Génesis 0

All Rights Reserved ©

Summary

"Y dijo Dios: Que se haga la luz" Y se hizo la luz... ¿Qué sucedió en aquel momento donde todo era bueno y de repente no lo fue? ¿Qué es el pecado?, ¿Es la mera palabra que todos conocemos o es algo más? Descúbrelo en este humilde relato.

Status
Complete
Chapters
11
Rating
5.0 1 review
Age Rating
13+

Capítulo 1: Dones

Lo primero que Dios creó fue la luz, y con ella aquel cielo que daría hospedaje a seres celestiales que le ayudarían en su labor.

Él se había dado cuenta de un pequeño detalle que podría perjudicar su creación, y en lo que la luz disipó las tinieblas, ésta intentó revelarse para retomar los lugares que en aquel entonces le habían pertenecido.

Mientras la luz abundara y las tinieblas no tocaran nada, todo estaba bien, ¿Pero qué pasaría si éstas lograban hacerse con su creación?

Es muy obvio que Dios pensó en eso, por eso creó a sus ángeles.

Cada uno con un rol distinto, todos con grandes virtudes que ayudaban a mantener el equilibrio en el cielo.

Creó pequeñas moradas donde pudieran dormir, hermosos jardines con flores, grandes bosques con árboles frutales habitados por animales, un vasto río de agua dulce con peces, y montañas que delimitaran aquel paraíso.

7 pequeños angelitos jugaban y corrían por todo el lugar, explorando cada cosa y descubriendo sus poderes. Cada uno tenía un don distinto.

Dios los creó como niños para que preservaran su inocencia, amaran con todo y se maravillaran de lo que hacía, eran pequeños seres que vivirían por la eternidad cuidando lo que Él les había otorgado. Fue ese paraíso lo segundo que Dios creó.

—Todo es muy bonito —Habló uno de los angelitos que caminaba por los jardines y admiraba las flores y las mariposas que revoloteaban entre ellas—. Gracias, Padre.

—¡Acabo de encontrar una cascada de agua pura, Miguel! —Otro angelito llegó corriendo desde el norte, eran casi idénticos los dos—. ¡Es muy bonita! ¡Tienes que verla!

—Voy —Miguel rio al ver a su hermano tan emocionado—. Ya voy.

—¿Estás mirando las mariposas? —Preguntó éste mientras se le acercaba. Ambos vestían una túnica blanca y llevaban unos zapatos similares a unas botas de color blanco. Miguel asintió—. Allá también hay, y una de ellas tiene las alas azules con diseños negros, son muy bonitas.

—¿En serio? —Eso sin duda llamó su atención. Sus ojos plateados brillaron con intensidad—. ¡Yo quiero verlas!

—Ven —Su hermano le agarró la muñeca y lo llevó a aquella cascada de agua bendita.

Había más variedad de mariposas y otros insectos, eran muy bonitos y después de tomar un poco de agua regresaban a las plantas.

—El agua de aquí es fresca —Habló aquel angelito mientras juntaba sus manos y las metía en la caída del agua para tomar un poco—. Deberías probarla.

—Dame un minuto, Gabriel —Miguel observaba curioso el revoloteo de una libélula—. Todo lo que hace nuestro Padre es tan hermoso, ¿Verdad que sí? —Preguntó con una sonrisa.

—Sí, pero yo quiero que pruebes el agua —Ambos hermanos tenían intereses distintos.

Escucharon el sonido de arbustos y de éstos salió otro ángel con más similitudes a Miguel. Estaba persiguiendo un conejo.

—¡Ven aquí! —Logró atrapar al conejo pero en el intento se cayó en el pasto—. ¡Ay! —Luego se dio cuenta de que no era el único en el lugar—. Hola chicos.

—¿Y ahora qué te hizo ese conejo para que le prives de su libertad? —Preguntó Miguel, curioso.

—Nada, es sólo que me gusta —Aquel angelito le sonrió mientras se sentaba en la grama y se colocaba al conejo en las piernas—. Es suavecito y muy peludo —Lo tocaba con cuidado y parecía emocionarse al hacerlo—. Le voy a poner Pelusa.

—Oye, Raguel, ¿Quieres probar el agua fresca de la cascada? —Preguntó Gabriel.

—Quisiera pero si lo suelto se me va a escapar —Habló, jugueteando con el conejo.

