─⊱⋅📘El mesero. ⚠️⋅⊰─
Me encontraba aburrida en mi habitación, contacté a mis amigas por mensaje para vernos. Lo bueno de todo es que ninguna tenía algún pendiente que hacer, así que quedamos en vernos en un restaurante en un punto medio. Cenaríamos para divertirnos un poco y hablar sobre cómo nos había ido en los últimos días, ya que habíamos perdido un poco de contacto entre nosotras.
Me duché, cambié y arreglé en un tiempo considerable. El restaurante al que iríamos y elegimos era algo elegante, así que me puse un vestido negro hasta la altura de mis muslos con un bolso que hacía juego con mi vestimenta.
Llegué en taxi una vez lo pedí por celular, bajé y caminé hacia la entrada. Empujé la puerta para abrir y poder entrar, cosa que un tipo de estatura media se acercó a mí.
—Buenas noches señorita. ¿En qué le puedo servir? ¿Tiene alguna reservación?— dijo amablemente.
—Si, a nombre de...— le dije el nombre de mi amiga, ya que me había enviado un mensaje diciendo que había reservado una mesa para nosotras por teléfono mucho antes de reunirnos.
El chico revisó en una lista el nombre, para revisar que esté en reservación dicha mesa.
—Con mucho gusto la llevo. Por favor, sígame.— mencionó mientras empezaba a caminar en dirección al lugar reservado.
Habían muchas mesas donde se encontraban parejas, grupos de amigos, familias y demás. Se miraba todo adornado y atractivo a la vista de mis ojos. Se podía escuchar que había música de fondo a un tono bajo y suave para darle ambiente al lugar.
El chico se acercó a una mesa al lado de una ventana grande, daba vista hacia el jardín del restaurante cosa que se miraba la luna de la noche.
—Esta es su mesa señorita. ¿Gusta algo de beber?— preguntó mientras sacaba su pequeña libreta y un bolígrafo.
Me senté en una silla y puse mi bolso a un lado mío.
—Me gustaría una copa de vino, por favor.— respondí amablemente. El chico apuntó lo que le pedí.
—Bien. En unos minutos se lo traigo. ¿Algo más? ¿Desea que le entregue el menú?
—No, aún no. Esperaré a que lleguen mis amigas.
Dicho esto el chico asintió y se retiró. Al cabo de corto periodo de tiempo el mesero llegó con la copa y el vino, lo puso en mi mesa y se retiró. Esperé unos minutos más y mis amigas se dejaron ver en la entrada que mientras sonreían se acercaban, me saludaron de beso y se sentaron alrededor de la mesa.
Empezábamos a platicar y beber un poco, reíamos de las cosas que nos han pasado en todo este largo tiempo. Sí que las extrañaba.
—Pidamos algo de comer.— comentó una de ellas.
—Tienes razón. Sólo hemos estado tomando vino, nos dará algo aquí.— mencionó la otra. Me reí por su comentario.
—Está bien. Llamaré a un mesero.— dije mirando a mi alrededor en busca de uno que esté desocupado.
A lo lejos observé a un hombre demasiado alto. Estaba de espaldas pero algo en particular captó mi atención; su cabello era blanco y un poco largo, no pasaba de sus orejas. Parecía secar algunos vasos ya que podía escuchar unos leves ruidos de vidrio chocar.
Me levanté y caminé en dirección a él, claramente no iba a gritarle desde lejos pues sería grosero de mi parte. Cuando me acerqué lo suficiente con mi dedo índice le di algunos toquecitos leves para llamar su atención.
Aquel hombre volteó hacia mí y me miró; sus ojos eran azules claros, sus pestañas blancas como su cabello, nariz respingada, labios finos y ligeramente rosados, su tez blanca ligeramente bronceada. Me quedé un poco sorprendida que no pude hablar primero.
—Buenas noches damisela. ¿Necesita algo?— preguntó con una pequeña sonrisa de lado.
—Buenas... Disculpe, mis amigas y yo queremos ordenar algo, p..pero no encontramos algún mesero que esté disponible para anotar nuestros pedidos. ¿Podrías llamar a uno para que pueda atendernos? Si no es mucha molestia.— tartamudeé un poco. Me puso nerviosa, más que nada su sonrisa. Chasqueó y sonrió aún más, dejando los vasos de vidrio que estaba secando.
—Yo puedo hacerlo.— respondió.
