Turbid Heartbreak

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Summary

Unai es un preadolescente de 12 años que vive con su familia en su casa. Va a un instituto en las afueras de la ciudad, apenas a un kilómetro de su casa. Su padre se divorció y su madre lleva deprimida desde entonces. Se las tenían que apañar en aquella época tan dura. No obstante, Unai consigue una reliquia que le hace muy poderoso, sin embargo, es maldecido mortalmente y le suceden sucesos paranormales. No puede sobrevivir sin ayuda. ======================================= Historia completa (✔️) Historia original (✔️) Trabajando aún en la historia (⛔)

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Más allá

La profesora Tresgolv estaba sentada en su silla con los ojos en el monitor. Hacía por lo menos cinco minutos que no hablaba. Al fin Tresgolv se levantó, se dirigió a la pizarra y apuntó la tarea para el próximo día. No habló, solo escribo en la pizarra. -Estos son los deberes para mañana incluido el siete.-. Los alumnos se quejaron y sacaron sus agendas. Nada más sentarse, se escuchó a Miriam la directora hablando por el micrófono. Decía que los profesores acudieran al despacho. Tresgolv fue sin dirigir ni una sola palabra. A los tres segundos que la profesora abrió la puerta y se fue la clase empezó a parecer un concierto estrépito. Los alumnos se levantaban de sus sitios y da igual que sus amigos estuviesen en la otra esquina de la clase que ellos iban igualmente. Yo no era uno de esos, que se levantan y van ha hablar con sus amigos siete segundos que es lo que tarda en venir otro profesor y entrar en la clase. Igual era porque no tenía amigos, o porque nadie la hacia caso. Había gente asomada en la puerta hacia el pasillo para vigilar si venía Tresgolv. Los que estaban asomados entraron a clase corriendo hacia sus sitios y todo el mundo sabía que eso significaba que Tresgolv estaba viniendo. Abrió la puerta, fue al medio de la pizarra y nos dijo: -Hay una charla interesante en el aula 14, en cinco minutos tenemos que estar allí.-. Se levantaron todos y se dieron en dirección al aula 14. Yo no sabía dónde estaba dicha aula, pero con seguir al resto me guiaba. Llegamos a una habitación con cinco mesas de comedor y unos bancos a casa lado de la mesa. Los más rápidos se sentaron en la primera mesa, y yo, yo me senté en la última de todas. Estaba vacía, sin gente. Vino una señora con pelo morado rizado y se sentó en la silla del ordenador. Vestía con una sudadera azul marina y un abrigo desabrochado azul oscuro. Pantalones de vaquero y la zapatillas eran negras, totalmente negras. Encendió el proyector que colgaba del techo. Se veía un PowerPoint en la pizarra. Ponía "EL MÁS ALLÁ". Se levantó la señora y se presentó. 