—¿Me pregunto qué estarán haciendo los demás? —Comentó Miguel mientras pensaba—. Padre dijo que cada uno de nosotros tenemos un don, ¿Ya lo descubrieron?

—Nop —Habló Raguel.

—Yo aún no —Negó Gabriel en un tono tímido.

—Yo tampoco, ¿Pero creen que sea algo grande?, ¿Algo muy sorprendente?

—Puede que sea sencillo también —Habló Gabriel—. Tal vez mi don es cuidar de la cascada.

—No creo que eso sea un don...

—¡Chicos! —Un grito interrumpió su conversación—. ¡Vengan a ver esto!, ¡Descubrí algo increíble!

—Bueno, veamos qué descubrió Sariel —Habló Miguel, llamándolos con un ademán.

—Y al final no bebiste agua de la cascada —Comentó Gabriel, haciendo un puchero.

—Lo siento, lo haré pronto, ¿Sí?, te lo prometo.

—Está bien —Gabriel sonrió y los tres se dirigieron a donde estaba Sariel.

Éste estaba sentado en la arena y había buscado agua con la cáscara de alguna fruta seca, que hacía las veces de un bol, ellos llegaron y él inmediatamente les sonrió.

—Miren lo que descubrí —Habló, amontonando la arena en una montañita y echándole agua—. Si mezclas agua con tierra se forma esto —Empezó a amasar y se hizo barro—. Parece una masa pegajosa, ¡Es genial!

—La verdad no sabía eso —Habló Raguel, observando el barro con sorpresa mientras sujetaba aún su conejo—. ¿Tú lo sabías, Pelusa?

—Creo que tampoco sabes que los conejos no hablan —Comentó Gabriel—. Ellos son muy silenciosos.

—Ya lo sé pero deben tener una forma de comunicarse entre ellos.

—Todos pueden comunicarse —Habló otro ángel que llegó a ver lo que hacía Sariel—. Hasta las plantas.

—¿En serio? —Ahora los cuatro miraban con duda a su otro hermano—. ¿Estás seguro, Rafa?

—Claro que sí, Padre me lo dijo y si Padre dice algo, es así —Todos asintieron al ver el comentario de su hermano Rafael.

—¿Viste mi nuevo invento? —Preguntó Sariel a su hermano.

—También le puedes sacar tinta a las flores —Habló Rafael, agarrando una flor de color rojo y pidiendo permiso a la planta para arrancarla—. Si agarras varias de éstas y las mueles, sacan color rojo que sirve para hacer trazos.

—¡Yo quiero! —Sariel se emocionó y fue corriendo a agarrar más flores—. Permiso, plantita, voy a tomar varias flores—. Le habló a la planta y tomó varias flores rojas que llevó a una mesa para hacer lo que dijo Rafael.

—Se nota que estuviste investigando bastante —Habló Miguel. Rafael asintió.

—De hecho, descubrí cuál es mi don —Eso sin duda sorprendió a los allí presentes.

—¿¡Y cuál es!? —Preguntó Gabriel con mucha emoción.

Rafael puso sus manos en la tierra he hizo crecer varias plantas, eso los sorprendió más a todos.

—No es el único que descubrió cuál es su don —Otro ángel se les acercó y observó lo que hizo Rafael—. El mío es un tanto peculiar.

—¿Y cuál es, Luz? —Preguntó Miguel, acercándose a su hermano.

—Éste —Sus manos empezaron a brillar con intensidad y todos se asombraron más—. Le hago honor a mi nombre —Sonrió con inocencia mientras dejaba de irradiar luz—. Creo que Padre nos dio una pista en nuestros nombres.

—Ehh... Rafael es...

—Medicina de Dios —Completó Luzbel. Miguel asintió.

—Entonces hace plantas medicinales —Habló Miguel, pensando en ello—. ¿Y tú, Raguel?

—No sé, ¿Amigo de Dios?, pero ese es un don raro —Comentó.

—Gabriel es... Fortaleza de Dios, ¿No?

—O sea, ¿Que soy fuerte? —Gabriel se miraba ambos brazos con duda—. Pero si soy el más chiquito de todos.

—Yo soy mandamiento de Dios —Habló Sariel desde su lugar—. ¿Qué significa eso?

—¿Que Dios te manda? —Comentó Luzbel en broma, echándose a reír. Sariel lo miró con seriedad, haciendo un puchero—. No sé, pero tiene que ver con mandar —Luego miró a Miguel—. ¿Y tú eres...?

