, creado por grandes compañías para venderlo por montones. El concepto de la palabra, amor, siendo explotada por mentes maestras para aumentar, lo obvio.
No. No el romance.
El consumismo. ¿Sino de dónde obtendrían las ganancias?
Si estás enamorado, regálale una rosa.
Si quieres sorprenderla, unos chocolates, una cena y por supuesto, el brillante anillo de compromiso si quieres casarte.
No hablemos de la boda y sus costos.
Años tras año, el negocio del amor gana millones en sus diferentes áreas, pero…
Siendo serios, ¿Qué es en verdad?
¿Es real o una mera ilusión?
WooYoung no estaba seguro. En un inicio, le parecía esperanzador e inquietante a la vez. Incluso, obligatorio. Pero luego fue trasmutando, hasta formar él mismo su propio concepto. Su propia definición del amor. Ese tipo de amor siendo lo que deseaba, porque sin eso, era igual que una cascara vacía, una brújula sin norte y sin sentido.
Si era sincero, tampoco sabría decir desde cuando esa sensación de, cascara vacía, se instaló en su ser. Solo sabía que se había formado con el tiempo. Tal vez de forma imperceptible cuando la ansiedad y el descorazonamiento lo agobiaban al no hallar lo que las publicidades y todo en general, le mostraban a manos llenas.
Encontrar el amor verdadero.
Uno que hacía que cualquier vacío, desapareciera.
Ese amor hermoso que te contaban en las películas, uno que nacía a primera vista. No importaba si al principio los protagonistas no se toleraban, porque al final el amor todo lo vencía.
Todo.
El problema, es que nadie te decía que al final del día, esas solo eran mera fantasías y las publicidades, máscaras falsas. Personas que en su vida se habían visto, pero que posaban y actuaban con brillantes sonrisas, aparentando un amor idílico, pero superficial e irreal.
Una felicidad creada para vender.
Películas. Doramas. Videos musicales. Todo creado con el fin de idealizar.
De vender amor embotellado para el consumo de ilusos.
Lo peor, es que te hacían anhelar aquello. Que eso era lo correcto. Una felicidad continua ante el amor y que sin él, tú vida estaría incompleta. Bastaba ver las películas y doramas románticos para captar en todos ellos el mismo mensaje.
Sin amor, no hay vida.
Y exactamente así es como se sentía WooYoung. Sin amor y sin vida.
Por eso mismo, es que lo buscaba.
En fin. Como decía, no sabía si esa sensación de vacío, de sentirse incompleto, se había generado por culpa de esa falsa nube que la sociedad había impuesto a su alrededor, o por el hecho de que había perdido a sus padres.
Clásico, ¿no?
Huérfano de padres. Aunque estaba con la duda si aún podía usar esa palabra.
Huérfano.
Después de todo, sus padres habían fallecido solo un par de años atrás, él estando en la universidad. Era un joven adulto para la sociedad, cuando sus padres murieron en un simple accidente de auto.
Era de noche, nevaba y era previo a fin de año. La fórmula perfecta para el desastre. Su padre pereció en la zona del accidente, su madre en el trayecto al hospital.
Para cuando él se enteró, ya no le quedaba nada. Sus padres se habían marchado en un pestañeo mostrando la vulnerabilidad de la vida y lo habían dejado solo…
El vacío impactándolo en totalidad.
Perder un padre es doloroso, pero perder dos, simplemente zamarrea tus cimientos hasta la médula. Aún lo recordaba. Perdido por la inesperada catástrofe, apenas captando el paso de los días y lo que sucedía a su alrededor. Como un autómata que no puede procesar, realizó cada uno de los procedimientos que le pidieron, asintió siempre que fue necesario y le dio la mano a quien se la extendía. Escuchaba a su alrededor palabras de pésame y tristeza, una mano sobre su hombro y algunas palabras de consuelo que solo le llegaban como un murmullo deslavado. Igual que su alma.
Al final, se quedó solo en medio del frío invernal frente la tumba de sus padres. Sus manos tiritando antes de aferrarse a su rostro y llorar, su cuerpo procesando por fin lo sucedido.
Sus padres lo amaban, se lo habían dicho y demostrado. Pero, lo habían dejado.
