Under

All Rights Reserved ©

Summary

Nina despierta después de cinco días en coma después de que alguien intentara asesinarla. Rehusándose sentirse como una víctima y decidida a continuar con su vida normal después de dicho ataque, se apega a su usual rutina: Cuidar de su hogar, de su esposo Louis, un renombrado psiquiatra, y de su hija, la dulce Karen. No obstante, su aparente calma pronto se ve afectada por sueños altamente comprometedores sobre un hombre al que no conoce, o al que no recuerda, pues los últimos meses antes del incidente se han borrado de su memoria. ¿Será posible que aquel joven que la seduce en sueños sea algo más que producto de su imaginación? ¿Estuvo envuelta en una aventura extramarital que tuvo un desenlace fatídico como la policía sospecha? Nina intenta ignorar aquellos sueños que parecen recuerdos, pero le resulta imposible cuando un detective británico aparece en su vida cuestionándola sobre ese hombre, el que en sueños la adora y la mata de placer, y que en la vida real ha desaparecido sin dejar rastro.

Status
Complete
Chapters
23
Rating
5.0 11 reviews
Age Rating
18+

Intro

La sensación de pérdida controla sus sentidos. No hay inicio y tampoco fin, nada más que su propia consciencia y la oscuridad de serenos océanos infinitos. Estira brazos y piernas, y en aquella paz no encuentra sentido alguno; no hay pasado ni futuro, únicamente la efímera noción del presente. No existe nada más que el oleaje que la engulle lentamente, hundiéndola en una corriente cálida que poco a poco comienza a presionar su pecho, de una manera tan delicada como el cosquilleo que produciría el aleteo de una mariposa en la palma de su mano.

Abre los ojos para ver oscuridad. No hay nada más que penumbra abisal y la ligera sensación de que olvida algo importante. ¿Qué puede ser? No recuerda. Cualquier vestigio de pensamiento coherente se deslava enseguida, cualquier indicio de lo que solía ser parece subir, perderse junto a las burbujas que corren presurosa hacia la superficie. Cierra los ojos de nuevo, agita con languidez piernas y brazos. La velocidad de su caída disminuye y parece estancarse, dejándola en medio de la nada. Abre los ojos de nuevo para ver luz en esta ocasión, a metros y metros de distancia.

Un resplandor beatífico se filtra a través del agua turbia, un halo circular y azulado que se abre paso en la negrura de su inconsciencia. El pensamiento de que algo malo sucede se fija en su mente, haciéndole recordar que tenía una cena que preparar, pues Louis no tardaría en llegar. También la llena un sentimiento de culpa que no comprende y como si de un catalizador se tratase, es impulsada hacia arriba en una convulsión violenta, llevada a esa luz que de cerca se parece a la del sol visto a través de un cristal violáceo. El impulso es tal que llega a otro lado, a una visión borrosa de baldosas blancas y luz cegadora.

Sus manos se aferran a lo primero que encuentran y su cuerpo toma una fuerte inhalación del oxígeno que sin saber, le ha hecho tanta falta. Es cuando se encuentra en medio de la confusa histeria que llegan las manos ajenas. Fuertes y toscas, un par o quizás más, pertenecientes a un ente cuyo rostro se mueve de forma imposible, creando una mancha borrosa de facciones, colores y gestos, junto con una voz distorsionada e imposible de reconocer que la maldice. Aquellas manos presionan su pecho, instigando esa parte de Nina que desea seguir luchando. No obstante está exhausta, como si el ataque se hubiese prolongado por bastante tiempo. Sus manos no pueden seguir sujetas a las orillas de la tina, sus pies se resbalan dentro de esta.

Escuchando el terror impregnado en sus gritos es que vuelve a ser hundida, pero ahí no hay paz. No hay serenidad y comodidad, su mente no está clara, se siente dispersa, nublada, como si el agua se hubiese colado a su cerebro. Lucha contra esas manos, con los ojos bien abiertos. Aquel demonio se encuentra sobre ella, dentro de la bañera también y mientras que Nina persevera y lucha por su vida con la vista nublada y horror puro corriendo por sus venas, el agua se derrama a su alrededor en un sonido ensordecedor. El cruel desconocido pasa de usar sólo sus manos a subir una rodilla en su abdomen y de esa manera hundirla hasta el fondo, con el afán de exprimir de su cuerpo la vida a la que con tanto ahínco se aferra.

