Spokusa: Tentación

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Summary

Mis sentidos están fully alerta, pierdo noción de mi propia respiración. Permanezco en anticipación mientras su mirada me atraviesa con un matiz de curiosidad. Me encuentro atrapada entre la pasión y la incertidumbre al conocer a Oliver, mi atractivo director y el desconocido que me hizo "mirar las estrellas sin telescopio" en un bar. Estoy en la lucha constante de lo permitido y lo prohibido en relaciones con mi jefe, pero la historia puede dar un giro inesperado, cuando empiezo a descubrir quién es Oliver y que compartimos mucho más de lo que estaba pensando antes. Y mi pareja Mike con quien compartía años de relaciones, está dispuesto a lo más inhumano de este mundo...

Status
Complete
Chapters
45
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

Alicia:

Las únicas palabras que sonaban en mi mente cuando miraba en el espejo: “Necesito sentirme deseada, necesito perder mi mente de fusión y sentimientos, soy joven y soy guapa, pero por qué siempre intento convencerme en ello, porque me siento cansada y agotada de la vida...”

El sol naciente apenas logró filtrarse a través de las cortinas entreabiertas, pero ya pude sentir que el día no prometía. Las circunstancias se alineaban en mi contra, y parecía que la mala suerte me haya abrazado con entusiasmo. Mike y yo habíamos tenido una acalorada discusión al amanecer. El ambiente tenso cuelgaba en el aire incluso después de que las palabras se hayan apagado, y esa tensión me persigían mientras me preparaba para enfrentar el día.

Con un suspiro resignado, decidí buscar algo de distracción para calmar mi alma inquieta. Mi mejor amiga, Ana, siempre fue la válvula de escape perfecta en momentos así. Me deslicé en un vestido negro ajustado con detalles dorados que resaltaba cada curva de cuerpo, y aunque el día estaba nublado, sentía la necesidad de ponerme mis tacones más altos de color rojo. Es como si quisiera enfrentar el mundo con un aire de desafío.

Nos encontramos en un bar animado, y Ana me dió la bienvenida con un abrazo cálido. Sus ojos se clavaban en mi atuendo y ella se reía de manera juguetona.

Ana: “¡Vaya, hoy estás arrasando con ese look. Estás guapísima!” - exclamó con la voz de alegría.

Le devolví una sonrisa, agradecida por su capacidad para distraerme de mis propios problemas. Pedimos nuestras bebidas y nos sumergimos en la conversación, aunque sabía que es solo cuestión de tiempo antes de que ella traiga a colación el tema de Mike.

A medida que la noche avanzaba, Ana empiezó a hablar sobre relaciones y el valor propio. Sus palabras eran como un eco lejano, y aunque escuchaba sus consejos, parte de mí seguía absorta en mis propias preocupaciones. Finalmente, mencioné la discusión que había tenido con Mike y Ana me miró con expectación.

Permanecía callada por un momento, luchando internamente si debería compartir más detalles o simplemente cambiar de tema. Antes de que pueda decidir, mi teléfono sonó con un tono de reproche. Mike envió un mensaje, y mi corazón se aceleró más mientras lo estaba leyendo.

Mike: “¿En serio estás de fiesta? ¿Después de lo que pasó? Eres insoportable.“, escribió Mike en un mensaje de texto.

Una mezcla de emociones me embargó: sorpresa, indignación y un toque de culpa. No pude evitar mostrarle el mensaje a Alicia, quien lo examinó con una ceja arqueada, como siempre.

Ana: “Parece que tu radar de fiesta está encendido. No le echas cuenta. Hoy es el día de chicas.“, comentó con una sonrisa irónica.

La discusión con Mike regresó a mi mente, y me encontré a punto de explotar. Otra pelea, otra noche arruinada. Miré a mi mejor amiga Ana, sintiendo la necesidad de confiar en alguien y dejar de cargar con mis pensamientos.

