Slowly, History Omegaverse Larry Stylinson

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Summary

Historia Omegaverse, Harry Alfa/ Louis Omega. Harry pierde de una triste manera a su familia. De alguna manera, el destino lo lleva a una ciudad lejana, donde conocerá a un bello omega. Son muy distintos, uno muy pausado, el otro más divertido. ¿Podrán complementarse?

Status
Complete
Chapters
14
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+


Jamás imaginó que su existencia daría un vuelco tan grande. Hace unos días, su vida era monótona y aburrida a los ojos de los demás; pero tenía a su familia, una casa acogedora y, sobre todo, tranquilidad.

Era el primogénito alfa de una familia de diplomáticos, por lo que había viajado mucho desde niño, y eso lo llevó a hablar perfectamente, además de su lengua madre, francés, italiano, portugués y algo de japonés. Era increíblemente culto, porque le gustaba mucho estudiar y por eso tenía ya dos títulos universitarios a su haber. Uno de economía y otro de física cuántica. Había empezado con su postulación a la carrera de finanzas, cuando todo sucedió.

Ese día, su chofer lo llevó a la Universidad de Oxford para hacer algunos trámites. Era muy atractivo, le gustaba cuidar su figura con ejercicio y buena alimentación, vestir bien y todas esas cosas, pero lo hacía por él. Las miradas de hombres y mujeres, alfas y omegas lo escaneaban de pies a cabeza sin lograr perturbar la seriedad en su rostro. Era muy formal, con modales refinados, una voz tranquila y grave, un acento quizás un poco extraño, pero muy agradable de escuchar.

Estaba saliendo de ese lugar cuando recibió una extraña llamada de su padre, quien le pedía encarecidamente subir al auto y dejarse conducir a algún lugar desconocido. El camino parecía no terminar nunca, no podía ver por donde lo llevaban. Sólo sabía que los vidrios del auto estaban pintados de negro, iba a toda velocidad, y el chofer que él conocía iba de copiloto de alguien más. Hicieron una parada donde lo obligaron a cambiarse de ropa y de vehículo, por uno más pequeño e igual de misterioso que conducía un hombre canoso de mirada triste.

Un par de horas después, lo dejaron solo, en medio de un cruce de avenidas, con una pequeña mochila y un poco de dinero. Se llevaron sus documentos, su teléfono y cualquier cosa que pudiera ayudarlo a identificarse. Estaba tremendamente asustado, su olor a cedro se sentía denso y amargo. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba? ¿Qué haría solo en un lugar desconocido? ¿Dónde pasaría la noche?

Demasiadas preguntas, ninguna respuesta. Evaluó sus opciones, revisó la mochila, contó el dinero, recorrió el lugar. El clima estaba agradable, incluso para dormir al aire libre si es que se ponía una chaqueta. La soledad del sitio daba escalofríos, no había a quien preguntar o donde comprar un té. Caminó unos diez minutos, hasta llegar a una plaza muy bonita, rodeada de casonas hermosas, antiguas, con pequeños jardines muy bien cuidados. Una zona tranquila, silenciosa, acogedora.

Con un nudo en la garganta se sentó en una de las bancas. Recordó los últimos días con su familia y se dio cuenta de que había notado a sus padres muy nerviosos, sobre todo después de recibir una carta sin remitente. Eran una familia que siempre se mantuvo lejos de los escándalos y de los problemas, eran muy privados y cuidadosos, no tenían enemigos. O eso pensaba el alfa.

Poco a poco comenzó a cerrar sus ojos. Pero antes de dormirse en esa posición, se puso una chaqueta gruesa, un gorro y usó su mochila de almohada. No estaba cómodo, pero podría ser peor y esperaba que el nuevo día trajera algunas respuestas.

Y así fue. Despertó sintiendo frío y con su cuerpo adolorido. Se estiró, tomó su mochila y comenzó a caminar despacio, tratando de memorizar el lugar, y de no alejarse. Afuera de una de las casas vio un diario tirado en el piso.

