El bosque de Yohualli

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Summary

Una criatura desconocida aterroriza el pueblo desde hace siglos, hasta que una joven bruja decide que es hora de enfrentarse con ella… ¿pero está lista para ver a la cara a su peor enemigo?

Genre
Fantasy/Other
Author
Sofía
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

El bosque de Yohualli

Mi pueblo está acostumbrado a vivir con miedo.

En Mazamitla, tenemos un bosque enorme y hermoso que lleva el mismo nombre, sin embargo, cuando yo era niña me gustaba llamarlo el bosque de las tinieblas. Principalmente porque cada vez que miraba por mi ventana por las noches juraba ver una enorme sombra moverse entre los arboles.

Habían innumerables leyendas sobre lo que había en este bosque y cada una era peor que la otra. Aunque todas implicaban a una criatura en específico; se decía era enorme y tenía grandes colmillos los cuales usaba para desgarrarte la garganta antes de que pudieras gritar para pedir ayuda, también que era tan rápido que no podías verlo venir.

Aunque no creía que fuera un monstruo tan despiadado si dejaba ir con vida a muchos cazadores. Mismos cazadores que se encargaron de contar sus experiencias, las cuales se convirtieron en historias y luego en leyendas. Algunos lo llaman Yohualli, porque solo aparece cuando el sol se oculta.

Sabía que pasear fuera de mi casa una vez que anochecía no era seguro, y nunca en toda mi vida había desobedecido esta regla.

Pero esta noche el bosque me pide a gritos que me adentre a buscar a ese monstruo. Por fin estoy lista para dejar de tenerle miedo, y si bien no lo encuentro, podría regresar a casa con la frente en alto y un par de hiervas en mi bolsillo.

Abro la puerta de mi casa y escucho como la madera de los escalones rechina debajo de mis pies descalzos. La noche no es tan fría como otras veces, y ya todos en el pueblo están dentro de sus casas.

Mazamitla lleva su nombre por los muchos cazadores que viven aquí, siempre atormentando a los pobres venados que andan por el bosque.

Todos ellos arriesgan sus vidas para traernos alimento, pero ninguno ha podido realmente enfrentar al monstruo que lleva acechando por siglos a nuestro pueblo. Hombres grandes y fuertes han sido asesinados sin piedad por la criatura, pero tal vez he llegado a un punto de la locura donde algo me dice que una simple bruja como yo podría enfrentarse a lo que nos había atemorizado por generaciones.

Amarro el pequeño bolso de manta a mi cadera, acomodo mejor el xicuri que cubre mi cabeza y tomo una vela antes de salir de casa.

Cada paso que me adentro al bosque todo se vuelve más oscuro, la vela apenas logra iluminar lo que tengo al enfrente y mis sentidos están tan alerta que incluso los sonidos de los insectos me parecen ensordecedores.

Aún así no puedo encontrarle nada aterrador a este bosque, es el mismo que puedo ver desde la ventana de mi casa o mientras ando por el pueblo durante el día. Estar entre la naturaleza incluso me resulta tranquilizante.

Hasta que una corriente de aire apaga mi vela. Y lo que sea que la provocara terminó empujándome contra un árbol.

—¿Qué haz venido a hacer aquí, bruja?

La voz de la criatura me recordaba al eco que hacía el cuerno que usamos en mi pueblo al danzar y hacer música para los dioses.

—Algo me ha llamado a venir— respondo poniéndome de pie.

Apenas lo hago siento como su mano se coloca en mi garganta haciendo presión contra el suelo.

Lo tengo frente a mí, y a pesar de que se parece a lo que tanto describían, no me provoca miedo.

Tiene forma humana; aunque su piel es de un negro tan brillante que casi puedo verme reflejada. Es mucho más grande que cualquier persona que he conocido, y sus ojos son blancos, tal como cuando quedan así provocado por una ceguera.

Pero sé que puede verme.

Analiza cada parte de mi rostro con atención y una vez que termina de hacerlo, abre su enorme boca mostrándome al fin esos colmillos que tanto había escuchado en leyendas.

No tengo escapatoria, su mano me mantiene pegada contra el suelo y si intento liberarme no dudaría en comerme. Debería sentir miedo, pero no es así.

