Liliana, siempre en líos

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Summary

¿Esta chica cuando va a cambiar? Lili siempre oía lo mismo pero no era capaz de lograr satisfacer a nadie. Si Quique no se quejaba, ¿entonces por qué el resto lo hacía?

Status
Ongoing
Chapters
18
Rating
3.5 2 reviews
Age Rating
18+

Chapter 1

Liliana


Se me daba fatal fingir alegría al volver esta época festiva, no ocurría lo mismo con mi hermano Quique. Él resuelve todo tocando la guitarra, aprovecha para que nos animemos a cantar canciones navideñas. Acompañados de nuestros tíos, ellos son Magda y Carlos por parte de padre y nos aguantan porque nos quieren. La cena se preparó antes de su llegada, a mí me tocó colocar los cubiertos en la mesa. Mientras lo hacía Magda atendía a su marido, al parecer se le había descosido un botón del jersey que llevaba puesto. Me fijé, no podía opinar de él mismo porque entraría en debate.


Una hora después disfrutamos de los manjares, como postre trajeron turrón de chocolate. Menos mal, si vuelvo a probar otra vez el postre casero de la tía estaría una semana indispuesta.


Por fin nos quedamos a solas, y otro año más sin nuestros padres, ambos murieron por culpa de un conductor imprudente. Pasaron como tres años pero aún no conseguimos reponernos de aquella tragedia. La navidad no es la misma sin ellos.




Después de navidad


Observo la nieve a mi alrededor y empiezo a sentir el frío sin embargo avancé rápido por aquella colina, no faltaba tanto para llegar a la tienda.


Al abrir la puerta, de sopetón tropiezo con un tipo. Enseguida me miró de arriba hacía abajo. Luego sigue su camino saliendo de allí como un cohete.

Detesto a los petulantes, a esa clase de hombres que te hacen sentir insignificante. En el momento que me acerco hasta mi jefa.


—Lili no vuelvas a llegar tarde.


Era Diana quién se encargó de recibir las nuevas cajas de zapatos, habían llegado hoy.


Me pongo a currar, no podía quedarme quieta ni un minuto más.


Me ocupé de cargar cajas y colocarlas mientras mi jefa atendía a los clientes. Luego tuve un breve descanso, es cuando vi al tipo de antes, que por casualidad estaba de nuevo en la tienda. Menos mal que seguía en la trastienda, no por mucho tiempo. Se acercaba la hora del almuerzo.


—Diana, ya sabes que si no pagas este mes el alquiler del local nos veremos obligados a cerrar el negocio.


¿Qué cojones dijo?


Escuché sin querer.


No pueden tomar esa decisión. Pobre Diana tener que aguantar a ese egoísta en estas fechas. Ahora se va a enterar.


—Mire ¿Quién se cree que es?, acaso no piensa en el daño que causa? Sea más solidario.


—Mira mocosa -dijo el desconocido-.No te metas en asuntos de mayores.


Eso sí que no, enseguida me acerco hasta él y le planto cara. Ante mi reacción mi jefa teme que la lie y como es evidente no me contuve.


—Mocosa yo, soy una mujer y para que se entere a mi me incumbe lo que le ocurra a Diana.


—Lili, deja en paz a Nicolas, sólo es un enviado por el dueño de este local.


Me quedé de piedra al llamado de atención. Enseguida agacho la cabeza y me alejo de allí.


—Perdone a la muchacha -dijo mi jefa-.Es muy joven y algo impulsiva.


—Me importa un carajo hasta debería despedirla por descarada.


—Por favor déjeme un poco más de tiempo y pagaré mi cuota.


—Hablaré con mi jefe y ya veremos.


El tipo que me cae como el culo se marcha y después suelto el aire contenido. Me dispongo a volver a casa y mientras paseo por las calles me imagino al tal Nicolas como un despiadado pistolero al que me enfrento con él a un duelo. Entonces sale herido de un disparo y pidiéndome clemencia para que lo deje con vida.


