Bitter |Kookv|

Summary

El matrimonio entre Jeon y el heredero Taehyung era de pura conveniencia... Pero después de varios sucesos, engaños y una incontenible pasión, Jungkook iba a tener que hacer suyo a Taehyung... de verdad. Adaptación. Tae doncel.

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1

Lamento darle malas noticias, signorino* Caruso, pero su padre tuvo que pedir numerosos préstamos para poder conservar el castello, y ahora el banco amenaza con tomar posesión del mismo, a no ser que usted lo compre al precio del mercado, lo cual es imposible dado que carece de fondos...

Taehyung estaba junto al ventanal del salón en el que había mantenido hacía un par de días la reunión con su abogado tras celebrar el funeral de sus padres. Desde entonces, aquellas palabras daban vueltas en su cabeza, sumiéndolo en una dolorosa confusión: «banco, tomar posesión, carece de fondos».

Y no conseguía atisbar otra salida que la de perderlo todo.

El castello de la familia era un imponente castillo de varios siglos de antigüedad, ubicado en la costa sur de Sicilia; una propiedad magnífica, que en el pasado había incluido una granja y plantaciones de limoneros y olivos. Pero desde la recesión en la que el mercado se había hundido, la explotación se había arruinado por la disminución de la demanda. Tuvieron que despedir a los empleados y su padre no había conseguido salvar la producción. Taehyung se había ofrecido a ayudarlo en numerosas ocasiones, pero a él, que era anticuado y conservador, no le había parecido apropiado que un chico trabajara. Y Taehyung no había sido consiente de hasta qué punto se había tenido que endeudar para mantenerse a flote.

Ese desconocimiento era lo que más lo mortificaba. Pero su madre había estado enferma de cáncer y su principal preocupación había sido cuidar de ella. Si Taehyung estaba vivo y en cambio su padre había muerto, era porque este había decidido acompañar a su madre a su sesión de quimioterapia semanal en Calabria.

Aquella mañana, una semana atrás, le había dicho a Taehyung:

–Tienes que conseguir un trabajo. Ya no basta con que cuides de tu madre –

Había usado un tono áspero.

Él nunca había disimulado la desilusión que sentía porque Taehyung fuera doncel, y porque tras las complicaciones que sufrió su madre en el parto, no pudiera tener más hijos.

Así que Taehyung había ido a la ciudad, pero no había ningún trabajo disponible. Nunca había sido tan consciente de lo poco preparado que estaba; y las miradas que le habían dedicado los lugareños le habían hecho sentir paranoico. Había sido un niño enfermizo, por lo que su madre lo había educado en casa. Pero aun después de que mejorara, lo habían mantenido aislado en el castello. Su padre siempre había estado obsesionado con preservar su vida privada y con la seguridad, y, en cualquier caso, Taehyung no tenía ningún amigo a quien invitar.

Entonces su madre había enfermado, y él se había convertido en su cuidador. Al volver a casa tras humillarse en el pueblo buscando trabajo y ver que sus padres todavía no habían vuelto del hospital, Taehyung había bajado a su rincón secreto, una pequeña cala que quedaba oculta a la vista del castillo, y se dedicó a su pasatiempo favorito, soñar despierto, ajeno al hecho de que sus padres agonizaban en un amasijo de metal tras haber sufrido un espantoso accidente de coche. Más tarde, lo que lo haría sentirse más culpable sería que había estado soñando con su fantasía favorita: que abandonaba el castello y recorría el mundo. Conocía a un hombre guapo y descubría el amor y la aventura...

La ironía era de una espantosa crueldad: por fin estaba libre, pero a costa de la pérdida de sus padres; y, por lo que parecía, estaba a punto de perder el único hogar que había conocido. En momentos así, ser hijo único le hacía ser aún más consciente de su soledad. Por eso mismo, desde que tenía uso de razón, había decidido que tendría una gran familia. No quería que un hijo suyo se sintiera tan solo como él, a pesar del amor de su madre, se había sentido. Pero si el banco tomaba posesión del castello, sentirse aislado pasaría a un segundo plano de sus preocupaciones. ¿Dónde iría? ¿Qué haría?