Al ver la portada pensó que podría morir:

Matrimonio de diplomáticos y sus dos hijas mueren acribillados camino al aeropuerto.

Dos fotos en blanco y negro. Una de sus padres y sus hermanas, la otra del estado el automóvil después de recibir 34 impactos de bala. Supo que sus padres habían sido amenazados por una célula terrorista que tuvo problemas de intereses hace muchos años con sus abuelos, y decidieron vengarse. Comenzó a llorar cuando entendió que ahora sí estaba solo, que en cosa de horas perdió a su base, a su estabilidad, a su familia, a su tranquilidad. Lloró amargamente por varios minutos pensando en que ya nunca más podría abrazar a su amada madre, ni recibir los consejos maravillosos de su padre o que ya no escucharía las risas juguetonas de sus hermanas al hacer alguna travesura, a pesar de ya no ser niñas.

No más viajes, ni más cenas ni confidencias, nada. Le robaron su presente y su futuro de una manera espantosa. Como pudo, siguió leyendo: se habían activado todos los protocolos de alerta para poder capturar a los responsables, y se le solicitaba a él, Harry Styles, mantenerse bajo perfil mientras se encontraba a los asesinos.

Por eso lo habían llevado hasta allá, hasta Dover, una localidad costera muy alejada del ruido de las grandes ciudades. Todo empezaba a cobrar sentido, pero era una situación horrible, que le había marchitado el corazón en apenas unos segundos. Guardó el periódico en su mochila, y se secó las lágrimas. Encontró un pequeño negocio, que tenía un té muy rico, y unas masas dulces deliciosas. Comió con ganas, porque tenía mucha hambre y no sabía cuántas veces más podría hacerlo. Encontrar a quienes habían asesinado a su familia podía ser muy demoroso y tenía que mantenerse con vida.

Compró unos panes y un jugo de fruta para guardar para más tarde, y se devolvió a su banca. Estaba sentado con sus pensamientos como única compañía, cuando sintió un extraño aroma. Buscó alrededor, a quien pudiera ser el o la dueña, y lo que vio le rompió un poco el corazón y también lo hizo enfurecer.

Un omega precioso siendo arrastrado por un alfa hasta hacerlo entrar en una de las hermosas casas. Era la más bonita, sus paredes eran de un lila pálido y su jardín tenía flores de muchos colores. Alcanzó a escuchar como el alfa le decía al omega que era una zorra y que por eso, jamás serían novios.

Una sensación extraña quedó en él. ¿Debió intervenir? ¿Debería ir a preguntar a la casa donde entraron? No, era una mala idea y podría meter en más problemas al chico de hermoso pelo liso y castaño. Quizás tuviera otra oportunidad de verlo, y podría acercarse y tal vez, ofrecer su ayuda.

Ya era hora de almuerzo cuando la realidad en forma de hambre lo golpeó. Tuvo que orinar en medio de unos arbustos en la plaza, y se sentía sucio y desaseado. Necesitaba bañarse y cambiar su ropa, pero era algo imposible en ese momento y apestaba.

Comió la mitad de uno de los panes y bebió unos sorbos de jugo. El resto de la tarde la pasó caminando, dando vueltas, mirando y grabándose cada calle y pasaje de la pequeña ciudad. Miró el mar, y recordó a su único novio, a quien dejó de ver hace tres años.

Lo conoció en un viaje a India, era hijo de unos comerciantes y coincidieron en una recepción que se hizo para recibir al embajador de no recuerda qué país, y apenas se vieron supieron que podrían tener algo a pesar de no ser destinados. Les quedó más que claro cuando después de seis meses saliendo, Harry lo había mordido y al día siguiente la marca había desaparecido. Eso no los detuvo, pensaban que podían engañar al destino y seguir juntos pese a que no les gustaba lo mismo y tenían opiniones diametralmente opuestas en temas importantes como la familia y los hijos. Pero insistieron hasta que terminaron hiriéndose y dejándose hastiados de sus presencias.