Sonrío y sigo mi camino con la idea de fastidiar a ese cobrador la próxima vez que lo vea.

En casa observo a mi hermano en una posición relajada y tocando las cuerdas de su guitarra, además susurrando una canción que me trae recuerdos. Entonces me acomodé cerca de él y me mantuve en silencio hasta que Quique dejó de tocar.


—Estas muy seria.


Me conocía muy bien.


—Es tú imaginación -dije para eludir hablar de mi.


—Ya.


En ese momento deja su guitarra en el sillón y se pone de pie. A continuación se acerca, me coge de las manos con las suyas y consigue levantarme de un impulso. Frente a frente nos observamos y enseguida logra que me carcajee.


—Eres... ¿por qué me haces esto?


—Es la única forma que encontré para averiguar qué te ocurre. Sabes que no me puedes ocultar nada.


Accedí porque estaba harta de guardarmelo.


—Un tipo quiere cerrarle el negocio a mi jefa y si eso ocurre, me quedaré sin trabajo.


Se expresó sorprendido-,eso pinta mal pero que muy mal.


—Y no se que hacer.


—Esperemos que Diana lo resuelva sino ya pensaremos en algo. Mientras yo siga ganando dinero en ese bar, no debes angustiarte.


Al oír a mi hermano me quedo relajada, no era la única que tenía sueños que no se pudieron realizar. Antes de que mis padres se fueran al cielo, estudiaba para ser policía pero tuve que dejar eso para terminar en una zapatería.

Siempre me imaginé resolver casos difíciles, involucrarme en casos de robos, secuestros y asesinatos sin resolver. Arriesgar mi vida para atrapar delincuentes, es decir me veo detrás de una banda de malhechores.

Lo sé, es un trabajo con cierto riesgo pero a pesar del peligro estás salvando vidas.


Siempre tuve la necesidad de sentir la adrenalina en todo mi ser.


Suspiro después de pensar en mi sueño, no me di cuenta que Quique se había cansado de verme en las nubes.


-Deberías comer sino te quedaras mas delgada.


Me preparé un bocadillo de jamón serrano y un buen filete. Todo para darle la satisfacción, y no porque necesite engordar.


Una hora después llegué al local y todo estaba en calma. Diana estaba leyendo una revista mientras esperaba la llegada de clientes. Entonces apareció una mujer rellenita mirando el escaparate y después de elegir las botas que desea le indica a mi jefa cual quiere llevarse.


Se realiza la primera venta, debido a las rebajas que no sólo existen aquí si no por todas partes. Quedan los clientes fieles que compran a menudo y no en el centro comercial u otra zapatería que existe alrededor de la ciudad.


Se hizo noche.


Estaba tan agotada que enseguida me eché en mi sofá, ahí quedé con mi cabeza apoyada en un cojín. Quique no estaba, y eso es porque le toca el turno de noche, no sé cómo sobrelleva lo de servir copas en ese antro, y que le pagan una miseria.


-¡Maldita sea, al menos Quique se merece que triunfe en lo suyo!


Sin embargo no encontraba ninguna oportunidad y le rechazaban cuando pedía trabajo en las orquestas. Si es que le contagie mi mala suerte al pobre.


Al día siguiente me vi en mi cama y sabía quién me trajo en la madrugada hasta la misma.


Desayuné deprisa después de conseguir levantarme a mi hora. Resuelvo el desastre de la cocina y luego al coger mis llaves me doy cuenta que Quique duerme.




Me fijé en que los rayos del sol llegaban  con fuerza y a la vez  conseguía cuajar la nieve. Da gusto levantarse en un día así y no temer al frío, porque solo tenía ese miedo que superar.

En un santiamén estaba frente a la zapatería. Tenía la  ventaja de no tener que preocuparme de caminar mucho.

Una vez dentro noté a Diana  preocupada y sabía el motivo  pero me mantuve ocupada en mi quehacer. No quería ir de metida aunque me moría de ganas por saber cómo iban las cosas con ese detestable cobrador de su local.

La mañana resultó productiva pero enseguida mi jefa se acerca con una actitud que me desconcierta.