Esa fue la primera piedra que resquebrajó su interior, se dijo.
Una que también resquebrajó la imagen de esa publicidad barata, dejando entre ver los hilos de la dura realidad.
¿Qué tipo de amor es ese que te abandona?
¿Qué te deja destrozado?
No se sentía bonito. No lo hacía querer crecer, sino que lo mutilaba y…fue ahí que lo entendió.
Que lo que vendían las publicidades, las películas y todo a su alrededor, era falso. Que ese vacío ante la imposibilidad de encontrar pareja, era nada comparado con el vacío de perder a quien se ama.
El amor existía, sí. Pero no era idílico. No era perfecto y hermoso. Tampoco eterno.
Entendió que tenía fecha de expiración.
Completo o incompleto. Felicidad o tristeza. Lo que fuera que te hiciera vivir ese amor, no era si quiera cercano a lo que te mostraban o te querían hacer creer. No existía el “Felices para siempre”.
Podía desaparecer cuando menos te lo esperabas y destruirte de paso. Machacarte sin reparo.
Pero, también tenía algo bueno. Llenaba.
Aunque fuera temporal, por un breve periodo de tiempo, el amor te hacía sentir vivo. Completo.
Y exactamente eso es lo que decidió buscar. Su concepto de amor, mutando. Sus parámetros, cambiando.
Falto del amor y el calor de sus padres, decidió reemplazar esa ausencia. De llenar ese vacío con algo momentáneo de forma desesperada. Y teniendo en cuenta lo volátil que era el amor, WooYoung no perdió el tiempo intentando sostenerlo. De nutrirlo.
Solo exigía.
Buscaba sentirse completo una vez más y no resquebrajado. Roto.
Solo.
Comenzó buscando compañía, haciendo amigos aquí y allá, esas amistades siendo solo lazos benéficos, pero él sin querer atarse a ninguno. Si lo perdía, no quería sentir dolor. Tenía suficiente de eso con sus padres, no quería más. En cambio, solo deseaba el cariño. Aunque fuera momentáneo, era suficiente.
Pronto esas amistades lo llevaron a conocer nuevas personas, nuevos ambientes, otros como él que también buscaban cubrir sus falencias y necesidades, pero de forma temporal.
Fue por esa época que también apareció él. Con él, perdió la virginidad. Fue la última piedra que necesitó, para destruir cualquier ilusión respecto al maravilloso amor que la sociedad señalaba y en cambio reafirmar su propio concepto sobre el amor.
Poco después, dejó la universidad.
De tanto en tanto, mientras su vida avanzaba, WooYoung escuchaba un susurro. Como si una vocecita en su interior le indicara que el camino que tomaba era erróneo, pero la ignoraba. Suponía que era la muy valorada “consciencia”, que la sociedad le encantaba señalar. Desde su punto de vista, solo era una creación formada por esa colectividad exterior que te dice qué debes hacer o de otra forma no serás aceptado.
Pero WooYoung no quería ser como ellos. No quería alimentarse de esa falsedad y de sus estúpidos conceptos moralistas. Solo quería obtener lo que necesitaba, independiente de la opinión del resto y sus reglas.
Porque la sociedad nunca entendería su vacío como tampoco, el cómo llenarlo.
Así que dejando de lado cualquier indicio de “consciencia” y aprovechando el dinero que sus padres le habían heredado, se dedicó a perderse entre las calles, bares y clubes nocturnos en busca de un poco de amor.
Mejor dicho, de su concepto de amor. Exigente y sin ataduras. Realista y funcional.
Uno que se resumía limpiamente en; sexo casual.
No había chocolates, ni rosas. Mucho menos citas a la luz de las velas y anillos de compromiso. En cambio, con sus ojos oscuros como un túnel, paseaba la mirada en esos recintos en busca de alguien que estuviera igual que él. Y cuando lo encontraba, se enganchaba igual que un león a su presa.
Habilidoso y con un carisma único, WooYoung lo seducía en sus redes, en sus gestos y forma de moverse. Lo llevaba a la pista de baile, donde dejaba que su cuerpo expresara lo que deseaba y si el otro cedía a sus encantos, terminaban haciéndolo en alguna parte. Ya sea en el baño de ese lugar, en algún departamento o hasta en la oscuridad de un callejón, cuando era más osado. No le importaba ser encarcelado, tampoco el lugar, solo le interesaba tener un poco de calor.