Era un alfa poco común, lo sabía, y a veces dolía. Nunca fue posesivo, agresivo o intenso con sus emociones. Era calmado, prudente y se podría decir, aburrido ante los ojos de los demás. Intentaba hacer siempre lo correcto y nada lo sacaba de su idea de hacer las cosas como correspondían. Su sueño era tener una familia pequeña, una vida tranquila, ser proveedor de estabilidad y trabajar por ello. Sin embargo, ninguno de los omegas que conoció parecían interesados en un futuro tan monótono.

Cuando se dio cuenta, ya había oscurecido. Caminó a paso lento hasta su lugar en la plaza, y comió la mitad el pan que había dejado, y tomó un poco más de jugo. Después se acomodó en la misma posición de la noche anterior, y se durmió.

Despertó sobresaltado, muy temprano, cuando apenas comenzaba a clarear. Los gritos que se escuchaban eran tristes y desgarradores. Se levantó, y pudo ver al mismo omega de la vez anterior, hecho un mar de lágrimas, afirmado en la reja de su casa.

—Por favor Chris, no me dejes... ¡Estoy esperando un hijo tuyo! —Gritaba desconsolado, mientras su aroma comenzaba a inundar el lugar con el olor a galletas quemadas.

—¡Ese bastardo no es mi hijo! Tú eres una zorra, el peor omega de este mundo y yo no quiero nada contigo. ¡No vuelvas a buscarme! —Contestó enfurecido y dando un empujón al hermoso chico.

Y Harry no pudo soportarlo más. Se acercó y se agachó junto a él. —¿Puedo ayudarlo? —Preguntó intentando ser suave.

—No, nadie me puede ayudar... —Dijo en medio de sus lágrimas.

Harry miró por todos lados, y se decidió a golpear la puerta de la casa, donde unos segundos después, apareció una mujer hermosa, una omega bastante joven, pero que claramente era la mamá del chico.

—Buenos días, disculpe la interrupción, pero creo que este joven requiere su atención y contención, —explicó solemnemente. La mujer lo miró un poco divertida, pero se entristeció de inmediato al ver a su hijo llorando de esa manera. Le repitió la conversación que había escuchado sin querer hace unos minutos.

—¿Estás embarazado hijo? Te pedí tanto que te cuidaras de ese infeliz, que lo dejaras... —Habló llorando también.

Después de unos minutos en silencio, donde solo se escuchaban los sollozos de los dos omegas, Harry volvió a intervenir. —Deberían entrar y tomar un té de manzanilla para que se tranquilicen. Me retiro, con permiso, —se despidió mientras se devolvía a la plaza.

Louis y su madre lo miraron irse, sin entender muy bien de dónde había salido este personaje tan extraño y formal. Sin embargo, siguieron su consejo y entraron a la casa.

—¿Cuánto tienes de embarazo? —Preguntó Violette a su hijo.

—Creo que un mes, —contestó avergonzado Louis. —Lo siento mamá, pero estaba seguro de que era mi destinado, yo lo amo y él no me quiere... Le pedí que me mordiera y lo hizo anoche, pero la marca se borró y se enojó.

—Agradezco que no fuera tu destinado hijo. No sé cómo te enamoraste de un hombre tan poco valioso, tan estúpido y ególatra. —Entendió que no era el momento de hablar así cuando el llanto de su hijo se hacía más y más intenso. —Vas a estar bien, ese bebé tendrá amor por montones al igual que tú, —dijo mientras lo abrazaba y besaba su perfumado pelo.

Lo llevó hasta su habitación y lo acostó para que descansara. Había que buscar una hora con un buen médico, uno que no cuestionara el embarazo, pero en ese pueblo tan pequeño era difícil. Violette buscó referencias en varios sitios de internet, y encontró a una eminencia, un alfa de nombre Liam Payne. Pidió una cita y luego ordenó varios pendientes.

Cuando llegó su esposo y sus dos hijas alfas, se sentaron a cenar, y conversaron de las últimas noticias, del embarazo de Louis, de la aparición de este personaje, de la cita médica.