No sabe cuándo cede o cuándo regresa a la lúgubre tranquilidad y al inicio de todo, pero las circunstancias son diferentes esta vez. Su mente está aturdida, de tal manera que le cuesta comprender que no está ahí por elección. Suspendida entre tinieblas, siente el agua a su alrededor tornarse gélida. La luz arriba, a metros y metros de distancia, sigue ahí, como si le mostrara el camino a casa y Nina se mueve con éxito, pero no avanza. Agita sus extremidades con vehemencia pero no puede ascender, hasta que la paz momentánea es interrumpida por la necesidad de respirar.

Es cuando comienza a ahogarse y también, cuando vuelve a vivir.

Abre los ojos a las seis de la tarde, se lo dice el reloj de manecillas colocado sobre una pared blanca impecable. No es su dormitorio, pues ninguna habitación en su casa ostenta esa coloración, ya que Louis tiende a tener jaquecas por su sensibilidad a la luz que los muros blancos reflejan. Lo segundo que nota es que tiene el cuerpo entumido, al grado de no sentir sus extremidades. Se estira un poco y con el cuello adolorido voltea en toda dirección posible, soltando un gemido suave que suena ronco y ahogado.

Es cuando logra espabilarse que comprende que se encuentra en una habitación de hospital. Es un lugar amplio y pulcro, decorado en colores blanco y arena. El sillón de piel color caramelo es lo único que contrasta con la palidez del espacio, así como lo que hay sobre este: Una almohada que reconoce como suya por su funda color lila, y una manta tejida que pertenece a su sillón favorito de la sala. Mueve los ojos hacia el buró, donde yace un enorme bouquet de rosas blancas. A un lado de este se encuentra uno de los retratos de su pequeña familia, en el que posan felices a orillas del lago que visitaron dos veranos atrás: Louis y ella, Karen de quince años en ese entonces y Mily, su perra Beagle.

¿Qué hago aquí? Busca sentarse, gimoteando al sentir un agudo dolor surcar su espalda de un extremo a otro. Se sienta a medias y observa su pálida mano, esa donde tiene incrustada una aguja que la conecta a una bolsa de suero y medicamentos. ¿He estado mucho tiempo aquí? En la serena tranquilidad de su hermosa habitación, sólo puede escuchar sus gemidos desesperados, creciendo en intensidad segundo a segundo. La confusión comienza a mitigar el atolondramiento otorgado por haber estado durmiendo y ejerce insoportable presión en su pecho, la cual sólo puede desahogar al arrastrar un llanto confundido.

No tiene idea de qué hace en un hospital y presa del pánico tampoco puede recordar las circunstancias posteriores a su estado actual. Logra sentarse a la orilla de la cama y al verse las piernas, las ve tan pálidas como sus manos, así como llenas de vello. “No puede ser” se escucha decir. ¿Cuánto tiempo llevó aquí? ¿Dónde están Louis y Karen? ¿Qué ha ocurrido? Balbucea su voz interna, en ruso siempre. Intenta levantarse pero sus rodillas se doblan y alcanza a volver a sentarse en la cama antes de caer al piso. Hay un ruido cercano, un pitido agudo que taladra en sus oídos, así como la luz de la lámpara sobre su cabeza encandila a sus ojos.

Hunde la cara entre sus manos, cuando la puerta frente a ella se abre. Escucha su nombre y voltea para ver a una mujer mayor en bata blanca y detrás de ella, a Louis, su marido. Él se queda pasmado al verla, su rostro dividido en una mueca que denota impresión, alivio y felicidad, todo revuelto y doliente. Su expresión azorada comienza a cambiar para convertirse en una de profundo sentimiento, sus ojos se llenan de lágrimas y al mismo tiempo una gran sonrisa se abre paso en la aflicción, pero Nina no tiene tiempo para pedir explicaciones.

Su mirada se nubla, y sin que pueda hacer nada es acogida de nuevo por la oscuridad.

Next Chapter