—Tengo que darte una mala noticia -dijo  en plan misterioso.


Intente  permanecer tranquila.


—¿Cuál es?


—No voy a poder pagarte el sueldo de este mes porque me veo con menos dinero por culpa de la poca demanda, ¿entiendes? Además estoy con el agua al cuello con lo del alquiler.


—Entiendo —dije —,no es necesario que me lo expliques. Agradezco que no me despidas.


—Es lo último que haría, eres mi mejor trabajadora aunque a veces llegues tarde.


Quizás esperaba mi protesta, pero sé que sería excusa para echarme en cara todo lo que hizo por mí al principio.


—He decidido hacer una fiesta en mi casa. ¿Te gustaría asistir?


Me quedo pensando en su invitación.


—Me gustaría pero  no conozco a nadie.


—No seas boba, acaso no recuerdas a Roberto y a Toñi.


Quiero hacer memoria…ah sí ese amigo suyo que llegó un viernes a comprar zapatos y resultó que también le ayudaba con otras cosas. Al principio me pareció simpático pero después me di cuenta que se había fijado en mi jefa por eso se portaba bien. Se notaba a leguas que quería aprovecharse de Diana. Sin embargo, quién era yo para disuadir a esta mujer.

No hablamos más dejando  sin conclusión si iría a la fiesta pero tampoco me negué.

Seguí colocando las últimas cajas de zapatos, luego quité el polvo a las estanterías  y por último atendí a un cliente que necesitaba unas zapatillas de deporte.

Finalmente el día termina, otro martes más, y que es parte de la semana. Me conformé siendo una chica de pueblo que tenía que obedecer. Quizás por eso aceptaba todo sin poner pegas.


De nuevo en nuestro viejo inmueble donde no hay lujo pero sí un poco de calor de hogar. Si preguntan por mí hermano él no ocupa ni el sofá cama del salón ni va a aparecer saliendo del minúsculo baño. Entonces voy derechita hasta la parte frontal y enseguida miro el calendario, cuento con mis dedos los dias que faltan para llegar al dia 31.


—¡Qué poco falta para año nuevo! ¿Y qué me pongo para una fiesta donde no encajo?


En que lio me metí,¿y ahora como me niego si Diana cuenta con mi presencia?


No pensé en ello y a lo hecho pecho. Ahora tengo que  pedir ayuda a mi mejor amigo de la infancia que me sorprende por lo que sabe de moda. El mismo a veces  me confunde cuando empieza a charlar con mujeres que según a él no le gustan.



Poco faltaba para terminar el año y Diana iba a cerrar un día al menos, lo supe con antelación.

Recibí la visita de una clienta que tardó en elegir unos zapatos. Lo hizo al fin y cerré la tienda. Me tocó a mí porque mi jefa estaba ocupada con los preparativos de la fiesta.


Antes de ayer estuve con Tom para elegir un vestido pero no me alcanzó el dinero para uno en especial. Era hermoso y de mi talla pero costaba un riñón. A él se le ocurrió que podía probarme alguno de los modelos que él mismo diseñó. Acepté  encantada. Esa tarde me probé  dos vestidos, uno era de color lavanda y el otro del mismo color de mis ojos. Me decidí por el que mejor me quedaba.

Mi amigo se obsesionaba por  las compras, según Tom  tenía telas y botones que no necesitaba pero aun así le gustaba llenar los estantes. Su pequeño lugar de trabajo era un completo desorden pero le gustaba mantenerlo así; también tenía un pequeño perrito que se quedaba esos días con su pareja. A ese  joven lo conocí una tarde. Coincidí con ellos por casualidad y me sorprendió verlo tan feliz.


Solo quedaban dos horas para arreglarme y nada más llegar a casa sucede que me encuentro sola. Quique tenía mucho trabajo. No me lo pienso  demasiado y me voy directa al baño. No tardé   en  enjuagar mi cuerpo sin tocar mi cabello, luego decidí dejarlo suelto al salir.