William, en particular, estaba muy molesto con su hijo. Lo habían criado con todo el amor del mundo, siempre fueron padres presentes y trabajaron mucho para darles estabilidad. Sin embargo, Louis se había “enamorado” alrededor de 15 veces. ¿Era muy ingenuo? ¿Era muy romántico? ¿Quería salir de su casa? Se había hecho esas y otras cien preguntas una y mil veces, le había preguntado directamente, y no, no podía llegar a ninguna conclusión. Ahora había un cachorro en camino, un pequeño ser que él ya adoraba, pero que no tendría un padre presente. Porque podía entender que su hijo no estuviera junto al idiota de Chris, pero era claro que ese mal alfa no se haría cargo de su responsabilidad.

Miró fijamente a su hijo, al otro lado de la mesa, y sintió la profunda pena que tenía. Con un movimiento de cabeza, su hijo corrió a sentarse en sus piernas, como cuando era un niño indefenso. Y ahí, con el calor de su padre cobijándolo, lloró su desamor, sus malas decisiones, su soledad y se prometió darle prioridad a su cachorro. La única razón de su forma de ser con los alfas, era las ganas de tener una familia propia, con sus bebés, con un hombre que los amara por sobre todo, y que ojalá disfrutara su sexualidad tanto como él.

Pese a todo, fue una velada hermosa, donde sus hermanas lo mimaron y sus padres le prometieron ayudarlo y acompañarlo en todo lo que hiciera falta.

—Me quedé preocupado por ese sujeto que dices que viste en la mañana. ¿No será un delincuente? —Preguntó William a su omega.

—No lo creo, era demasiado educado para serlo, —contestó Violette. —¿Te pasa algo más? Parece que estás triste, ¿es por nuestro pequeño?

—No mi bonita flor, —respondió dulcemente. —Hoy me enteré de algo terrible, algo que aún no puedo creer y que sé que también te va afectar.

—¿Qué pasó papá? —Habló Dhalia, su hija mayor.

—¿Recuerdan a los Styles? —Todos en la mesa asintieron. Violette y William los nombraban siempre, aunque sus hijos nunca los conocieron, sabían que le debían casi la vida a esa familia benefactora. —Los mataron, —contó en apenas un susurro. —Henry y Valerie iban en su auto con las dos chicas, cuando un auto los cercó y les dispararon, asesinando también al chofer y a los dos guardaespaldas.

El silencio fue repentino, cruel, frío.

—Santo Dios, —dijo Margarite, no pudiendo evitar sentirse muy triste.

—¿Y su hijo? —Preguntó Violette. —Lo recuerdo como un precioso alfa, tan serio que era irresistible. ¿No estaba con ellos?

—No. Las autoridades hicieron un llamado a que se mantuviera lejos y escondido, pero no se sabe si él está en conocimiento de lo que está pasando. Lo recuerdo perfectamente, muy encantador, —suspiró con pesar.

—Es realmente una noticia muy triste, jamás pudimos pagarles toda su ayuda, —comentó Violette.

—Es lo que más me duele, no poder hacer algo por ellos, —se lamentó. —Voy a ir a dar una vuelta, no quisiera ver a alguien rondando por acá, sigo preocupado, —dijo saliendo hacia el jardín.

La noche estaba templada y agradable, las estrellas titilaban en el firmamento y la luna sonreía coqueta completamente llena. Ni un poco de viento ayudaba a refrescar el cuerpo, ni a mecer las verdes hojas de los árboles que abundaban en los alrededores. Dio una pequeña vuelta, y se iba a devolver a su casa, cuando vio algo parecido a un bulto en una de las bancas de la plaza. Se acercó con cuidado, y pudo ver a un joven acostado, dormitando. Dudó en hablarle, pero necesitaba estar seguro de que no era un peligro para su familia o para alguien más y eso era primero que los buenos modales. Se puso al frente y tosió fuerte, con intensión, logrando que Harry despertara sobresaltado y se pusiera de pie rápidamente