-Me llamo Lola- No tuvo respuesta alguna. -He venido ha hablaros del más allá, de situaciones paranormales, de cosas que nadie creería jamás, pero tengo pruebas. Estaba señalando el proyector y se fue al ordenador rápido. Pasó la diapositiva. Había fotos que parecían editadas por el Photoshop o también personajes del Mortal Kombat. Dijo que eran totalmente reales. Nadie le creyó como era de esperar. Yo tampoco le creí. Parecía muy motivada, y calmada. Parecía un oráculo. Volvió a levantarse y dijo que esas fotos las hizo ella en el inframundo. Alguien interrumpió la clase diciendo: -Y como se puede entrar en el inframundo.-. La señora se quedó callada pensando. A los cinco segundos por fin respondió. -No es fácil...-. Nadie la entendía. Porque hacer una charla de algo que era una ida de olla. También habló de unas reliquias. Unas reliquias que te daban suficiente poder como para satisfacer todo lo que el amo deseara. Se llamaban las reliquias del óbito. También mencionó que el miedo de apoderaba de ti el cuanto entrabas en el inframundo. Lola puso una foto de las reliquias del óbito. Eran como diamantes morados moldeados con formas extrañas. -Estas son las reliquias del óbito, que cuyo amo tendrá dichos poderes que mencionamos anteriormente.-. Tocó la sirena y todos salieron de aquella aburrida clase incluyéndome a mi. Pero antes de salir, pregunté a Lola dónde se podían encontrar las reliquias. Ella me respondió diciéndome que se hallaban en sitios oscuros o que dentro de poco lo serán. -¿Como que sitios oscuros?-, le pregunté a lo que yo estaba empezando a creer que era una pirada. -No lo sé.-. Le di la espalda y me fui sin despedirme. Estaba loca, nadie sabía porque el colegio pudo dejar que una loca haga una charla sobre el inframundo. Busqué a mis compañeros en el recreo y allí estaban, en la misma esquina de siempre. Me acerqué a ellos lo suficiente para escuchar lo que hablaban ya que no me dejaban estar con ellos. -La Lola está loca, como puede respirar y hablar a la vez.-, -No, creo que de hecho al hablar no respiraba.-. Se escuchaban risas de fondo y me di la vuelta. Vi a un niño bajo y rubio que me estaba mirando fijamente. En cuanto hicimos contacto visual el niño se fue corriendo asustado. Yo no le di importancia. Faltaban aún cinco minutos para que tocara el timbre, pero yo me metí sin mirar la hora. Solo iba al baño, pero había un problema: No sabía dónde ir. Nunca había ido al baño, no sabía dónde estaba, o por donde era, solo que estaba dentro del edificio. Tampoco sabía dónde estaba ni jefatura ni orientación, así que me tocaba buscar. Fui a lo largo de un pasillo en la planta baja y no encontré absolutamente nada. Sin embargo, anduve un poco más y me encontré un paquete de unas cuatro pulgadas que parecía ligero. Yo sin pensarlo fui a llevarlo a objetos perdidos pero tampoco sabía dónde era. Justo sonó la sirena y todos entraron de golpe por lo que no pude ir a objetos perdidos. Llegue a clase y esperé a la profesora. Entraron los del grupo del recreo muy cabreados. El cabecilla me miró fijamente y se acercó a mí. -Me han dicho que nos has estado espiando, ¿verdad?, idiota.-. Me levanté con rabia y le miré fijamente. Él me empujó con una fuerza suficiente para que perdiera el equilibrio.


Me caí al suelo y él se rió a carcajadas de mi. -Deja de contratar a tus novias locas para que nos den charlas de mierda.-. Me levanté con una rabia sobrehumana y justo antes de poderle meter el puñetazo que se merecía se asomó una profesora preocupada y comento: ¡Que hacéis aquí, no veis el humo. Salir de aquí inmediatamente!