La realidad era que no estaba preparado en absoluto para la vida más allá del castello. A pesar de sus sueños de escapar, el castello siempre había sido su referencia, el lugar al que retornar si algún día se marchaba. Y en el que, si era afortunado, viviría con su feliz prole. La idea de tener que abandonar su hogar era angustiosa... y aterradora. Notó un empujón en la pierna y al bajar la mirada vio que era el viejo perro de la familia, Spiro, un pastor siciliano que lo miraba con ojos lastimeros. Quince años atrás, el cachorro más débil de la camada y casi ciego, había conquistado el corazón de Taehyung. Taehyung le acarició la cabeza y musitó palabras de consuelo al tiempo que se preguntaba qué haría con él cuando tuviera que marcharse.

En ese momento, oyó un ruido en el exterior, y Spiro se puso alerta y dejó escapar un ladrido sofocado. Taehyung miró por la ventana y vio aproximarse un deportivo plateado. Entonces recordó vagamente que el abogado había mencionado que un hombre de negocios quería hacerle una oferta. Quizá se trataba de él. El coche se detuvo en el patio central que, por contraste con el sofisticado y resplandeciente vehículo, pareció de pronto anticuado y desatendido. Irritándose porque un completo desconocido creyera oportuno presentarse sin aviso dos días después de un funeral, Taehyung tranquilizó a Spiro y cruzó el castello hacia la puerta principal, decidido a decirle a quienquiera que fuera que volviera un día más adecuado.

Ahogó la punzada de pánico que sintió al pensar que quizá no habría un día «más adecuado». No tenía ni idea de cuáles eran los plazos de intervención de un banco. Quizá lo echarían antes del fin de semana. Con el corazón en un puño, abrió la gigantesca puerta de roble. Por unos segundos, el sol lo cegó y solo pudo percibir una figura alta que ascendía la escalinata. Iba a usar la mano como visera cuando el visitante llegó a su altura y bloqueó el sol con su cuerpo. Taehyung parpadeó varias veces al tiempo que bajaba la mano.

Tenía ante sí a un hombre distinto a todos los que había conocido. Era el tipo de hombre que solo había visto en sus fantasías y sobre los que había leído en los libros. Un cabello espeso, negro, algo alborotado, enmarcaba el rostro más hermoso que Taehyung había visto en su vida. Los pómulos marcados y la nariz aguileña le daban un aire patricio que reforzaban su altura y porte. Sus labios, como todo él, parecían esculpidos. Su aura misteriosa y un aire de decadente sensualidad provocaron un hormigueo en las partes más íntimas de Taehyung. Se obligó a salir de la parálisis en la que se había caído y preguntó:

–¿Puedo ayudarlo en algo?

El hombre fijó en él sus penetrantes e inexpresivos ojos marrones y Taehyung alargó instintivamente la mano hacia Spiro. A pesar del gesto impenetrable del hombre, Taehyung percibió algo volcánico e intimidatorio en él que le provocó un extraño temor, más próximo al deseo que al miedo.

–He venido a ver a Taehyung Caruso. ¿Puede llamar al señor?

Tenía una voz profunda que despertó los sentidos de Taehyung. Lo había confundido con el ama de llaves, pero su familia había tenido que prescindir del servicio hacía tiempo, lo que explicaba el aire general de deterioro que presentaba el castello. Así que no tenía sentido sentirse ofendido porque lo confundiera con el servicio doméstico cuando, en cierta forma, también era el ama de llaves. Además, llevaba un traje sobrio de luto, ni una gota de maquillaje y el cabello despeinado. Nunca había sido especialmente guapo y su figura alta y delgada no estaba precisamente de moda.

Alzó la barbilla.

–Yo soy Taehyung Kim Caruso.

Él lo miró con una fría incredulidad.

–¿Tú?

–No sé qué esperabas, pero sí, te aseguro que soy Taehyung Kim Caruso. ¿Puedo saber quién eres? La mirada del hombre se acercó aún más.

–Soy Jungkook Jeon Domenico. Pareció asumir que el nombre le diría algo, pero no fue así.

Taehyung preguntó:

–¿Y...? ¿En qué puedo ayudarte?

Confirmando la sospecha de Taehyung, él preguntó a su vez:

–¿No sabes quién soy?

–¿Debería saberlo? –contestó él, desconcertado. Jungkook soltó una risa de incredulidad.

–¿De verdad quieres que te crea?

La arrogancia del hombre era asombrosa. Taehyung se cruzó de brazos.

–En absoluto. Tendré que pedirte que te vayas. Hemos celebrado un funeral esta semana, y no es momento de...