Yo: “Ana, esto es agotador. No soporto más esta presión”, admití con un suspiro. “No sé cómo seguir lidiando con todo esto.”

Ella asintió comprensivamente, y mientras observaba mi expresión cansada, pude sentir su apoyo inquebrantable.

Ana: “Tal vez es hora de que tomes una decisión, amiga. Mereces ser feliz y valorada, y si alguien no puede hacer eso por ti, quizás sea tiempo de seguir adelante.“, aconsejó Ana con una voz firme.

Las palabras de Ana resonaban en el aire, y mientras miré mi teléfono, sentí que algo dentro de mí empiezó a cambiarse. Es como si finalmente estuviera dispuesta a enfrentar la verdad que había estado evitando. Mi corazón latía con un nuevo sentido de determinación, y sabía que el camino por delante no sería fácil, pero al menos tendría el coraje de tomar el primer paso.


Las burbujeantes copas de champán ejercían su magia, infundiéndome una sensación de calidez y ligereza. La música suave envuelvía mis sentidos, ahogando temporalmente los problemas que había llevado conmigo al bar. Sin pensar en las miradas curiosas de los demás, me dejé llevar por la melodía, moviendo mi cuerpo en armonía con el ritmo.

El ambiente se convirtió en mi propia esfera de escape, y aunque la idea de bailar sola en medio de la sala podría parecer ridícula para algunos, para mí era una manera de liberar tensiones acumuladas. Mis pasos eran alegres y desinhibidos, y por un momento, todos los pensamientos negativos se desvanecieron en la distancia.

Sin embargo, una brisa inesperada de tensión rompió mi éxtasis. De repente, sentí una presencia detrás de mí, unos brazos cálidos que se extendían en un intento de abrazo. Su respiración pesada se mezclaba con el sonido de la música, y su aroma, inconfundiblemente atractivo, me llegó de manera cautivadora.

La realidad me golpeó como un balde de agua fría. Los pensamientos que me habían asaltado previamente resurgieron con fuerza renovada. Mi mente se tornó un campo de batalla entre la excitación y la culpa. Tenía una pareja, estaba allí bailando con un completo desconocido, y ni siquiera tuve la oportunidad de ver su rostro.

Intenté convencerme de que no estaba haciendo nada malo. Era solo un baile, después de todo. Pero la sensación de sus manos deslizándose por mi cintura y avanzando lentamente hacia mis piernas iban minando mi resolución. Cerré los ojos por un instante, como si eso pudiera bloquear los pensamientos discordantes que amenazaban con perturbar mi experiencia efímera de liberación.

La contradicción entre la tentación y el deber se intensificaba a medida que su contacto se vuelvía más íntimo. Mi mente osciló entre la urgencia de detenerlo y el deseo de mantener esta conexión momentánea. Su cuerpo cálido y sus caricias sutiles me envolvieron, como si estuviera suspendida en un limbo entre la razón y la emoción.

A pesar de mis deseos internos, sentía, o más bien sabía que debo detenerlo. Pero el miedo a arruinar el momento y la atracción magnética que sentía hacia él me paralizaron. Las decisiones se vuelvieron difusas en el mar de emociones, y mientras su tacto se vuelvía más insistente, me di cuenta de que necesitaba encontrar la fuerza para poner fin a esta danza peligrosa antes de que las líneas se difuminarían por completo y el juego de la seducción tomaría el control sobre mí.

La atmósfera en el bar se cargó de una electricidad intensa mientras continuaba bailando con este desconocido misterioso. Sus manos exploraban cada rincón de mi cuerpo con una destreza que no pude negar. Mi mente estaba en guerra, atrapada entre el impulso y el juicio, mientras su contacto hábil y sugerente parecía encender cada fibra de mi ser.