—Gracias...— susurré a medida que asentía con mi cabeza.
Me dirigí hacia donde se ubicaban mis amigas. El hombre albino me siguió hasta que me senté y mis amigas vieron hacia el mesero.
Éste les entregó algunos menús que tenía en su mantel cosa que a mí también. Mientras me lo daba, me lanzó una mirada algo sugerente que daba a entender algo en particular. Tomé el menú nerviosa, este hombre estaba parecía hacerlo a propósito.
—Volveré dentro de diez minutos para que puedan decidir bien. En caso de que sepan antes lo que van a ordenar, llámenme en voz alta hacia aquella dirección.— apuntó hacia donde estaba hace un momento. —Vendré en seguida a tomar su orden.— dijo.
Las chicas y yo asentimos. Antes de que el albino se retirara, llamé su atención.
—Disculpa. ¿Cuál es tu nombre?
—Satoru Gojo.— me guiñó el ojo y se retiró. Mis amigas no se dieron cuenta pues ellas veían el menú que él les entregó.
Estuvimos decidiendo y leyendo cada nombre como también sus ingredientes de los platillos del restaurante, cosa que nos tomó algo de tiempo ya que todo se miraba muy delicioso. Después del tiempo determinado que el albino nos dio, llegó sosteniendo en manos su pequeña libreta y bolígrafo en manos.
—Y bien... ¿Ya saben que ordenarán?— preguntó con una ceja blanquecina alzada.
Cada una ordenó algo diferente, el contrario sólo apuntaba todo de manera rápida. Nunca había visto a alguien mover los dedos o manos de esa manera.Éste notó que me quedé viendo fijamente sus dedos, como si supiera lo que pensaba, habló mirándome a los ojos directamente.
—Cuando quieras puedes pedir.
Parecía que su mención fue en doble sentido pues tenía su ceja alzada moviendo sus dedos en pequeños toques contra su libreta, a lo que me sonrojé y aclaré mi garganta. Le di mi orden y se fue riendo levemente, mis amigas voltearon a verme.
—¿Viste eso? Ese chico te está llamando ________.— me apuntó mi amiga.
—Estoy segura que esta noche no te dejará ir.— habló otra de ellas.
—¡Qué pena chicas! Ningún hombre me había coqueteado de esa manera.— mis mejillas se tornaron un poco rosas, sentía que empezaban a arder.
—Siempre hay una primera vez.— contestó otra amiga tomando un poco de su vino. Tenía razón a decir verdad.
Llegó con nuestros pedidos en una bandeja negra que sostenía con una mano, en el dorso del mismo se acentuaban sus venas. Los colocó en la mesa cada uno con cuidado de no derramar nada.
—Qué tengan buen provecho chicas.— dicho esto volvió a retirarse.
Mientras comía sentía que alguien me observaba, ignoré el sentimiento pero no por mucho tiempo pues comenzó a incomodarme. Busqué con la mirada de donde provenía esa sensación y ahí estaba viéndome a medida que secaba ahora los platos de vidrio. Cuando me encontré con su mirada éste sonrió; dirigí mi mirada hacia mi plato, tomé un sorbo de vino para pasarme los nervios que se estaban acumulando en mi garganta y me relajé.
Terminé de cenar, junté los cubiertos que utilicé y los coloqué en el plato, junto con las servilletas para así darle facilidad de recoger las cosas.
Satoru llegó con la bandeja grande y empezó a tomar los platos. Tenía las mangas de su camisa blanca dobladas hasta el antebrazo dejando ver esa parte de sus músculos con venas. Realmente sí que era atractivo.Antes de retirarse me dio una última mirada y como si fuese alguna señal discreta, deslizó su dedo en mi antebrazo, dándome a entender que lo siguiera. Me sobresalté un poco debido a lo imprevisto que fue más no tan pronunciado ante los demás, ni siquiera mis amigas lo notaron.
Me eché una pequeña menta a la boca que saqué de mi bolso para así desaparecer el mal olor. Rápidamente se deshizo y en mi cavidad bucal quedó un aroma fresco.
—Chicas, en un momento regreso. Iré al baño.— dije levantándome y tomando mi bolso. Ellas asintieron y continuaron con lo suyo. No me incomodaba pues lo que menos quería era que supieran iba a tener un encuentro ahí mismo con un mesero.