Los ojos del hombre centellearon.

–Al contrario, precisamente por eso es el momento adecuado para hablar. ¿Me permites...?

Dejando a un lado a Taehyung, entró en el vestíbulo antes de que él pudiera impedírselo. Spiro gruñó y Taehyung giró sobre los talones:

–¿Qué crees que estás haciendo? ¡Esta es mi propiedad! –exclamó. Aunque se dijo a sí mismo que, técnicamente, ya no lo era.

El hombre se volvió a mirarlo. Era verdaderamente espectacular. Tenía hombros anchos, era alto y llevaba un traje negro que le quedaba como una segunda piel sobre su musculosa figura. Él bajó la mirada hacia el lado de Taehyung y preguntó con desdén:

–¿Qué es eso?

Taehyung posó la mano en la cabeza de Spiro y contestó:

–Es mi perro y no le gustas. Esta es mi casa y quiero que te vayas.

El hombre lo miró de nuevo a la cara y Taehyung tuvo que hacer un esfuerzo para permanecer inmóvil.

–Precisamente por eso estoy aquí: porque esta ya no es tu casa. –Taehyung sintió un nudo en el estómago. ¿Lo mandaría el banco?

–¿De qué estás hablando?

En lugar de contestar, el hombre metió las manos en los bolsillos y recorrió el vestíbulo observando las paredes. Luego comentó como si hablara para sí:

–Llevaba mucho tiempo esperando venir... –Entonces se encaminó hacia el interior y Taehyung lo siguió:

–Señor Domenico...

Él se volvió y Taehyung tuvo la extraña sensación de que la invasora era él.

–El nombre es Jeon Domenico.

–Signor Jeon Domenico –repitió él despectivamente–. O me dices qué haces aquí o llamo a la policía.

Empezaba a sentir pánico. Tenía que ser del banco. ¿Cómo era posible que su abogado no lo hubiera advertido?

–¿Dónde está el servicio? –preguntó él.

–No hay servicio –dijo Tae a la defensiva.

Él volvió a mirarlo con incredulidad.

–¿Cómo han podido arreglárselas?

Taehyung sabía que no tenía por qué seguir contestando sus impertinentes preguntas, pero se descubrió diciendo:

–Cerramos las habitaciones que no usábamos y nos ocupábamos de las que seguimos habitando.

–¿Usted y sus padres?

–Sí. Por si no lo sabe, hace dos días celebré el funeral de ambos –dijo él, confiando en que la noticia le hiciera consciente de lo inoportuno de la ocasión.

–Lo sé. Lo acompaño en el sentimiento.

Taehyung encontró su pésame poco sincero. Antes de que pudiera contestar, él preguntó:

–¿Se reunió con su abogado el otro día? –Sí. ¿Cómo lo sabe? –Tras el funeral, lo habitual es que se lea el testamento. –Claro.

Taehyung se reprendió por ser tan paranoico. Si no lo había enviado el banco, aquel hombre tenía que ser el hombre de negocios del que le había hablado el abogado. Tenía que calmarse. No podían echarlo sin un proceso previo de desahucio.

–Entonces sabrá que está en peligro de perder el castello a no ser que consiga los fondos para pagarlo –el hombre hizo una pausa y miró alrededor –Disculpe si me equivoco, pero no me parece que vaya a conseguirlo.

–¿Representa usted al banco? –preguntó Taehyung finalmente.

Él negó con la cabeza y esbozó una inquietante sonrisa de superioridad que hizo que Taehyung quisiera abofetearlo.

–Entonces ¿por qué tiene esa información? Él se encogió de hombros. –Tengo mis propias fuentes... Y hace tiempo que tengo un especial interés en el castello.

–¿Un interés especial? –Taehyung no comprendió su críptica respuesta.

Él lo miró fijamente y Taehyung intuyó que no iba a gustarle lo que iba a decir.

–Muy especial. Porque resulta que el castello me pertenece. Para ser más precisos, a mi familia, los Jeon Domenico.

Jungkook miró al hombre que tenía ante sí y cuyo sencillo aspecto, con un vestido negro holgado y sin maquillaje, había hecho que lo tomara por el mayordomo. Sin embargo, en aquel momento adoptó una actitud patricia, la espalda recta, los hombros hacia atrás...