De ese calor que emanaba al estar entre unos brazos. La efímera sensación de sentirse querido, completo, al ser follado antes de que todo terminara y la soledad tocara nuevamente a sus puertas. El breve encuentro llegando a su fin.
Pero estaba bien para él. Eso era lo que quería. Amor, y luego continuar con su vida. Sin pena. Sin nada que agrandara el agujero en su pecho.
Así que ahí estaba. Una noche más, en ese club lleno de extraños, su cuerpo meciéndose con el pulsar de la música, sus labios ya atrapados en los de la otra persona. Esta vez era alguien fuerte, los brazos musculosos que lo rodeaban, se lo decían.
En cuanto a besar…hum…no era excelente. Parecía una aspiradora.
Y hacía movimientos exagerados.
Seguro que en la cama era el típico precipitado; bruto y rápido.
No es que importara. Él solo quería sentirse amado y ya.
Terminaron metidos en el baño del local y tal como pensó, fue precipitado y rápido. Con manos nerviosas, tal vez asustado de ser descubierto, el sujeto bajó el cierre de su pantalón a todas prisas para hacerlo de una vez. Sin preparación ni actos previos, de una.
WooYoung ya estaba habituado al dolor, pero no le agradaban sus consecuencias. Era incomodo tener desgarros en la zona anal, por lo que había optado por prepararse en casa antes de salir. Así se evitaba tener que ir al médico y ver su cara de reproche cuando le explicaba el por qué.
El conocido, “me follaron duro contra el muro”, sin ser bien recibido por el personal de salud.
Así que si, volviendo al presente, el sujeto entró en él de una. Un novato. Seguramente alguien con ganas de “experimentar”, pero que al final terminará con una bonita novia. De esas que hacen aegyo para conseguir lo que quieren y dicen “oppa” todo el día de forma tierna. De bonito cabello y piel luminosamente blanca que llegaban a parecer fantasmas, para luego casarse tal como su cultura promovía.
Una cultura donde él no tenía espacio.
Pero, no le importaba. Estaba habituado a ese tipo de sujetos y desde su perspectiva eran los mejores. Al fin de al cabo eran prácticos. No lo buscarían para una segunda noche ni tampoco ilusionarían su cabeza con fantasías, diciéndole que lo suyo podía funcionar, pero había que mantenerlo en secreto. Esa última parte siendo la que más lo ponía enfermo.
La odiaba.
Cuando terminó con el sujeto, la efímera sensación de calor manteniéndose en su piel mientras terminaba de acomodar su ropa, fue que lo escuchó.
- Eso estuvo bueno – le comentó su amante temporal aún falto de aire, como si hubiera olvidado respirar después de un breve esfuerzo. En serio, breve.
- Si, lo estuvo – respondió conciso.
- Deberíamos repetirlo
Y ahí fue cuando WooYoung dejó de poner atención al botón de su pantalón, sus ojos negros subiendo hasta encontrarse con ese sujeto que ni su nombre sabía.
- ¿Repetirlo? – sonrió torcido – Claro. Cuando quieras
Y sin decir más, salió de ese cubículo claustrofóbico antes de empezar a sentir que a él también le faltaba el aire. Sin mirar hacia atrás o esperar respuesta de “músculos”, caminó por entre la sudorosa multitud que bailaba al ritmo de alguna canción moderna. Empujando más de una vez, logró salir totalmente del club nocturno.
Respirando con dificultad, sentía que su estómago se contraía.
- ¡Estúpido! – espetó con rabia – Solo tenías un trabajo y lo arruinaste – continuó, su odio dirigiéndose a ese sujeto.
WooYoung no quería repeticiones.
Él no quería ser utilizado, sino que él era quien debía utilizar.
Pasándose las manos por la cara, intentó tranquilizarse. No era la primera vez que le sucedía, pero a veces perdía el control de sí mismo. Hastiado, decidió regresar a su casa temprano, el humor teniéndolo tan negro como la noche.