Salí del aula lo más rápido que pude, me asomé al pasillo y efectivamente había unas llamaradas de fuego impresionantes. Yo no esperé a nadie, solo salí del edificio sano y salvo. Mis padres vinieron a recogerme como todos los padres hicieron. Me monté en el coche y nos fuimos a mi casa. Preferí no mencionar lo que ocurrió ya que mis padres se pondrían hechos una furia. Llegamos a casa y me dijeron que mi tía Sara iba a venir. Nos quería enseñar su mascota nueva porque le hacía ilusión. Me fui a mi habitación y reflexioné. Me acordé en ese momento del paquete que me encontré que al final no lo llevé a objetos perdidos. Decidí abrirlo para ver lo que era, pero justo cuando lo iba a abrir sonó el timbre de la puerta de mi casa. Mis padres abrieron la puerta y me llamaron para que fuera. Fui y vi el nuevo gato de Sara. No era especial, o sea que era un simple gato. Justo cuando me dijo mi tía que podía tocar al gato note una sensación que nunca lo había hecho. Era como de alegría pero rabia a la vez. No le di importancia si solo pasaba una vez y decidí tocar al gato. Era suave, más suave de lo que un gato lo suele ser. La tía Sara dijo que su hijo no pudo venir porque estaba enfermo. Después de un rato, Sara se fue y yo volví a intentar abrir el paquete. Conseguí abrirlo pero dentro había otro paquete aún más pequeño. Este era más difícil de abrir. Lo conseguí y de nuevo había otro paquete. Este parecía el último, ya que nada podía ser más pequeño que eso. Este no lo puede abrir así que decidí coger las tijeras y abrirlo pero tampoco funcionó. Era imposible de abrir. Era como el hierro. Le eche un poco de agua pero no sé mojaba, resbalaban las gotas como si fuese un impermeable. No sabía que era esa cosa. Tenía una idea loca pero pendiente que era quemarlo. Era mi última esperanza y por eso fui directo a por el mechero. Lo cogí, lo encendí y observé cómo no pasaba absolutamente nada. Ya no se me ocurría nada, por lo que no tenía ninguna esperanza. Quería abrirlo que todas mis fuerzas pero era imposible. Lo dejé, tiré la toalla. Me lleve el paquete y me fui a comer. Pasó el día y me fui a la cama a dormir. Me desperté y ya era de día, parecía que solo había pasado media hora. El colegio estaba abierto. No podía ser, como va a estar abierto si estaba en llamas. Tuve que ir por obligación pero tenía curiosidad para ver lo que pasó. Llegamos en coche y mis padres se disculparon porque a la vuelta tenía que ir en pie a casa. Yo me acerqué al insti para ver cómo estaba y parecía que ningún incendio ocurrió en la escuela. Fui a clase y ya estaban algunos de los alumnos. Faltaban algunos. El día fue normal, clases aburridas, recreo solitario, etc. Llegó la última clase que se pasó lenta como todas y por fin tocó la sirena. Me alegré mucho ya que el día se me estaba haciendo larguísimo. Salí y esperé a que mis padres me recogieran. A los cinco minutos recordé que no iban a venir a si que fui rumbo a mi casa. Al ir para allá vi una calle muy extraña que nunca la había visto en mi vida. No hacían coches, no habían personas, no había ruido. Los carteles donde ponen las calles estaba arrancados. Los callejones estaban demasiado oscuros. Era como si estuviese en el infierno. Lo mismo que dijo Lola, el miedo de apodera de ti. Me acordé de la charla y le costó pero al fin recordó qué respondió Lola. -En los sitios oscuros, por mucho que no lo parezca, por mucho que haya el silencio más silencioso que jamás hayas escuchado, no estás solo. Empezé a creer en ella y decidí salir lo más rápido que pude de aquella calle. Estaba escapando pero resultaba que la calle nunca cambiaba, por más que corría la calle era exactamente igual a la de antes. No podía hacer nada, estaba en un lío. Investigué la calle para ver si realmente había alguien más pero no encontré nada ni nadie. Opte por la opción más popular de salir de sitios peligrosos. Pedir ayuda. Grité con todas mis fuerzas, lo grité alto a más no poder. No hubo respuesta. Me estaba desesperando. No sabía que hacer. 


¡¡EL MÓVIL!!

El móvil lo llevaba encima, solo faltaba rezar para que funcionara bien. Tuve suerte y el móvil funcionaba muy bien. Fui a llamar a mis padres pero no contestaron. Los llamé cuatro veces y no cogieron. Llamé a Sara pero tampoco respondió. Estaba muy preocupado. Porque no contestaban. ¿Les pasaba algo a ellos e me lo pasaba a mí? ¿Porque yo? Digamos que no era que tuviera mucha suerte pero tan poca para que me metiera en este averno. ¿Y ahora como salía yo de ahí? No sabía que hacer, no sabía porque no sabía dónde estaba pero cualquier sitio que no fuese ese sería mejor como el instituto. Prefería estar en el instituto veinte horas a estar en aquel sitio durante cinco minutos. Al menos en el insti estaba a salvo. Empecé a escuchar un ruido grave de algo comenzó hacia mi con mucha velocidad. Me di le vuelta y no me pude creer lo que vi.