Por un instante se sintió culpable al recordar que sus padres acababan de morir, pero entonces se recordó que hacía décadas que su familia esperaba que llegara aquel instante. Su padre había muerto sumido en el dolor y muchos otros miembros de su familia habían padecido por lo que había hecho la familia de aquel hombre.

También él había tenido que aguantar toda su vida las burlas: «ya no eres un poderoso Jeon Domenico. No eres nada...». Pero eso había cambiado. Había logrado por sí mismo dejar atrás la pobreza y alcanzar un éxito espectacular. Por fin había llegado el momento de recuperar su herencia familiar y arrebatársela a quienes se la habían robado años atrás.

Desafortunadamente, su padre había muerto antes de poder ver que el castello volvía a manos de la familia, y no había podido visitar el cementerio en el que descansaban sus ancestros. En una ocasión había acudido con las cenizas de su propio padre para pedir que le dejaran esparcirlas en el antiguo cementerio familiar, pero le habían echado como si fuera un pordiosero.

Jungkook no había olvidado la humillación y la rabia que habían irradiado los ojos de su padre, ni el día que le dijo: «Prométeme que algún día reclamarás nuestro legado. Promételo». Y en aquel instante estaba a punto de cumplir su promesa. Pero en lugar de sentirse exultante, Jungkook estaba molesto consigo mismo porque estaba más interesado en los ojos verdes claros de Taehyung Kim Caruso y en que no era tan vulgar como le había parecido inicialmente. De hecho, había algo refrescante en su naturalidad, tan opuesta a la artificiosidad de las mujeres y donceles con los que él solía salir.

Taehyung sacudió la cabeza y frunció el ceño.

–¿Qué quiere decir? Este castello pertenece a mi familia desde hace siglos.

–¿Está seguro? –preguntó él con aspereza. Taehyung titubeó. –Pues, claro... –Puede que, como su padre, sea un experto en negar la realidad. ¿Quiere que crea que no sabe nada de lo que sucedió?

Taehyung palideció. –No meta a mi padre en esto. ¿Cómo se atreve a presentarse aquí con ese cuento? –extendió el brazo hacia la puerta de entrada–. Márchese. No es bienvenido.

Por un instante, Jungkook volvió a sentirse culpable y pensó en concederle dos días de luto antes de volver a visitarla. Pero la última frase de Taehyung había sido precisamente la que había recibido su padre cuando quiso que le dejaran acceder a su cementerio, y Jungkook decidió plantarse.

–Me temo que es usted quien no es bienvenido aquí. Al menos no por mucho tiempo. Solo es cuestión de semanas que el banco tome posesión del castello.

Taehyung miró al hombre, que parecía tan inamovible como una estatua de piedra, y no pudo evitar sentir curiosidad. Quizá no estaba loco y creía verdaderamente lo que decía.

–¿Por qué cree que el castello le pertenece?

–Porque es verdad. Mi familia lo construyó en el siglo XVII.

Taehyung creyó encontrar un error. El castello era antiguo, pero no tanto. Él continuó:

–Por aquel entonces, los Jeon Domenico eran dueños de esta propiedad y de casi toda la tierra y pueblos, desde aquí a Siracusa.

Taehyung sacudió la cabeza con incredulidad. Era imposible que una sola familia hubiera poseído un territorio tan extenso.

–Mi familia ha sido dueña de este castello desde tiempos inmemoriales. Nuestro apellido está tallado en piedra en el dintel de la puerta. Él hizo un gesto despectivo.

–Cualquiera puede hacer eso. Su familia se apoderó del castello antes de la Segunda Guerra Mundial. Los Caruso eran nuestros contables. Cuando tuvimos dificultades económicas, se ofrecieron a ayudarnos. Acordamos poner el castello como aval y la condición de que en cuanto pudiéramos devolver el dinero, el castello volvería a nuestras manos. Entonces estalló la guerra. Una vez acabó, su familia se aprovechó del caos subsiguiente. Dijeron no saber nada del acuerdo y destruyeron toda la documentación. Había tanta gente reclamando sus antiguas propiedades tras la guerra, que las autoridades decidieron que estábamos intentando aprovecharnos de la situación. Éramos muy poderosos, y mucha gente se alegró de vernos caer. –Tomó aire y continuó.