Al rato miré mis zapatos de color negro, estaban ahí sobresaliendo de la caja, la misma tenía el logotipo de la tienda, fue un regalo de Diana por mi cumpleaños.

Son apropiados para esta noche, me dije.

Por último me retoco frente al espejo y a continuación suelto un suspiro.


«¡Ay Dios, espero no hacer el ridículo!».


Minutos después estoy en el interior del piso lujoso de Diana. Solo estuve una sola vez desde que la conocí.

Al entrar al salón compruebo que están  sus amigos. A Roberto  se le nota muy sociable mientras elige para tomar, ginebra. De sobra sé su predilección por lo que es  costoso. En cambio mi jefa  se entretenía colocando los últimos canapés  en una mesa. Esa misma está situada en el centro, lugar donde no iré para no tener que socializar con gente  que se cree superior.


Por fin se dan cuenta de que llegué hace rato.


—Querida, no pareces tú.


¡Que no parezco yo! ¿Será que tengo que ir con un vestido para destacar? La verdad es que si hubiera llegado con ropa casual ni se habría  molestado en halagarme. Sin embargo aquí estoy al lado de mi jefa.

Entonces percibo a Roberto acercarse y en ese instante quería que me tragara la tierra.


— Liliana —dijo sorprendido —. Bienvenida.


El se toma atribuciones que no le corresponden y mi jefa se lo permite.


—¿Dónde está el baño?


Diana sonríe y me indica por dónde ir. Atravesé el salón en nada, me urgía  llegar a ese lugar donde  encontrarme a salvo  de aquella mirada que no me traía confianza. Enseguida  veo mi reflejo en el  espejo, verifiqué que todo seguía en orden, era difícil para mí mantener mis rizos en su lugar o la camisa por dentro del pantalón, sin embargo hoy elegí un conjunto diferente.


Me olvidé del pintalabios, no es  tampoco  algo necesario pero ¿Cómo pude olvidarme del móvil? Con las prisas lo había dejado en mi mesita y seguro que está sonando ahora mismo, incluso mi hermano se habrá molestado. De todas formas decidí salir de allí, no podía quedarme toda la noche.  Y nada más regresar hasta el salón  me fijé en él.

«¡No puedo creer que  haya invitado al pistolero de las narices!».


Cambie de rumbo, todo para pasar desapercibida, luego me acerque a la mesa de la esquina, sobre la misma  había varios platos, de una reconocida marca. Me deleité viendo aquellos  Canapés, estaban como diciéndome «ven aquí y pruebalos» a pesar de las calorías que pueden poseer.  No esperé que el  presuntuoso fuera al mismo sitio.

Ahí frente a frente teníamos que estar, mirándonos. Nicolas todavía no daba crédito.


Él era más alto que yo aunque llevara  tacones. Sonreí, también disimulé mis nervios. Aún recordaba  ese primer tropiezo y lo grosero que fue conmigo.

De repente me alberga un  poder, sólo por estar atractiva delante de él.  Sin embargo, él procedió a terminar lo que le quedaba de su bebida y de un trago.


—¿Eres la chica que trabaja para Diana?


—Así es —respondí simplemente mientras acerco a mi boca un canapé. Y tras engullir un primer bocado, mastico lentamente.


—Podemos hablar en privado.


Quería  seguir disfrutando de otra exquisitez pero el pistolero insiste en que lo mire.


—¿Qué derecho tiene?


—Quizás ninguno pero quería por lo menos disculparme y hacerle saber que el asunto del alquiler se ha solucionado.


—Me alegro que se haya solucionado pero usted no me cae bien —. Admití porque no confiaba en él.


El tipo arrugó su entrecejo.


—Es una pena, a mi usted me empieza a gustar.  Quiero ser sincero, si pudiera retroceder el tiempo no la habría tratado como a...


—Una niña descarada.

Interrumpí dejando dicho lo que le faltaba. —fíjese bien en mí porque no habrá otra oportunidad de que vea a una mujer como yo en su vida.


Nicolas miró a su alrededor e hizo un gesto que me desconcierta.



