Prólogo: La Noche de la luna roja sangrienta
Una chica de cabello gris oscuro corría por el bosque, algo que no lograba ver con claridad la estaba persiguiendo, esa bestia era tan oscura como la zona abismal del océano, llevaba largos minutos corriendo tras de ella, mientras que lo único que podía ver eran sus ojos rojos amenazantes.
Luna Atkins tropezó y se resbaló por una pendiente hasta llegar a un acantilado donde se aferraba a seguir con vida, en la oscuridad de la noche. Su corazón palpitaba a mil por hora en su pecho. Detrás de ella, la luna se teñía de un rojo intenso, alumbrando sobre el bosque que estaba a la distancia. Los ojos dorados de Asher Ragnar resplandecieron al lado de ella, con una intensidad feroz.
El susurro del viento helado sonaba siniestro entre el eco de los árboles, en medio de aquel bosque sombrío, anunciaba la llegada de algo oscuro y desconocido, quizás era una presencia que nunca antes había visto. De pronto, una silueta emergió de entre las sombras espesas de aquella noche, emergió un hombre de tez canela y los ojos dorados centellaban en la oscuridad.
Luna estaba paralizada ante aquella energía que emanaba esa sombra, estaba segura de que tendría que enfrentarse a esa amenaza que va más allá de su comprensión. Pero ya sería después de acabar con la bestia que la había metido en ese lío.
Ragnar lanzó un aullido ensordecedor, transformándose en un formidable hombre lobo con el pelaje plateado oscuro, que brilla bajo la luz de la luna roja. La bestia de ojos rojos rugió en respuesta, mientras desataba una fuerza fuera de lo normal, que sacudió el suelo con un temblor bajo sus pies. Luna sintió el poder en su interior, era como si algo en ella respondiera en contra del caos que se había desatado frente a sus ojos.
El hombre lobo se lanzó sobre la bestia de ojos rojos, parecía un oso gigante que le faltaban trozos de piel y carne putrefacta y maloliente, media cerca de cuatro metros de alto, al erigirse en sus dos patas traseras, esa bestia parecía salida del mismo averno. El rugido del oso, erizó la piel de Luna, que desató un brillo cegador que emanaba de su ser, una fuerza que ella nunca antes había sentido recorrió su cuerpo ayudándola a salir del acantilado.
Luna Atkins y Ragnar Asher enfrentaron a la bestia con valentía y determinación, en la mano derecha surgió un brillo intenso que materializó una daga larga con un zafiro en la empuñadura. Mientras que, Ragnar Asher se lanzó al cuello del oso gigantesco desgarrando su piel, Luna Atkins saltó hasta a su garra y le ensarta la daga en su ojo izquierdo. En ese momento, ambos se dieron cuenta de que estaban destinados a luchar juntos, contra fuerzas que van más allá de los límites del mundo humano, en una lucha que va a definir su destino.