A medida que la música se fusionaba con mis latidos acelerados, una oleada de sensaciones desconocidas se apoderaron de mí. Nunca me había imaginado que un simple baile podría desencadenar tal nivel de excitación. Mi respiración se tornó irregular, y aunque intenté mantener la compostura, la línea entre la realidad y el deseo comienzó a difuminarse peligrosamente.

Cada movimiento sincronizado parecía intensificar la conexión entre nosotros, llevándome a un lugar que jamás había explorado. Cerré los ojos nuevamente, sintiendo cómo el calor se propagaba por mi cuerpo en respuesta a sus caricias furtivas. El placer se enredaba con la culpa en una danza perversa, y a pesar de mis intentos por detenerlo, me encontré al borde de un precipicio emocional.

Los susurros de la música y el palpitar de nuestros cuerpos creaban una sinfonía que eclipsaba cualquier raciocinio. Casi sin darme cuenta, una sensación intensa, como un torrente de fuego, se acumuló en el centro de mi ser. La idea de llegar casi al orgasmo a través de un baile parecía inconcebible, pero allí estaba, al borde de un abismo que amenazó con arrastrarme.

Sin embargo, en medio de esta vorágine de sensaciones, una pequeña voz interior luchaba por recuperar el control. Mi conciencia, como un faro intermitente, me recordó que esta fue una senda peligrosa y que las consecuencias de mis acciones podrían ser irreparables. En un último acto de resistencia, abrí los ojos y detuve el baile. El aire se cortó en mis pulmones cuando Ana, mi amiga, apareció en medio de nuestra danza y sonó su voz decidida pero amistosa interrumpiendo el flujo de la música.

Ana: “Creo que es hora de que nos marchemos”, dije con sonrisa cómplice comunicando su intención.

Me giré hacia ella, sintiendo cómo mi cuerpo aún latía con la adrenalina del baile. Las mejillas me ardían, fue consciente de la atención que habíamos recibido en medio de la pista de baile. Mi compañero de baile y yo compartimos una mirada fugaz, pero antes de que pude decir algo, Ana empezó a guiarme hacia la salida.

Ana: “¡Vaya, chicos, estaban que ardían ahí adentro!“, comentó Ana con una risa en voz baja mientras nos alejabamos del escenario de nuestro efímero espectáculo.

Desconocido: “Parece que el baile se puso caliente”., afirmó el hombre.

Me sentía un poco incómoda, mis mejillas eran más rojas de lo que quisiera admitir.

Yo: “Sí, supongo que nos dejamos llevar”, murmuré, esquivando su mirada y eludiendo la evaluación silenciosa que seguramente estaba haciendo en su mente mi compañero de baile.

Ana se reía de nuevo, dándome un codazo juguetón. “Oh, vamos, no hay nada de malo en divertirse un poco. Ese chico te tenía muy sonrojada, ¿eh?” Me miró con una mirada traviesa, esperando mi respuesta.

Yo: “No sé de qué estás hablando”, respondí con una sonrisa nerviosa, tratando de parecer casual. Pero supe que no podía esconder mi incomodidad ante su astuta observación.

A medida que caminabamos hacia la salida, Ana seguía bromeando sobre el aparente “calor” de nuestra danza, haciendo comentarios que solo aumentaron mi vergüenza. Y aunque quise cambiar del tema, no pude evitar mirar una vez más hacia el lugar donde momentos atrás estábamos bailando.

De repente, me encuentré frente a frente con mi compañero de baile una vez más. Sus ojos, estos ojos que parecían tan bonitos, se encontraron con los míos. Una sonrisa suave cruzó sus labios, y sentí cómo mi corazón se aceleró de nuevo. ¿Qué diré? ¿Cómo reaccionaré?

Mis pensamientos parecían bloqueados mientras nuestros ojos seguían conectados. En un arrebato de valentía, dejé que las palabras fluyan de mis labios antes de que podría detenerlas.

Yo: “Te tienen que arrestar policías por tener ojos tan bonitos”, dije con una mezcla de asombro y torpeza en mis palabras.