—Dudo que usted sea admirada como las demás mujeres de esta reunión. Seguro que pronto volverá a ser esa chica de la zapatería, la que derrocha  ingenuidad  a pesar de su descaro.


—Le juro que no soy ingenua —dije.


Nicolas sonríe por fin.


—Menos mal -pronunció- prefiero a las mujeres que sepan defenderse.


—Veo que os lleváis mejor.


Que equivocada estaba pero ni siquiera importaba.


—Nicolas me decía que se resolvió lo del alquiler.


—Ah sí, conseguí reunir ese dinero.


«Normal, si le sobrará al no pagar mi sueldo».


—Necesito un teléfono para llamar un taxi. ¿Puede prestarme el suyo?


—No me digas que te quieres ir.


Percibí su desilusión.


—Quédate un poco más, además Nicolas puede llevarte.


«Lo que me faltaba» al final me resigno sin poder encontrar otra solución. 

Y noté que ese pistolero me sonreía al notar mi incomodidad.


—Está bien.


—Perfecto pues a divertirse.


Mi jefa se retira de nuestro lado para acudir hasta  los otros invitados, ella considerándose la perfecta anfitriona.


—Queda menos para las doce -dijo  haciéndome reaccionar después de estar perdida en mis pensamientos-,¿ha pensado en algún propósito para el año que viene?


Miro al pistolero y decido ignorarlo.


—Ya sé -pronunció-,ha decidido buscar otro trabajo porque le pagan poco o nada en la zapatería.


¿Qué pretendía?


—Usted es un incordio -dije en voz alta.


—Por lo menos ya sé lo que piensa de mí. Ojalá me perdone algún día.


—No la veo muy animada -prosigue.


—Prefiero estar en casa con mi hermano -confesé sin más.


—Entiendo. ¿Quiere que la lleve a su hogar?


No esperé eso, a continuación con asombro lo miré.


Afirmé aceptando su ofrecimiento.


—Me sentiré mejor si la dejo a salvo en su casa.




De pie estaba cuando el pistolero me ofreció su brazo, enseguida coloque mi mano sobre sí. Avanzamos  hasta el ascensor, luego entramos juntos.

Vi como él pulsó el botón por mi y me quedé sin aire una vez la puerta quedó cerrada.  En silencio era incómodo, sólo esperaba que todo pasará rápido.


Hacía frío en la calle, era normal a esas horas de la noche. Incluso se me  congeló la nariz. Decidimos caminar deprisa hasta su vehículo. Nicolás se ofreció como un caballero y enseguida me metí en el interior. El me copió y acto seguido encendió la calefacción.


Unos minutos después nos habíamos alejado de aquella avenida.  Me di cuenta que se me había pasado todo, es decir  mi enojo hacia él, hasta me gustaba verle conducir.




—Lili -dijo una vez llegamos.


—¿Qué?


—Espero que podamos hacer las paces.


Suspiro aliviada, creía que era otra cosa.


—Y mañana, ¿qué plan tienes?


—Ningún plan, es mi día libre.


El me hace sentir como una mujer despiadada pero no necesito tener cerca a un pistolero que puede desenfundar su arma para luego apuntar a mi corazón, sería su victoria.


—Hasta pronto.


Se aproxima hacia mí tomando la iniciativa de besar mi mejilla.


—Creo que ya me dejó tiesa —murmuré en voz baja en el momento que me alejé.








La pasé atareada limpiando y colocando cajas de todos los tamaños, necesitaba un respiro. El día estuvo tranquilo pero tuvimos la visita de Roberto. El tipo se pasó media hora con mi jefa, ambos sonrientes. Necesitaba averiguar qué se traía con mi jefa y no en el terreno sentimental porque eso no me incumbe. A última hora  hubo un  cliente que no dejaba de mirar zapatos y no se decidía; se probó dos pares de zapatillas, unos mocasines de color azul oscuro y al final no se llevó nada. A veces ocurre con algunos clientes indecisos y tienes que soportarlo.


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