Fui en dirección a donde había ido el de ojos azules, lo miré entrar a una puerta algo lejos por un pasillo. Parecía un comedor donde los trabajadores podían comer en su tiempo libre, así que entré algo indecisa y éste cerró la puerta de manera rápida que ni siquiera lo había notado cerca. Colocó el seguro a la perilla y me tomó de la cintura pegándome a él, acercando sus labios a mi oído.
—Eres jodidamente hermosa. ¿Lo sabías?— susurró.
No respondí sino tiré mi bolsa por un lado, agarré entre mis manos el cuello de su camisa y lo acerqué a mis labios, juntándolos con los míos. Se sentían suaves, me había provocado casi desde que llegué al restaurante por lo que no iba a desaprovechar que lo tenía enfrente de mí.
Mientras nos besábamos Satoru bajó sus manos hasta mi trasero subiendo mi falda y masajeándolo, a lo que me hizo gemir interrumpiendo el beso.
—Alguien está muy caliente de más.
—Es tu culpa.— respondí.
Esta vez llevó sus besos a mi cuello, mordiéndolo y lamiéndolo que a su paso dejaba pequeñas marcas ligeras. No me quedaría atrás por lo que desabroché su camisa hasta la mitad, dejando al descubierto un poco de su hombro y pecho. Teniendo la oportunidad de colocar mis labios en dicha piel expuesta dejé besos húmedos y mordisqueé, también generándole marcas pero más pronunciadas. Sonreí por mi cometido.
—¿A caso quieres dejarme en claro que soy tuyo?— preguntó riéndose un poco al ver lo que había hecho. Asentí con una sonrisa juguetona.
Bajé mis manos a su pantalón y lo desabroché, arrodillándome para lo que iba a hacer a continuación. Primero masajeé por encima de su ropa interior; su erección estaba muy marcada y se notaba una pequeña mancha oscura debido a su pre semen. Satoru mordió su labio al verme de rodillas.
—Maldición... Cómo te gusta jugar conmigo.— habló con su respiración agitada.
—Tú mismo te lo buscaste por provocarme.— contesté mientras jugaba con el elástico de su bóxer negro.
Tomó mi mano bruscamente y lo apartó levemente para sacar su miembro, dejándolo libre ante mi rostro. Sin soltar mi mano lo puso en su falo, dándome entender que quería que lo masturbara. Con una sonrisa socarrona lo tomé aún mejor y empecé a masajearlo de arriba hacia abajo.
Sin dejar de hacer lo anterior acerqué mi boca a su punta para lamer el líquido viscoso, cosa que el albino cerró los ojos e hizo su cabeza hacia atrás disfrutando de la sensación placentera que le daba.
Metí su miembro a mi boca de sorpresa, a lo que rápido abrió sus ojos y me miró soltando un gemido algo alto que con el dorso de su mano tapó. Miré sus ojos celestes mientras mi cabeza iba de atrás hacia adelante, mi lengua pasaba por la parte de abajo en su frenillo.
Satoru puso su mano en mi cabeza sin despeinarme haciendo que su erección entrara más en mi boca, generándome algunas unas arcadas pues sentí su glande golpear la parte superior contra la garganta.
—Se siente tan bien tu boca.— mencionó entre jadeos.
Succioné y moví mi cabeza más rápido, mis ojos lagrimeaban por evitar más reflejos nauseabundos. Lo saqué y engullí un poco para lograr respirar, aquella cosa era grande, difícil de manejar pero no imposible para mí. De repente el de ojos celestes me agarró del brazo y me levantó, deteniendo lo que hacía.
—Esto es mutuo.
Me sentó en una mesa de madera que estaba a un lado de nosotros, abrió mis piernas y acercó su rostro inclinándose a la altura de ellas. Sus ojos fueron a los míos junto a una sonrisa pícara, por lo que me sonrojé un poco debido a que mis muslos no eran tan delgados a comparación de otras chicas.
—Lindas piernas... Me gustan mucho.— dijo acariciándolas. Notó mi pena y eso me avergonzaba un poco más puesto que me hacía sentir nerviosa.
Mi respiración se agitó cuando sus finos labios daban pequeños lengüetazos y mordidas a mis muslos, eso hacía que mi espalda se arqueara levemente y jadeara.
Poco a poco se iba acercando a mi intimidad que con su dedo hizo a un lado mi braga para mirar mis pliegues. Sentí que temblé un poco por su mirada penetrante antes de colocar su cabeza entre mis piernas y adentrarse para saborearme.