Con paso normal, caminó de regreso a su departamento. Generalmente regresaba cerca de la madrugada, pero ahora no eran más que la una y algo. Bufó.
Él era un noctambulo, le gustaba vivir al máximo la noche para no tener que vivir en el día. El sol era energía y simplemente él no la deseaba. Le quemaba los ojos al igual que remecía sus recuerdos y le hacía querer volver a mezclarse con ese tumulto de personas que caminaban por las aceras bajo su luz. De dejarse acariciar una vez más por ese calor ambiguo.
Pero WooYoung no quería regresar a ese mundo lleno de mentiras e hipocresía. Prefería sus noches oscuras y vacías como él, que eran llenadas por cuerpos ajenos hasta un poco antes de que el sol saliera. Esa era la vida que había elegido, una donde se sentía cómodo.
Porque ahí no había mentiras, solo era sexo, directo y sin ataduras.
Sin un estúpido slogan de “Felices para siempre”.
Cuando llegó a su departamento, se duchó. No quería tener un segundo más la estúpida esencia de ese sujeto en su interior, lo asqueaba al igual que su dueño.
Con eso listo pasó a recostarse en su cama, sus ojos sin siquiera recaer en el caos que era su alrededor ni que el cuarto destilaba polvo y suciedad. Él no recaía en esas cosas banales, simplemente se fijaba qué podía servirle a él y punto.
Y mientras se quedaba tirado ahí, sus ojos cerrándose poco a poco, comenzó a imaginar.
Hace un tiempo atrás le había sucedido también, que había tenido que llegar antes a su casa, el enojo embargándolo. Se había enfurecido por no poder hacer lo que quería y seguir toda la noche, otro sujeto distinto habiendo arruinado su velada. Ni siquiera recordaba por qué lo había molestado tanto, solo que la ira le había consumido las energías y había terminado quedándose dormido, despatarrado sobre su cama.
Fue con la mente confundida y sus ganas de querer tener un buen polvo, cuando lo soñó. Un sueño erótico de lo más real, donde tuvo la mejor follada que podía recordar. Fue tan real, que hasta sintió que un verdadero cuerpo estaba sobre el suyo, llenándolo, la sensación siendo tan placentera que parecía que estuviera viviéndola.
Lo mejor de todo, el vacío se vio aplacado.
Es por eso que ahora se encontraba tirado en su cama, intentando rememorar esa noche. De obligar a su mente de tener un sueño similar, con nuevos toques de su cosecha personal. No tenía idea de cómo funcionaban los sueños, pero si sus imaginaciones podían traerle de vuelta esa fantasía erótica tan completa y real, entonces imaginaría hasta el cansancio con tal de traerla.
En algún punto, WooYoung se quedó dormido, su mano quedando sobre su entrepierna después de intentar traer algo de realismo a sus pensamientos.
No fue hasta que cayó en sueño profundo que, se hizo realidad.
De entre las sombras una figura estilizada y oscura emergió para acechar su lecho.
Un íncubo.
Sonriendo de lado, el demonio vio a su indefensa y dispuesta víctima.
De cabello negro y ojos de mismo color, HongJoong era un demonio que vivía de alimentarse de las fantasías sexuales de los humanos mientras estos dormían desprotegidos de sus acciones. Este humano en especial, llamando su atención.
Ya lo había probado una vez. Su entrega siendo completa desde el principio, sin dudas. Tampoco se sintió mortificado por sus acciones después de que lo había visitado. Es más, ahora lo volvía a llamar.
Si era sincero, habías varios que buscaban repetirse el plato de un buen sueño erótico, pero la diferencia es que este último humano lo pedía con tal ansia, que llegaba a ser desesperado. Y eso le gustaba.
De alma oscura y lujuriosa, HongJoong pasó a inclinarse sobre el cuerpo que parecía listo para recibirlo. Sus poderes apenas fueron necesarios para conectar con esa mente y llevarlo a ese estado de sonambulismo, donde sus movimientos eran consecuentes a su imaginación y sueño. Tomando el papel que le correspondía, HongJoong dejó que esos gruesos labios lo capturaran, él besándolo de regreso mientras se acomodaba sobre este y empezaba a recorrerlo.
Recorrer ese cuerpo listo para el pecado.
Y él, alimentándose de su energía.