—¿Quién como Dios? —Habló Miguel, no entendiendo qué significaba su nombre—. Ese también es un nombre extraño, ¿Qué creen que signifique?

—Creo que es una alabanza a Dios, o una defensa, no sé —Habló Rafael al pensarlo mejor—. Es como decir que Dios es el mejor y no hay nadie como Él, tal vez seas su defensor.

—Pero Dios es poderoso, ¿Para qué querría que una humilde creación le defendiera?, Él lo puede todo.

—Por algo Padre hace las cosas —Habló Luz, alzando los hombros—. En su momento te será revelado.

—Está bien, supongo que tendré que esperar —Luego recordó otra cosa—. ¿Y Remiel?

Y como si lo hubiesen invocado, el pequeño Remiel llegó corriendo al lugar, acababa de bajar la montaña y se veía cansado.

—¡Chicos! —Se detuvo, inclinándose hacia adelante para respirar mientras apoyaba sus manos de ambas piernas—. Chicos..., acabo de ver algo..., algo... espeluznante.

—¿Qué cosa? —Preguntó Miguel, sorprendido y sintiendo la tensión de sus hermanos por causa de la noticia.

—Es un humo negro, es enorme y quiere entrar pero la luz se lo impide, parece una masa negra peligrosa que quiere atacar y da miedo —Aquello los dejó desconcertados, así que decidieron ir a ver de qué se trataba—. Está después de la montaña, pareciera contenido pero se ve tan oscuro que podría entrar en cualquier momento.

Todos se acercaron con cuidado, y evidentemente, ahí lo vieron, una espesa nube negra que daba miedo, parecía contener electricidad que fluía al moverse y tenía vida propia. Esa cosa daba miedo.

—¿Qué creen que pase si esa cosa toca la creación de Padre? —Preguntó Gabriel, sintiendo que la respuesta no sería algo bueno—. O... ¿Si nos toca?

—Es mejor no averiguarlo —Habló Miguel, observando cómo aquella masa gris se movía con insistencia, queriendo pasar la frontera—. Podría ser peligroso... —Vio cómo un pedazo de oscuridad se movió velozmente hacia Gabriel y aquello lo asustó—. ¡Ten cuidado!

Miguel iba a ayudarlo pero Luzbel se le adelantó, lo jaló de la túnica y con su otra mano irradió luz que alejó a aquella masa como si dicha iluminación le hiciera daño. Se alejó bastante de la frontera.

Su mano se fue apagando mientras procesaba lo que acababa de hacer.

—Tu don es para mantener alejada esa oscuridad —Habló Gabriel, bastante emocionado—. Gracias por salvarme, hermano —Le sonrió.

—Ten más cuidado la próxima vez —Habló Miguel, acercándose a ambos—. ¿Estás bien, Luzbel?

—Sí, aunque... es... raro, simplemente reaccioné, no lo pensé —Habló, mirando su mano mientras intentaba salir del pequeño shock en que se encontraba.

—Eso de seguro fue obra del Espíritu Santo, tal vez te impulsó a ayudar a Gabriel.

—Es verdad, tienes razón —Luz se quedó más tranquilo y luego miró a Gabriel—. Vamos a ponerte a salvo, nada de volverse a acercar a esa niebla oscura.

—¿Me pregunto qué será?, Padre no nos habló de eso —Comentó Sariel.

—Se llama tiniebla, ya le pregunté —Habló Rafa con una sonrisa—. Y dice que hay que estar lejos de ella —Luego miró a Luzbel—. Y tú eres el encargado de mantenerla a raya para proteger su creación, por eso irradias luz, eres un ángel de luz.

—Suena a mucha responsabilidad pero haré mi mejor esfuerzo —Habló Luzbel, sintiendo un poco de nervios por ahora entender que su trabajo era el más peligroso de momento—. Pero necesitaré ayuda, esa es demasiada tiniebla, ¿Y si no logro contenerla toda?

—Padre dice que te enviará un compañero que te ayude con el trabajo —Habló Rafael. Luz asintió.

—Está bien —Luego miró al cielo—. Gracias Padre, te haré sentir muy orgulloso protegiendo a mis hermanos.

Su oración fue escuchada y una brisa cálida les abrazó a todos, Dios no podía estar más orgulloso de sus hijos.

Ese era el inicio del día cero de la creación.