Gemí al sentir su tibio tacto, la lengua iba en todas las direcciones que estimulaban de mi clítoris con precisión. Me abrí más para darle mayor acceso, besaba y succionaba del botón torturándome de placer que mi centro se calentó al sentir dos dedos dentro de mi interior.
—Ahhh...— gemí al sentirlo bombearme.—Estás tan mojada para mí.— musitó recargando su cabeza a un costado de mi muslo mientras sus dedos entraban y salían de mí sin parar.
Los fluidos chapoteaban y tenía razón, comenzaba a humedecerme más de lo que alguna vez llegué a hacerlo con otro hombre. Satoru regresó sus labios a mi clítoris para succionarlo, sintiendo un cosquilleo en mi abdomen por lo que significaba que venía mi orgasmo.
—M..Me voy a venir.— dije entre gemidos. No podía aguantar el placer de los movimientos de sus dedos y lengua al mismo tiempo en mi zona sensible.
El albino sacó sus dedos y dio un último beso a mi centro. Se irguió y acercó su miembro al botón hinchado, haciendo se rozaran entre sí.
—Ahhh... Por favor... Métela.— apreté la orilla de la mesa por lo excitada que estaba.
—Mmmhh... No lo sé.— mencionó jugueteando. Al parecer percibió mi necesidad y se estaba aprovechando de ella.
Continuando su movimiento de miembro contra clítoris, bajó mi escote para sacar mis pechos y acercar sus labios, lamiéndolos con lentitud. Hice mi cabeza hacia atrás gimiendo pues me hacía sentir todo al mismo tiempo.
—Demonios...— logré decir entre gemidos. Besaba y mordía ligeramente mis pechos, se turnaba para darle a cada uno su debida atención. Hacía que perdiera la paciencia.
Lo tomé de sus cabellos blancos y lo jalé para que me mirara.
—Satoru...— gemí su nombre ya que seguía rozándose contra mí. Me miró con esos ojos celestes claros como el mismo cielo. —Ahí en mi bolso tengo un preservativo.— generé una señal con mi mirada. Se alejó un poco de mí para poder tomar mi bolso que se encontraba en el suelo y luego me lo entregó.
Busqué entre mis cosas y cuando lo sentí pude dárselo. Este se lo colocó y en poco tiempo alineó su miembro en mi entrada, sosteniendo mi braga por un lado para que no se interpusiera. Llevé mis manos a sus hombros para poder sostenerme puesto que presentía arremetería con fuerza conforme pasase el tiempo. Miré aquellos ojos que me hipnotizaron en seguida para darnos miradas embelesadas.
—Si te lastimo me lo haces saber. Me detendré en seguida.— comentó, haciéndome sentir segura y a su vez cómoda.
Asentí y mientras hacía aquello, entró despacio sintiendo toda su longitud. Abrí mis labios para dejar salir un gemido bajo que inclusive mis piernas volvieron a temblar de placer. Debido a eso lo apegué a mí abrazándolo y este tomándome de la cintura para sostenerme, penetrándome sin detenerse.
—Ahhh...— gemí en su oído.
Nuestras pieles chocaban entre sí, generando un sonido particular más no tan alto puesto que sabíamos los dos habían clientes y demás fuera de aquel comedor. Podrían escucharnos e interrumpirnos, cosa que no queríamos.
Empezó a moverse cada vez más rápido, clavando mis uñas en su espalda. Había metido una mano por el cuello de su camisa medio abierta y la otra lo abrazaba desde afuera. Se logró escuchar que la mesa chocaba un poco contra la pared más no nos importó ya que, cada vez sus embestidas eran más certeras dando al punto exacto dentro de mi interior. Como consecuencia de ello mis gemidos eran incontrolables.
Sentir su miembro dentro de mi bombear como nunca antes en mi vida me hizo sacar unas pequeñas lágrimas por la excitación y adrenalina, todo a mi alrededor desapareció, sólo éramos él y yo en ese momento. Besé sus labios con deseo a lo que éste respondió metiendo su lengua en mi boca; ambos movíamos nuestros húmedos músculos creando un duelo.
Pasé una mano a su nuca, enredando sus cabellos blanquecinos entre mis dedos, jalando un poco de ellos para mirarlo a los ojos. Mientras me penetraba y observaba, masajeó mi botón con sus dedos largos.