–Lo perdimos todo. Tu familia se negó a negociar. La nuestra tuvo que emigrar y dispersarse. Muchos fueron a Estados Unidos. Nosotros nos quedamos en Nápoles porque mi abuelo se negó a dejar Italia, siempre confiando en volver aquí antes de morir. Igual que mi padre. Ninguno de los dos lo ha logrado.

Taehyung no podía asimilar lo que escuchaba.

–Nunca he oído hablar de tu familia en toda mi vida –dijo, mirándolo con incredulidad. Jungkook lo miró severamente.

–Lo dudo. Nuestra familia forma parte de las leyendas locales.

Taehyung se ruborizó al darse cuenta de lo aislado que había vivido. Rara vez había salido a la ciudad y cuando lo hacía, la gente lo miraba con desprecio. Si había algo de verdad en las palabras de aquel hombre, quizás... Sintiéndose vulnerable, repitió:

–No tienes pruebas de lo que dices. Jungkook levantó una ceja.

–Ven conmigo.

Salió y Taehyung se quedó paralizado antes de decidirse a seguirlo. El hombre se detuvo en el patio principal, miró a su alrededor y luego se dirigió con paso decidido hacia la capilla y el cementerio familiar, donde Taehyung había enterrado a sus padres apenas dos días antes. Al darse cuenta de que ese era su destino, Taehyung lo llamó:

–Detente. Esto es absurdo.

Jungkook continuó como si no lo oyera, pero en el último momento, cambió de rumbo y se dirigió hacia una verja cercana cubierta de follaje.

Taehyung lo alcanzó sin aliento.

–¿Qué estás buscando? Ese es el antiguo cementerio.

Nunca había entrado porque la antigua ama de llaves le había dicho que estaba embrujado. Taehyung sintió un escalofrío. ¿Habría sido una manera de evitar que descubriera algo relacionado con lo que aquel hombre afirmaba?

Jungkook apartó las ramas hasta encontrar el cerrojo, lo abrió y dijo en tono sombrío:

–Vamos.

Taehyung no tuvo opción. El sol apenas penetraba a través de las ramas enmarañadas de los árboles. Caminó con precaución por el suelo irregular, esperando no estar pisando tumbas. Jungkook llegó al fondo y apartó unas ramas para revelar algo. Al llegar, Taehyung vio que se trataba de una lápida. Jungkook le tomó el brazo y dijo bruscamente:

–Mira.

Taehyung enfocó la mirada y cuando pudo descifrar la escritura tallada en la piedra, sintió cómo su corazón se hundía: Tomasso Jeon Domenico, nacido y muerto en el Castello Jeon Domenico, 1830-1897. Castello Jeon Domenico. No Castello Caruso.

–Era mi tatarabuelo.

Taehyung miró a su alrededor y pudo ver la silueta inconfundible de varias lápidas cubiertas de follaje que parecían acusarlo con la mirada. El espacio se redujo y sintió claustrofobia. Liberándose de Jungkook, salió apresuradamente, con la piel sudorosa por el pánico. Tropezó con un montículo y gimió, pero finalmente llegó a la verja y salió al reconfortante sol con la cabeza dándole vueltas.

Jungkook permaneció en el cementerio, percibiendo solo vagamente que Taehyung se iba. Aquella prueba de que aquel era el legado de su familia lo había sacudido hasta la médula. Unos minutos antes, al ver la sorpresa de Taehyung, había llegado a dudar de que aquel gran edificio tan deteriorado hubiera pertenecido a su familia, que esta hubiera sido alguna vez la familia más poderosa del sur de Sicilia. Parecía casi imposible cuando solo recordaba la amargura de su padre y de su abuelo cuando lo afirmaban.

Tal vez solo habían soñado aquella caída en desgracia. Pero no. Aquel frío cementerio era la prueba irrefutable de que en un tiempo habían vivido y muerto allí sus antepasados. Y de que él tenía todo el derecho a reclamarlo como suyo. Sabía que era cruel presentarse ante a Taehyung un par de días después del funeral de sus padres, pero él no se caracterizaba por ser compasivo. Y descubrir que su familia había sido abandonada en aquel desatendido cementerio no lo impulsó a ser más misericordioso.