La sorpresa en su rostro dió paso a una sonrisa genuina.

Fue mi turno de sentirme avergonzada, pero también sentía una chispa de orgullo por mi audacia.

Yo: “Bueno, el champan tiene un efecto interesante en mí“, admití, riendo tímidamente e intentando cortar la conexión entre nuestros ojos.

Ana nos miró a ambos con diversión mientras caminabamos hacia la puerta.

Ana: “Vaya, parece que ha sido una noche interesante para ti”, comentó. “Pero sí, creo que es hora de que nos vayamos. ¿Estás lista?“, me preguntó.

Asentí, mi corazón aún estaba latiendo rápidamente mientras nos alejabamos de esa experiencia, dejando atrás los destellos de ojos bonitos y las risas compartidas.

Desconocido: “Tal vez no vemos pronto?“, me preguntó con ganas de seguir la conversación.

Yo: “Claro, no lo descarto”, contesté mientras salimos de bar con Ana.

No tuve tiempo para presentarme ni para preguntar su nombre. Todo fue muy rápido y un un momento pensé que no volveríamos a vernos nunca más.


Mike:

La noche envolvía el ambiente, y yo me encontraba en el balcón de una antigua casa, rodeado de paredes desgastadas y muebles con historias de décadas pasadas. Adentro, un grupo de jóvenes reían y brindaban, pero en ese balcón, la calma y el humo del cigarrillo llenaban el aire.

La puerta del balcón se abrió, y entró Leo, un viejo amigo que conocía mi mente como la suya propia. Me miró con curiosidad, sabiendo que algo estaba gestándose en mi interior.

Leo: “¿Estás tramando algo nuevo?“, preguntó con una sonrisa astuta. “Te conozco demasiado bien, Mike.”

Mi sonrisa fue la respuesta, una sonrisa que dejaba entrever que, efectivamente, algo estaba en marcha.

Yo:“Tienes razón, Leo. Me conoces como si me hubieras parido.”

Leo se rió y se acercó, apoyándose en la barandilla del balcón.

Leo:“Entonces, ¿qué es lo que estás planeando esta vez?”

Mis ojos brillaron con una chispa de anticipación.

Yo:“Pronto todo cambiará, Leo. La vida se volverá mucho más entretenida.”

Leo asintió, intrigado por mis palabras.

Leo: “Hablas como si tuvieras algo grande entre manos.”

Yo: “Así es”, confirmé, manteniendo el misterio en mis palabras. Luego, miré a Leo fijamente. “Dime, ¿qué significa para ti la palabra ‘tentación’?”

Leo se tomó un momento para pensar en ello, y luego respondió con una sonrisa pícara.

Leo: “Bueno, para mí, la tentación son esas mujeres de buena calidad, vestidas con tacones y un perfume que te atrapa. Piernas largas, labios sensuales...”

Interrumpí su descripción con una risa.

Yo: “Esos son los pensamientos típicos del 99% de las personas. Siempre buscamos la tentación en cosas superficiales y momentáneas.”

Leo arqueó una ceja, intrigado.

Leo:“¿Y qué sugieres tú, entonces?”

Yo: “Imagina esto”, dije, adoptando un tono reflexivo. “¿Y si nuestra tentación estuviera en cosas que realmente pudieran cambiar nuestras vidas? Cosas que nos abrieran camino hacia adelante, que nos permitieran cambiar la calidad de nuestras vidas o hasta construir la nueva vida. Exactamente. La tentación puede ser diferente para cada uno de nosotros, pero lo importante es que siempre podemos elegir en qué exactamente tener tentación verdadera”

Leo: “Creo que has tomado demasaido hoy Mike, eres gracioso en tis formas de explicarte.“, dijo de forma sarcástica y con risa.

Yo: “Con mi plan en marcha y las cartas en juego, no había vuelta atrás.”

No olviden de dejar estrellitas en esta historia.

Con mucho amor,

Alice Vandecamp