—¿Quién eres? Dime tu nombre— pregunta.

—Yoltzin.

Mi respuesta parece haber enfurecido a la criatura, ya que abre su gran boca y suelta un horrible rugido justo frente a mi rostro.

—¡Mientes!—su voz es gélida, y derrochaba enojo.

—¿Entonces cual es crees que es mi nombre?

Quita su mano de mi cuello y se mueve hacia atrás dándome espacio suficiente para incorporarme. Una vez que estoy de pie, puedo ver como sigue merodeando dando vueltas a mi alrededor.

Siento que está revisando cada parte de mí, como si pudiera encontrar un punto débil o ver mi pasado con tan solo analizarme.

—Tú corazón cambia de ritmo cuando mientes— gruñe—. No quieras mentirme a mi, bruja.

—Yo no miento. Mi nombre es Yoltzin, pero si prefieres usar la palabra bruja para referirte a mi, puedes hacerlo.

Me dedico a verlo mejor, y noto que su cuerpo es del mismo color negro brillante, a excepción por las marcas color plata que asemejan cicatrices.

Están por todo su cuerpo, pero más de ellas concentradas en la zona del pecho y cuello.

—Lo preguntaré solo una vez más,¿qué haz venido a hacer aquí?

—Vine a ayudarte.

—Eres una niña, y yo tengo siglos rondando por este mundo. ¿Qué podrías saber que yo no?

Le sonrío—¿Cómo te llamas?

Mi pregunta parece enfurecerlo ya que corre hasta quedar frente a mí, y por un segundo me pierdo mirando sus ojos. Su piel negra brillante comenzó a volverse morena igual que la mía. De pronto ya no es tan alto, sino que sus ojos están a la altura de los míos, y su color había cambiado a marrón en algún segundo que me permití parpadear.

Me dediqué a analizar cada parte del nuevo aspecto de la criatura.

Sus cejas ahora son delgadas, tiene ojos pequeños y una nariz aguileña. Además, de su cuello van colgando diversos collares de chaquira, y trae puesto un vestido blanco lleno de bordados, el cual cubre hasta encima de sus tobillos, y luego estaban sus pies descalzos.

Soy yo.

—Me llamo Yoltzin— dice el monstruo.

Escuchar su voz me hace recordar que en realidad no soy yo a quien puedo ver. Es tan solo un reflejo… una ilusión.

—¿Cuantos años tienes, bruja?— me pregunta al quedarme en silencio.

Sigo sorprendida por su repentino cambio de forma, ninguna leyenda hablaba sobre eso.

¿Por qué ahora decide cambiar frente a mí?

—Los suficientes.

Gruñe de nuevo—No más de dieciocho. ¿Por qué crees que puedes saber más que una criatura que a rondado la tierra por más tiempo del que tu pueblo ha estado aquí?

—Ambos somos seres eternos— respondo segura— Tenemos la misma edad, pero tu has estado aquí fisicamente más tiempo que yo.

Ríe— Tú no tienes idea de lo que es ser como yo.

—No, pero si no me lo cuentas ahora tendré otra vida para descubrirlo.

—¿Qué sabes tú de la vida? Solo pasas tus días en el pueblo al igual que todos. Siempre han tenido miedo de enfrentarme, incluso ahora a tanta distancia de ellos puedo oler el miedo.

—¿Estas segura que es mi miedo, Yoltzin?— pregunto llamándola como se presentó— ¿Hasta cuando vas a pretender que tú y yo somos seres distintos?

No me responde.

—Vine aquí porque cada noche me pides que lo haga— me acerco y pongo mi mano sobre su hombro—. Me pediste a gritos que te liberara. Ya puedes dejar de atormentarnos.

Cierro mis ojos cuando escucho como gruñe. Pero no siento miedo, nunca lo hice y no lo haré ahora.

Cuando abro mis ojos estoy de nuevo en mi casa, sentada en el suelo y con la vela de protección frente a mi.

Supongo que he liberado a mi mente de las tinieblas hasta nuevo aviso.








5 julio 2021



*Yoltzin: Alma

*Yohualli: Tinieblas/Oscuridad/Noche