Salió a la luz y se aflojó la corbata para respirar mejor. Taehyung Kim Caruso se había ido y, sin embargo, él sentía que su expresión de espanto y sus ojos verdes lo acompañaban. En su mano persistía la sensación de haberle tocado el brazo. Era musculoso y delgado, lo que apuntaba a un cuerpo torneado bajo aquella ropa amorfa. Desconcertantemente, el contacto lo había excitado y su sangre seguía alterada; una reacción que quería atribuir a la intensidad del momento. Caminó hasta el extremo del basto terreno baldío que descendía hasta el mar. A un lado crecían los pinos, al otro, arbustos de ramas retorcidas. Sus tierras.

La sangre se le aceleró al pensar en sus antepasados pudriéndose en sus tumbas. Una cosa era saber que alguien había usurpado la propiedad familiar, otra, encontrar las pruebas definitivas de ello. Desde que había entrado en los terrenos del castello había tenido una extraña sensación de pertenencia, de que estaba en su hogar. Una sensación tan desconcertante como el sentimiento que Taehyung Kim Caruso había despertado en él. Y, sin embargo, mientras contemplaba aquella vista que los Caruso habían robado a los Jeon Domenico, las circunstancias ya no le parecían tan evidentes como hacía un rato. Aunque no quisiera admitirlo, la reacción de desconcierto de Taehyung Kim Caruso había parecido completamente genuina.

Había acudido allí aquel día para presentarle un acuerdo que le permitiera recuperar el castello lo antes posible, ofreciéndole bastante dinero como para que se lo cediera y luego se fuera lejos, a algún lugar donde el último Caruso se perdiera en el anonimato. Pero el interés que Taehyung Kim Caruso había despertado en su mente y en su cuerpo había difuminado los límites y le hacía titubear. Recordó una conversación reciente con su abogado:

«Jungkook, eres un agente libre, y eso te ha ido bien. Has conseguido tu fortuna alterando el statu quo y escarmentando a quienes te infravaloraban. Pero ha llegado el momento de consolidar y expandir tu posición. El mercado permite que seas un granuja si tienes una vida privada respetable. Pero ahora mismo estás perdiendo negocios porque la gente no confía en ti. No tienes familia, no tienes nada que perder...».

Jungkook frunció el ceño. Durante una reciente cena de beneficencia que había organizado en Manhattan en la que hablaba con un titán de la construcción sobre un posible acuerdo, la mujer de este se le había insinuado abiertamente. Y a pesar de que él había dejado claro que no estaba interesado, al día siguiente, el hombre en cuestión, con el que había concertado una cita, se había negado a volver a verlo. Lo cierto era que llevaba tiempo pensando en casarse, incluso antes de que su abogado le dijera que no tener una familia estaba perjudicando su reputación; así que había estado preparándose para tener que introducir algunos cambios en su estilo de vida.

Lo más sorprendente era que la idea no le desagradaba del todo. Empezaba a cansarse de su vida hedonista; de las relaciones con hombres cuyos ojos brillaban con codicia. Y mientras que durante un tiempo había encontrado atractiva la idea de un hombre que supiera moverse en esas esferas, en el presente, pensar en sentar la cabeza con un hombre así, hacía que se le contrajeran las entrañas. En la misma medida que la posibilidad de envejecer en una gran ciudad, como Nueva York, o Londres.

Al aspirar el olor a mar y tierra que lo rodeaba, tuvo una nueva visión de sí mismo, una visión de futuro que le permitiría alcanzar el tipo de éxito con el que siempre había soñado. Un futuro que incluía un esposo que le proporcionaría la respetabilidad que tanto necesitaba, que le daría una familia y que insuflaría una fuerza renovada al apellido Jeon Domenico. Un hombre que lo complementara y que fuera consciente del valor del legado familiar.

Jungkook supo con toda nitidez qué necesitaba. La idea era audaz y contradecía sus planes originales, pero no era totalmente descabellada. Tras unos minutos, se encaminó hacia el castello. La única persona que se interponía entre él y sus planes de futuro, Taehyung Kim Caruso, se había convertido en la única persona que podía asegurarle que los llevara a cabo con éxito.










*Signorino: Señor

*Doncel: Entiendase por doncel en esta historia, un hombre que tiene la capacidad de concebir (quedar embarazado gracias al acto sexual) y con ciertas caracteristicas físicas femeninas: los pechos para la lactancia.

Empezamos con una nueva adaptación, espero la disfruten tanto como yo, recuerden que esto es de fans para fans sin ánimo de lucro. Les advierto de una vez que esta potente y por supuesto esta historia ni sus personajes representan el actuar o ser de las personas reales, solo es ficción.

Besos.