—Ahhh...— lloriqueé. El conjunto de placer era máxima en ese momento.
Satoru gruñó al sentir cómo lo apretaba. Sus embestidas fueron más profundas y debido a ello me tomó del cuello ahorcándome un poco, acercándose.
—Dime... ¿Te dejaré correrte?— preguntó. Gemí por aquel acto tan degradante que me excitaba.—Respóndeme cuando te haga una pregunta.— me dio un fuerte azoto en mi glúteo, haciendo que me sobresaltara un poco y gimiera.
—Ahhh... Sí, hazlo.— contesté entre gemidos.
—Sí. ¿Qué?— volvió a azotarme.
—H..Haz que me corra. —hablé. Abrí mis labios para dejar salir un gemido, pero éste aprovechó para escupir dentro de mi boca, tragándomelo.
—¿Te lo mereces?— cuestionó y de nuevo recibí un azoto.
Su mano aún estaba en mi cuello, aún seguía ahorcándome, pero también no era demasiado fuerte como para asfixiarme. Volví a sentir ese cosquilleo en mi vientre.
—Contesta o no te lo permitiré y me iré, dejándote a medias.— dijo bajando sus embestidas a más lentas y profundas.
—Si lo merezco.— murmuré, recibiendo un azote fuerte.
—Respuesta incorrecta.— sonrió ladinamente.
—Maldición...— gemí sintiendo los iris de mis ojos irse a la parte interna de mi cabeza.
No sabía que responder pues no podía pensar con claridad, hasta que con la poca fuerza y valentía hablé.
—No lo merezco. Eres demasiado para mí, esos hermosos ojos celestes me hacen sentir en el cielo. No merezco que alguien como me haga correrme.
Quería que lo elogiara, entonces eso obtendría si me daría lo que yo quiero de él.
No me importaba mirarme como una mujer urgida por una buena follada.
Satoru salió de mí, me bajó de la mesa y rápidamente me cambio de posición. Hizo que me recostara en dicho lugar, quedando mis pechos contra la madera. Volvió a entrar cuando tomó de mi cabello y lo jaló.
—Ahhh joder...— tensé mi mandíbula para evitar no gemir más alto.
—Qué apretada te pusiste, mmmhh...
Mis gemidos fueron más seguidos, las sensación de ser sometida me estaba encantando. El albino se acercó a mi oído y susurró algo.
—Gime mi nombre.
—Ahh Satoru...
—Así me gusta.— se alejó gestionando una sonrisa de victoria. Ya no podía más, sentía muy cerca el orgasmo.
—Satoru ahhh... Me voy a venir.— le hice saber entre jadeos.
—Hazlo corazón.— ordenó. Dicho esto solté mis fluidos, a lo que mis piernas temblaron resintiendo las oleadas de placer.
Dio unas embestidas más y también se vino, quedándonos por unos minutos quietos para poder tranquilizarnos y que nuestras respiraciones se regularan. Él tenia una ligera capa de sudor en su frente y pecho al igual que yo. Salió de mí para retirarse el preservativo, tirándolo al cesto de basura envuelto en papel para que nadie se diera cuenta de lo que pasó.
Me ofreció de lo mismo para poder limpiarme los fluidos, terminando de hacer aquello me arregle un poco el vestido y acomodé mi braga para tomar mi bolso. Saqué un espejo y poder retocar mi maquillaje, Satoru se acomodaba su vestimenta y secaba su cabello alborotándolo con una mano. Cuando me logré ver lo mejor posible metí las cosas y me dirigí a la salida pero el de ojos celestes me tomó del brazo, deteniéndome.
—Espera.
—¿Pasa algo?— pregunté algo confundida, mirándolo al rostro con mi ceño fruncido.
—¿Nos volveremos a ver?— alzó una ceja. Deduje que disfrutó de lo bien que lo pasamos.
—Si tú quieres, sí.— contesté, realmente si quiera volver a verlo.
—Bien, entonces toma mi numero.— sacó su libreta y con su bolígrafo apuntó su número, arrancando el trozo de papel para entregármelo.
—Yo te llamo.— dije saliendo de ahí y reunirme con mis amigas.
Haría como que nada sucedió en aquel comedor con ese mesero.









ai need this man 😔
Me imagino que la mujer debe ser Lola Lolita.